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LA VÍSPERA DEL FIN DEL MUNDO – NÉSTOR BARBOSA – EDITORIAL CÍRCULO ROJO, 2020.

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TÍTULO: LA VÍSPERA DEL FIN DEL MUNDO.

AUTOR: NÉSTOR BARBOSA 

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EDITORIAL: CÍRCULO ROJO WEB

PÁGINAS: 125.

¿DÓNDE COMPRARLO?:  AQUÍ

 – SINOPSIS –

La ciudad Edén se ha convertido en un lugar inhóspito y peligroso desde la llegada de un extraño virus encargado de convertir a los seres humanos en animales. Lena es una adolescente independiente, fuerte y decidida acostumbrada a lidiar con los peligros del Nuevo Mundo. Leo es un joven peculiar, pusilánime e inseguro que lleva prácticamente toda su vida encerrado en un búnker. Cuando ambos se conocen, emprenden un viaje con un único propósito que cambiará el futuro de su existencia. En el camino, los secretos más recónditos de la humanidad irán saliendo a la luz, y los jóvenes deberán enfrentarse a una naturaleza salvaje que ha olvidado cómo era el Viejo Mundo.

– AUTOR –

“Mi padre compró un ordenador en 1995. Yo solamente tenía 4 años. En sus brazos me enseñó a dibujar. Lo primero fue un círculo rojo. A partir de ese momento el mundo se hizo más creativo. Cuando empecé a ver el mundo con otros ojos, dibujar, bailar y escribir era la mejor manera de evadirme. Autodidacta, pragmático, crítico y empático. Antes de empezar ampliando mis estudios en el ámbito del diseño y la creatividad, tuve mi primer contacto con ellos en Bachiller Artístico, donde comencé a interesarme también por el mundo audiovisual. Aparte de comercio y marketing, he adquirido estudios de diseño gráfico y edición de vídeo. Admiro a la gente curiosa y los círculos rojos como comienzo de un todo. Nunca dejaré de crear”.

– GUSTARÁarrow-145786__340

A aquellos que les interese las consecuencias literarias de una sociedad decrépita que salta por los aires y que deja huérfanos a un pequeño grupo de supervivientes desnortados. Estos últimos, primero deberán asumir su nueva condición para, a continuación, forjarse de nuevo un lugar seguro en el que continuar con su vida. Será también para lectores de novela corta, sencilla, pero con una velada reflexión acerca de la evolución moral y ética del género humano en la relación con sus semejantes.

– NO GUSTARÁ arrow-145782__340.png 

A los acérrimos lectores de novela postapocalíptica que gustan de extensiones de varios cientos de páginas donde la descripción de la caída, supervivencia y refundación de la sociedad es el pilar básico de la narración. Estos lectores prefieren una pausa necesaria para armar una compleja red arquitectónica argumental que abarca el fin del mundo desde numerosas ópticas. Tampoco será para aquellos que buscan guerras de clanes a lo Mad Max o peleas interminables con hordas insaciables de zombis hambrientos. La víspera del fin del mundo es una historia mínima, una fotografía del desastre en los ojos de dos adolescentes que se hacen más preguntas que respuestas tienen a su alcance.

– LA FRASE vintage-1751222__340.png

“…El Gobierno aún no se ha pronunciado ante lo ocurrido en los últimos meses. La población ha descendido considerablemente por las repentinas desapariciones. La histeria colectiva comienza a ser incontrolable y cada vez son más las denuncias y quejas recibidas por parte de la ciudadanía. Sobre las varias hipótesis que se barajan, diversos vídeos de gente anónima han llegado a la redacción confirmando una de las teorías más complicadas de explicar y comprender. Todo tipo de especies animales caminan por la ciudad sin rumbo y generando el caos entre los transeúntes, incluso algunos de esos seres han sido…”.

– RESEÑAletter-576242__340.png

The_Stand__Cap_Trips__2Hoy traemos para reseñar: “La víspera del fin del mundo”, una fábula postapocalíptica que basa su peso narrativo en una mezcla de inquietudes vitales más allá de la clásica apuesta por la supervivencia, tan propia de este género novelesco, y que tan bien han transitado numerosos escritores de fantasía y ciencia ficción. Es, en el enfoque  y la temporalidad,  donde la aportación de cada escritor ha puesto el particular foco de sus intenciones. La historia de la literatura, que recorre el camino en paralelo al de nuestros miedos, nos ha regalado todo tipo de vueltas de tuerca a la sociedad que desaparece en el polvo del tiempo. Podemos manejar para ello un buen puñado de ejemplos clásicos en los que la lucha del hombre por ver el amanecer de un nuevo día es el centro de la narración. Tenemos a virus, bacterias y demás enemigos infinitesimales que asolan la humanidad de manera más o menos realista o científica (Apocalipsis, Stephen King, 1978; La peste escarlata, Jack London, 1912; La carretera, Cormac McCarthy, 2006; o El último hombre, Mary Shelley, 1826). También recordamos las novelas que abordan dicho fenómeno desde la óptica de la transformación humana a demonios infectados o zombificados (Soy leyenda, Richard Matheson, 1954; Guerra mundial Z, Max Brooks, 2006; o la franquicia Resident Evil que, desde 1996, ha llegado a la televisión, al cine, al manga y a los videojuegos). No podemos olvidar tampoco el apocalipsis nuclear (El canto del cisne, Robert McCammon, 1987). También tenemos consecuencias más originales o complejas (Hijo de los hombres, P.D. James, 1992; El día de los trífidos, John Wyndham, 1951; La invasión de los ladrones de cuerpos, Jack Finney, 1955; y la que comparte muchos puntos en común con la presente: La isla del doctor Moreau, H.G Wells, 1896).
transformacionLa víspera del fin de mundo opera en dos planos narrativos. El primero es el de la clásica aventura de supervivencia de una pareja de adolescentes que, por azares del destino (y de la pandemia) juntan sus diferentes  personalidades y caracteres para salir adelante en un mundo dominado por las bestias y por el resto de humanos (no siempre coincidentes y con distintas tonalidades de agresividad como podrá comprobar el lector). Ambos irán descubriendo, con sus propios ojos, la violenta sociedad en la que se ha convertido su mundo y que les ha despojado de la confortabilidad de su rutina diaria. Mediante la mirada y la narración de su compañero de fatigas, se reunirán las piezas del rompecabezas y las lagunas vitales (incluso en la historia de un personaje ajeno al texto principal. Atención al primer capítulo). Mientras la relación se intensifica y descubren (y se descubren) todo lo que tienen en común, el autor va desgranando (creemos que es su intención) una interesante reflexión acerca del Homo homini lupus que diría el filósofo inglés, Thomas Hobbes. Se cuestionará la validez de la constante evolución darwiniana que presupone el inexorable avance cuando lo que realmente pudiera existir es una montaña rusa de involuciones y fracasos sociales. De otro lado, señala la posibilidad de que la explicación de muchas de las preguntas que nos planteamos en la sociedad moderna se encuentren en el instinto primario más elemental y primigenio. La pureza del animal “no racional” frente a la cúspide de la pirámide alimenticia que es el ser humano. Es el ejemplo del animal que caza y mata por pura supervivencia mientras que el hombre, en ocasiones, lo hace por mera diversión, hastío, envidia o venganza. Recordamos en este punto pasajes de La metamorfosis, Kafka, 1915; El señor de las moscas, William Golding, 1954; o, ya que estamos con las moscas, la película homónima, La mosca, David Cronenberg, 1986 (drama clásico de ciencia ficción que acerca la temática de la presente novela con la reflexión acerca de qué parte de humano tienen los animales y qué parte de animal tenemos los humanos). Muchos acontecimientos, tristemente luctuosos que vemos cada día, parece que no tienen mucha más explicación que la aparición de la bestia que algunos tienen en su interior y que bordea el análisis de la ciencia y la medicina moderna (atención al personaje de Kevin/La bestia en Múltiple, M. Night Shyamalan, 2017) o toda la variada bibliografía sobre la transmutación licantrópica y el recorrido filosófico interior que conlleva. Incluso tenemos una interesantísima reflexión en la película Shrek, acerca de qué te hace humano, qué asusta a los demás y, por lo tanto, qué miedo conlleva a la caza al diferente.
the-end-of-the-fucking-worldLa presente novela también tiene una química de rito de paso de la pareja protagonista a la que, solamente, les queda hacer de tripas corazón para sobrevivir. Esto confronta directamente con la sociedad contemporánea en la que el adolescente no quiere (o no puede) salir del nido paterno para recorrer el mundo bajo su responsabilidad y con sus propios medios. En tiempos de bonanza, la sociedad se puede permitir hacer selfies en los espejos del baño pero, cuando Dios reparte una mala mano de naipes, no hay más remedio que apretar los dientes y tirar hacia adelante. Esta dualidad también queda de manifiesto en la presente obra. Hombro con hombro, a lo Last of us, las heridas se tornarán en cicatrices y los recuerdos en armas para seguir caminando. En esta huida hacia adelante digna de The end of the fucking world, Lena y Leo crecerán subiendo de dos en dos los escalones, ya que no tienen ninguna alternativa menos costosa.
La víspera del fin del mundo transita por elementos reflexivos a lo largo de toda su extensión. Ahonda más en el contexto vital que en la ficción aventurera. Fruto de estos momentos, el lector podrá entrever reivindicaciones sobre el mantenimiento del medioambiente, la superpoblación y el superconsumo tan característico de las sociedades occidentales. Todo ello tachonado con el autoconocimiento personal de la pareja protagonista y de los vínculos que los entrelazan con su destino. Es precisamente en un mundo que ha muerto de éxito y sobreexplotación cuando las historias mínimas, como la presente, se abren camino para juntar lo que antes estaba separado. En una sociedad que evita la mirada del semejante, cuando se cruza con él por la calle, llega un momento de crisis global en el que se está obligado a levantar la mirada y posarla en aquel que ha sobrevivido y lucha para fundar un nuevo destino sobre las cenizas digitales del anterior.
musicjmfuentesLa presente novela, de apenas 125 páginas, es de fácil lectura, tanto por su sencillez argumental como por el lenguaje empleado por el autor que da protagonismo, humanidad y naturalidad a la pareja protagonista en lugar de perderse en rocambolescas peripecias propias de este género. Mediante esta cercanía con el lector, el autor consigue dotar a su obra de la realidad de la flaqueza y el drama de sus protagonistas y de los secundarios que se van colando en la trama hasta que cobran el significado final que cierra el círculo de la narración. La víspera del fin del mundo también habla de esperanza y sueños futuros mediante notas y apuntes salteados por toda la obra. Uno de ellos es la música como eje vertebrador y arma contra el drama del desaliento y la falta de fuerzas. Es precisamente, con el recuerdo de las letras de varias canciones, como el alma del superviviente se mantiene a flote. Sobre el entendimiento, la cohabitación, la integración y la coexistencia entre los diferentes (que no lo serán tanto. Estén atentos a la lectura) circunvala este nuevo mundo que está condenado a entenderse.
¿Será verdad que la música amansa a las fieras?, ¿Serán Leo y Lena los nuevos Rómulo y Remo amamantados por la loba Luperca?

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LA LA LAND, REBELDE CON CAUSA.

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RESUMEN:
Mia (Emma Stone) es una de las muchas aspirantes a ser actriz que viven en Los Ángeles en busca del sueño hollywoodense, se gana la vida como camarera mientras se presenta a varias pruebas de casting para finalmente trabajar. Sebastian (Ryan Gosling) es un pianista que trabaja en bares de mala muerte y su sueño es poder tener su propio club donde se le pueda rendir tributo al jazz más puro

 

CRÍTICA: (9,0)
Ahora toca justificar cómo a una película “musical” le pongo un nueve, si decimos de antemano que ni el género musical me gusta especialmente, y menos aún la comedia romántica. (A un lado dejemos mi fascinación por el Fantasma de la Ópera, por el simple hecho de que siempre he querido que fuera el propio fantasma, personaje desarraigado, frustrado, amargado y de un talento inigualable, el que pasara a sangre y fuego a todo el que se le pusiera por delante…fuera máscaras!. Y de otro lado el desparpajo de Mamma Mia!, aunque sea solamente por rememorar los cassetes que ponía mi madre en el coche cuando me llevaba de pequeño al colegio.)
Hollywood descubrió que el paso más importante de su historia fue el acceso al sonido, (incluso más importante que el paso al color). En 1929 la película “La melodía de Broadway” se llevaba el primer Oscar a la mejor película musical sonora de la historia del cine. A partir de ahí la música y el cine han sido parte consustancial de la industria de los sueños. Mientras las bandas sonoras de las películas nos hablan de acción, ciñéndose al dramatismo y a la atmósfera del momento, el cine musical usa el pentagrama para cantar su existencialismo más vivo, desgañitando su poder de seducción pavoneándose de su fuerza interpretativa más primigenia. El musical atenta directamente a la sinrazón, al sueño, a la emoción reptiliana. Si el cine es fotografía en movimiento, el cine musical es el auténtico cine en tres dimensiones, (y no tanta gafita).
Siempre he preferido que no me cuenten las cosas cantando. (No había momento más odioso en las películas de Disney que cuando empezaban a cantar, yo no lo veía serio, me cortaba el dramatismo, convertía en insulsos peleles a sus representantes, me sacaba de mis casillas. Con el tiempo he descubierto lo esencial y divertidas que son las canciones de Dumbo, Aladdín, La sirenita o La bella y la bestia, etc). Chicago, West Side Story, Mary Poppins, Sonrisas y lágrimas, etc, no podrían existir si no fuera cantando, (bueno Mary Poppins igualmente sí, pero siempre que la protagonista se pareciera a Rebecca de Mornay en “la mano que mece la cuna”, y que sus pupilos fuesen atormentados hasta el paroxismo… Mary BadPoppins, “la niñera implacable”…bueno volvamos al camino).
La La Land, apellidada “La ciudad de las estrellas”, para que a nadie se le olvide que Los Ángeles, (California), es la depositante de los sueños visuales de la humanidad. Allí están los sueños sí, escondidos en unas grandes naves de rodaje en los estudios Universal, Warnes Bros, Columbia, Paramount, 20th Century-Fox, MGM, entre otros, donde se espolvorea el polvo de hadas, que recorrerá con frenesí el planeta entero con extensiva virulencia. Mientras la narración oral, la literatura, las artes teatrales, son, salvando las  distancias, patrimonio de la humanidad entera, el cine es coto vedado de pesca de la industria norteamericana, punto se acabó. Lo saben ellos y lo sabemos nosotros. Podremos encallecer nuestros discursos con pinceladas de genialidad sobre el cine coreano, francés, indio, argentino o noruego, pero en sus magníficas obras no habita el conejo de Alicia, ni el principito de Exupéry, ni el polvo de hada que nos hace volar, sí, sí, volar literalmente en el observatorio Griffith de Los Ángeles, (siento decir que para mí siempre será el observatorio Gryffindor, cosas de la imaginación y del cambiarle el nombre a las cosas). Desde este observatorio se contempla toda la ciudad de Los Ángeles, hasta el mar, final de la ruta 66, las playas de Venice Beach, Santa Mónica, Sunset Beach, etc. Las letras del mítico cartel de Hollywood también se pueden contemplar desde aquí. Es donde suben muchos aspirantes a estrellas, (muchos futuros estrellados), a respirar aire limpio y mirar con perspectiva el destino que se plantea a sus pies.
Entremos al meollo del asunto “La La Land”. La próxima ganadora del Oscar a la mejor película no es un musical, (oigamos el entrechocar de sables y la voz de los supertacañones), no, no lo es. Hagamos la prueba, si durante los números musicales nos cantaran en arameo antiguo sin subtitular, nos daría igual, la genialidad del film no está en lo que dicen, sino en el poder catártico de cómo lo dicen. La música es esencial, pero no la letra. El texto fuera de los fragmentos musicales sí es imprescindible, el de dentro no. Y esto es así porque La La Land trasciende la pantalla, La La Land, es “Rebelde con causa”, es la lucha contra el desahucio del cine Rialto y de uno mismo. Cuando el mundo se ha convertido en un lugar extraño de “Samba y tapas”, hay dos caminos a tomar; el contemplativo o el de la resistencia, (Rogue One Land). La La Land es un canto a la resistencia, a la lucha, a la persecución no de un sueño, sino “Del Sueño”, cuando un animal se siente acorralado ataca de frente y a la yugular. Hollywood se siente amenazada en este nuevo milenio, y se revuelve en la cama de la UCI como mejor sabe hacerlo, con su esencia, en su caldo primigenio, en la pura esencia de El Perfume de Patrick Suskind.
Hollywood anda desde hace alguna década enmarañada consigo misma, y no es para menos. La caída en producción y calidad de sus películas, el cierre de cines, videoclubs, alquiler y venta de películas, el impacto de internet y su desproporcionada piratería de medios digitales, la televisión por cable, el inminente apocalipsis del presidente Trump, (dicen en un Hollywood demócrata, pero vamos que mal seguro no les va a ir), las nuevas y adolescentes estrellas que no consiguen conectar con un nuevo público que pasa más tiempo jugando a la play station y siguiendo al youtuber de moda que atándose la trenca para ir al cine, (¿qué pereza no?) y sobre todo la sensación de sabor a refrito y ropa usada de la enésima saga reiterativa, spin offs, readaptaciones, nuevas versiones, montajes del director, reposiciones, versiones extendidas, etc. Lejos quedaron las largas colas domingueras en las calles de las ciudades, la cartelería hercúlea en cada marquesina y las motas de polvo suspendidas al paso del foco del proyector. Era la época en que el espectador se empequeñecía ante el espectáculo, ahora no, ahora el espectador ya ha visto cinco trailers, tres spoilers, diez críticas, va más flamenco al cine que a la Feria de abril sin capacidad alguna de sorpresa, y está más pendiente del selfie de turno en la puerta del cine y del menú gigante con patatas fritas con mayonesa de bote que del misterio detrás del telón, (telones que ya no quedan). A veces Hollywood intenta tocar piezas con pianos electrónicos, pero descubre que si bien consigue audiencia y llena el buche de dólares, se aparta inexorablemente de su razón de existir, vendiendo el polvo de estrellas al mejor postor.
Pero como los sueños son inmortales, debe quedar en algún despacho algo de pura sangre de genialidad para recordarnos que ellos siguen vivos, que el Ave Fénix aparece cuando le da la gana, (más o menos como Gandalf). Y si mueren, será matando. Si mueren lo harán con La La Land. Y entonces llega la gran metáfora del Jazz y del cine. Al igual que el Jazz, el cine es improvisación, versatilidad, originalidad, cambio de roles, esfuerzo, dedicación, sacrificio y pérdida…si no pierdes no ganas, si no ganas no pierdes. Los sueños queridos son los más reñidos.
La La Land habla en pasado y en futuro. Habla del pasado de la nostalgia y del futuro de los sueños. (Esto dolerá a la legión de seguidores de los libros de autoayuda, donde hay que vivir siempre el presente, ser conscientes de uno mismo. Mindfulness le llaman ahora, (valiente soplagaitada). Les invito a que busquen por internet la historia del gajo de naranja que es pilar básico de esta nueva corriente de pensamiento que te hace mejor ser humano “claro que si guapi”, léanla online y luego tiren el ordenador al punto limpio, y compren uno nuevo, (por la infección, ya saben). La La Land vive de la nostalgia de lo auténtico, de lo clásico, de la fuerza enraizada de su intimidad. Todo esto lo empaqueta y lo lanza a la persecución de un sueño, un sueño artístico, virginal, legítimo y cargado de la esencia última de la razón de su existencia. La nostalgia es el pasado de un padre que cuenta un cuento a su hijo para que se duerma cada noche soñando que el futuro es un carrusel de fantasías hipnóticas que le llevarán lejos muy lejos, más allá de Oz.
Emma Stone, (la expresión facial más poderosa y sugerente del año) y Ryan Gosling, (la mirada tranquila del rebelde buscador de lo genuino), no son ellos, somos todos nosotros, (que diría el enmascarado de V de vendetta). Se deslizan majestuosamente por la pantalla, hablan con naturalidad y nos encuentran a su lado, bailando a su son. Son el alfa y el omega de la industria, (más allá de ellos se extiende el abismo, que le dirían a otro Oskar, Schindler en este caso).
Hollywood nos ha llevado muy lejos, ahora quiere que le reconozcamos que han sido ellos quienes han puesto el tren y las viandas para este viaje. Y debemos ser bien nacidos y ser agradecidos, porque tienen razón, habéis sido vosotros…que la fábrica siga cocinando, (no hablo contigo Walter White, no te me animes).
¿Se acuerdan de los últimos cinco minutos de la película Cinema Paradiso?…no digo más.

 

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Recordando a Al Pacino en el Teatro Chino, (Hollywood Blvd)

M.A.P.H. – FINALISTA “II CERTAMEN DE HAIKUS – MASAOKA SHIKI”

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Muy contento por haber sido seleccionado por http://www.letracomoespada.com para el recopilatorio del II Certamen de Haikus Masaoka Shiki. Se reproduce a continuación el conjunto de seis Haikus. Espero que os guste.

Haz clic para acceder a finalistas-diciembre2016-haikus-masaoka-shiki.pdf

Cilantro breve
camina por la rama.
Envuelve la luz.

Tú no te vayas,
yo no te espero nunca.
El amor huye.

Gota tras gota,
horada la vil piedra.
Mil años rotos.

Mira el ratón/ton,
el fragante queso/so.
Roe y murió/o

Crepita fuerte
el aroma de lirios.
Muerte en mi vida.

Al infinito,
hacia tu horizonte.
Hasta mi puerto