EL ÚNICO HOMBRE VIVO – MARIO GÓMEZ GIMÉNEZ – UNIVERSO DE LETRAS, 2019

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TÍTULO: EL ÚNICO HOMBRE VIVO.

AUTOR: MARIO GÓMEZ GIMÉNEZWEBFACEBOOKTWITTERINSTAGRAM

EDITORIAL: UNIVERSO DE LETRAS, 2019.

PÁGINAS: 422.

¿DÓNDE COMPRARLO?: AQUÍ

– SINOPSIS –

El día 28 de junio de 2019 el Hospital Clinic registra el ingreso de varios pacientes por una extraña enfermedad que parece ser la causante de varios altercados en las tranquilas calles de Barcelona. Tan solo doce horas después, el Govern de Catalunya sitia la ciudad siguiendo un misterioso protocolo de cuarentena. Reina el caos y el terror cuando la enfermedad se desata sin control por la ciudad, causando miles de muertes por enfrentamientos contra los infectados.
Alex Torrent, un joven policía de los Mossos d’Esquadra, luchará para sobrevivir en una ciudad conquistada por la supuesta enfermedad. Mientras, fuera de Barcelona, Eva Llull y su equipo de investigación periodística, tratarán de investigar la causa de los hechos, la desinformación de los medios de comunicación y las extrañas maniobras de los gobiernos detrás de esta trama para esclarecer la verdad.

– AUTOR –

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Mario Gómez Giménez, un día se fijó que la mayoría de historias de terror del género zombi tratan de la supervivencia de sus protagonistas en mundos postapocalípticos. Así que pensó que sería innovador incluir un sólido guion a la historia, por ejemplo, una trama política y conspiratoria con una investigación periodística alrededor de un suceso. Y así nace su obra “El único hombre vivo”.
Pese a su juventud y a su condición de escritor novel, le avalan años y años de inmersión en infinidad de títulos de terror en busca de experiencias e ideas para enriquecer sus obras.
Este autor, nacido en Barcelona en el año 1984, y reconocido fan del género, pone mucha carne en el asador en esta primera novela de lectura directa, fácil y vivaz. Su esperanza: entretenerte y sorprenderte con una historia muy bien trabajada.

GUSTARÁarrow-145786__340

A aquellos lectores principalmente de la línea Z (zombis/infectados). También gustará a aquellos a quienes les interesan las novelas que se sitúan en su propia ciudad para que así puedan comprobar hasta dónde ha llegado el autor en sus descripciones. Al menos esta primera novela (que podría tener continuación), pese a su título, se acerca más a un 28 días después de Danny Boyle que se ha trasladado de Londres a Barcelona que al Soy Leyenda de Richard Matheson o a En La carretera de Cormac McCarthy.

NO GUSTARÁ arrow-145782__340.png

A los que las novelas de zombis o infectados no les atraen los más mínimo. El riesgo de este género es que es querido y odiado a partes iguales y es difícil que sus detractores le den, aunque sea, una pequeña oportunidad. Tampoco gustará a aquellos lectores exigentes del género postapocalíptico que buscan una estructura imponente, densa y compleja al estilo del Apocalipsis de Stephen King o del El canto del cisne de Robert McCamon.

LA FRASE vintage-1751222__340.png

“Sin embargo, me he percatado de que en las últimas noticias hablan ya de cinco mil muertos. Según he podido contrastar en esa infinidad de páginas que el ébola no tarda un día en matar a una persona infectada. El período de incubación, o sea, el intervalo entre la infección y la aparición de síntomas, oscila entre dos y veintiún día. Y provocar la muerte entre seis y diez días después desde que se confirma la enfermedad. Por lo tanto… ¿Qué coño nos están contando? Nos están mintiendo. Esto es mucho peor que el ébola”. Blog La Verdad y Solamente la Verdad.

RESEÑAletter-576242__340.png

ebola-galeria_0.jpgHoy traemos para reseñar la novela El único hombre vivo de Mario Gómez Giménez. Un aventura apocalíptica en la Barcelona actual. Una lucha por la supervivencia contra los zombis/infectados de un lado y contra el oscurantismo de los medios de comunicación y de los tejemanejes clandestinos de los gobiernos del otro. El débil equilibrio en el que se sustenta la sociedad puede resquebrajarse siempre que el golpe sea súbito e inesperado. Este puede estar relacionado con un crack bursátil o económico o bien por un brote infeccioso que afecte de manera exponencial a los integrantes de una comunidad. Cuando todo se ve arrastrado en un alud escaleras abajo la situación es de muy difícil reversión. Es precisamente en las sociedades modernas en las que las tecnologías de la información están llamadas a crear barreras de contención donde se encuentra su talón de Aquiles. La interconectividad e interdependencia de la mayoría de sistemas ocasiona que la caída en picado sea mucho más rápida. La falta de autonomía y de procesos analógicos conlleva que, una vez que cae la primera pieza del dominó, todas las demás vayan detrás sin cortafuegos ni antídotos. Son incontables los ejemplos que podemos encontrar en el cine, en la literatura y en la vida real. Cuando empieza el desmoronamiento, lo que antes creíamos que era imposible que ocurriera en nuestra “rutinaria y acomodada” vida, se torna palpable y verídico. Así sucedió en el crack bursátil de 1929, en la caída del muro de Berlín en 1989, en la peste negra que asoló Europa en el siglo XIV y que se llevó por delante a un tercio de la población, en el hundimiento del Titanic en las gélidas aguas del Atlántico en la madrugada del 15 de abril de 1912 o el mismo ébola que siempre está esperando pacientemente para convertirse en la nueva pandemia mundial el día que pueda saltarse todos los controles sanitarios (paradigmático el ejemplo de la película Estallido – Wolfgang Petersen, 1995 o Contagio, Steven Soderbergh, 2011).
los-ultimos-dias-ART1.jpgEn el único hombre vivo, Mario Gómez Giménez nos mete el enemigo en casa al crear una atmósfera parecida a Estado de sitio (Edward Zwick, 1998). Durante esta excepcionalidad se desata la mayor de las pesadillas en una ciudad clausurada que corre como pollo sin cabeza y en la que cada uno quiere poner a resguardo su propio culo. ¡Sálvese quien pueda! A partir de aquí, la novela se divide en dos temáticas y localizaciones diferentes. Aunque ambas tienen en común el mismo espíritu de supervivencia: una de ellas con las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que intentan equilibrar la balanza y salvaguardar a los ciudadanos de las hordas de infectados, la otra, liderada por periodistas investigadores que luchan por llegar al fondo del asunto. Su prioridad será poner luz y taquígrafos ante los desbordantes sucesos que se desarrollan en la Ciudad Condal. Vital será su enfoque para encontrar la culpabilidad en aquellos que han desatado la ira del infierno al abrir la caja de Pandora (Un clásico conspiranoico de la corporación Umbrella en Resident Evil). Tanto la contención policial como la búsqueda de respuestas son tratadas con igual importancia por el autor. Una y otra son consustanciales a la trama. Para acercar la narración al realismo más puro, el autor introduce extractos periodísticos en varios puntos de la novela y, lo que es el mayor acierto narrativo, información tangencial producida y emitida por distintos blogs de noticias particulares y anónimos. Seremos testigos de cómo varía el mensaje entre las líneas editoriales regladas, influidas y supervisadas como marionetas del poder y aquellos medios minoritarios en manos de ciudadanos que pueden ejercer sus derechos de información en libertad y sin censura en su mensaje.
poster_0_3_900x0.jpgY no es la primera vez que Barcelona se ve envuelta en acontecimientos similares en la ficción y, tristemente, en la realidad. Jaume Balagueró se llevó su claustrofóbica y angustiosa Rec al número 34 de la Rambla de Cataluña (Edificio casa Argelich) y los hermanos Pastor la apocalíptica Los últimos días, protagonizada por Quim Gutiérrez y Jóse Coronado. En la primera vemos muy poco de los exteriores, en la segunda bastante más. Ambas nos hacen tener una idea bastante razonable del resultado de un elemento que distorsiona la paz social. (En la primera también cobra protagonismo la subtrama de la ocultación del incidente a los medios públicos.). El único hombre vivo es quizás la que más se mueve por la geografía barcelonesa y la que nos permite seguir a sus protagonistas de una manera más pegada al terreno, siendo muy reconocibles los escenarios y emplazamientos que recorren los personajes. Lógicamente no llega al virtuosismo de la Barcelona de Carlos Ruiz Zafón, pero claro, eso es harina de otro costal. Respecto a los hechos reales, es muy difícil abstraerse durante la lectura de la presente novela de los recientes incidentes violentos, saqueos, intimidaciones, incendios provocados, destrucción del mobiliario público y bloqueo de la ciudad de Barcelona por una horda zombificada de individuos que quieren imponer su criterio mediante actos de vandalismo. Al final, la zombificación de la sociedad que plasmó excelentemente Stephen King en su novela Cell queda de manifiesto cuando el individuo deja de pensar por sí mismo y lo hace como colmena. Estos actos de miseria, aunque a escala diferente, también los podemos descubrir en cómo han quedado muchos comercios tras el paso del tifón Black friday. Se han visto escenas sacadas de las peores pesadillas de The Walking dead, Soy leyenda o The last of us. No vemos mucha diferencia entre un zombi comecerebros y un consumidor que arrasa una tienda a la carrera para comprar productos que no necesita y que irá a devolver al día siguiente, una vez que se le haya pasado el “subidón” del virus de la compra compulsiva. Este es uno de los motivos del éxito de la narrativa Z; nos vemos identificados en esas mentes colectivas que caminan eternamente sin rumbo con el único ansia de alimentarse de sus semejantes y convertirlos en uno más de su colectivo desmemoriado. Esto puede aplicarse a las religiones, a las líneas editoriales, al sectarismo empresarial, al consumo irreflexivo, etc.
51AZKFHRDQL._SY445_.jpgMario Gómez Giménez se une a Juan de Dios Garduño, Carlos Sisi, o Manel Loureiro, entre otros muchos autores del panorama Z español, para seguir ahondando en este fenómeno que, aunque puntualmente pueda parecer una moda, va diseñando como avanza una sociedad con el miedo latente que tenemos en convertirnos en una sombra oscura de nosotros mismos. Desde el folclore de hace cientos de años cuando los que regresaban lo hacían desde los cementerios, pasando por el mito del vampiro, los experimentos del doctor Frankenstein, los muertos vivientes de George A. Romero, hasta las últimas concepciones cinematográficas más atléticas y postmodernas como Word War Z, 28 días después, la coreana Train to Busan o la magnífica I am a hero (basada en un manga japonés), la sociedad sigue mirándose al espejo de estos seres hambrientos. Esta adicción a ver lo que somos y en lo que nos convertimos es el ejemplo palpable de una sociedad decadente en la que vivimos donde la acción se premia siempre por encima del pensamiento. La presente novela marca un ritmo endiablado y, solamente cuando indaga en la reflexión sobre la ocultación y la conspiración de los hechos, frena un poco la marcha. Principalmente juega a ser un guion cinematográfico que avanza, en ocasiones, incluso más rápido que la progresión de los propios protagonistas. Peca eso sí, en ocasiones, de acelerada, atropellada técnicamente, y algo descompensada en la unión de ambas tramas y en la ejecución de la relación de los personajes, así como de falta de profundidad descriptiva en una ciudad que se enfrenta al caos absoluto y podría haberse dibujado más a fondo. Prima el ámbito conversativo al evocativo o analítico del entorno. Su final abierto da pie a una continuación en la que estamos seguros de que el oficio de escritor que lleva dentro Mario Gómez Giménez se irá puliendo página a página.
El único hombre vivo quiere hacerse un hueco en el panorama Z español. Denle una oportunidad. ¡Déjense comer el cerebro!

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