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LAVIDA DE LOUIS ARNER BOYD

LA VIDA DE LOUISE ARNER BOYD

– GUSTARÁ:
A todos los lectores que aún mantengan el alma de explorador y que la digitalización imperante que nos ha tocado vivir no les haya hecho claudicar y colgar las botas con crampones. Gustará también a todos los que sueñan con encontrar un lugar salvaje, primigenio y virginal donde perderse a descubrir, experimentar y filosofar. Y, por supuesto, a aquellos que se rebelan contra todos los que les dicen que las hazañas que uno tiene en mente son imposibles.

– NO GUSTARÁ:
A los que prefieren contemplar la vida desde la placidez mullida de un sillón cercano a la chimenea. A los que se aburren leyendo biografías a las que les suponen menos nervio que una novela de ficción. Tampoco gustará a aquellos que si ven que su héroe no lleva barba y una mandíbula hercúlea quedan defraudados.

– LA FRASE:
“Estábamos luchando contra el tiempo. No solo cabía la posibilidad de que el hielo se cerrase tanto que nos fuera imposible salir de ahí aquel invierno, sino que también existía el peligro, aún mayor, de que el navío fueses rodeado y aplastado por bloques de hielo. Las manos de todos, incluidos los asistentes especiales, fueron puestas en acción, y con voluntad y ánimo manipularon los anclajes helados, saltando de bloque en bloque con el pesado equipo, e incrustando con el martillo los anclajes en el hielo, gracias a los cuales la nave consiguió la fuerza suficiente para tirar y empujar. Muchos de los bloques eran de la altura de la proa del Velekari, es decir, cuatro metros por encima del mar”. Louise Arner Boyd

– RESEÑA:
Ediciones Casiopea nos trae la obra La vida de Louise Arner Boyd. Aventuras árticas de una millonaria americana de Joanna Kafarowski. Traducida al español por David Álvarez y Rocío Flores. Siempre se ha dicho que el mundo de las biografías de las grandes figuras de la historia es un terreno literario muy específico, únicamente para lectores inquietos y de gustos muy concretos. Además, esta obra tiene el hándicap de la dificultad de poder llegar a un público al que se le ha ocultado, sin querer o intencionadamente, muchas figuras de primer nivel para enfocarse en otros perfiles. Hay múltiples razones; la de género es una de ellas, pero no la más importante. La que ha conseguido colocar a sus grandes leyendas en la primera línea ha sido, y será siempre, la publicidad, la promoción, la premiación y la inversión de los estados e instituciones públicas y privadas para que estas figuras aguanten el paso del tiempo frente al olvido. La historia la escriben los vencedores, pero también los que llegaron primero, ya que los segundos no cuentan (nadie se acuerda del segundo explorador que ascendió, cruzó a nado, halló, circunnavegó, atravesó o pereció en tal o cual aventura épica). Solamente los primeros escriben sus nombres con letras doradas en la historia, aun incluso cuando las batallas de otros aventureros tengan mucho más contenido literario. Hay países que han cuidado a sus pioneros descubridores, exploradores, científicos, inventores, etc. Otros, en cambio, les han dejado que se fueran diluyendo por los sótanos de las bibliotecas o por las vitrinas menos frecuentadas de los museos modernos.

Lo primero que podemos observar al tener este ejemplar entre las manos es el ingente trabajo de documentación en forma de notas, bibliografía, créditos fotográficos, apéndices, mapas, etc. Incluso, una nota de la propia autora nos invita a que si algún lector le pudiera aportar alguna información adicional de algún tipo (en concreto, las fotografías de Groenlandia, los cuadernos de expedición y de bitácora de Louis Arner Boyd que, en estos momentos se hallan desaparecidos) les estaría muy agradecida. Este trabajo tan minucioso nos hace ver con que finura Joanna Kafarowski ha diseccionado la vida de Louise Arner Boyd desde la objetividad de los datos biográficos que ha tenido que recopilar por toda Europa y América, pero, a la par, con un brioso tacto para la aventura de justo merecimiento para honrar la memoria de la exploradora. La manera de abordar la presente biografía por parte de la autora es de un efectismo narrativo notable. Al alternar, fundir y realzar todo el material documental sobre esta osada aventurera estadounidense la lectura no cansa ni aburre. El hilo argumental está tan bien tejido que nos podemos poner (casi) en las mentes de aquellas intrépidas expediciones que tomaron tanto riesgo por escrutar los confines de nuestro mundo. Allí, entre infinitas llanuras de mar y hielo, la protagonista hace su modus vivendi personal. Hay algo que tienen en común los grandes personajes que han culminado logros para la humanidad: la obsesión. Sin esta cualidad muchos habrían tirado la toalla a las primeras de cambio cuando vienen mal dadas (y siempre vienen, tarde o temprano). En estas odiseas que van más allá de la imaginación y de la fortaleza humana, los contratiempos y las penurias acosan por todos los frentes a estos modernos argonautas. Pero las dificultades no solamente vienen del medio natural sino, como veremos, también de las personas con las que la aventurera tiene que lidiar. Además, su condición de mujer y millonaria, le dota de un perfil complejo para indagar bajo la óptica y preceptos de aquellos tiempos y de aquellas gentes.

Así es, Louise Arner Boyd, fue una mujer millonaria, excéntrica dirían muchos. Su pasión obsesiva por la exploración fue lo que le llevó, muchos años después, a ser reconocida mundialmente por la comunidad científica y geográfica, pudiendo dejarnos su legado que ha llegado hasta nuestros días. Una mujer de principios del siglo XX, de familia acomodada pero, acorde con la época, de reglamentación patriarcal. Ella tuvo el arrojo, como ya leerán, de alzarse en reivindicaciones personales para convertirse en toda una pionera no solo en su género, ya que fue la primera en alcanzar muchos de los hitos del mundo de la exploración. Si bien es verdad que su fortuna y su educación le valieron para, en cierta medida, hacerse con las riendas de su destino sin grandes dependencias. Oportunidad que no hubiera tenido una mujer de otra condición social de su época. Pero, visto desde otra óptica, lo que llama la atención es que esta valiente mujer, en vez de sucumbir a los placeres de la alta sociedad, se calzara las botas de siete leguas y se entregara a una causa mucho mayor que la del esparcimiento y la ociosidad. Digamos que, teniéndolo todo, se quiso “complicar” la vida.

El empujón que le falta a esta aventurera es conseguir llegar a fijarse en la impronta del imaginario colectivo. Y esto, hoy en día, es muy difícil de conseguir sin llegar al apartado cinematográfico. Podemos poner como ejemplo la adaptación de The Terror del libro de Dan Simmons, que relata a su vez los sucesos que acaecieron en septiembre de 1847, donde dos barcos de la Armada británica, el HMS Erebus y el HMS Terror, bajo el mando de sir John Franklin, fueron a la búsqueda del paso del Noroeste, pero en las cercanías de la isla del Rey Guillermo quedaron atrapados en el hielo del Ártico.​ Las condiciones de supervivencia eran extremas, con temperaturas que superaban los cincuenta grados bajo cero, provisiones de comida escasas, el deterioro de los barcos o la llegada de las enfermedades. Además la extraña presencia de una criatura bestial y misteriosa hace que los hombres crean que se enfrentan a fuerzas sobrenaturales. El motín o el canibalismo planean sobre los supervivientes. También a destacar la adaptación al cine de sendos trabajos periodísticos de Jon Krakauer: Hacia rutas salvajes (Into the wild, Sean Penn, 2007) y Mal de altura (Everest, Baltasar Kormákur, 2015). En ambas, se narran sucesos de gran crudeza en un entorno natural idílico, pero cruel y castigador. Son precisamente estos trabajos llevados al mundo digital los que auparían a Louise Arner Boyd al lugar inmortal al que debería pertenecer en la memoria de la gente corriente, y no solo en la de los estudiosos y científicos.

Las aventuras árticas de esta millonaria americana bien podría ser una especie de La esfinge de los hielos de Julio Verne. Tenemos entre manos una biografía, pero no se engañen, aquí no estamos ante aburridos tejemanejes políticos en palacios, ni barrocos discursos filosóficos de personajes de renombre pasado. Aquí disfrutamos de una aventurera que fue más allá, que vio y pisó por primera vez tierras hasta la fecha inexploradas. De todo ello, Joanna Kafarowski ha hecho un excepcional trabajo de documentación servido con un estilo muy directo, didáctico e interesante. Ahora el mundo es cada vez más pequeño, pero hubo un tiempo en el que el espíritu de lo inexplorado se inoculó en la mente de un puñado de locos que lo llevaron a sus últimas consecuencias. Unos no volvieron y sus cuadernos de viaje se perdieron para siempre, otros sí, y esta es una de aquellas historias en blanco, mucho blanco infinito y negro, que pudo volver a casa para ser contada.


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