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BAJO NUESTROS PIES

BAJO NUESTROS PIES

TÍTULO: “Bajo nuestros pies”
AUTOR: Francico Javier Olmedo Vázquez AQUÍ
EDITORIAL: ExLibric 2017 AQUÍ
PÁGINAS: 266
¿DÓNDE COMPRARLO?: AQUÍ
– SINOPSIS:
«Y aunque mi increíble empresa lograra terminar de modo satisfactorio, no crea que habremos escapado por tanto de nuestro terrible final, pues no es posible huir de aquello que no puede ser evitado». Esas fueron las últimas palabras que John D. Lindgren leyó del puño y letra de su mentor, el profesor Kleinman. En Salem (Massachusetts), durante 1921, aún con un espléndido futuro académico por delante, el profesor guillotinaría su destino tras recibir una inesperada carta anónima. La misiva incluía una oferta que no podría rechazar, pues hundía sus garras en el más flaco de sus puntos débiles: la curiosidad. En torno a ambos personajes se va gestando una historia de horror sobrenatural llena de giros sorprendentes donde la ilusión se torna en angustia; la curiosidad, en miedo; el conocimiento, en locura. Francisco Javier Olmedo ofrece al lector la posibilidad de seguir los pasos del profesor y su alumno más privilegiado con una novela que cuida la ambientación y el rigor histórico. En torno a las cartas de Kleinman, se estructura una trama llena de sobresaltos y de preguntas que encontrarán respuestas tan inesperadas como espeluznantes.
– BIOGRAFÍA DEL AUTOR:
Francisco Javier Olmedo Vázquez es un autor cordobés nacido en 1980 y enamorado de la literatura de terror sobrenatural, digamos, “outsider” (alejada de ese hastío comercial repleto de zombis, vampiros y hombres lobo). Allá por sexto curso de la antigua E.G.B., su profesora de lengua aplaudía la imaginación que solía plasmar en sus textos de redacción libre (aunque es cierto que no acababan de convencerle sus temáticas de corte tétrico y lúgubre; no eran propias de un chiquillo de tan corta edad). Intuía (la profesora) en el autor una facilidad para la escritura y la inventiva, por lo que le invitaba (por no decir “obligaba”) a escribir las obras de teatro que se representaban en su colegio cada año en navidad. Mucho más tarde, ya en el bachillerato (el antiguo), el autor tuvo un reencuentro fortuito con su profesora. Tras el entusiasmo propio de un hecho tan emotivo, la mujer preguntó con interés: «¿has seguido escribiendo?». La respuesta, lamentablemente, le produjo una rotunda decepción. Y es que sí, escribía, pero no más allá de las historias de fantasía que hacían de guía para las partidas de juegos de rol a las que jugaba con sus amigos del “insti”. Sus hazañas como escritor de tres al cuarto cesaron durante el lapso de tiempo que comprendió entre la adolescencia y los dieciocho años. No encontraba la vía adecuada para dar rienda suelta a su creatividad. En el año 1998, el autor comenzó la carrera de Ingeniería Informática (aunque siempre amó las letras, prefirió el estudio de la ciencia). Fue ahí, en la primera semana del primer curso cuando conoció a su amigo Juan Luís Pérez de Luque (hoy doctorado en lengua inglesa por la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba), el cual le presentó a uno de los grandes de la literatura de terror sobrenatural: Howard Phillips Lovecraft. Lovecraft puso ante el autor las herramientas para encauzar ese ideario irreal que tenía en mente atrapado desde la infancia, esa imaginería del inconsciente a la que no podía dar rienda suelta. Quedó fascinado por su cosmogonía, por la mitología que se creó a su alrededor. Tras leer la práctica totalidad de su narrativa, fue explorando su círculo de autores más reconocidos: Derleth, Howards, Ashton Smith, Bloch, Poe, Machen, W. Chambers, Ligotti… El autor optó por seguir la senda que ya marcaron esos otros Grandes escribiendo pequeños relatos de corte lovecraftiano, pensados en un principio para él mismo y para todo aquel de su círculo de conocidos que quisiera leerlos. Al fin, una vez su prosa se encontraba lo suficientemente depurada, el autor se atrevería a escribir la primera de sus novelas: Bajo nuestros pies. Nunca pensaría que sus historias pudieran salir más allá de ese círculo hermético de familiares y amigos. Fue la insistencia continuada de los que le leyeron, y el descaro que aportan la edad y la experiencia, los que hicieron atreverse a poner el manuscrito de su primera novela en manos de una editorial.
– GUSTARÁ:fist-160957__340.png
A los amantes de la literatura clásica de terror y de ciencia-ficción (ambos mundos se concilian en esta novela). Lectores amantes de la riqueza léxica, el barroquismo y la pausa en el detalle de las escenas. A los seguidores de H.P. Lovecraft no les puede faltar en sus bibliotecas.
– NO GUSTARÁ:fist-160958__340.png
A “crepuscularios”, “zombilanders”, “slashers” y demás juvenalia de terror vacuo. En este libro, quedan avisados, los goznes de las puertas chirrían en la calma de la noche junto con el ulular de alguna lechuza insomne y las bolsas de sangre se utilizan en momentos puntuales bien contextualizados. Aquí no hay espacio para regalar máscaras de plástico de demonios desdibujados en tiendas de todo a cien.
– LA FRASE:
«No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas.»
H. P. Lovecraft, La llamada de Cthulhu (1928)
– RESEÑA:
Hubo un día en el que Francisco Javier Olmedo Vázquez, autor del presente libro, leyó a H.P. Lovecraft y fue literalmente abducido por toda una pléyade primigenia de imaginación, desenfreno narrativo, y gusto por una tradición de terror clásico que en los días que corren, salvo casos muy aislados, es de difícil encuentro. Javier Olmedo ha tomado prestado el rico, vasto y casi inabarcable universo del autor de Providence, para inventar, junto con retazos y homenajes de su obra, una sinfonía del mal absoluto, encarnado en el bestiario tradicional de dioses y monstruos informes de su bibliografía.
¿Por qué H.P. Lovecraft? Aunque la respuesta solamente la tiene el propio autor, es cierto que el embrujo que crea este escritor en sus lectores es ya conocido. Más allá del terror gótico encarnado en escenarios nocturnos, castillos con insondables secretos y bestias ocultas en los bosques, Lovecraft, partiendo de la influencia de Edgar Allan Poe, fue construyendo a lo largo de toda su obra una arquitectura interconectada con otros mundos y otras realidades. Si en Poe la locura llegaba a través del amor y las pérdidas dramáticas, de la venganza, de la envidia o de las fuerzas paranormales, Lovecraft se lleva este plano espiritual, psicológico y religioso a otras dimensiones, con la veneración de cultos atávicos ocultos y fuerzas de la naturaleza que rebasan el universo conocido. El pasado, el presente, y el futuro, confluyen en un mismo baile sinfónico en los relojes de arena del manto eterno del tiempo. Fueron temas fundamentales y obsesiones del autor: los peligros de la ciencia moderna, la curiosidad extrema de los personajes que se adentran en lugares y en bibliotecas que les subyugan la sesera, el destino y la culpa adánica de la civilización, etc… pero, sobre todo, la muerte Nietzscheniana de Dios, para ser sustituido por un extenso panteón de Dioses y criaturas que pueblan su sede vacante y de los que nos separa, solamente, una leve membrana que espera la melodía de las flautas en el mantra de unos cánticos ignotos, como llave para abrir nuestro mundo a sus tentáculos y dominios de bubas.
Sin saberlo, mucho abrazamos por primera vez a H.P. Lovecraft mediante el juego. El videojuego para ser exactos. Títulos como “Alone in the Dark – 1992”, Shadow of the comet – 1993″ o “Prisioner of ice – 1995” (con aquella frase final de impacto. «No está muerto lo que puede yacer eternamente; y con el paso de los extraños eones, incluso la Muerte puede morir») nos produjeron una desazón interior muy diferente al tipo de videojuegos que nos traíamos entre manos en esa época. Alone in dark es sin lugar a dudas el videojuego/aventura gráfica poligonal más importante de los comienzos del entretenimiento digital. Hoy en día los gráficos han quedado del todo desfasados, pero la historia, la música ambiental, los chasquidos y chillidos de aquella casa, desde el ático hasta los ponzoñosos sótanos, han dejado huella. Aquí ya aparecieron el Necronomicón y el De Vermis Mysteriis, acercándonos al cada vez más opresivo mundo de los Mitos de Cthulhu. Y, qué decir de aquel final, un auténtico bofetón en la línea de flotación. (Luego llegarían videojuegos como “Doom”, “Quake” o “Resident evil”… todos ellos bebiendo en mayor o menor medida de Lovecraft, pero ya siendo un género en sí mismo. Los “survivor horror” han ganado en espectacularidad, pero han perdido en guión, cadencia, misterio y escenificación. La sangre corre más que las ideas, vamos. A destacar también el excelente libro-rol de los ochenta, “La llamada de Cthuhu” del Sandy Petersen.
PRISIONER OF ICE ALONE IN THE DARK LA LLAMADA DE CTHULHO SHADOW OF THE COMET
Javier Olmedo, tras la lectura incansable de la obra completa de H.P. Lovecraft, se lió bien prieta la manta a la cabeza para regalarnos un “historión” que trasciende el simple homenaje o copia de su maestro y mentor estadounidense. Aquí, el autor rompe la baraja y nos sirve en bandeja de plata recién lustrada un brebaje exquisito, que si bien entra fácilmente por el gaznate, nos va dejando un poso amargo en las papilas según avanzamos por su lectura, para terminar teniendo que purgar nuestro estómago y volver a acometerlo nuevamente. El autor aborda (y borda), el formato, estructura, ambición, sencillez y concreción de la obra de H.P. Lovecraft, ampliando sus horizontes a punzantes momentos de ciencia-ficción muy bien compuestos y orquestados (y aterradores, por lo que conlleva el significado de observar lo que se encuentra en el centro mismo del universo).
Es muy interesante comprobar como refleja la época de principios del siglo XX. Al albor de la sociedad de las comunicaciones, la luz eléctrica y los modernos medios de transporte, se despedía para siempre un mundo epistolar en el que el fuego del hogar, las cartas remitidas desde lugares lejanos, los caminos embarrados de pesadilla, y la luz de las velas recorriendo los largos pasillos de las mansiones, llenaban de secretos y leyendas un mundo que hoy ya ha desaparecido. Javier Olmedo ha buceado a pulmón por estos vericuetos antiguos y rechinantes para ofrecernos una carta de postres desasosegante, opresiva y, en ocasiones, atrozmente visceral.
Si no supieran de antemano que el autor de “Bajo nuestros pies” es español, (concretamente cordobés), les sería fácil pensar que la pluma es de un autor anglosajón gótico de principios del siglo XX. Sus texturas y su ritmo narrativo es de otros tiempos. (Es la única pega que podría correr su obra hoy en día en su contra. Son tiempos de terrores vacíos, modernistas y escatológicos). Si podemos decir, que creemos que le hemos cazado un giro gramatical andaluz, que aquí no contaremos, pero es tan leve, que el lector ni se dará cuenta. (Y si se da cuenta, mejor, el sello de un cordobés que ha llegado hasta Salem y, no solamente ha vuelto de una pieza, sino con un tres piezas y sombrero a juego, debe dejar su impronta en algún sitio). De prosa excelsa, rica y educativa, Javier Olmedo ha recreado una obra personal, analítica, muy consciente de su transcendencia e importancia, y sobre todo, nos ha regalado un divertimento serio, adulto y propio de la alta literatura. Reflexión que no es aplicable a los varapalos y mordiscos vampíricos diarios que se llevan en nuestros días las recreaciones, revisiones y homenajes de las obras de Bram Stoker, Shelley, Polidori, Le Fanu, etc.
Creemos que hay razones más de que sobra para que esta obra sea un referente en el fantástico español moderno y, si algún jurado que sepa lo que se hace lo considera oportuno, que levante muy alta la mano para concederle el premio, mención, palmada en la espalda o invitación a cenar que bien merecido tiene.
Y para quien no lo crea así, que Azathoth se lo lleve a su morada a compartir una velada viendo Eurovisión o cualquier regurgitación de Telecinco.


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