– GUSTARÁ:
A todos aquellos lectores que son receptivos a miradas diferentes, muy particulares, descabaladas en sus formas y contenidos, pero con muchas ganas de gritar al mundo sus convicciones más personales, agitadoras y, en ocasiones, transgresoras.
– NO GUSTARÁ:
A los lectores más exigentes y acostumbrados, en este tipo de lecturas, a un respaldo científico y empírico más acentuado en las aseveraciones y discursos de los temas tratados. Tampoco llamará la atención a todos aquellos que no están interesados en las reflexiones vitales que a todos nos asaltan periódicamente.
– LA FRASE:
¿Por qué somos tan cabeza dura? Somos cabezas duras, porque nos gusta tener la razón en todo, ya que esto se supone que nos hace inteligentes. Y eso es lo que creemos, hemos venido a buscar aquí en la tierra, pues los que “no son inteligentes” según nosotros sufren, no pueden entender el conocimiento del vivir.
– RESEÑA:
María Elena Marín Vélez nos trae un pequeño volumen personal e intransferible. Reflexiones de orden caótico que tratan de establecer una comunicación entre lo que acostumbramos a ver y a sentir y lo que la autora realmente piensa: el más allá de la careta que todos nos ponemos para ocultar nuestro verdadero ser en el día a día de carreras, prisas y falta de autoconocimiento. La autora hace gala de un estilo directo, sencillo e intencionadamente desordenado. Ella misma nos invita a realizar la lectura desde cualquier página o capítulo, como forma de desanclarse de la rigidez de las formas, reglamentos y protocolos. Su lenguaje y formato es desconcertante, raudo, furioso en ocasiones. Su objetivo es soltar amarras de concepciones políticamente correctas y aceptadas por la mayoría, para observar un punto de vista distinto a lo cordialmente establecido en una sociedad acomodada, conformista, hastiada y narcotizada.
Dentro de los pensamientos de la autora, aunque se presenten muchos de ellos en un revuelto multidisciplinar, existen unos ejes temáticos que quiere remarcar para hacer extensible sus inquietudes cacofónicas al resto de los lectores. Uno de estos espacios es el consabido y clásico en este tipo de lecturas: el “carpe diem, tempus fugit”. Evadir de nuestra mente las cicatrices del pasado y los augurios de un futuro esquivo para centrarse en la realidad que nos rodea. Una realidad que fluye en ondas heterodoxas, tangenciales, fugitivas, inabarcables y desmedidas. La autora se consagra al sentido del momento, del sentimiento presente que escapa de nuestro control y que, para unos, deriva en el desconcierto de su existencia, mientras que otros lo aceptan con estoico entendimiento. El control maniático de nuestras vidas es un espejismo que falsea nuestra realidad, donde nos creemos que podemos organizar el cosmos a nuestro antojo, pero olvidamos que las leyes de la casuística y la sincronía fluyen por otros derroteros.
María Elena Marín Vélez nos habla del cambio, del propio y del ajeno. De la importancia del mismo para ir de lo concreto a lo abstracto. De cambiar en lo personal, en lo casero, en la experiencia diaria para, una vez asentado ese recorrido interior, podamos ser dueños de nuestras propias decisiones personales, en un mundo cada vez más globalizado e interconectado. Nos introduce en la responsabilidad, en el miedo, en la naturaleza personal y en la consciencia de uno mismo. El sentido último, el fin escatológico de nuestra existencia, reverenciado en un cosmos complejo e inabarcable. La autora nos habla de aquello que nos limita, que nos da miedo, que nos arrastra hacia el fondo de nuestros malos sentimientos y nos ahoga en un pasado tenebroso y asfixiante. Nos expone su sincera reflexión acerca del perdón y de su ancla, de la capacidad del ser humano de martirizarse y de dejarse llevar por el peso de sus pecados y del gran coste que conlleva el perdón y la expiación para lograr la redención del espíritu. La relación con nuestro yo interior y la necesidad del silencio como herramienta de descubrimiento, de escucha, de abrirse a una nueva canalización sensorial para aprender qué queremos realmente y cuál es el papel que queremos representar en nuestra vida para que no sea representado por otros.
En resumen, la autora nos abre su caja pandórica de herramientas y reflexiones personales para aquellos que surfean el caos de cada día. Nos invita a entrar en su desordenado torrente de ideas y cosmología personal donde desarrolla un núcleo de sentimientos compartidos. Particularidades que le llevan a adentrarse en una temática diversa y fragmentada para bosquejar asuntos en los que todos, en algún momento de nuestra existencia, les hemos hecho hueco en nuestras almas incompletas. Llama al caos por el caos, al desorden por el desorden, a las ráfagas de sinsabores vitales como parte de la partitura que todos tocamos con mayor o menor afinación. María Elena Marín Vélez abre sus páginas hacia lugares donde cada uno será dueño de darles forma, romper estereotipos, claudicar o sanar ante la devastadora batalla que tiene por delante.