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LA LATITUD DE LOS PASOS – OLEÑKA CARRASCO – EDICIONES CASIOPEA, 2018

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TÍTULO: LA LATITUD DE LOS PASOS.

AUTORA: OLEÑKA CARRASCO – WEB INSTAGRAM FACEBOOK

EDITORIAL: EDICIONES CASIOPEA – WEB

PÁGINAS: 88.

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 – SINOPSIS –

Una obra que te hará recorrer el Camino, o regresar a él si ya lo has hecho…
Nunca antes se había publicado un testimonio sobre el Camino con el tratamiento artístico y personal de este libro en el que Oleñka Carrasco, autora de: La nostalgia es una revueltaHistorias analógicas extraordinarias (expuestas en Madrid y Toulouse-Premio del Público Salon Des Arts), Lettres de París (nominado al premio Luma Rencontres Dummy Book Award, expuesto en el 2º Festival de Arles y en París) y La multiplicidad de la auto-fragmentación (París, 2015), abre su corazón para transportarnos al mismo corazón del Camino.
“Hace poco, un apasionado de los aviones me dijo que volar no era más que desplegar las alas y dejar que el viento las acariciara…, caminar debe ser entonces poner los pies en marcha dejando que el Camino los abrace.” Así arranca esta obra que va hilvanando encuentros, amaneceres, soledades, aromas y reflejos de una ruta milenaria. “Cuando el cansancio y el dolor parecían ganarte, los enormes campos llenos de verde se abrían, te cantaban un ¡hurra!; entonces, te dejaste envolver por la nube para llegar hasta aquí…”
Saint Jean Pied de Port, Roncesvalles, Estella, Viana, Nájera, Santo Domingo de la Calzada… van desfilando entre paisajes, pensamientos, y escenas descritas por la autora con gran maestría: “El paisaje riojano se vistió de esplendor y el Camino pasó por hermosos y coloridos campos de trigo, cebada y viñas”.
Cada día va descubriendo algo nuevo sobre ella misma y sobre el Camino:
“Me veo a mí misma desde hace muchos días repitiendo a todos: “no importa la religión que se profese, el Camino de Santiago debe llamarte”. Y puede que en efecto sea verdad o puede que no, pero no dejan de revolotearte las preguntas, las peticiones, las oraciones”. Y cada parada, cada momento, es narrada de forma poética, logrando llegar al alma del lector. Descansar, guarecerse del frío, de la lluvia…Burgos me acogió hermosa mientras descansaba. Callejuelas llenas de farolas me hicieron desconectar y recuperar la ilusión y las ganas”. Bilingüe: Español y Francés.

– AUTORA –

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…​aunque nació en Venezuela, ha viajado y vivido en tantos  lugares que se reconoce un poco de todas partes, y de ninguna. Tiene una insistencia desde hace algunos años, “necesito contar  historias”… se sirve de la escritura para ello y transforma a la fotografía en una escritura para llevar a cabo su cometido.
Licenciada en Letras por la Universidad Central de  Venezuela, Máster en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, Fotografía y fotografía artística junto a Carlo Werner y Bruno Dubreuil, Bellas Artes en el Taller de Vincent Bizien de París.
Actualmente vive y desarrolla su carrera artística en París.

– GUSTARÁarrow-145786__340

A todos aquellos lectores que tienen más de viajeros que de turistas. A los que huyen de los tours organizados como de las croquetas congeladas. Gustará también a todos aquellos que les gusta sentir, por botas ajenas, las vivencias de los viajeros que salen de su confortable monotonía diaria para adentrarse en espacios físicos y mentales desconocidos. También cumplirá las expectativas de los amantes de los libros de cuidada presentación.

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A los amantes de la ficción novelada y a todos aquellos que disfrutan de lo tangible y medible desde su sillón, con Netflix en una mano y con los sucesos de los telediarios en la otra. Tampoco será del interés de aquellos amantes de las guías de viajes al estilo Lonely Planet que desnudan completamente la aventura y la improvisación del viaje.

– LA FRASE vintage-1751222__340.png

“De pronto, al mirar a mi alrededor, observé una cantidad ingente de caballos que pastaban en libertad, nadie los limitaba. Caminé hacia ellos y pensé que este lugar era como una <<latitud de los caballos>>, solo que aquí ellos me mostraban que el peso ya lo había dejado atrás, era hora de correr y vivir, libre y en paz”.

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mochila-grande-1546514664.jpgHoy os traemos a la palestra de las reseñas literarias, “La latitud de los pasos: impresiones del Camino” de Oleñka Carrasco: viajera, fotógrafa y escritora. Solamente un perfil así podía haber alumbrado el libro que tenemos entre manos. Libros sobre el Camino de Santiago encontramos miles de referencias. Entre otras cualidades, lo que hace a este libro original es su maquetación, que le dota de un aspecto de cuaderno de viajes clásico. De esos que han sido relegados por el teléfono móvil y las compras apresuradas en tiendas de recuerdos oficiales de museos y aeropuertos. Antes de la completa digitalización de los viajes, en los que booking, tripadvisor y los blogueros de moda nos llevan de la mano a cada paso que damos y donde prácticamente se ha abandonado la aventura por la modalidad turigrina, hubo un tiempo en el que la artesanía personal era la dueña del destino del viajero. El cuaderno de viajes consistía en una recopilación de apuntes personales, bitácora de cada jornada, tickets, hojas, billetes, dibujos, fotografías adheridas, y cualquier otro elemento físico que se pudiera añadir al mismo. Estos cuadernos eran la piedra angular de los recuerdos de muchas generaciones de grandes viajeros. Hoy en día esta tradición está casi perdida.
En, La latitud de los pasos, recuperamos aquellos tiempos. La obra reproduce y actualiza el recuerdo de aquella época de exploradores y nómadas. Tenerlo en las manos es volver a siglos pretéritos. Escrito en forma de diario sobre los 38 días en los que la autora recorrió el Camino de Santiago francés, desde Saint Jean Pied de Port a Santiago de Compostela, entre los meses de mayo y junio de 2014. El libro está redactado en español y francés. Todo el contenido está transcrito en ambos idiomas para no perderse absolutamente nada. Con una maquetación muy dinámica, original y en diferentes formatos y tipologías de letras, el resultado final es, efectivamente, como el de tener entre las manos el cuaderno original que la peregrina/autora pudo componer diariamente en su ruta jacobea. El trabajo de maquetación, repetimos, es magnífico. Más que un libro es una pieza artística. Como un buen cómic, hay obras que no aguantan el formato ebook. Y este es un claro ejemplo.
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Oleñka Carrasco nos habla desde todas la ópticas del Camino. Aquí no tenemos una guía de viajes al uso, del manido ¿dónde comer?, ¿dónde dormir? o ¿qué visitar? Aquí tenemos un cuaderno sin guión, donde en ciertos días se hablará más de sentimientos y en otros de las características de la ruta que va pisando bajo su botas. No existe una estructura rígida en la narración, sino que será la propia peregrina la que vaya repartiendo sus emociones a lo largo de toda su obra. Seremos espectadores de días mejores y de días peores; todo ello se irá entreverando en las notas de la autora. También veremos la evolución de la misma, de sus primeros titubeantes e inseguros pasos más allá de los pirineos, pasando por su bautismo de fuego a ampollas, sudor y lágrimas por la infinita meseta castellana y las correidoiras gallegas, hasta llegar a un conocimiento iniciático y reflexivo. Todo ello la capacitará para casi cualquier proyecto futuro cuando llega a Santiago de Compostela.
2107741_1.jpgEl Camino da lo que cada uno necesita. Transforma la visión del mundo del escéptico y da herramientas de autoexploración a quien anda perdido. Una semana en el Camino vale más que toda la bibliografía de un autor del denominado género de “autoayuda”. El Camino pone en su sitio a todos sus caminantes. El memento mori te enseña en cada recodo del camino que la meta es el propio camino y que no hay meta sin esfuerzo. Que lo importante no es llegar el primero, sino llegar. Que después de la tormenta viene la calma, y que después de la calma viene la tormenta. Que todo es cíclico; las subidas y las bajadas. Que lo que maltratas te acabará maltratando de vuelta. Que el comienzo de cada jornada es duro y fatigoso, pero que una vez engrasada la maquinaria, el cuerpo tiene límites que nunca pensaste que podrías alcanzar. Que, aunque no siempre, la perseverancia y el tesón mueven ruedas de molino. Y que nunca una ducha y un plato caliente te van a saber igual de bien que en un pequeño albergue de un pueblo que hasta ese momento no sabías ni que existía.
En tiempo de informaciones efímeras, carreras en búsqueda de un sitio en la vida, insensibilidad y desprecio por el que piensa o siente de manera diferente, de corrección política, de bandos enfrentados por asuntos baladíes, de impostadas apariencias, de ambiciones desbordadas,… Oleñka Carrasco nos invita a entrar en un remanso de paz, donde fluyen reflexiones, pasos, tiempos sin relojes, estrellas fulgurantes al raso, amaneceres pausados y superación por llevar el cuerpo y la mente a lugares donde nunca hubiéramos imaginado que estaba colgado el cartel de abierto.
El Camino no mira tu bolsillo, ni tu condición social, ni tu origen, ni tu edad. Como el egipcio juicio de Osiris, el Camino solamente enjuicia el peso de tu alma, y si esta pesa lo mismo que una pluma -símbolo de la verdad y de la justicia-, estarás preparado para su rito de iniciación (esto incluye, por supuesto, una buena tabla de pulpo en Casa Ezequiel regada con albariño).
¡Ultreia et Suseia peregrinos!

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LA MALA RALEA – JAVIER ORTIZ, 2018

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TÍTULO: LA MALA RALEA.

AUTOR: JAVIER ORTIZ – WEB TWITTER INSTAGRAM

EDITORIAL: AUTOPUBLICACIÓN, 2018

PÁGINAS: 442.

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 – SINOPSIS –

Rusia, febrero de 1943.
Falangistas y comunistas, señoritos y jornaleros, cobardes, ladrones y borrachos. En el otro extremo del mundo, bajo otras banderas, veteranos de la guerra civil española en uno y otro bando siguen librando su particular batalla. Traen muchas historias en las alforjas. Relatos de venganza, culpa, horror y vergüenza. Ninguno es un santo.
«Troya cayó. Roma cayó. Leningrado no cayó.»
Ambientada en el cerco de Leningrado, en plena invasión nazi de la Unión Soviética, y protagonizada tanto por miembros de la División Azul como por exiliados españoles enrolados en el Ejército Rojo, La mala ralea es un descarnado drama bélico que no dejará a nadie indiferente.
Novela histórica, drama bélico, aventuras… Y algo de terror.
A través de las páginas de esta historia coral, una serie de variopintos personajes repasará acontecimientos tan importantes como el levantamiento en Sevilla o Pamplona, las purgas en la retaguardia de uno y otro bando, la masacre de Badajoz, el bombardeo de la carretera de Málaga, la resistencia del gobierno en Valencia, batallas como la de Teruel o la campaña de la aceituna en el campo andaluz, el embarque de niños a Rusia y un largo etcétera. Al margen de sus tortuosos recuerdos, y en el marco del asedio más duro que se llevó a cabo en el contexto de la segunda guerra mundial, todos ellos se encuentran de un modo u otro en una situación al límite de la supervivencia… Ya sea por el hambre, el frío, las balas, el horror, la soledad o la pérdida de la propia cordura.

– AUTOR –

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Javier Ortiz (Córdoba, 1984) es historiador y actualmente reside en Valencia. Entre sus múltiples intereses… Bueno, ya está bien; no he aguantado ni dos frases escribiendo sobre mí en tercera persona. Es ridículo y pedante. En lugar de eso voy a hablaros de por qué he escrito mi primera novela.
Mi abuelo murió siendo yo adolescente. Nunca pudimos hablar mucho; la situación familiar no era perfecta, él estaba en un asilo a las afueras de la ciudad… Y para colmo, entre mi pubertad y su senilidad, jamás llegamos a tener una conversación en la que alguno de los dos entendiese lo más mínimo del otro.
Recuerdo frases inconexas, cuyo alcance por aquel entonces no comprendía del todo. «Yo en la guerra estuve en el frente de más al norte de todos», sentenciaba, y yo, que apenas sí tenía conocimiento de que aquí, en algún momento, hubo una guerra, le respondía «¿En Teruel?». Él me miraba entonces con impotencia: su nieto era imbécil. Porque, claro está, el frente de más al norte era Leningrado.
Aún me resulta difícil imaginar a ese hombrecillo apocado, prácticamente analfabeto y que trabajó toda su vida y de sol a sol en la campiña cordobesa calzando un casco nazi en el otro extremo del mundo. Sigue sin tener sentido.
Durante años, ya en la universidad, le pregunté a mi padre por aquello. Pero se ve que en casa no se hablaba mucho de la guerra. Que había estado en una batalla en un lugar llamado Krasnavar, o algo así; una anécdota estrambótica sobre robar un saco de patatas a un campesino ruso, otra sobre una pelea en un bar… Pasé tiempo escribiendo a archivos militares: Salamanca, Ávila, Guadalajara, Sevilla, etcétera. Su dichosa hoja de servicios no aparecía por ninguna parte. Nunca llegamos a solucionar aquel rompecabezas.
Tampoco es que la novela que he escrito resuelva nada; si acaso, todo lo contrario. Leí mucho sobre los lugares por donde, presumiblemente, debió pasar mi abuelo. Sobre las unidades en que era posible que hubiese servido. Su nombre no apareció. Pero sí cosas terribles. Cosas en las que me horrorizaba pensar que participara, o tan siquiera que hubiera presenciado.
Y en cierta forma eso es lo que he acabado escribiendo: una pesadilla. Una posibilidad, quizá la peor imaginable. Es novela histórica, drama bélico, tiene aventuras y, de algún modo, es también terror. Desde luego no es para estómagos sensibles.
Si te atrae mínimamente cualquiera de estas últimas temáticas (y también la guerra civil española y la segunda guerra mundial, claro está), no deberías dudar en echar un ojo a este libro. Desde luego es mucho más interesante que cualquier cosa que pueda decir sobre mí.

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A quienes se interesan por las causas y las consecuencias de los conflictos bélicos que han sacudido con intensidad el discurrir del siglo XX, y son capaces de diseccionar un gran todo para fijar su microscopio en pequeños fragmentos aparentemente inconexos. A los aficionados a la novela histórica que aprecian las situaciones protagonizadas por personajes anónimos, que enmascaran seres de carne y hueso no reconocibles individualmente, o acontecimientos cuya grandeza o miseria está más allá de cualquier fotografía identificativa. A los amantes de las descripciones directas que no dejan lugar a la delicadeza en la presentación de situaciones tremebundas.

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A los que prefieren que la información angustiosa y dramática de las contiendas sangrientas les llegue envuelta en forma de datos estadísticos, desprovistos de incómodos detalles. A quienes aborrecen la prolijidad en los detalles y en las descripciones minuciosas de los paisajes, entornos, decorados y “atrezo” que rodean a los protagonistas de las historias narradas. A quienes consideran al ser humano como un ente intrínsecamente bueno incapaz de ser arrastrado, bajo ninguna circunstancia, al submundo de la abyección.

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“Una de las cosas más fascinantes de pasear por Leningrado en estos días era el saber que ese edificio tan imponente que uno estaba contemplando podía no estar allí al día siguiente”.

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Cuando un lector se enfrenta a un relato que mezcla acontecimientos históricos reales con líneas narrativas de ficción en su interior, exige que la labor más importante y compleja del escritor sea que ambos mundos cohabiten sin chirriar ni enfangar la labor de la coherencia interna. Son muchos los lectores que cuando se adentran en el género de la novela bélico/histórica exigen una disección de todo lo que allí ocurrió, mientras que otros prefieren que, una vez explicado el contexto genérico de la puesta en escena, la épica más aventurera y novelesca cobre protagonismo. A veces, ambos tipos de lectores, son irreconciliables. La mala ralea pensamos que se puede adaptar a ambos tipos de lectores: desde los más exigentes y reconstructores del pasado, a los más fanáticos de la aventura trepidante entre trincheras y fuego de ametralladoras.
11013306_935859419788030_5106441010334261279_n.jpgPocas veces encontramos un título que no necesite una extensión enciclopédica para describir y condensar con una quirúrgica precisión lo que encontramos en las páginas de esta obra. Es curioso que las acepciones neutras de “ralea” sean “especie, género, cualidad” y que las despectivas el diccionario nos las presente como “raza, casta o linaje de una persona”. Si pensamos en un mal linaje, seguramente, lo asociaremos con la nobleza venida a menos, mal relacionada o bastardeada. La palabra ralea, sin adjetivar, ya nos alerta para lo peor y si, además, le anteponemos “mala”, la catástrofe está asegurada. La mala ralea nos muestra exactamente eso, lo peor de lo peor, de lo más bajo de la condición humana: El homo homini lupus de Thomas Hobbes. Los seres humanos convivimos en una estrecha cuerda que nos sostiene y nos permite mantenernos alejados de las dentelladas más salvajes de nuestros conciudadanos. El aparato reglamentario, normativo y burocrático que nos hemos dado entre todos, permite que la tensa cuerda tenga un correcto contrato de mantenimiento a largo plazo. Pero hay momentos en los que siempre hay unos pocos dispuestos a cortarla, para encontrarse con una angustiosa caída al vacío donde salen a relucir las más bajas pasiones. Y, peor que el simple instinto de supervivencia animal, nos comportamos como auténticos psicópatas en un ruedo de sangre, venganza, locura, ambiciones y destrucción. La guerra saca lo peor de cada persona. Deshumaniza aquello que se tardó tanto tiempo en forjar, aupando a los seres más miserables de todos: los sátrapas que se acaudillan entorno a su crápula existencia de liderazgo terrorista.
450_1000.jpgBajo el ominoso manto de la guerra, de las guerras en plural, ya que todas ellas beben de un mismo patrón de presentación, nudo y desenlace, se nos presenta una obra que puede restallar en nuestro espíritu como un potente y doloroso latigazo. La literatura bélica, y su compañero habitual, el cine, sea de aventuras, western, gestas y batallas históricas, nos suele conducir, en un amplio abanico, por escenarios donde la violencia se gradúa en función de los fines perseguidos. Es habitual encontrarnos con indios, vaqueros, marines, exploradores o mosqueteros que caen muertos sin que apenas se resienta su vestuario y menos la sensibilidad del lector-espectador. En otros casos, la brutalidad del dolor se muestra expresa y violentamente como nos mostró el pionero Sam Peckinpah en Grupo salvaje o Perros de paja, o ya en el cine bélico más descarnado: Steven Spielberg en Salvar al soldado Ryan, Mel Gibson en Hasta el último hombre, Clint Eastwood en Cartas desde Iwo Jima o Ridley Scott en Black Hawk derribado
sovieticos_final_guerra.jpgJavier Ortiz, en la presente obra, consigue un dificilísimo equilibrio en una narrativa, que para el cine sería perfectamente splatter o gore, de hielo, sangre y realismo que confirma la verosimilitud de los hechos descritos. No hay concesiones al pudor. Se nos cuenta lo que fue, lo que pudo haber sido o lo que realmente ocurrió. Sin filtros ni tamices. La mayor parte de los personajes, poliédricos y  polifacéticos, pueden pasar de víctimas a verdugos sin solución de continuidad y, en gran parte de las ocasiones, sin tener una clara conciencia de ello. Soldados con ideales, y sin ellos, muestran su valor y su cobardía según sea la ocasión y las circunstancias en que se ven envueltos. Personajes que tienen historias comunes de un país lejano y que arrastran sus voluntariosos ideales por media Europa para alzarse en armas en diferentes bandos, en el otro lado del continente. La Guerra Civil finaliza, para concatenarse con una mucho mayor que destruyó Europa hasta sus cimientos. De la profundidad del búnker de Hitler a los rascacielos actuales han pasado unos escasos 75 años. Pasamos del horror, a un débil entendimiento que hay que preservar para no tener que volver a mirar nunca más al abismo. Desde una España en ruinas, un grupo de personajes heridos en lo más profundo, irán a luchar lejos de sus casas. Allí convergerán en una sinfonía de cenizas, pólvora, sangre, sudor y lágrimas.
Javier Ortiz arma una estructura bien cimentada y orquestada. Muy estudiada, documentada y eficaz. Escenarios asolados por las bombas o por el odio, o por ambas cosas, hacen de trasfondo perfecto para mostrar al lector la cara más amarga de la guerra. Un amplio abanico de condicionamientos psicológicos y desequilibrios mentales patológicos enfrentan al lector con lo que debería ser una de nuestras peores pesadillas: la reflexión sobre la mala ralea que, en situaciones extremas, puede aflorar desde nuestro interior cual octavo pasajero de la Nostromo.

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Piezas antiaéreas vigilan el cielo de Leningrado frente a la catedral de San Isaac.

SOBREVIVIÉNDOME – RUBÉN ZAMORA – EDITORIAL DRAKUL, 2019.

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TÍTULO: SOBREVIVIÉNDOME.

AUTOR: RUBÉN ZAMORA – INSTAGRAM  FACEBOOK 

EDITORIAL: EDITORIAL DRAKUL – WEB

PÁGINAS: 173.

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 – SINOPSIS –

El protagonista vuelve a su pueblo natal en España después de pasar muchos años trabajando en otro país. No le apetece nada regresar, pero la última llamada de su hermano, seca y apremiante, le hace sospechar que su padre se encuentra muy mal. No le queda más remedio que hacer una visita a la familia en Navidad, aunque sea breve. El reencuentro con su familia y el lugar de su infancia le evocan recuerdos y sentimientos contradictorios. La enfermedad de su padre está más avanzada de lo que creía. Sin embargo, todo esto pasa a segundo plano cuando el pueblo sufre un cataclismo que nadie espera, y del que no se sabe el motivo o la causa. Es el fin del mundo, de la humanidad y nadie sabe quién lo ha provocado. Lo único que importa ahora es sobrevivir.

– AUTOR –

Rubén Zamora Equert (1 de diciembre de 1975, Pamplona, España) es un actor español radicado en México desde el año 2002 donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Ha participado en multitud de largometrajes, cortometrajes y series de televisión; trabajos que han sido rodados en México, Colombia, Estados Unidos, Italia y España. Devorador de libros desde la infancia, esta es su primera novela como escritor.

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A aquellos lectores que disfrutan viendo sufrir a los protagonistas. También a todos aquellos que quieran ver arder el mundo para comprobar qué puede germinar de sus cenizas, una vez que el último router se ha chamuscado y el último Mercadona ha cerrado para siempre. La vida se nos presenta en un formato, pero esto podría cambiar con unas simples campanadas. Los amantes de la ficción apocalíptica estarán de enhorabuena; esta obra suma detalles y trazos originales al género. Si fuera una película estaría rodada con la cámara al hombro de Salvar al soldado Ryan.

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A los lectores más apegados a la narrativa contemporánea, donde el hiperrealismo de denuncia social se abre paso en los conflictos que se producen, en detrimento de los demás géneros. Tampoco entretendrá a los que no empaticen con las desventuras de supervivencia de un moderno Robinson Crusoe vestido de Decathlon. Hay que recordar, que en el mundo de Rubén Zamora, ya no existen los establecimientos de manteles caros y estrellas Michelín. Aquí todo se tiene que comer y digerir en crudo.

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“Si la Nada fuera un color, ya no sería blanca como siempre pensé, la Nada sería del color negro: un negro con infinidad de facetas, un negro que nace del fuego y vive en las cenizas, el negro del carbón, del plástico retorcido, de la roca quemada; un negro malvado, dañino, ausente de todo, desierto de vida; un punto oscuro en el manto blanco, un hueco sombrío en mi corazón helado”.

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portada_la-tierra-permanece_george-r-stewart_201505261051.jpgSobreviviéndome, la obra de Rubén Zamora que traemos hoy a la palestra de las reseñas literarias, explora de nuevo lo que tantas veces ya han abordado los grandes clásicos de la ficción postapocalíptica, como Stephen King en Apocalipsis, George R. Stewart en La tierra permanece, Richard Matheson en Soy leyenda, J.G. Ballard en El mundo sumergido o Robert McCammon en El canto del cisne. Pero esta vez entroncando esta situación final de la supervivencia de los últimos humanos con un acertado e intencionado realismo, claramente identificable en tierras españolas (recordemos en este punto el Apocalipsis Z de Manel Loureiro). Al igual que en la óptica del cineasta M. Night Shyamalan, que va de lo particular a lo general, la presente obra también se centra en el detallismo de la concreción espaciotemporal, más allá de épicas al estilo World War Z o La guerra de los mundos. Sobreviviéndome se halla más cerca de Señales o de las actuales, Cargo o El final de todo (ambas disponibles en el catálogo de Netflix). La lucha es más por la cordura que contra el enemigo (aunque lo hay y muy inquietante). La tensión se asemeja en muchos sentidos a la película 10 Cloverfield lane, en relación al enemigo invisible. El gran acierto radica en formar parte del canon del género postapocalíptico de los que apuestan por plasmar a los humanos como los verdaderos enemigos, frente a las fuerzas externas. El género humano tiende a refugiarse en el caos y en las luchas intestinas en lugar de forjar un nuevo y próspero mundo tras la aniquilación. Preferimos, en la incertidumbre, alzarnos como caudillos, aunque sea para gobernar nuestro patio de vecinos. De Ensayo sobre la ceguera de José Saramago o de Hijos de hombres de P.D James también podremos encontrar trazas.
1_zLIdivumrx38uvEa0SpIeg.jpegLas novelas de ficción postapocalíptica ponen a prueba al escritor. Normalmente están divididas en dos partes: “Caída de la Humanidad” y “Renacer”. La primera parte es en la que la mayoría de los autores transitan con notable pericia; el mundo cae fruto de un virus, de armas nucleares o de la contaminación; el motivo es lo de menos. Se exponen sobre el tapete una serie de personajes y de cómo consiguen pasar de una situación cotidiana, a la supervivencia más cruel, durante el peor de los desastres conocidos. El problema viene en la segunda parte. ¿Cómo contar con riqueza y realismo un mundo reducido a escombros?, (por cierto, magníficamente descrito por Cormac Mccarthy en La carretera). En esta segunda parte se dirimen los problemas morales, religiosos, normativos y filosóficos resultantes de crear un nuevo orden, partiendo de parámetros y acontecimientos totalmente nuevos. En Sobreviviéndome no nos da tiempo a entrar en nuevas cimentaciones normativas y éticas. El mundo se acaba en un chasquido de dedos, y lo que sigue a continuación, es una lucha contra un medio agreste e inclemente que va debilitando el cuerpo y la mente del protagonista. Entre los grandes aciertos de la presente novela se encuentra la arquitectura del personaje principal y la de su compleja vida familiar. La construcción del protagonista tiene un gran peso dentro de la narración, ya que no es simplemente un superviviente anodino e insípido. Su mochila está bien cargada de motivaciones, empeños y sentimientos.
green-hell-portada-810x400.jpgSobreviviéndome, no abraza la distopía, ya que no le da tiempo a llegar a ella. Seguramente en una hipotética segunda parte nos podríamos acercar, pero no  de momento. Ahora solamente somos testigos de la caída de la civilización. Los únicos pilares que se mantienen en pie son los de una sociedad que caducó en sus propósitos y, que arrasada en su lento marchitar, se ha convertido en polvo. Con los rescoldos de un mundo pretérito, en el que solamente bailan unos leves reflejos en su estructura, el autor tiene la libertad (y la gran responsabilidad) de armar un cuerpo estructuralmente cohesionado, verídico, formalmente inteligible, rico en matices y con rasgos anticipativos de lógica evolutiva. Todo un aparato social, político, religioso, comercial, legal y relacional que tenga lazos atrayentes en todas sus capas para formar una unidad que funcione, sin errores ni sinsabores en la mente del lector. Esta es una labor descomunal en la que se pueden escapar muchos detalles que lastren el resultado final y lo alejen de una composición robusta. Pero este nuevo mundo salido de las cenizas tendrá que esperar. Se pueden entrever sus líneas maestras, pero de su desarrollo dependerá mucho un “personaje” que no desvelaremos, ya que al ritmo de su batuta se mueve todo el cotarro a su antojo. Escenario  madmaxiano, de lucha de clanes y de agrestes y vastos espacios naturales yermos, jalonados de juegos del hambre por la supervivencia. También nos gustaría hacer algún que otro paralelismo con otras obras pero pensamos que podríamos destripar parte de la trama. Así que dejemos que “los otros” sean descubiertos por el lector.
El estilo del autor, como ya comprobarán, es igual de poderoso en las escenas más cinematográficas, como en aquellas que requieren más talento descriptivo, buenos diálogos, poesía narrativa y composición del razonado armazón sentimental de cada personaje. Rubén Zamora, se para y escruta su entorno. No crean que solo basa su estilo en la carrera y el atropello apocalíptico. Es selectivo, punzante y observador en cada escena… Y atentos al “momentazo” Alex de la Iglesia, para quien lo pille (nosotros aventuramos que esa ha sido la intención del autor. También podríamos estar equivocados).
Y para terminar, un consejo: celebren cada Nochevieja como si fuera a última… a lo mejor algún día puede que acierten.

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RESEÑA: “CHLOE SIN CORTAR” – EDITORIAL CÍRCULO ROJO, 2019.

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TÍTULO: CHLOE SIN CORTAR.

AUTORA: CHLOE – INSTAGRAM TWITTER

EDITORIAL: CÍRCULO ROJO – WEB

PÁGINAS: 92.

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 – SINOPSIS –

Este libro trae consigo atisbos de psicología, de espiritualidad, de vacío, de trance. En él dispongo mi cuerpo abierto en canal para que puedas reflejarte. Nunca se escribió para su publicación. Es un impulso creativo que viajó desde la más profunda inspiración hasta mis manos. Está hecho para acariciarte. Hecho para que me sientas en cada palabra, para olvidar la diferencia entre tú y yo.

– AUTORA –

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(Barcelona, 1996). Influenciada desde la niñez por la metafísica, siempre se ha interesado por el estudio del ser humano, la mente, sus motores sensoriales, su poder. Mas tarde, de joven, recurre al existencialismo de Jean Paul Sartre, Jiddu Krishnamurti, colindando con la física cuántica y el hermetismo.
Se trata de engullir realidad de una manera muy pura, dándole a la experiencia su merecida exaltación. Todo para ella tiene un sentido trascendental, toma cada momento como parte de su <<dieta artística>>. Respeta el componente primero que debe tener el arte, expresar, exaltar la experiencia humana. Que la obra nazca en ella y muera en el lector. Realza la vida para alimentarse.

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Para lectores de poemarios de verso suelto, desinhibido, sin complejos y alejados de la formalidad, la pompa y la ceremonia de otros autores. Poemas que luchan, muerden, reivindican, lloran y piden paso entre tropezones, caídas y vueltas a la verticalidad. Chloe afila la pluma para pinchar al lector y averiguar si sangra o está abducido por los nuevos tiempos de la indiferencia digital y el hastío vital.

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A aquellos lectores que buscan poemas de formas clásicas, ornamentadas, reglamentarias y pulcras. Tampoco será del interés de aquellos que ya lucharon en su juventud y no se acuerdan del órdago de sentimientos que se conjugan en aquella etapa en la que se camina con pies de barro y con la mente apelotonada a la espera del orden que le darán los años venideros.

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ERES TÚ
Te instalas en mí,
y siento que quizá puedas entender cuando te miro.
Eres el final y cualquier principio
que quieras regalarme.
¿Estás segura de que hay más gente aquí?
Parece que solo seas tú, cada una de estas personas
que caminan a nuestro alrededor. 

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La poesía más que un género literario es, en su más pura concepción, un lugar etéreo, intangible, reivindicativo y, esencialmente, espinoso. Mediante el canto de sirenas varadas en el desierto el autor, autora concretamente en el presente caso, nos espolvorea una rutilante suerte de conceptuosa arquitectura de interiorismo vital. Boquea en mares procelosos agarrada al mástil de proa de un barco de destino incierto. La vida se desmaya en la pluma de la poetisa que recorre toda su paleta de sensibilidades en trazos gruesos y finos, siempre en connivencia con el viento que recorre su diario aprendizaje de este mundo plagado de sinsabores, corazones cercenados, hipocresía y selfies de encuadres felices pero de cimientos vacíos y faltos de autoestima.
principes-disney-20-1544651758.jpgAl igual que en el clásico cinematográfico de Disney, donde el príncipe Felipe se abre paso entre la intrincada y salvaje vegetación creada por el hechizo de la bruja Maléfica, para despertar a su amada Aurora de las garras de Morfeo; aquí, Chloe, intenta traspasar dichos obstáculos sin cortarse o, al menos, sin desangrarse por el camino. Su narración va encaminada a despertar a carnes propias y ajenas para compartir su mirada inquieta, salvaje y despojada de reglamentos métricos. La autora concreta un concilio apóstata que congrega a aquellos lectores que andan por los mismos caminos y fases dubitativas que ella pero que están faltos de unos canales de comunicación apropiados para gritar y saltar al vacío. Chloe pone la red para que nadie se lastime en la caída, pero de la impresión de que se suba el corazón a la garganta al enfrentarse al vértigo de la ingravidez, nadie se podrá salvar.   
woman_corta.jpgEn Chloe sin cortar se dan cita una paleta temática policromática que vertebra y psicoanaliza a su autora, desgajándola en múltiples capas y estratos. Se conjuga el dolor, el desamor, la búsqueda del conocimiento, los celos, la propia existencia, el perdón, la malicia, el cuestionamiento de la realidad y de la ficción, la autoestima, la distorsión del pensamiento, la valentía, el ahogo vital, la fluctuación del “yo” y del “tú”, el sueño de la evasión del cuerpo físico, el alienante ahogo mental, la pasión, la ofensa, la disculpa y el desasosiego de la búsqueda de uno mismo y de aquel que engalana y decora el alma del que ama. Todo en Chloe sin cortar empasta las fijaciones recurrentes de la autora que persigue a un esquivo conejo blanco por una madriguera psicotrópica de luces y sombras bajo el manto de un mensaje que lucha por salir a la superficie. Con tintes libertarios y esquiando fuera de las pistas normativas del género, este pequeño poemario rezuma naturalidad y crudo realismo al haberse eliminado el filtro de la corrección política, los cánones y los reglamentos académicos.
Los lectores podrán comprobar que aquí hay fruto prohibido pero no gato encerrado. Chloe hilvana un circo urbano lleno de todo aquello que le duele, que le motiva y que le calma. Al abrigo de las letras ofrece su tinta roja al sacrificio de los dioses asfixiantes de la cotidianidad. Entre ellos se mueve, cohabita, lidia, pelea y disfruta. En ocasiones sus letras mirarán a los ojos del lector para que sea consciente de que su castillo de naipes está cimentado en arenas movedizas de desconfianzas, miedos y desasosiegos. Chloe le empujará a que vaya más allá de su confortable estufa, y allí, donde el viento arrecia y golpea con fiereza, comprobará de qué está hecho realmente.

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YA DISPONIBLE: 39 SALTOS EN EL CHARCO.

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Ya disponible el libro de cuentos “39 saltos en el charco”. 
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Libro 100% solidario.

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33 escritores y 20 ilustradores se han unido para escribir y dibujar los 39 cuentos que componen esta maravillosa antología titulada 39 Saltos en el charco destinada a niños de 8 a 12 años. Son historias sobre animales, niños, princesas y monstruos. Algunos son realistas y otros son mágicos, unos duran más y otros duran menos, pero en todos ellos hay sentimientos y emociones. Adéntrate en estos relatos entrañables llenos de humanidad y fantasía que ensalzan el valor humano, la superación, la amistad y el amor y vive con sus protagonistas aventuras en mundos fabulosos. Los beneficios de este libro solidario para la infancia irán destinados íntegramente a la Fundació Pere Tarrés, una entidad no lucrativa con más de 60 años de existencia, que promueve la educación de niños y jóvenes durante el tiempo libre así como el voluntariado, la mejora de la intervención social y el fortalecimiento del tejido asociativo. Los autores y los ilustradores de 39 Saltos en el charco agradecen la compra y esperan que el lector disfrute, a través de sus páginas, de unos momentos inolvidables.
Autores: Asunción Belarte, Luis Benagulu, Jesús Benítez Benítez, Blue February, Begoña Buil, Paquita Caparrós, Anna Casamitjana i Costa, Ana Castillo Martínez, Victoria Cuesta Prieto, Ana Escudero Canosa, Belén Escudero Canosa, Pepa Fraile Colorado, Iván Gilabert, Isidro López-Neira, Merche Maldonado, Irene Mata, Esther Mor, Fernanda Núñez Núñez, J.D. Oldman, Raúl Ortiz Arias, Manuel Pociello, Pilar Reiloba, Sonia Rico Trujillo, Jesús María Sáez, Amalia Vásquez, Luisa Vázquez Vélez, Salvador Vega Alarcón, Jordi Villalobos, Edgar K. Yera, Marisol Zafra del Barco, Adolfo Pascual Mendoza, Alex Moya y Alonso Barán. Ilustradores: Almudena Alberola (Neska), Anna Arasil Albert, Lorenzo Arganzuela, Albert Baldó Oliva, Chema Benítez, Emilio Benítez Cabot, Teresa Benítez Aguado, Natalia Burgos, Anna Carretero Catalán, Sandra Castell, Agnès Catalán Bravo, Noelia Cuenca, Carolina Ferreiro, Carlos García Ortega, Marta García Viruete (Tuki), Teresa Morros Arandes, Javi Olalla, John Rodríguez, Luis Benagulu, Ana Castillo Martínez, Alejandro Moya, Jesús Benítez, Benítez, Quimey Tedesco Oroquieta y Luis Escudero del Barrio. Con prólogo de Luis Oliveira Giner.

LERU LERU – SUSANA ALIANO CASALES Y FRANCESCA DELL’ORTO

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9788409043354

TÍTULO: LERU LERU.

AUTORAS: SUSANA ALIANO CASALES WEB  / FRANCESCA DELL’ORTO WEB

EDITORIAL: EDITORIAL MÁS PIMIENTA. AQUÍ

PÁGINAS: 28.

¿DÓNDE COMPRARLO?:  AQUÍ

 

 – SINOPSIS –

Él se llama Pedro y es un niño, pero parece una niña. Al contrario de su hermana, Valeria, que parece un niño. Son los más raros de la escuela.

– AUTORAS –

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SUSANA ALIANO CASALES – Tacuarembó, Uruguay, 1973

Escribo para saber quién soy y para comprender el mundo. Escribo para descubrir quiénes son los demás, a veces, hasta habitarlos. Escribo debajo de una magnolia o de un tilo, con los pies sobre el pasto o a la orilla del río cercano a mi casa. Escribo acompañada de mi perro, rodeada de árboles y flores. Desde niña la naturaleza ha sido un alimento para mi existencia y en la rueda incesante que es la vida, colmada de cambios y vaivenes, esa esencia que permanece inalterada es la que me mantiene en comunión con mi entorno, me recuerda de dónde vengo y me hace feliz.

FRANCESCA DELL’ORTO – Near Milán, 1990

Nacida cerca de Milán en 1990. Francesca estudió escenografía y diseño de vestuario en la Academia de Bellas Artes de Brera (Milán). Inmediatamente comenzó a trabajar en disfraces y vestuario para ópera, teatro, televisión y moda, mientras cursaba su maestría en Historia y Filosofía de las Artes Escénicas en la Universidad de Milán. En 2015, Francesca asistió a varios cursos en la Escuela Internacional de Ilustración en Sarmede, enamorándose de la ilustración y abriendo así un nuevo capítulo creativo en su vida. Ahora trabaja como ilustradora y diseñadora textil.

– GUSTARÁarrow-145786__340

A niños, jóvenes, y padres, que quieran acercarse a un tema muy de actualidad desde un mensaje sencillo, claro y emotivo. La diferenciación de algunos frente al cerramiento de filas de la mayoría. La fuerza de la didáctica como bálsamo que ejemplifica el mundo en el que queremos vivir.

– NO GUSTARÁ arrow-145782__340.png 

A los que se creen que los cuentos clásicos son los únicos que tienen interés, (aunque desconozcan el mensaje hermético que esconden muchos de ellos). Tampoco será del interés de aquellos que están sentados en sus prejuicios morales inamovibles que son los mismos que discuten desde la atalaya inexpugnable de su razón.

– LA FRASE vintage-1751222__340.png

“Pedro, que además de callado es miedoso, simplemente se queda parado sin saber qué hacer, mientras nosotros damos vueltas a su alrededor y nos divertimos a su costa”.

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bullying-o-acoso-escolar.jpgHoy traemos para reseñar el cuento, Leru Leru. Una fotografía en movimiento de ondas producidas por una piedra en un lago en aparente calma. Pese a la efímera extensión narrativa de la presente obra su fuerza radica en la concreción de su mensaje: el derecho a ser diferente respecto a la normalidad estadística y a no ser vetado, censurado o perseguido por dicha diferenciación. Esta podría ser de credo, sexo, raza o ideal político. En el caso que nos ocupa en esta narración veremos el acoso escolar o “bullying”, algo que no es nuevo, pues desde que el mundo es mundo en la infancia cada niño mide sus fuerzas con el resto de la tropa para hacerse un lugar seguro y fortificado. En los tiempos que corren, como en muchos otros ámbitos de actuación, todo este material se ha expandido fruto de la digitalización de la sociedad de la información. En un lugar extraño de cambios constantes y súbitos que es la infancia y la juventud, unos tratan de recorrer su propio complejo camino adaptándose a los sinsabores del salir del nido, mientras que otros, para autoafirmarse o protegerse, deciden que la mejor defensa es un buen ataque. En la sociedad occidental que nos ha tocado vivir en el que, hasta hace relativamente poco tiempo no contábamos con las plenas, a priori, libertades de las que gozamos en la actualidad, entra en juego la siguiente asignatura: la educación en la libertad entre individuos libres e iguales. Todos tenemos derecho a ser diferentes mientras no quebrantemos ningún principio de convivencia o precepto legal. Las líneas de pensamiento único, los grupos de presión económicos, las empresas en su afán comercial y el escudo de la corrección política, conllevan, en ocasiones, a que el individuo sea, desde ninguneado, a perseguido, vilipendiado, acosado o señalado. El miedo a lo diferente lleva demasiado tiempo habitando en el imaginario colectivo de las personas que encuentran en el amparo de la mayoría estadística su zona de confort vital. El diferente les asusta, les incomoda, les escuece.
porcentajes-bullying-oscilan-jovenes-Fotolia_LPRIMA20181221_0036_27.jpgSiempre ha habido y seguirá habiendo abusones o matones en los colegios. La diferencia es que hoy en día existentes protocolos cada vez más extendidos y pormenorizados que tratan de detectar, atajar y corregir, aquellas conductas que atentan ostensiblemente contra los alumnos que son reiteradamente acosados. “Las cosas de niños” que se pueden circunscribir a ciertos aspectos de comportamiento esporádico hay que saber diferenciarlas del abuso reincidente, prolongado en el tiempo y cruel. En un mundo plural, donde la libertad personal es el eje de la democracia, existe un nutrido y heterogéneo grupo de individuos que, enarbolando esa bandera que tanta sangre, sudor y lágrimas ha costado conquistar, hacen gala de su diferencia. La visibilidad de colectivos de distintas orientaciones sexuales, ideas políticas, pasatiempos de lo más variopinto, pensamientos religiosos, formas de entender y vivir la vida, deben ser respetados. El crisol de múltiples formas de sentir y de relacionarse no deberían ser la diana de las burlas de la “mayoría reglada y ortodoxa”. Además, contamos con la terrible consecuencia de no atajar a tiempo a estos “pequeños caudillos”. Los niños se hacen mayores y, si ha enraizado en ellos el gen del odio al diferente o al que no piensa en los mismos términos, tendremos los resultados indeseables que observamos periódicamente: maltratadores, responsables corporativos zafios y malencarados, y violentos en general que solamente consiguen perpetuar el odio entre los que les rodean, e incluso, lo germinan en futuras generaciones.
Por eso, Leru Leru, no necesita una gran extensión para difundir su mensaje. Un mensaje claro y conciso: la rareza, la diferencia, debe ser una circunstancia habitual añadida a la convivencia colegial. Y esto debe ser mostrado con un sencillo mensaje a los niños que absorben la información como esponjas para que, en su vida, rijan los principios de tolerancia y respeto para con el que se sale de la “normalidad”. Debemos ser iguales en derechos y obligaciones, pero todos tenemos una manera diferente de ver el mundo que nos rodea. Visión igual de respetable, la de unos y la de otros.
El presente relato también deja un pequeño espacio al perdón y a la conciliación. Todos en alguna medida hemos efectuado burlas y nos las han hecho a nosotros. En aquella época puede que no nos diéramos cuenta del daño que pudimos hacer a nuestros compañeros de escuela. Es ahora, en una fase más equilibrada y reflexiva, cuando caemos en la cuenta de aquellos con los que fuimos inclementes. Leru Leru, deja en su haber un epílogo escueto pero clarificador. La importancia de enmendar los errores pasados y conciliarse con aquellos que, por acción u omisión, fueron objeto de la inquina gratuita de algunos. Nunca es tarde para reconocer que el niño que fuimos ayer, fue, en ocasiones, un dictadorzuelo en potencia. La diferencia es que aquel que no lo reconozca ahora es muy probable que lo siga siendo.
Leru Leru, es de fácil y sencilla lectura. Las ilustraciones acompañan a sus personajes para que la semilla de su mensaje sea más asimilable y transparente. Ideal para niños y jóvenes, aunque también para adultos que reflexionan acerca de su papel en la escuela cuando fueron niños y que quieran ayudar a que las nuevas generaciones vivan en mayor armonía y respeto mutuo.

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