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SINESTESIA GENERAL

SINESTESIA GENERAL

– GUSTARÁ:
A todos los lectores en general, y a aquellos en particular, que disfrutan con potentes píldoras de mensajes de apariencia inocente pero con una carga de profundidad condensada en su interior. Microrrelatos desinhibidos y valientes que golpean a diestro y siniestro. Será del interés del lector que tiene sensibilidad hacia temas complejos, cruentos en ocasiones, pero siempre paradigmáticos de la sociedad y del tiempo que nos ha tocado vivir.

– NO GUSTARÁ:
Principalmente a aquellos lectores que prefieren lecturas noveladas o ensayísticas o, en su defecto, que no estén tan parceladas como la siguiente obra, en la que hay que entrar y salir de cada relato a cada página. Tampoco será del interés de los que no quieren ser alterados por ciertos contenidos incómodos o perturbadores. Aquí nos encontraremos con algunos de ellos.

– LA FRASE:
– TRASTOS –
“El incómodo cadáver del mediador familiar había ido a parar al balcón. Al principio estuvo en la sala, justo donde se había desplomado. Allí estorbaba cuando hubo que reemplazar la moqueta. Mamá se enfadó y obligó a papá a colocarlo en la bañera. Hasta que tocó día de baño, y allí estaba mirando al techo. A sentarlo a la mesa de la cocina. Entonces, mamá dijo que no tenía dónde apoyar las fuentes cuando encendía el horno.
Ahora que papá lo ha puesto en el balcón, no podemos regar la albahaca, pero da igual, está casi marchita desde que en su tiesto enterramos a la abuela”.

– RESEÑA:
Hoy traemos para reseñar Sinestesia general, de la sinestésica autora, Patricia Collazo. Para entrar en materia comentaremos que la sinestesia consiste en una condición o proceso que puede sucederle a un individuo que tiene la capacidad de escuchar colores, ver sonidos o apreciar texturas al saborear la comida. Un sinestésico puede percibir súbitamente las correspondencias entre los tonos de color, el sonido y la intensidad del gusto. Para los biólogos, la sinestesia es una sensación secundaria o asociada en la que un estímulo aplicado en una determinada parte de nuestro cuerpo se percibe de una forma diferente. La psicología considera que la sinestesia es la sensación en la que una percepción, típica de un cierto sentido, se fija por otra sensación que afecta a otro sentido. Los individuos que padecen (hay ciertas tipologías que sí pueden tornarse en limitantes o patológicas) o tienen la fortuna de vivir en este cruce de caminos sensoriales, no ven muertos mediante el sexto sentido del niño de la película homónima, pero sí ven más allá que el “resto de los mortales”. Si ya de por sí el hecho de escribir hace de todo escritor un fagocitador de sensaciones y texturas que pululan a su alrededor, en el caso de la presente autora la sensibilidad para la palabra escrita, por su timbre y por su paleta cromática logran de la presente obra una aventura muy interesante. Haciendo un juego de palabras, la propia escritora en el prólogo del libro indica que el título de la obra parodia el término médico <>, y es precisamente durante la anestesia o entre los sueños nocturnos cuando la mente se eleva y vadea con arrojo los mares de la inconsciencia. De allí, del mundo onírico, nacen los cabos, aparentemente inconexos, que se conjugan para construir un relato (de la modalidad micro en el presente caso). Con razón el dios egipcio Tot, lo es a la vez de la escritura, de la música, de los sueños y del tiempo, entre otras disciplinas. Y del horno al plato; Patricia Collazo comparte con nosotros este collage multidisciplinar que, cual péndulo de Foucault, va pasando por todos los grados hasta cumplimentar los 360 que conforman la presente obra.

No es la primera vez (y no será la última) que hemos comentado en alguna reseña la dificultad que tienen los formatos narrativos consistentes en relatos, cuentos, chistes, monólogos de humor, anécdotas, poesía… Todos muy diferentes entre sí, pero con un denominador común: el lector entra y sale a una gran velocidad de cada porción ofrecida por el autor. Mientras que en una novela o ensayo el lector tiene que realizar un ejercicio de aterrizaje, síntesis, avance y enjuiciamiento del planteamiento que le propone el autor, en el “género breve”, las normas del relato cambian. El crisol narrativo se ciñe a una escueta puesta en escena a la que inmediatamente le sobreviene un bofetón, un giro final, una filigrana poética, un trampantojo puñetero, un malo malísimo que se levanta por última vez para hacer gritar al espectador en su asiento. Si uno de los principales objetivos de todo escritor es dejar un poso duradero en el lector, ¿cómo puede conseguirse este propósito fuera de una aventura novelada?, ¿no nos olvidamos acaso rápidamente de los chistes recién contados o de los capítulos de las series televisivas mientras que recordamos películas que hemos visto hace veinte años? Creemos que la única manera de llegar al poso y sedimento que todo lector de mochila cargada exige es dejar la impronta de un sello identificativo de los micromomentos que explora la mente del lector. Al igual que los monologuistas, aunque varíen la temática de sus espectáculos, siempre mantienen un mismo registro y los directores de series televisivas dotan a sus proyectos de una pátina personal con la que con el paso del tiempo acaban siendo reconocidos; los escritores del mundo “micro” también pueden alcanzar su marca personal. Pensamos que Patricia Collazo está en vías de ello.

¿Qué nos encontramos en Sinestesia general? Pues una interesante miscelánea que salta de oca a oca y cruza géneros por que le toca. Desde la denuncia social desgarradora, al realismo mágico que junta lo inefable con lo mundano, al esperpento de Valle Inclán, a las greguerías de Gómez de la Serna, a la afilada puntilla humanista de Forges, pasando por el humor negro con la parca de aliada argumental, hasta el puro juego infantil que rellena con fichas de Scrabble los huecos que deja la vacuidad de cada jornada. La autora juega y disfruta (no es posible escribir esta obra sin mirar a la pantalla del ordenador con fuego en los ojos y teclear con voluptuoso virtuosismo) de este guiso aderezado desde la base de un sofrito en el que el mundo familiar es su principal escenario. De él nacen muchos de sus microrrelatos. El abanico es amplio, desde el amor incondicional hasta los actos más aberrantes de crueldad hacia los más inocentes. Es en familia donde nacen y mueren las mayores esperanzas de todo ser humano. De los aprendizajes y de aquellos días de mocedad toma la autora el detonante de un alto porcentaje de la inspiración de la presente obra. Tampoco faltan las notas poéticas, las sinfonías de dobles sentidos y el humor correoso; ese que se queda en media sonrisa porque se avergüenza de sonreír plenamente. Queda tiempo para el tirón de orejas al poderoso, al sistema establecido, al vacío de la rutina del alma humana, a la soledad de mayores y no tan mayores y a los homenajes a los cuentos clásicos.
Sinestesia general, y no nos extraña, también cuenta con una serie de microrrelatos premiados entre sus páginas (indicados por la autora). De esta manera el lector se podrá hacer una idea del alcance de los mismos y enjuiciar si son merecedores de tales honores o no. El arte del microcuento radica en el arrojo, la concreción, la síntesis, el dominio del espacio y del tiempo narrativo, la versatilidad y el cruce de caminos del oxímoron, la ironía, la antítesis y la hipérbole. Todos estos elementos mezclados en un espacio muy pequeño. Y la imaginación como base de todo lo anterior. Sí, es verdad, en una sociedad donde cada vez se lee menos este tipo de formatos está cogiendo mucha aceptación entre los nuevos lectores. Pero como de todo hay en botica hay que saber escudriñar bien para encontrar los mejores productos y diferenciarlos de los que las cadenas hoteleras en ciertas ocasiones nos regalan en las mesillas de noche de sus establecimientos pensando, que total, cualquier cosa está bien para conciliar el sueño… ¡Ah! y no pasemos la ocasión para indicar el notable trabajo de maquetación, portada y acabado de esta obra. Pequeña colorista con empaque.

Dejen que los sentidos (y aparentes locuras de sinsentidos) de Patricia Collazo les acompañen durante un efímero ratito. Pero presten atención, no todas las conchas tienen perlas en su interior. Si encuentran alguna aquí dentro seguro que a la autora le gustará que la compartan con ella.


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