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HISTORIA DE MADRID, HISTORIA DE UNA VIDA

HISTORIA DE MADRID, HISTORIA DE UNA VIDA

– GUSTARÁ:
A todos los que, de aquí o de allá, han adoptado con cariño a Madrid en sus vidas. Gustará también a todos aquellos lectores que quieren darse un paseo por la historia de la Capital de una manera, elegante, ingeniosa, resumida, fiel y entretenida. Madrid cabalga a través de la historia sobre unos pequeños y escrutadores ojos felinos que se cuelan por donde un cronista tradicional no puede alcanzar.

– NO GUSTARÁ:
O bien a los que de Madrid, ni al cielo ni a la vuelta de la esquina o, a aquellos otros que prefieren el purismo más académico y apolillado en todo lo referente a las explicaciones históricas sobre cualquier hecho o acontecimiento.

– LA FRASE:
“Por tanto, no esperéis un trabajo científico y perfectamente documentado, pues esa no es la intención, sólo deseo divertir, entretener y mostraros someramente lo que ha sido a lo largo del tiempo Mi Madrid, Nuestro Madrid”.

– RESEÑA:
Es gratificante la culminación exitosa de la literaria aventura cinegética de Manuel G. Sanahuja, que nos hace partícipes de su logro al “matar tres pájaros de un tiro”. Pocas veces un tiro puede ser más acertado y proporcionar mejor caza de pluma a gatos y foráneos. Estamos delante de un Madrid que apunta hacia el cielo, pero que también baja a merendar a los infiernos. Un Madrid de fuego, gas, carbón y electricidad. El Madrid de la Movida de Alaska y de las tascas frecuentadas por Sabina, de su transición de anodina Villa a su emplazamiento capitalino. De leones de Cortes y de Casa de Fieras, de tronos y destronos, de dimes y diretes, de tontas y listas, de chulos, chulazos y chulapos, de llantos y tragedias, de bodas y banquetes, de avances y retrocesos, de parques y retiros dominicales… Madrid cruce de caminos y vertebrador del espíritu de acogida. Historias de altas cunas y de bajos catres, de seiscientos corriendo en libertad por la Gran Vía y de soldados defendiendo sus ideales en Ciudad Universitaria. Todos ellos se dan la mano en un ciclo atemporal, para perfilar lo que hoy es la ciudad de las cuatro torres, centro financiero, gastronómico y cultural de referencia en Europa.

Cualquier obra cuyo título comienza con las palabras “Historia de…” predispone al lector a un largo y, muy frecuentemente, dificultoso camino de enfrentamiento con páginas y páginas cargadas de datos, cifras y fechas, que pueden hacer tambalear la voluntad de los menos eruditos, que son los más. Permitiendo la culminación de la tarea solo a los entusiastas de la materia que, lamentablemente, serán los menos. No en pocas ocasiones se critica que una de las causas del porqué muchos jóvenes abandonan su gusto por la Historia o por la Literatura en general, es el acusado enfoque puramente académico de los estudios curriculares. En ocasiones, este afán por la obligación de leer ciertas obras clásicas hasta una profundidad extenuante, perjudica ostensiblemente los resultados buscados. Los jóvenes se apartan de ciertas obras y géneros, quizás para siempre, al haber sido una pieza obligatoria y exclusiva en sus estudios académicos. Desde nuestro punto de vista, habría que encontrar un equilibrio entre la obligatoriedad didáctica ministerial y la parte más lúdica y aventurera. Un ejemplo claro es que del colegio se sale con edad suficiente para poder votar o conducir un vehículo a motor, pero, seguramente, sin haber leído a Julio Verne, Agatha Christie, Edgar Allan Poe, Charles Dickens, Roald Dahl o H,G Welles. Creemos que Manuel G. Sanahuja ha entendido el testigo que le muestra el panorama literario actual y ha puesto su pequeño guijarro para transformar lo extenso, barroco y erudito a las nuevas generaciones, pero sin desdeñar la objetividad, el dardo en la palabra y la fidelidad con él mismo y con la de sus letras gatunas.

Ya desde el brillante prólogo de Maribel Piqueras nos predisponemos, muy favorablemente, a la adquisición, o fijación, de conocimientos sobre la ciudad de Madrid, desde un punto de vista original y ajeno a lo acostumbrado. Muchos reconocidos y respetados autores nos brindaron tratados extensos y profundos sobre esta ciudad, su devenir histórico, tradiciones y curiosidades. Sesudos historiadores, cronistas de la Villa, periodistas, poetas y gacetilleros aportaron sus esfuerzos y su mejor voluntad para dejar cumplida memoria de esta Capital, que fue muchas cosas antes de ser lo que hoy podemos ver y vivir.

Manuel G. Sanahuja cita en su presentación tres obras y tres autores de su predilección que, a nuestro juicio, no deben ser ajenos al interés del lector. Después, a lo largo de las páginas, menciona a otra legión de literatos cuya vinculación con Madrid dice mucho del interés despertado a lo largo de los siglos por el antiguo “poblachón manchego” que, en boca y pluma de Francisco Umbral, tanto dio que hablar en tiempos de Tierno Galván. Es de sobra sabido que todos los puntos del globo terráqueo son de interés geológico por su interrelación con el resto, y muchos de ellos son además importantes referencias para la paleozoología y la antropología siempre que alguien descubra y divulgue hallazgos que merezcan la pena y despierten el interés científico y público. En el caso que nos ocupa, la ardua tarea emprendida por José Pérez de Barradas, del Museo de Ciencias Naturales, junto a sus mentores y guías Obermaier y Wernet, nos permitieron asomarnos a la prehistoria madrileña y descubrir asombrados lo que habían sido las cuencas del Jarama y del Manzanares hace dos millones y medio de años. Total “un ratito de solera” mientras comenzaba la Historia. No resulta extraño que la gente común nos sintamos intimidados ante la aplastante catarata de información que la ubicación geográfica de lo que luego sería Madrid ha generado a lo largo de los siglos y, ya no digamos, desde que se tuvo noticia por primera vez de un lugar llamado Matrice que devino en Magerit o Mayrit y finalmente Madrid. Cuando nos asomamos al índice de esta Historia de Madrid, desde su fundación hasta principios del Siglo XXI, pensamos en las casi 550 densas páginas de las Escenas Matritenses que nos legó “El curioso parlante” D. Ramón de Mesonero Romanos, para reflejar tan solo los diez años que transcurren desde 1832 a 1842. En esta ocasión la historia es diferente. Iniciamos la lectura y, casi sin tiempo para acomodarnos, nos damos cuenta de que el autor ya nos ha introducido en un atractivo y ameno universo de leyendas, cuentos, fábulas y datos históricos que absorbemos con fruición. Además, el formato que ha caído en nuestras manos, es práctico y manejable para que lo podamos disfrutar en cualquier situación, en la tumbona de la playa, en lo alto de una montaña, en casa o en cualquier viaje.

El inefable gato Madriles nos lleva “de la pata” por sus correrías con su hermana Cibelina, mientras nos narra con atractivo encanto lo que sus ojos perciben y su memoria atesora. Curioso y entrañable este Madriles que, a fuerza de ser cristiano, razona que no peca en la mezquita donde se resguarda del frío porque no reza en ella. También nos sorprende por su afición a las frutas y verduras, que no suelen ser del gusto de los felinos. Definitivamente este Madriles es un tipo chocante y peculiar que a todos nos gustaría tener por el barrio. En un suave y ordenado torbellino recorremos lugares y acontecimientos, reconocemos rumores y leyendas, avistamos palabras deliciosas para los “gatos de pura cepa” como “gachí” o “acoquinar”, que otros habrán de buscar en el diccionario. Tropezamos a cada paso con la arquitectura más señera o la cultura que imaginamos destila la prensa primitiva, que encorsetó la primera edición del Quijote, en la imprenta de Juan de la Cuesta en la calle de Atocha. No faltan menciones y visitas a lugares de culto gastronómico donde se potenciaron manjares universales, como los famosos callos a la madrileña, que han resistido con garbo y chulería los embates de la Nouvelle cuisine, las estrellas Michelín, y demás modernidades de las cocinas de “autor”.

Cuando repasamos los Secretos del Banco de España que desvela el Marqués Viudo de Pontejos, D. Joaquín Vizcaíno, nuestra imaginación se desboca ante posibles relatos dignos de los más espectaculares tratamientos cinematográficos, como Ocean’s Eleven o Topkapi, en el mejor cine de robos rocambolescos. ¿Podría sucumbir el Banco de la calle de Alcalá número 48, a los maléficos planes de los amigos de lo ajeno? Casi sin darnos cuenta, y con un cierto sentimiento de melancolía, finalizamos la lectura. Se nos ha hecho corto el tiempo dedicado pero, para nuestra satisfacción, reparamos en que la Historia de Madrid de Manuel G. Sanahuja puede proporcionarnos también un valioso servicio como libro de consulta.

Tanto en sí mismo como en la interesante bibliografía que aporta y las útiles direcciones web que facilita, es seguro que el gato Madriles conseguirá un lugar permanente, confortable y muy próximo a quienes hayan tenido el placer de seguirle.

¡Viva Madrid!


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