CORRECCIÓN DE UN LIBRO: ¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

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La respuesta corta, concisa y pormenorizada nos la da la editorial Letra minúscula:

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Paradójicamente, al tiempo que el mundo digital ha abierto el espectro a aquellos que por el método de la industria editorial tradicional tenían muy difícil el acceso, se han descuidado varios de los aspectos fundamentales de una buena obra terminada. Las editoriales tradicionales competentes, como cualquier otra empresa dedicada a la elaboración de productos de calidad contrastada, dedican tiempo y recursos para que la obra final esté acorde con las expectativas del potencial cliente. Se cuidan todos los elementos: edición, maquetación, diseño e ilustración de portada, corrección, promoción, distribución, presentación… Pero hoy en día la tradicional ligadura autor-editorial-lector se ha roto. En el proceso de publicación actual ya no es imprescindible la intervención de la editorial (ya sea esta tradicional, de coedición, únicamente de servicios individuales o, incluso, de las piratas/estafadoras). La irrupción de la autoedición en el panorama editorial ha traído ventajas e inconvenientes que a nadie se le escapan. Este es un tema extenso para debatir en el que nos encontramos fervientes seguidores de ambos métodos de publicación.
Si nos centramos en la repercusión de la corrección ortotipográfica y de estilo, en los tiempos modernos, cabe destacar las siguientes reflexiones que bien valen el refrán de que nadie da duros a cuatro pesetas. El ahorro de costes en el mercado, en términos generales, ha originado que muchas editoriales tradicionales ahorren de donde sea aunque vaya en detrimento de la propia publicación. Así existen correctores contratados en nómina o externos que, o tienen muchos encargos o unas tarifas muy ajustadas. Ocurre de esta manera que los libros corregidos no llevan el esmero y la dedicación que requerirían. Al mismo tiempo, en la autopublicación, muchos autores acuden a correctores sin una formación específica o experiencia acreditada. Eso cuando no delegan la revisión del libro a un amigo o familiar al que se le da bien eso de encontrar erratas. El problema es más complejo.
Como nos indica Letra minúscula más abajo, la corrección no solo es un tema de erratas que podría detectar un corrector de textos doméstico al uso, sino que va más allá. Hay errores que, a día de hoy, las máquinas difícilmente pueden cazar (incluso con programas de corrección más avanzados como Mystilus o LanguageTool). Existen fallos ortotipográficos de difícil detección para aquellos que no están en permanente actualización formativa. Respecto al estilo, para limpiar, fijar y dar esplendor, hay que acometer un análisis profundo de la obra e interpretar el texto y al autor, para intervenir allí o allá sin que la mano del corrector aparezca de manera invasiva. El corrector no debe lucirse o sacar pecho por la aplicación de su boli rojo ni debe tener vocación de creer que sus cambios narrativos serían más oportunos. La labor del escritor es omnímoda en lo referente a la trama, personajes, secuencias, escenas, desarrollo, clímax… Es su obra, son sus reglas y solo el lector podrá juzgarle. El corrector solo debe tratar de bruñir la armadura para el combate, no ponerle accesorios adicionales.
En un mundo cada vez más competitivo, con miles de publicaciones anuales en el mercado editorial, muchas de ellas apoyadas por grandes sellos editoriales que cuidan cada aspecto hasta el último detalle, solo faltaría que la obra presentada al público adolezca de múltiples fallos. El lector curtido y habitual no es tonto. Sabe perfectamente diferenciar el resultado final de la publicación de la novela ganadora del Planeta de la de una autoeditada a la carrera en Amazon. La diferencia de calidad es muy difícil de ocultar. Cierto es que los medios económicos de cada uno son los que son, pero debemos hacer un esfuerzo para que todos los elementos del libro tengan la misma importancia. Una obra siempre gana con una portada llamativa, una sinopsis trabajada, una maquetación esmerada y de fácil adaptación y, por supuesto, una lectura agradable, limpia, fluida y libre, en la medida de lo posible, de erratas. Será el escritor el que enjuicie hasta dónde dan sus medios y hasta qué nivel de excelencia quiere llevar su obra. Lo importante es, al menos, saber que una buena corrección siempre suma, tanto para el lector que se sentirá respetado con su adquisición, como para el autor que aprenderá de sus errores y podrá subsanarlos de cara a futuras publicaciones. (De hecho, es posible que esta entrada tenga errores que habrá que subsanar para seguir aprendiendo 😉).
A continuación, la editorial Letra minúscula nos expone su punto de vista acerca de la importancia del servicio de corrección ortotipográfica y de estilo en una obra literaria.

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De postre os dejamos unos videos del canal de Letra minúscula. Lo explican todo clarito clarito.

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