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CONCURSO SWEEK #MICRORRELATO – 100% RECICLADO

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100% RECICLADO

Esta mañana no me ha sido difícil acometer mi acostumbrada tarea diaria. Siempre he sido un perfeccionista y lo seguiré siendo hasta las últimas consecuencias… aunque hoy es diferente. Desde que sentí aquel ahogo que me taladraba cada noche, decidí que ya había llegado el momento de finalizar… pero acabar bien, sin histrionismos ni molestias para nadie… y siempre en beneficio del medioambiente.

Me acerqué caminando al Punto limpio de mi barrio cargado con todas las bolsas. El papel lo introduje en el contenedor azul, la bolsa con plásticos en el amarillo, los restos de comida y los pelos del gato en el gris, y la botella de mi última cena en el verde. Luego abrí la cartera y tiré los tickets de compra y los billetes al azul, las tarjetas de crédito al amarillo, y la cartera vacía, las monedas y las llaves de casa al gris. Rompí el teléfono móvil y lo arrojé al contenedor de productos electrónicos. Finalmente me desnudé y lo metí todo en el contenedor de ropa usada <<parece que nadie reparaba en mí, así ha sido toda mi vida, un juego que ya me da igual>>. Bueno, pues parece que está todo. Me puedo ir en paz. Adiós.

La abertura es estrecha, pero creo que no tendré muchos problemas para meterme dentro del contenedor orgánico de restos de poda. Aquí esperaré tranquilo a ser reciclado. Con suerte, volveré convertido en algo mejor.

 

Si te ha gustado, puedes votarnos en https://sweek.com/story/AgYGAAsBZgABBwgJAwACAwtsCAA=

Muchas gracias.

VENGANZA ENTRE FOGONES – PUBLICADO EN WWW.MICROCUENTO.ES

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http://microcuento.es/cuento/manuel-pociello/venganza-entre-fogones/

Frente al pelotón de fusilamiento, el cocinero pensó lo fácil que fue envenenar al rey en aquel banquete de Año Nuevo. Tanto revoloteo de mozos, lacayos, doncellas y ayudas de cámara le facilitaron pintar con aquel líquido transparente la copa del monarca. Tras envenenar también el agua de la guardia de fusileros, que fue el siguiente paso calculado, se dejó prender. A la mañana siguiente fue condenado a muerte por el príncipe heredero. Las culatas de los fusiles ya empezaban a temblar vagamente cuando los verdugos comenzaron a caer al suelo entre convulsas sacudidas.

Los proyectiles nunca salieron de aquellos fusiles.

Ante tal acto de brujería, el cocinero fue desterrado para siempre de aquellos feudos, con promesa de no volver. Dicha promesa se cumplió a medias, cuando su hijo, con los años, acabó sirviendo a las órdenes del nuevo y apuesto rey.

La maldición cíclica se volvió a cumplir con idéntico desenlace.