A CINCO LUNAS DE LA TIERRA – RAÚL DE LA FLOR – AUTOPUBLICADO, 2019

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TÍTULO: A CINCO LUNAS DE LA TIERRA.
AUTOR: RAÚL DE LA FLOR.
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EDITORIAL: AUTOPUBLICADO, 2019
PÁGINAS: 273.
¿DÓNDE COMPRARLO?:  AQUÍ
 

 – SINOPSIS –

En una Tierra asolada, hostil, convertida en un desierto, Sendero, un habitante proveniente de un singular valle, donde la tierra aún se nutre de agua y la gente acata los dictados de la muy estricta Costumbre, es encontrado inconsciente, malherido y empuñando un cuchillo por una tribu de nómadas en un lugar recóndito que solo ellos creen conocer; a su lado yace muerto uno de los nómadas. Sendero se sabe inocente, incapaz de cometer semejante crimen, aunque su memoria está rota y le cuesta poner sus recuerdos en orden. En los días que siguen deberá contar a la tribu su historia y convencerlos de su inocencia; pero tendrá que hacerlo caminando a su lado, porque los nómadas necesitan continuar su travesía a través del desierto en busca de agua: esta es la única manera que tienen para sobrevivir en este mundo árido. Al final estos decidirán qué hacer con él: la libertad si es encontrado inocente, la muerte si es culpable. Gracias a su singular don para narrar historias y a la ayuda de un extracto de cactus que lleva consigo, Sendero es capaz de transportar a los miembros de la tribu al Valle y a los lugares que se ha ido encontrando en su caminar. A lo largo de los días se van estableciendo lazos de amistad con los miembros de la tribu, va apareciendo el respeto, la complicidad, el amor… Poco a poco se enteran del propósito de su viaje: informar a los habitantes de la Tierra de la inminente llegada de los hombres que un día se fueron huyendo de la desolación y de su intención de convertirse en sus dueños otra vez; Sendero además trae algo prohibido por la Costumbre para enseñarles: la escritura. Pero la mente de Sendero sigue rota, y al mismo tiempo se siente más humano que nunca, con emociones nunca antes sentidas; algo se está despertando en su interior…

– AUTOR –

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Soy Raúl de la Flor, estudié química y llevo 18 años trabajando en neurociencia. Los artículos de esta página son el resultado de 20 años escribiendo artículos de divulgación científica. También hay cuentos de ficción y acabo de finalizar la novela A cinco lunas de la Tierra. Os ofrezco lo poco que tengo. Sentíos libres de hurgar, comentar y preguntar cuanto queráis.
De chacun selon ses moyens, à chacun selon ses besoins (Louis Blanc).

GUSTARÁarrow-145786__340

A los seguidores incondicionales de la ciencia ficción. También gustará a los amantes de las novelas de aventuras que requieren para su lectura algo más que una siesta o una mañana en la hamaca de la piscina. A quienes disfrutan analizando y diseccionando actitudes y comportamientos no lineales de los personajes. A los que gustan de relatos con momentos intensos, alternados con otros más reposados.

– NO GUSTARÁ arrow-145782__340.png 

A los que consideran la ciencia ficción un género menor, solo merecedor de las páginas de un tebeo o cómic. A los puristas de las más completas y minuciosas descripciones de paisajes, métodos, procedimientos y vestuario de los personajes. A aquellos que requieren de constantes resplandores de fuego griego (o fuego valyrio, según la época) con estruendosas explosiones y destrozos, materiales y humanos, en cada página de una novela de acción.

– LA FRASE vintage-1751222__340.png

“La Costumbre”, lo interrumpió el Viejo con desdén, “solo a quien acata la Costumbre se le permite vivir dentro del Valle. Salir fuera del Valle es morir. La única manera de seguir vivo es acatando la Costumbre”, concluyó el Viejo con una mueca. “En principio, parece un situación sin salida”. Y lo miró con picardía. “Pero de todas las situaciones se puede salir…”

– RESEÑAletter-576242__340.png

coverHoy traemos para reseñar: A cinco lunas de la Tierra, de Raúl de la Flor. Una novela de ciencia ficción que, a los ojos de los autores de “El Retorno de los Brujos” (L. Pauwels y J. Bergier – 1960), podría encajar perfectamente en el realismo-fantástico. En puridad, se trata del relato de un viaje que encierra muchos viajes. Viajes terrestres y espaciales; viajes temporales e imaginarios; viajes al centro de los sentimientos; retazos de casi todos los viajes que nos legó Eduardo Punset, especialmente en el “Viaje al Poder de la mente” de 2010;  viajes iniciáticos y viajes inexorables. Viajes casi infinitos o, al menos, difícilmente cuantificables. Asimilar, metáfora en mano, esta obra a una cebolla, o calificarla de poliédrica, sería un tanto manido y, con probabilidad, carente de exactitud, aunque cualquier otro símil puede que también lo fuese. De todas formas nos viene a la mente la figura de una granada (punica granatum) partida en dos, que deja a la vista sus bermellones y brillantes pepitas. Asociamos la novela a esta fruta tanto por su aspecto, como por sus propiedades y la tremenda carga simbólica que tiene para todos los pueblos y religiones. En cada semilla un recuerdo, una narración o un pensamiento para compensar los vacíos mentales del Caminante.
 El autor nos ofrece un relato que, por su prosa, pareciera al alcance de todos (y todos pueden leerlo sin mayor dificultad), pero su verdadero alcance va más allá. El matiz y, a veces, la esencia del mensaje se encuentra en el estrato, capa o “pepita” en que el lector decida, y pueda, situarse. “A cinco lunas de la Tierra” permite distintas aproximaciones que irían desde un mero entretenimiento “aventurero” hasta una profunda reflexión humanística y filosófica. Raúl de la Flor sabrá hasta dónde ha llegado su intención al escribirla y cada uno de sus lectores percibirá el particular estadio a que han sido conducidos por el autor, o por ellos mismos. De lo que no cabe duda es que el juego es para dos.
caminante-desiertoTodo en la novela es susceptible de un engarce prolongado que puede hacer rememorar al lector desde los mundos de las Crónicas Marcianas de Ray Bradbury en 1950, hasta el Planeta de los Simios que nos regaló, en 1963, Pierre Boulle (también autor de El puente sobre el río Kwai en 1952). Pero la aguja imantada de la brújula del caminante nos señalará otras múltiples direcciones, insertas en la obra de Raúl de la Flor, que podrían conducirnos hasta Herman Hesse y su Lobo Estepario o incluso hasta Platón con su Diálogo Teeteto o De la ciencia. No en vano los conceptos de “transmisión del conocimiento” son discutidos y discutibles. ¿Cuándo se enseña a un hombre a pescar, realmente se le está alimentando? ¿Cuándo se imparte el método braille a un invidente, se le transmite el conocimiento de lo que después llegará (o podría llegar) a conocer por ese medio? ¿El propio lenguaje de signos, ausente de otra información, es en sí mismo conocimiento transmitido? Como ya se ha dicho con anterioridad, el autor salpica su novela con comentarios o reflexiones de sus personajes, especialmente del Viajero, que el lector puede modular a su gusto. “Hay otros mundos, pero están en este” según el poeta comunista francés Paul Éluard, marido de Gala, que se anticipó 15 años a Dalí en esa función. Esa divulgadísima frase podría haberse referido a aquellos que podemos encontrar implantados en el cerebro y en las realidades del Viajero.
1542967160_971693_1542968382_noticia_normalSendero, el Viajero, hace honor a su nombre desde antes de partir de su valle original hasta más allá del ansiado Oasis. La Costumbre, como a todos sus convecinos, lo mantiene sujeto y atenazado, pero su espíritu tiende al vuelo y a la rebeldía de los indomables, aunque necesitará el poderoso impulso de dos férreos personajes como el Viejo y el Ciego. Su encuentro con los nómadas, confuso e inesperado, lo pondrá en una peligrosa e inestable situación que deberá solventar con la habilidad de Sherezade, la bellísima contadora de historias y esposa del sultán Shariar, que nos deleitó en sus mil y una noches. Sendero tendrá a su favor la ayuda del extracto de cactus y del vino que, a falta de un origen conocido imaginamos que podría ser tanto de la vid como, incluso, del fruto de la granada. En contra, se enfrentará a la espontaneidad e insolencia de la infancia, personificada en el niño Nagüel, que, aunque controlado, podría en cualquier momento proclamar aquello de que “el emperador va desnudo” y, si ese mensaje cuajara entre los más escépticos de los caminantes, la situación sería insostenible y probablemente letal. Difícil, duro y apasionante el largo “navegar” de Sendero influido, apoyado o vigilado por personajes, vivos o difuntos, tan rotundos y característicos como sus propios nombres: Barbarroja; Luna; Gatonegro; Río; Loba; Caradeplata o Mira, por citar algunos. Siempre bajo el omnipresente símbolo inscrito en un colgante, que recuerda, vaga y sospechosamente, al infinito. Quizás las narraciones que lo mantienen vivo procedan de “recuerdos del futuro” que, al estilo del escritor Erich von Däniken, hablan de una Tierra agonizante y abandonada, pero no olvidada a condición de que esté regenerada para el regreso de sus dioses y señores.
El viajero compartirá sueños, alimentación “bidireccional”, peligros, sentimientos y reflexiones con toda la tribu nómada en un interminable viaje iniciático que, a manera de Juego de la Oca, pondrá en riesgo su vida en numerosas ocasiones. El premio, si llega a obtenerlo, será el cumplimiento de una misión trascendental que situará a la humanidad conocida, y amada por el caminante, en un nuevo tablero.   

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