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WATCHMEN – ALAN MOORE – DAVE GIBBONS – DC COMICS 1986-1987

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WATCHMEN

NOTA: 9,0

GUSTARÁ: A los lectores de historias complejas y diferentes, desviadas de los clásicos cómics de peleas eternas, las frases manidas y los personajes planos.

NO GUSTARÁ: A aquellos que prefieren la argumentación clásica, sin sobresaltos, ni intrincamientos argumentales.

Si en el cómic clásico de superhéroes el argumento principal es la eterna lucha entre el bien y el mal, encarnada en las espaldas del héroe y del villano, en Watchmen, la delgada línea entre ambas caras de la realidad se entremezcla de forma sibilina. Aquí nos encontramos con personajes más complejos, en una historia (e intrahistoria propia) muy rica en matices y en situaciones. Rebasamos el predominio de las batallas épicas entre el caballero blanco y el señor maligno para adentrarnos en las razones de unos superhéroes castigados por el tiempo, por los medios de comunicación y por sus propias decisiones familiares y vitales.

A mediados de los años 80, llegando a su fin el período denominado como de “Guerra fría” entre los entonces dos grandes bloques hegemónicos mundiales formados por EE.UU y por la entonces U.R.S.S, el escepticismo moral de la población y de los principios básicos de coexistencia pacífica llega a sus cotas más altas de desconcierto. En Watchmen plasman a la perfección este período, habitándolo de personajes de toda índole, que desgranan sus razonamientos acerca de cómo llevar la batuta del “dios-director” de orquesta, para salvar a la humanidad de sus peores pesadillas. El dilema radica en entender cuál es la mejor solución para un mundo que brega en decadencia y se arrastra moribundo. ¿Cómo afrontar un nuevo orden?, ¿Qué valores morales estamos dispuestos a defender o a modificar en aras del progreso y la paz?

El argumento novelesco principal es sin duda muy interesante. Pero si algo hace de esta obra un intemporal baluarte icónico son sus personajes, y sobre todo, la interacción entre ellos, entre las varias generaciones familiares y de amistad que se enfrentan a su destino con mentalidades diferentes por el devenir de los tiempos. Conflictos que tendrán que solventarse para llegar a respuestas, sobre preguntas muy incómodas, pero que antes o después habrá que afrontar.

El director Zack Snyder, que venía del aclamado éxito de “300 – 2006″” llevó esta obra a la gran pantalla de una manera más que digna en 2009. Posteriormente se lió la manta a la cabeza con “El hombre de acero – 2013″ y ” Batman vs Superman: El amanecer de la justicia – 2016″ con resultados más modestos. Veremos que ocurre con la “Liga de la justicia” que se estrenará en breves fechas. Sabemos que Wonder Woman tendrá mucho que decir. Por algo ha sido sin lugar a dudas el gran descubrimiento del año.

Wathmen lo ha ganado todo, situándose para muchos como la mejor historia de superhéroes de todos los tiempos. No es casualidad que le hayan otorgado galardones tan prestigiosos como el Kirby, Eisner, Harvey, y el Hugo, nunca entregado con anterioridad a ningún cómic hasta la fecha. Watchmen es la única novela gráfica listada en “Las cien mejores novelas desde 1923 al presente” por la revista Time.

¿Quién vigila a los vigilantes?

CRÍTICA NOVELA “CAEN ESTRELLAS FUGACES” – JOSÉ GIL ROMERO & GORETTI IRISARRI – SUMA DE LETRAS – 2017

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“CAEN ESTRELLAS FUGACES O DE MADRID AL INFIERNO DE POLIFEMO”

 

      Cuando Ulises arribó a la isla de los cíclopes se topó con el gigante Polifemo, que devoró a varios de sus hombres haciendo prisioneros a los demás. Los aventureros tuvieron que urdir una calculada estratagema para finalmente poder huir de aquellas peligrosas tierras. Primero emborracharon a la descomunal criatura con un barril de vino, para posteriormente atravesar su único ojo con una lanza. Así, Polifemo quedó a ciegas, para posteriormente ser engañado. Los cautivos pudieron finalmente liberarse y abandonar aquel paraje. Aunque la venganza de Polifemo (hijo de Poseidón) en forma de maldición, les perseguiría en su viaje. Al igual que Polifemo, Elisa, nuestra heroína, es engañada y clama venganza. Lo que sus ojos no pueden ver lo suplen el resto de sus sentidos, afinadísimos todos ellos, incluido el metasensorial. Acompañaremos a Elisa por un tiempo convulso que todavía se lame las heridas del alzamiento popular contra Napoleón.
      El personaje principal de “Caen estrellas fugaces” se adivina desde un primer momento que no es de carne y hueso, sino inmaterial. Fluye a los vaivenes de su destino, demuda a todos los personajes que pululan por sus calles en penumbra. Vientos del cambio acompañan a las almas apesadumbradas que intentan sobrevivir a un mundo, que se torna nuevo y que sorprende a calzón quitado a sus parroquianos. Si Ruiz Zafón nos brindó el mejor crisol posible del Siglo XX con la tetralogía literaria de “El laberinto de los espíritus”, Jose Gil Romero y Goretti Irisarri nos pintan el Madrid de la segunda mitad del Siglo XIX, de lo que es, y sobre todo, de lo que será. Son guías de una ciudad que derriba sus murallas para extenderse entre campos de cultivo, viejas fábricas y campos en desuso. El narrador utiliza para ello su omnisciencia para exponernos no solo el estado presente de la capital, sino lo que deparará su futuro, tanto en acontecimientos históricos y políticos como, y esto es seguramente lo más interesante, en la modificación, ensanche, demolición y vuelta a construir de una ciudad viviente, según los gustos de la época y sobre todo, de las necesidades del momento. También nos muestran unas apariciones estelares, “actores invitados”, que mejor no desvelar, pero que engarzan perfectamente con el fluir del momento. Madrid ciudad de acogida de inmigrantes sin recursos en busca de nuevas oportunidades pero también refugio de actores, políticos y escritores que con mayor o menor fortuna se van granjeando un nombre, un salario y sobre todo, un lugar en la Historia.
      En una ciudad donde todavía la luz eléctrica no ha recluido a las sombras nocturnas a las esquinas más recónditas, aparece el leviatán en múltiples formas. Dicen que de Madrid al cielo, pero aquí los autores han pensado que es mucho más divertido llevarnos al infierno, que no será de Dante, pero si Del Fierro, que como nos acompaña hasta nuestros días en las figuras de los poderosos sin alma, viste guante de seda, pero en puño de hierro. Y sí, también, a hierro mata, dejando la segunda parte del refrán para una futura ocasión. Es un Madrid que vive la noche con recelo, cautela e inseguridad. Solamente el chuzo del sereno, que ni siquiera caerá de punta, tranquiliza a las pobres almas que se azoran por llegar al hogar antes de que la noche traiga a los demonios a clavetear su pezuñas por las adoquinadas calles, jalonadas de tahúres, pelanduscas, borrachuzos y demás caterva de malandrines. Aunque una categoría más infecta de criminalidad se mueve por salones alfombrados, palcos exclusivos en teatros de postín, calesas relucientes y hoteles de rechupete.
      Hoy en día la luz lo inunda todo, ya no hay apenas sótanos oscuros con secretos inconfesables. El subsuelo está asaeteado por cientos de kilómetros de líneas de metro, aparcamientos, túneles para coches y un alcantarillado que tiene mejor mantenimiento que los setos de El Retiro. El misterio se repliega cada vez más, en una sociedad de la “posverdad” (moderneces del lenguaje que parece que la RAE va a adoptar como un hijo pródigo) que limita el contacto con lo sobrenatural e incluso con lo natural que nos circunda. Nada nos apasiona, nada nos importa. Pasamos de puntillas por lo que Madrid nos ofrece. El neón nos deslumbra, el ruido nos enloquece, y con ello nos aislamos en nuestras cajas de cristal. El Madrid que nos pintan en esta novela es abierto, chismoso, inquieto, ilusionante, lleno de ganas por medrar y salir a “portagayola”. Se interactúa con tenderos, boticarios, churreros, modistas. Se llenan los teatros y los bares. Se habla en voz alta. Se discute de lo divino y de lo humano en los cafés que exudan literatura por doquier. En definitiva, es el latido de una ciudad que quiere formar parte de la modernidad y que, sin saber cómo, avanza a trompicones hacia el futuro.
      Somos testigo de los primeros vestigios de la moderna técnica policial al estilo europeo. Métodos forenses incluidos, (C.S.I Matritensis). El desarrollo de la sanidad desde el “chicoparatodo” del barbero a la especialización médica reglada. El alcantarillado público quiere sanearse y regularizarse también. Algunos piensan en llevar el agua a las casas. (Incluso agua caliente, ¡válgame Dios!). Mientras tanto, en cárceles, arrabales de las afueras, buhardillas, hospicios y bodegas de mala muerte, la pestilencia sigue contagiando a sus moradores.
      Respecto a la trama de la novela, baste con leer la sobrecubierta, aquí no haremos desvelos inoportunos de lo que el lector disfrutará a través de sus páginas. Valga decir que hay correrías nocturnas, emboscadas, pesquisas policiales, descubrimientos escabrosos, maleantes enrabietados, y una sociedad hermética que parece que lo tiene todo muy bien atado para lograr sus fines más secretos. Se agradece que no lastre la novela ni romanticismos forzados ni giros deslumbrantes de la manga que restarían seriedad al resultado final. Quedamos deseosos de ver cómo evolucionan los personajes y su tablero de juego.
      El Madrid de 1859 se mueve de día y de noche, lejos quedan todavía los tiempos de la “movida madrileña”, pero este siglo XIX para el tándem “Romero & Irisarri asociados” trae movidas muy truculentas. Tengan el candil siempre cerca, es posible que lo necesiten.
NOTA: 7,5
GUSTARÁ: A aquellos buscadores de lo oscuro en sótanos y subsuelos abandonados que disfrutan de Madrid como su casa, y se interesan por la historia de su ciudad.
NO GUSTARÁ: A aquellos que prefieren el ” Thriller bookseller de moda” y que rehúyen de tramas y personajes más cercanos a nuestras costumbres y maneras.

JOYLAND – STEPHEN KING (RANDOM HOUSE MONDADORI 2013

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JOYLAND (RHM 2013)

 

RESUMEN:
       Devin Jones es un estudiante de 21 años que consigue trabajo en el verano de 1973 en Joyland, un pequeño parque de atracciones de estilo antiguo, anterior a la llegada de los modernos parques temáticos. Una de las leyendas que corre entre los empleados es que en la casa de los horrores habita el fantasma de una chica asesinada allí años atrás. Mientras cumple sus obligaciones diarias, Devin va atando los cabos sueltos que lo llevarán a descubrir la identidad del asesino.

 

CRÍTICA: (NOTA 6,5)
       Novela corta (300 páginas para Stephen King, es un simple aperitivo). El autor deambula por el escenario que más le gusta, los años de la adolescencia y la etapa universitaria. Los primeros amores y trabajos de verano. El gran punto a favor de este cuento es, como siempre, la maestría del autor para crear escenarios dotados de vida compleja para sus personajes perfectamente delineados. En este caso nos adentramos en el día a día de una feria, en una época en que los grandes complejos de los llamados “parques temáticos” fagocitan a estos pequeños reductos de otros tiempos, donde se encuentran personajes pasados de vueltas, anclados en los viejos oficios ya perdidos y tan analógicos como un botijo castellano.
       Stephen King tira de oficio para adentrarnos en la feria en la que todos hemos querido trastear cuando fuimos pequeños, y sobre todo responder a la eterna pregunta, ¿Qué te encontrarías si bajaras del cochecito en mitad de la oscuridad de la atracción del túnel del terror?

 

GUSTARÁ: A aquellos seguidores del maestro de Maine que siempre aporta personajes antológicos.
NO GUSTARÁ: A los que buscan una trama compleja, y medianamente realista.

 

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