Crítica libros

JOYLAND – STEPHEN KING (RANDOM HOUSE MONDADORI 2013

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JOYLAND (RHM 2013)

 

RESUMEN:
       Devin Jones es un estudiante de 21 años que consigue trabajo en el verano de 1973 en Joyland, un pequeño parque de atracciones de estilo antiguo, anterior a la llegada de los modernos parques temáticos. Una de las leyendas que corre entre los empleados es que en la casa de los horrores habita el fantasma de una chica asesinada allí años atrás. Mientras cumple sus obligaciones diarias, Devin va atando los cabos sueltos que lo llevarán a descubrir la identidad del asesino.

 

CRÍTICA: (NOTA 6,5)
       Novela corta (300 páginas para Stephen King, es un simple aperitivo). El autor deambula por el escenario que más le gusta, los años de la adolescencia y la etapa universitaria. Los primeros amores y trabajos de verano. El gran punto a favor de este cuento es, como siempre, la maestría del autor para crear escenarios dotados de vida compleja para sus personajes perfectamente delineados. En este caso nos adentramos en el día a día de una feria, en una época en que los grandes complejos de los llamados «parques temáticos» fagocitan a estos pequeños reductos de otros tiempos, donde se encuentran personajes pasados de vueltas, anclados en los viejos oficios ya perdidos y tan analógicos como un botijo castellano.
       Stephen King tira de oficio para adentrarnos en la feria en la que todos hemos querido trastear cuando fuimos pequeños, y sobre todo responder a la eterna pregunta, ¿Qué te encontrarías si bajaras del cochecito en mitad de la oscuridad de la atracción del túnel del terror?

 

GUSTARÁ: A aquellos seguidores del maestro de Maine que siempre aporta personajes antológicos.
NO GUSTARÁ: A los que buscan una trama compleja, y medianamente realista.

 

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«ESTÁS SOLA» DE ALEXANDRA OLIVA – PLAZA Y JANÉS 2017

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LA CONCURSANTE DEL FIN DEL MUNDO
   No podemos pedir a una novela primeriza que llegue a las altas cotas de complejidad narrativa, detallismo y vasta descripción, de obras mayores del género como “El canto del cisne” de Robert McCammon, “Apocalipsis” de Stephen King, “El mundo permanece” de George Stewart, “El día de los Trífidos” de John Wyndham, “El mundo sumergido” de J.G. Ballard, “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago, “Hijo de los hombres” de P.D. James, “Cántico por Leibowitz” de Walter Miller, “El martillo de Lucifer” de Larry Niven, o “La carretera” de Cormac McCarthy, entre otras muchas más. Todas las anteriores pertenecen al genero postapocalíptico “realista”, no entramos en el género Zombi, ya que no es comparable en la novela de Alexandra Oliva.
   “Estás sola”, se encuadra más en la arrolladora novela moderna juvenil, rauda, ágil y alejada de las obras anteriores, donde prima la acción y el romance por encima de otras cuestiones reflexivas, argumentales o descriptivas. Entre los adalides de esta nueva hornada podemos encontrar a “Los juegos del hambre” de Suzanne Collins, “El corredor del laberinto” de James Dashner, “Divergente” de Verónica Roth, “Crepúsculo” de Stephanie Meyer, “Soy el número cuatro” de James Frey y un largo etcétera.
   Siempre preferiré el primer grupo de novelas a este segundo, donde a la que te descuidas te cuelan un romance en mitad de la batalla para que dicha obra alcance a un espectro mayor de lectores y, sobre todo, de lectoras. Llegando tanto a los que buscan la historia distópica principal del argumento, como a aquellos que derriten sus adolescentes hormonas en los romances subyacentes. Los que somos de la generación de “Los Goonies”, de “Willow“ de “Los Cinco”, de “Los tres investigadores”, de “Los siete secretos”, etc, aborrecemos el romance por decreto y solamente queremos acción, aventura y búsqueda del tesoro, con personajes entrañables, complejos y sobre todo que no les falte un hervor. Serán tiempos nuevos a los que las actuales generaciones sí están acostumbradas y así aplauden a sus nuevos ídolos.
   Volviendo a “Estás sola”, hay que comentar que es una correcta primera novela que juega con capítulos alternos entre el narrador omnisciente y el narrador en primera persona, (a mi juicio ralentizando la inmersión en la trama), entrando a jugar con la crítica a los “reality shows” que editan todo lo que nos ofrecen para potenciar lo que quieren que veamos y ocultando lo que no. De esta manera orientan a la opinión pública hacia la finalidad de la productora, moviendo a sus “marionetas” al son de la rentabilidad. La realidad que nos presentan está alterada y parcheada, por lo tanto más que un “reality” es una obra de ficción que juega con la veracidad y con sus participantes, simplemente para explotar su producto económicamente, nada más. No hay más realidad que el papel de regalo en el que se prepara, lo demás es una simple alteración ramplona y miserable. Otro punto a favor es que incluso las reglas del concurso son de lo más azarosas, aleatorias y cambiantes.
   Aunque le falta tensión narrativa sobre todo en la parte del concurso, hay que destacar que es muy loable este primer acercamiento al género por parte de la debutante Alexandra Oliva. Peca eso sí, de un claro distanciamiento entre los personajes y el lector. Tampoco ayuda presentar a una protagonista que aunque le grites al oído que despierte a lo que está ocurriendo, parece que no se entera, (incluso habiendo en ocasiones claros errores en técnicas de supervivencia, prioridades fisiológicas, y decisiones que distan mucho de ser coherentes con las situaciones a las que se enfrenta). Por otro lado lo más destacable de las novelas sobre “El fin del mundo”, es el plano descriptivo. El ¿cómo demonios hemos llegado hasta aquí?, el ¿cómo hemos dejado el mundo?, y el ¿cómo vamos a salir de este apuro?, y por supuesto todo ello regado con impresionantes descripciones de un mundo en el que de repente, todo ha quedado en calma y la naturaleza se ha apropiado de aquello que le había sido arrebatado. Aquí Alexandra Oliva, pasa levemente por estas preguntas y sobre la descripción de este nuevo mundo. (Compárese con el pasaje del cruce del túnel Lincoln en la estupenda Apocalipsis de Stephen King).
   Lo mejor sin duda es la crítica televisiva y la competencia entre los concursantes, (aunque se podía haber ahondado más en sus conflictos e intereses). Se agradece que la parte romántica esté contenida y que no haya excesivas charletas adolescentes acerca de asuntos baladíes y completamente prescindibles. La protagonista luchará por el premio del concurso que sin saberlo es su propia supervivencia.
NOTA: 5,0
GUSTARÁ: A aquellos seguidores de la novela juvenil sin pretensiones ni complicaciones.
NO GUSTARÁ: A aquellos que quieren sentir más profundamente la caída de la sociedad.
LA CONCURSANTE DEL FIN DEL MUNDO
NOTA: 5,0

 

 

FELIZ VALENTÍN – 50 SOMBRAS DE GERALD

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EL JUEGO DE GERALD, (RBA 2007)

 

RESUMEN:
En una cabaña aislada, desnuda y esposada a la cabecera de la cama. Jessie asiste inerme al macabro desenlace del juego erótico de Gerald, el hombre con quien ha convivido durante veinte años y que está tendido en el suelo junto al lecho. Acuciada por el hambre y la sed, asediada por los fantasmas del pasado, adquiere conciencia de que la realidad es más pavorosa que la peor de sus pesadillas.

 

CRÍTICA: (NOTA 7,0)
Stephen King, ganador de la medalla de las artes y humanidades estadounidenses 2015, premio nacional del libro 2003, seis veces ganador del British fantasy society, diez veces ganador del Horror writers association, cinco veces vencedor del premio Locus, entre otros cientos de premios y menciones honoríficas durante sus más de 40 años de carrera como escritor, guionista, productor, director, columnista, etc, habiendo sido ya auspiciado desde varios círculos críticos para el Nobel de literatura, creó el mejor, más brutal y cruel cuento de San Valentín que se haya escrito jamás. El juego de Gerald.
No querría extenderme mucho para no desvelar nada acerca de esta obra monstruosa, que es posible que Netflix produzca para la gran pantalla en 2017, (supongo que será calificada como X). No es para menos. Me ha venido ahora a la cabeza este libro de reciente lectura por dos motivos. El primero, que hoy es 14 de febrero, momento en el que en la antigüedad romana existía una fiesta pagana dedicada a la fertilidad, llamada Lupercalia, donde las mujeres era golpeadas con látigos confeccionados con piel de cabra, mojados en la sangre de estos animales. Creían que así, la fertilidad manaría de la mujer. Hasta mucho más tarde no se asoció esta fecha al enamoramiento, a la pareja y al matrimonio. Y en segundo lugar, la tediosa novela y peor película, según toda la crítica internacional, de las famosas 50 sombras de un tal Grey. Ambos motivos, “látigos” de San Valentín y Grey, que parecen que van de la mano, son hoy motivo de mi inquina.
Pues eso, que una vez que el aparato de marketing comercial nos acondiciona para comprar tonterías varias a nuestras parejas, futuras parejas y novios imaginarios, al abrigo de instagramers y youtubers millenials plañideros alborotadores y demás realas, perdemos la cabeza en este ritual de la estupidez, la lágrima fácil, las flores, (también las de plástico), los bombones y la madre que los parió a todos. Llegados a este punto y mostrando mi absoluta y soporífera indiferencia ante el San Valentín de Grey y sus merdosas sombras de latiguillos adolescentes y estereotipos de pueril acné, vengo a defender lo que hace 25 años creó el maestro de Maine.
El Juego de Gerald, (Stephen King 1992), es la lucha por la supervivencia física y sobre todo mental más desgarradora a la que un lector pueda enfrentarse. Cuando el juego se va de las manos, toda la baraja de cartas arrolla a los protagonistas que desfilan por sus páginas, con una intensidad muy bien marcada, (a sangre, no tanto a fuego).
Llegado el momento de calma y atadura, bien impuesta o voluntaria, las personas hincamos la rodilla, tiramos del freno de mano y nos paramos a reflexionar acerca de por qué estamos dónde estamos y qué esperamos que nos suceda en el futuro. Pero como normalmente no llegamos a estos momentos de paz y calma interior al estar corriendo por la vida como pollos sin cabeza, no conseguimos casi nunca llegar a nuestro yo interior, al que nos desgarra si le miramos de frente en el espejo del baño a medianoche. Los fantasmas aprovechan y nos salen al encuentro en estos períodos de reflexión. Será nuestra labor pugnar con ellos y devolverlos a las catacumbas por donde se han escurrido para ir a nuestro encuentro.
Mientras el tal Grey tiene a una tal Anastasia que le sigue los pasos como una tronista granhermana de telecinco a la chequera del primer directivo con el que se cruza, (los tronistos hacen lo mismo, quede dicho), Gerald tiene a una fiera indómita en su lecho, quebrada por dentro, enjaulada en si misma, y con un grave problema de salud mental que resolver. Jessie es una bestia encabritada, dispuesta a todo por redimirse de la miseria con la que duerme cada noche y con unas voces que le taladran la cabeza y el inconsciente, y que no le dejan avanzar en su tragicómica vida. Pero unas esposas M-17 tendrán la llave para que se desate el mayor de los infiernos. (Juntemos el Ángel exterminador de Luis Buñuel, La Cabina de Antonio Mercero y Alien de Ridley Scott y el pepinazo que va a pegar esto será legendario).
Amigo Grey, váyase a postularse como ayudante segundo de algún “torturadorcillo” de Guantánamo y déjenos en paz con sus telenovelas de salón de té y peluquería de barrio. Se puede colgar de los mismísimos innombrables y tirarse al contenedor de reciclaje de pendejos más cercano a su flamante y caro domicilio. Torquemada tendría que afinar el medievo en sus posaderas de niño malcriado.
Jessie querida, unos cardan la lana, y otros se llevan la fama. Espero que la fama te llegue a ti en algún momento cercano con el esperado debut cinematográfico, que si es fiel al libro o al menos brillante en su planteamiento, nos regocijará con tu claustrofóbica experiencia.
Feliz San Valentín a todas las almas desperdigadas por las floristerías y El corte inglés.

 

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EL PRISIONERO DE ZENDA – ANTHONY HOPE, (EDICIÓN EL PAÍS 2004)

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EL PRISIONERO DE ZENDA, (Y SU MÁSCARA DE HIERRO)

 

RESUMEN:
Rudolf Rassemdyll guarda un extraordinario parecido físico con el rey de Ruritania, un reino mítico. Los conspiradores conocen esa coincidencia y le obligan a hacerse pasar por él. De la suplantación resultan dos consecuencias: se enamora perdidamente de Flavia y se ve envuelto en refriegas de capa y espada, en las que tendrá que demostrar su valor y su lealtad al verdadero monarca. Stewart Granger interpretó un magnífico doble papel en la versión que, para el cine, dirigió Richard Thorpe.

 

CRÍTICA: (NOTA: 7,0)
Hubo una gloriosa época de capa y espada. Antes de que la pólvora lo invadiese todo y se quedase para siempre, se miraba de frente a la muerte en los ojos del rival. La sangre salpicaba el rostro, y la vida se escapaba braceando delante de un enemigo inmisericorde. La guerra se hacía de cara, sin asistencia tecnológica ni lejanos disparos de francotirador. Todo se hacía a mano y en persona, los imperios nacían y caían en el entrechocar de sables. El apego a la vida, a la tradición, al respeto, a la camaradería y a las reglas de juego, se acataban entre las propias filas y normalmente entre las del enemigo. Una época al fin, de tirar la piedra y lejos de esconder la mano, sacarla para golpear de nuevo.
Mientras tanto en palacio se urdían y entretejían toda clase de conspiraciones, suspiros de conveniencia, banquetes prefabricados y bailes de máscaras con doble fondo. Las formas aparentemente expiatorias y sus personajes, se alineaban con impostada arrogancia ante la realeza y la nobleza del reino, para tratar  lo aparente, pero a escondidas pergeñar el tabú de las conjuras e intrigas más osadas.
En esta refriega de intereses encontrados, es cuando surge la figura del valeroso, (y forzado) protagonista, que asume el deber de una gran causa para timonear el destino de un pueblo que se encuentra al borde de la fractura política y social. Adalid del destino que se le presenta, tendrá que manejar la situación con inteligente estrategia junto con un pequeño reducto de fieles y leales encubridores del ardid. Durante esta descarga de testosterona surge el roce que hace el cariño, pero, ¿será un cariño simulado o real? Son estas dudas y este doble juego los que nos llevarán por los caminos de la perdición o de la gloria…veremos.
El mundo clásico es el pilar en el que aprendemos en el presente, aunque a veces olvidamos de dónde venimos y creamos que somos muy adultos para saber a dónde vamos. En Zenda se desarrolla un micromundo que luego al ampliarse da como resultado las soberbias El señor de los anillos, Juego de tronos, Dune, Los pilares de la tierra, etc, (además de alguna que otra infamia de literatura juvenil). Pero la fuente es la fuente, y aquí se plantean todas estas pasiones. La venganza, la envidia, la usurpación del poder, el desencuentro familiar, y las traiciones palaciegas. En definitiva el crisol de pecados capitales que hace que una sociedad tarde o temprano implosione por su excesos víricos y su avaricia desmedida.
El prisionero de Zelda no defrauda nunca, se auto-impone la responsabilidad de la carga que lleva a sus espaldas, para hacernos ver que en el sacrificio por los demás y por un pueblo, hay una nota de esperanza. Quizá la última.

 

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EL CEMENTERIO DE LOS LIBROS OLVIDADOS, (D.E.P. 2001-2016)

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RESUMEN: EL CEMENTERIO DE LOS LIBROS OLVIDADOS. 

Un amanecer de 1945, un muchacho es conducido por su padre a un misterioso lugar oculto en el corazón de la ciudad vieja: el Cementerio de los Libros Olvidados. Allí, Daniel Sempere encuentra un libro maldito que cambia el rumbo de su vida y le arrastra a un laberinto de intrigas y secretos enterrados en el alma oscura de la ciudad. La Sombra del Viento es un misterio literario ambientado en la Barcelona de la primera mitad del siglo xx, desde los últimos esplendores del Modernismo hasta las tinieblas de la posguerra.

 

CRÍTICA: (NOTA 8,5)

Tetralogía de amor por los libros, por sus personajes y por Barcelona, (y un poquito por Madrid. Se suceden un par de escenas de órdago, pijama, orinal y Padrenuestro). Zafón hunde su pluma en el ojo de las alcantarillas del régimen franquista, con un plantel de personajes dibujados bajo la lupa del hiperrealismo de una posguerra fratricida, llena de venganzas de pasillos enmoquetados, patios de escalera y sótanos infectos.
Las páginas empachan aceite de churrero usado en forma de gentuza malencarada, tétricos y falsos garantes de las incipientes libertades de un pueblo que se sacude las ruinas de la Guerra Civil y esquivos cuentistas lameculos de gerifaltes que se izan a los altos escalafones del Régimen, en busca del dinero de los perdedores, pero sobre todo de un lugar en la Historia, en la vanidad, y en los libros que están por escribirse.
Oscura etapa ajedrecística que imbuye a una sociedad que navega en cayuco agujereado entre las ganas de olvidar y la reconstrucción de unos lazos familiares y personales que se perdieron entre tantos bombardeos. Mientras tanto, las políticas policiales, marionetas de una nueva España, se dedican a saquear las almas de sus semejantes y subyugar estas primerizas ansias de respirar una atmósfera que parece que se va despejando de sangre, humo y cenizas.
Entre esta barbarie aparece el núcleo de la resistencia, domiciliado en una librería clásica, con el ángel de la guarda del insigne Alejandro Dumas en su frontispicio. Aquí yace el “seguro” de la casilla del parchís, donde se encuentra uno a salvo de las jugadas de los maliciosos contrabandistas de almas. Este núcleo familiar nos evoca un tiempo donde los valores tradicionales, la ética y el cariño de un hombro amigo, levantaban imperios y sorbían las lágrimas más amargas. La librería de los Sempere representa la luz blanca en un tiempo de escala de grises. Y como las guerras no se ganan solamente con buenas intenciones, el autor alista en sus filas de la rebeldía y del inconformismo callejero, a dos personajes auténticos y genuinos para acompañar a la familia Sempere en todas sus inciertas correrías, llenas de malvadas huestes acosadoras de los nuevos abanderados de la etapa preconstitucional.
Fermín, campechano juglar, hijo erudito de los soportales, amante de las carnes prietas y de las enaguas sueltas, guardián del verbo, del soneto, de la charanga, del libre albedrío, del sentido común, de la buena hostia dada a tiempo, y de la lealtad más férrea. Ateo de misa de domingo y creyente del dios Sugus. Sus armas son el conocimiento de la realidad y el escrutinio más fiero del género humano. Varado en un cruce de caminos entre el doctor Watson, Sancho Panza, Robinson Crusoe y el Guerrero del antifaz. A él debemos la sutileza y temperamento a la hora de desfacer entuertos y ser el báculo innegociable de Daniel Sempere. Unos están hechos para la guerra, otros para gestionar la paz. En tiempos revueltos, Fermín no se arruga, se bate en duelo inmisericordemente.
Y cuando creíamos que con Fermín ya teníamos saciadas nuestras ansias de izado a pedestal de mármol inmaterial. Zafón lanza sin paracaídas, en mitad de uno de los peores momentos de la Barcelona contemporánea, a la que está llamada a ser uno de los personajes femeninos más complejos y brutales de la literatura de este reciente siglo, (y casi del anterior). Si Fermín es el aparato administrativo/social y pilar de la cordura de la familia Sempere, Alicia Gris es la armada invencible, (aunque doliente, tocada y marcada) que llena cada escena con una sincera y pasmosa fuerza interior. Aunque patinando en la cuchilla de la cordura, emite una señal de fortaleza, resistencia de trinchera y poder de seducción. Alicia ve cosas que los demás no ven, (mientras nosotros la vemos a ella desfilar hacia su cadalso particular), atruena al paso con sus tacones de marca, desliza su sensualidad a golpe de copa de vino blanco y repiquetea la conciencia de sus interlocutores con maña, maestría y batiente ausencia. Cuando se hace añicos se cose de nuevo, cuando cae resopla en su levantamiento. No tiene piedad ni duda ante el opresor. Alicia es indómita por fuera, pero solitaria en sus adentros. Ha perdido tantas cosas en su largo camino hacia el presente, que intenta infructuosamente remendar su triste historia con la fuerza que la vida encallecida le ha otorgado. Vive para morir otro día. Y ese día lo hará con las botas puestas, unas medias de seda y fina lencería.
Todo esto, la lucha entre la infamia y la llaneza del pueblo trabajador, se produce en una Barcelona exquisitamente tratada y recreada en varios estratos de luces y sombras, de amaneceres en el puerto y anocheceres en Las Ramblas. La Barcelona gótica de reflejos de charcos tras la lluvia, de nieblas en la fortaleza de Montjuic y deliciosos olores de tascas y castañas asadas. Habitan personajes de otra época, funcionarios callejeros que se ganan la vida y la muerte por las calles de El Raval, mil moralidades bajo letreros de fluorescentes luces, negruras esquinas, miradas ladinas y perros desecados. Es una ciudad añeja, perdida en la memoria, que pugna y late por salir de la pesadumbre. Es una Barcelona afluente de vida, que se arropa del viento otoñal y mira hacia adelante.
Como base de todo lo anterior, y soportando los pilares de la arquitectura barcelonesa, se encuentra el cementerio de los libros olvidados. Esta constante ni opina, ni lucha por ningún bando, ni solicita, ni pide. Se deja ser encontrado, contemplando con pasión como sus huéspedes desfilan por sus pasillos con absorta devoción. Es su triunfo, vive para dar lo que cada uno va a buscar. No engaña a nadie. Se erige en mastodóntica fuente de conocimiento interior para sus exploradores. Es el conector venoso del amor por los libros y por la literatura. No juzga, pero ofrece conocimiento a quién lo traspasa, y eso a veces es aún más peligroso, ¿verdad Fray Guillermo de Baskerville?
Zafón no saca la chistera de mago, saca la paleta de colores de un retratista concienzudo que le echa horas a su oficio, con ganas y dedicación. Su retrato quedará para siempre enterrado en lo más profundo del laberinto de libros en el que todos nos hayamos.

 

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GUÍA DEL AUTOESTOPISTA GALÁCTICO, (DOUGLAS ADAMS – ANAGRAMA 2016)

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CRÍTICA: (NOTA 7,0)
Sin lugar a dudas, es la novela de ciencia-ficción más desquiciada, humorística y gamberra de la galaxia. Los personajes son canela y ambrosía fina. La historia en la que se desarrolla no podría ser menos y ocurre todo lo estrambóticamente posible en un mundo sideral mucho más grande y matizado de lo que nos creemos los simples terrícolas. Un notabilísimo acierto acaece cuando creemos que todas las peripecias de sus granados personajes nos llevan por los derroteros de la aleatoriedad, el chiste y el despiporre, y es cuando nos despabila con un elegante giro de los acontecimientos, (cómo no podría ser de otra manera en este género). Llegamos a descubrir una revelación filosófica-existencial sobre el hombre y su lugar en el mundo. Llegados a este punto a lo mejor ya no nos reímos tanto.
Es un libro que hay que leer en algún momento de la vida. Es la ejemplificación de una aventura completamente desinhibida, desestructurada y completamente tronchante. Es la “Space Opera Nivola” que podría decir Unamuno. De asombrosa imaginación, permanecerá en la retina. Dónde el monolito y el hueso de Kubrick halló el sentido de la evolución humana aquí digamos que teniendo un poso parecido, monolito y hueso son monologuistas del club de la comedia…(y muy buenos). Arthur Dent y su amigo Ford Prefect, (sí, sí, Prefect)…nos harán gozar de la amistad más apoteósica de la vía Láctea.
Nos vemos en el restaurante del fin del mundo…llevad al menos una toalla, que tiene muchos usos.
RESUMEN:
Un jueves a la hora de comer, la Tierra es demolida para poder construir una nueva autopista hiperespacial. Arthur Dent, un tipo que esa misma mañana ha visto cómo echaban abajo su propia casa, considera que eso supera lo que una persona puede soportar. Arthur huirá de la Tierra junto a un amigo suyo, Ford Prefect, que resultará ser un extraterrestre emparentado con Zaphod Beeblebrox, un pirata esquizoide de dos cabezas, en cuya nave conocerá al resto de personajes que lo acompañarán: un androide paranoide y una terrícola que, como él, ha logrado escapar. Douglas Adams fue el creador de toda una serie de manifestaciones de la Guía del autoestopista galáctico: primero fue novela radiofónica, luego se convirtió en libro, series televisivas y teatrales, un juego de ordenador, cómics y toallas de baño. La película ascendió hasta las cumbres de la producción cinematográfica. Esta edición cuenta con entrevistas y materiales a partir del rodaje de la misma.

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EL EXTRANJERO – ALBERT CAMUS, (ALIANZA EDITORIAL, S.A. 1999)

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CRITICA: (NOTA 6,5)

Albert Camus hijo de la desesperanza y el hastío moral de la Europa de postguerra nos embarca en la historia de un ser, (y por extensión de todos los seres), que es completamente indiferente a los demás y a él mismo. De ahí que este antihéroe en mayúsculas no pueda empatizar con el lector en ningún momento, ya que su propósito existencialista es precisamente narrar en primera persona el destino fatal que nos escribe las líneas de la vida. Fatalidad en nosotros y en las personas que nos rodean, desgana, flojera y displicencia por doquier. El destino nos marca a fuego con su impronta deshilachada de melancólicos caminos plagados de indiferencia.
El espejo nos devuelve a meros autómatas designados por el director de escena, para que nos movamos como títeres o pollos sin cabeza en un espectáculo infinito de tristeza, calamidades y desvaríos. Vivir, morir, ¿qué más da?. Aunque sea sólo un poquito, todos llevamos un extranjero en nuestro interior, al que no queremos darle ni voz ni voto, pero que en ocasiones es capaz de auparse para mirarnos directamente a los ojos.

RESUMEN:

El extranjero, novela con cuya publicación saltó a la fama en 1942, tiene como referencia omnipresente a Meursault, su protagonista, a quien una serie de circunstancias conduce a cometer un crimen aparentemente inmotivado. El desenlace de su proceso judicial no tendrá más sentido que su vida, corroída por la cotidianidad y gobernada por fuerzas anónimas que, al despojar a los hombres de la condición de sujetos autónomos, los eximen también de responsabilidad y de culpa.

 

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ESCUPIRÉ SOBRE VUESTRA TUMBA – BORIS VIAN – ED. EL PAÍS 2004

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CRÍTICA: (NOTA 5,0)
Publicada en 1946, la crítica la rechazó por violenta y atentado contra la moral. Fue prohibida dos años más tarde en varios países. Hoy en día por supuesto, expuestos a los cánones de violencia y execrable rutina multimedia ya casi nada nos descompone el rictus. Tenemos a un personaje protagonista vengativo contra el hombre blanco y su estilo de vida por la muerte violenta de su hermano. El problema es que la narrativa adolece de una lógica interna, tanto en el modo y organización de la venganza como en los deslavazados y recurrentes pasajes por los que se mueve. Las escenas más escabrosas son poco creíbles por la ingenuidad de las propias víctimas y la inoperancia del propio medio en el que se mueven. Interesante por el contexto racista postbélico estadounidense que nos enseña, pero flojo en sus planteamientos narrativos y composición de los personajes.
RESUMEN:
Violenta y pornográfica, la novela de Vian busca herir la sensibilidad del lector para dar mayor virulencia a su alegato antirracista. Una lectura loca y trepidante.  Escupiré sobre vuestra tumba es un maravilloso libro que trata también del racismo hacia el hombre negro «aprobado así por la justicia». Lee Anderson es un afroamericano que llega a un pueblo donde los jóvenes están sedientos de alcohol y sexo. Trabajando cómo vendedor en una librería, Lee oculta un secreto: la única razón por la que está allí es para vengar la muerte de su hermano, que murió linchado y colgado por haberse enamorado de una mujer…

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FAHRENHEIT 451 (RAY BRADBURY -PLAZA Y JANÉS, 1999)

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RESUMEN:
Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde. Guy Montag es un bombero y el trabajo de un bombero es quemar libros, que están prohibidos porque son causa de discordia y sufrimiento. El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros. Como 1984, de George Orwell, como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Fahrenheit 451 describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo. La visión de Bradbury es asombrosamente profética: pantallas de televisión que ocupan paredes y exhiben folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones; una población que no escucha otra cosa que una insípida corriente de música y noticias transmitidas por unos diminutos auriculares insertados en las orejas.
CRÍTICA: (9,0)
La vida sin el recuerdo del pasado ni la tradición oral o escrita del conocimiento de los grandes maestros de la Historia, la Filosofía, la Ética o la Religión, nos condena al pensamiento único, a la esclavitud de los medios, y en definitiva, a la guerra por el adoctrinamiento único. Batallamos contra el ruido, la perturbación del poderoso, el grupo mediaset y su escaleta de pus y bilis, la senda marcada y rotulada por el ídolo de masas quinceañero, el futbolista multimillonario o la modela enclenque y plañidera. Te llaman loco por mirar las estrellas, oler la tierra mojada, acariciar a un perro, perder la noción del tiempo entre risas de sobremesa o traficar con sueños al abrigo de unas sábanas otoñales.
El dominio de una sociedad viene dado por el enclaustramiento de sus actividades cotidianas, de su ocio y de sus rituales. Compartimentos estancos para que todo se produzca en tiempo y forma, y que una sociedad aletargada y adormecida disfrute del sueño de los justos, con su dosis diaria de codeína “felicitante”. Llámale “Black Friday”, “San Valentín”, “Botox Day”, o “Happy Hour”, lo mismo da. Triste a lo triste, feliz a lo feliz. El calendario nos marca lo que a cada paso debemos vivir y sentir. Insensato el que se salte las normas, pues la mirada del opresor medio que nos rodea ya se ocupará de sacarnos del error en el que hemos caído. La mirada del “otro” nos afecta cada día más. Vivimos en los ojos, el juicio y la aceptación o reprobación de un tercero, que en la mayoría de ocasiones es imaginario como nos demuestra la mirada al abismo de las redes sociales.
Salvar un libro, es salvar un alma. Una pequeña semilla que nace en nuestras manos y se reproduce en nuestras mentes. Es nuestra obligación compartirla con las nuevas generaciones, o tristemente en breves fechas nadie de acordará de los errores del pasado, para cual día de la marmota, seguir tropezándonos con la misma piedra. No es simplemente la lucha de un hombre contra un sistema de valores establecidos, es la lucha de un hombre contra si mismo, ya que el sistema en mayor o menor medida se encuentra dentro de cada uno de nosotros, y es nuestra obligación detectarlo, hacerle frente y reflexionar sobre nuestras acciones y sus consecuencias en nosotros y en los que nos rodean.
La lucha tiene forma de trincheras de párrafos en cursiva y voces en la distancia que nos susurran a través de las páginas de los tiempos nuestro reflejo humano e imperfecto.
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NOTA: 9,0
 

HACIA RUTAS SALVAJES – JON KRAKAUER, (EDICIONES B, 2009)

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RESUMEN:
En abril de 1992, Chris McCandless, de 24 años, se internó, solo y apenas equipado, por tierras de Alaska. Había regalado todo su dinero y abandonado su coche, y soñaba con una vida en estado salvaje. Cuatro meses más tarde, unos cazadores encontraron su cuerpo sin vida. Su historia, difundida en un reportaje de Jon Krakauer, suscitó una agitada polémica: para unos, era un intrépido idealista; para otros, un loco y un ingenuo sin el menor conocimiento de la naturaleza.
El drama real que inspiró la aclamada película dirigida por Sean Penn. El misterio sobre los motivos de McCandless y su visión particular del mundo no dejarán indiferente a nadie.
CRÍTICA: (6,0)
¿Idealista o loco?, el libro se reduce a esta pregunta. Seguimos las andanzas del protagonista gracias a la labor investigadora del periodista Jon Krakauer, que mediante cartas, entrevistas a familiares, amigos y personas con las que se cruzó el protagonista, va hilvanando la vida y “milagros” del osado y moderno explorador. ¿Qué le lleva a una persona acomodada a dejarlo todo e incluso a poner su vida en peligro para correr una gran aventura en solitario? Podemos intuir que existe algo en la moderna sociedad de consumo en la que vivimos que no casa muy bien para ciertas personas. ¿Debemos recuperar antiguas tradiciones para apegarnos más al medio y a la naturaleza que al mando de la televisión? Autopsia moral y filosófica de un hombre que lo tiene todo pero que decide apartarse para seguir una vida nómada alejada de la normalidad social.
Recomendable para aquellos que quieran conocer las ventajas e inconvenientes de salirse del habitual sistema en el que vivimos. Asomar la nariz a través de la ventana del encasillamiento social y normativo, aunque solamente sea para olisquear que se cuece fuera del sistema. Luego quién quiera volverse al calor del Iphone siempre tendrá tiempo.
Llevada al cine con maestría por el director Sean Penn.

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