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«ESTÁS SOLA» DE ALEXANDRA OLIVA – PLAZA Y JANÉS 2017
LA CONCURSANTE DEL FIN DEL MUNDO
No podemos pedir a una novela primeriza que llegue a las altas cotas de complejidad narrativa, detallismo y vasta descripción, de obras mayores del género como “El canto del cisne” de Robert McCammon, “Apocalipsis” de Stephen King, “El mundo permanece” de George Stewart, “El día de los Trífidos” de John Wyndham, “El mundo sumergido” de J.G. Ballard, “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago, “Hijo de los hombres” de P.D. James, “Cántico por Leibowitz” de Walter Miller, “El martillo de Lucifer” de Larry Niven, o “La carretera” de Cormac McCarthy, entre otras muchas más. Todas las anteriores pertenecen al genero postapocalíptico “realista”, no entramos en el género Zombi, ya que no es comparable en la novela de Alexandra Oliva.
“Estás sola”, se encuadra más en la arrolladora novela moderna juvenil, rauda, ágil y alejada de las obras anteriores, donde prima la acción y el romance por encima de otras cuestiones reflexivas, argumentales o descriptivas. Entre los adalides de esta nueva hornada podemos encontrar a “Los juegos del hambre” de Suzanne Collins, “El corredor del laberinto” de James Dashner, “Divergente” de Verónica Roth, “Crepúsculo” de Stephanie Meyer, “Soy el número cuatro” de James Frey y un largo etcétera.
Siempre preferiré el primer grupo de novelas a este segundo, donde a la que te descuidas te cuelan un romance en mitad de la batalla para que dicha obra alcance a un espectro mayor de lectores y, sobre todo, de lectoras. Llegando tanto a los que buscan la historia distópica principal del argumento, como a aquellos que derriten sus adolescentes hormonas en los romances subyacentes. Los que somos de la generación de “Los Goonies”, de “Willow“ de “Los Cinco”, de “Los tres investigadores”, de “Los siete secretos”, etc, aborrecemos el romance por decreto y solamente queremos acción, aventura y búsqueda del tesoro, con personajes entrañables, complejos y sobre todo que no les falte un hervor. Serán tiempos nuevos a los que las actuales generaciones sí están acostumbradas y así aplauden a sus nuevos ídolos.
Volviendo a “Estás sola”, hay que comentar que es una correcta primera novela que juega con capítulos alternos entre el narrador omnisciente y el narrador en primera persona, (a mi juicio ralentizando la inmersión en la trama), entrando a jugar con la crítica a los “reality shows” que editan todo lo que nos ofrecen para potenciar lo que quieren que veamos y ocultando lo que no. De esta manera orientan a la opinión pública hacia la finalidad de la productora, moviendo a sus “marionetas” al son de la rentabilidad. La realidad que nos presentan está alterada y parcheada, por lo tanto más que un “reality” es una obra de ficción que juega con la veracidad y con sus participantes, simplemente para explotar su producto económicamente, nada más. No hay más realidad que el papel de regalo en el que se prepara, lo demás es una simple alteración ramplona y miserable. Otro punto a favor es que incluso las reglas del concurso son de lo más azarosas, aleatorias y cambiantes.
Aunque le falta tensión narrativa sobre todo en la parte del concurso, hay que destacar que es muy loable este primer acercamiento al género por parte de la debutante Alexandra Oliva. Peca eso sí, de un claro distanciamiento entre los personajes y el lector. Tampoco ayuda presentar a una protagonista que aunque le grites al oído que despierte a lo que está ocurriendo, parece que no se entera, (incluso habiendo en ocasiones claros errores en técnicas de supervivencia, prioridades fisiológicas, y decisiones que distan mucho de ser coherentes con las situaciones a las que se enfrenta). Por otro lado lo más destacable de las novelas sobre “El fin del mundo”, es el plano descriptivo. El ¿cómo demonios hemos llegado hasta aquí?, el ¿cómo hemos dejado el mundo?, y el ¿cómo vamos a salir de este apuro?, y por supuesto todo ello regado con impresionantes descripciones de un mundo en el que de repente, todo ha quedado en calma y la naturaleza se ha apropiado de aquello que le había sido arrebatado. Aquí Alexandra Oliva, pasa levemente por estas preguntas y sobre la descripción de este nuevo mundo. (Compárese con el pasaje del cruce del túnel Lincoln en la estupenda Apocalipsis de Stephen King).
Lo mejor sin duda es la crítica televisiva y la competencia entre los concursantes, (aunque se podía haber ahondado más en sus conflictos e intereses). Se agradece que la parte romántica esté contenida y que no haya excesivas charletas adolescentes acerca de asuntos baladíes y completamente prescindibles. La protagonista luchará por el premio del concurso que sin saberlo es su propia supervivencia.
NOTA: 5,0
GUSTARÁ: A aquellos seguidores de la novela juvenil sin pretensiones ni complicaciones.
NO GUSTARÁ: A aquellos que quieren sentir más profundamente la caída de la sociedad.

FOROLIBRO FINALISTA «I CONCURSO DE MICRORRELATOS SOLIDARIOS PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE NEPAL»
Muchas gracias al jurado de Diversidad Literaria e Iniciativas Solidarias Isekin por hacernos finalistas del «I Concurso de microrrelatos solidarios para la reconstrucción de Nepal».
La recaudación de las ventas del libro, que se editará con los microrrelatos seleccionados, irá destinada a los niños más necesitados y damnificados del terremoto ocurrido en Nepal.
http://www.diversidadliteraria.com/…/resultados-conc…/nepal/
#reconstrucciónnepal #nepal #microrrelatosolidario #forolibro #diversidadliteraria #iniciativassolidariasisekin
FELIZ VALENTÍN – 50 SOMBRAS DE GERALD
EL JUEGO DE GERALD, (RBA 2007)
RESUMEN:
En una cabaña aislada, desnuda y esposada a la cabecera de la cama. Jessie asiste inerme al macabro desenlace del juego erótico de Gerald, el hombre con quien ha convivido durante veinte años y que está tendido en el suelo junto al lecho. Acuciada por el hambre y la sed, asediada por los fantasmas del pasado, adquiere conciencia de que la realidad es más pavorosa que la peor de sus pesadillas.
CRÍTICA: (NOTA 7,0)
Stephen King, ganador de la medalla de las artes y humanidades estadounidenses 2015, premio nacional del libro 2003, seis veces ganador del British fantasy society, diez veces ganador del Horror writers association, cinco veces vencedor del premio Locus, entre otros cientos de premios y menciones honoríficas durante sus más de 40 años de carrera como escritor, guionista, productor, director, columnista, etc, habiendo sido ya auspiciado desde varios círculos críticos para el Nobel de literatura, creó el mejor, más brutal y cruel cuento de San Valentín que se haya escrito jamás. El juego de Gerald.
No querría extenderme mucho para no desvelar nada acerca de esta obra monstruosa, que es posible que Netflix produzca para la gran pantalla en 2017, (supongo que será calificada como X). No es para menos. Me ha venido ahora a la cabeza este libro de reciente lectura por dos motivos. El primero, que hoy es 14 de febrero, momento en el que en la antigüedad romana existía una fiesta pagana dedicada a la fertilidad, llamada Lupercalia, donde las mujeres era golpeadas con látigos confeccionados con piel de cabra, mojados en la sangre de estos animales. Creían que así, la fertilidad manaría de la mujer. Hasta mucho más tarde no se asoció esta fecha al enamoramiento, a la pareja y al matrimonio. Y en segundo lugar, la tediosa novela y peor película, según toda la crítica internacional, de las famosas 50 sombras de un tal Grey. Ambos motivos, “látigos” de San Valentín y Grey, que parecen que van de la mano, son hoy motivo de mi inquina.
Pues eso, que una vez que el aparato de marketing comercial nos acondiciona para comprar tonterías varias a nuestras parejas, futuras parejas y novios imaginarios, al abrigo de instagramers y youtubers millenials plañideros alborotadores y demás realas, perdemos la cabeza en este ritual de la estupidez, la lágrima fácil, las flores, (también las de plástico), los bombones y la madre que los parió a todos. Llegados a este punto y mostrando mi absoluta y soporífera indiferencia ante el San Valentín de Grey y sus merdosas sombras de latiguillos adolescentes y estereotipos de pueril acné, vengo a defender lo que hace 25 años creó el maestro de Maine.
El Juego de Gerald, (Stephen King 1992), es la lucha por la supervivencia física y sobre todo mental más desgarradora a la que un lector pueda enfrentarse. Cuando el juego se va de las manos, toda la baraja de cartas arrolla a los protagonistas que desfilan por sus páginas, con una intensidad muy bien marcada, (a sangre, no tanto a fuego).
Llegado el momento de calma y atadura, bien impuesta o voluntaria, las personas hincamos la rodilla, tiramos del freno de mano y nos paramos a reflexionar acerca de por qué estamos dónde estamos y qué esperamos que nos suceda en el futuro. Pero como normalmente no llegamos a estos momentos de paz y calma interior al estar corriendo por la vida como pollos sin cabeza, no conseguimos casi nunca llegar a nuestro yo interior, al que nos desgarra si le miramos de frente en el espejo del baño a medianoche. Los fantasmas aprovechan y nos salen al encuentro en estos períodos de reflexión. Será nuestra labor pugnar con ellos y devolverlos a las catacumbas por donde se han escurrido para ir a nuestro encuentro.
Mientras el tal Grey tiene a una tal Anastasia que le sigue los pasos como una tronista granhermana de telecinco a la chequera del primer directivo con el que se cruza, (los tronistos hacen lo mismo, quede dicho), Gerald tiene a una fiera indómita en su lecho, quebrada por dentro, enjaulada en si misma, y con un grave problema de salud mental que resolver. Jessie es una bestia encabritada, dispuesta a todo por redimirse de la miseria con la que duerme cada noche y con unas voces que le taladran la cabeza y el inconsciente, y que no le dejan avanzar en su tragicómica vida. Pero unas esposas M-17 tendrán la llave para que se desate el mayor de los infiernos. (Juntemos el Ángel exterminador de Luis Buñuel, La Cabina de Antonio Mercero y Alien de Ridley Scott y el pepinazo que va a pegar esto será legendario).
Amigo Grey, váyase a postularse como ayudante segundo de algún “torturadorcillo” de Guantánamo y déjenos en paz con sus telenovelas de salón de té y peluquería de barrio. Se puede colgar de los mismísimos innombrables y tirarse al contenedor de reciclaje de pendejos más cercano a su flamante y caro domicilio. Torquemada tendría que afinar el medievo en sus posaderas de niño malcriado.
Jessie querida, unos cardan la lana, y otros se llevan la fama. Espero que la fama te llegue a ti en algún momento cercano con el esperado debut cinematográfico, que si es fiel al libro o al menos brillante en su planteamiento, nos regocijará con tu claustrofóbica experiencia.
Feliz San Valentín a todas las almas desperdigadas por las floristerías y El corte inglés.

EL PRISIONERO DE ZENDA – ANTHONY HOPE, (EDICIÓN EL PAÍS 2004)
EL PRISIONERO DE ZENDA, (Y SU MÁSCARA DE HIERRO)
RESUMEN:
Rudolf Rassemdyll guarda un extraordinario parecido físico con el rey de Ruritania, un reino mítico. Los conspiradores conocen esa coincidencia y le obligan a hacerse pasar por él. De la suplantación resultan dos consecuencias: se enamora perdidamente de Flavia y se ve envuelto en refriegas de capa y espada, en las que tendrá que demostrar su valor y su lealtad al verdadero monarca. Stewart Granger interpretó un magnífico doble papel en la versión que, para el cine, dirigió Richard Thorpe.
CRÍTICA: (NOTA: 7,0)
Hubo una gloriosa época de capa y espada. Antes de que la pólvora lo invadiese todo y se quedase para siempre, se miraba de frente a la muerte en los ojos del rival. La sangre salpicaba el rostro, y la vida se escapaba braceando delante de un enemigo inmisericorde. La guerra se hacía de cara, sin asistencia tecnológica ni lejanos disparos de francotirador. Todo se hacía a mano y en persona, los imperios nacían y caían en el entrechocar de sables. El apego a la vida, a la tradición, al respeto, a la camaradería y a las reglas de juego, se acataban entre las propias filas y normalmente entre las del enemigo. Una época al fin, de tirar la piedra y lejos de esconder la mano, sacarla para golpear de nuevo.
Mientras tanto en palacio se urdían y entretejían toda clase de conspiraciones, suspiros de conveniencia, banquetes prefabricados y bailes de máscaras con doble fondo. Las formas aparentemente expiatorias y sus personajes, se alineaban con impostada arrogancia ante la realeza y la nobleza del reino, para tratar lo aparente, pero a escondidas pergeñar el tabú de las conjuras e intrigas más osadas.
En esta refriega de intereses encontrados, es cuando surge la figura del valeroso, (y forzado) protagonista, que asume el deber de una gran causa para timonear el destino de un pueblo que se encuentra al borde de la fractura política y social. Adalid del destino que se le presenta, tendrá que manejar la situación con inteligente estrategia junto con un pequeño reducto de fieles y leales encubridores del ardid. Durante esta descarga de testosterona surge el roce que hace el cariño, pero, ¿será un cariño simulado o real? Son estas dudas y este doble juego los que nos llevarán por los caminos de la perdición o de la gloria…veremos.
El mundo clásico es el pilar en el que aprendemos en el presente, aunque a veces olvidamos de dónde venimos y creamos que somos muy adultos para saber a dónde vamos. En Zenda se desarrolla un micromundo que luego al ampliarse da como resultado las soberbias El señor de los anillos, Juego de tronos, Dune, Los pilares de la tierra, etc, (además de alguna que otra infamia de literatura juvenil). Pero la fuente es la fuente, y aquí se plantean todas estas pasiones. La venganza, la envidia, la usurpación del poder, el desencuentro familiar, y las traiciones palaciegas. En definitiva el crisol de pecados capitales que hace que una sociedad tarde o temprano implosione por su excesos víricos y su avaricia desmedida.
El prisionero de Zelda no defrauda nunca, se auto-impone la responsabilidad de la carga que lleva a sus espaldas, para hacernos ver que en el sacrificio por los demás y por un pueblo, hay una nota de esperanza. Quizá la última.

EL CEMENTERIO DE LOS LIBROS OLVIDADOS, (D.E.P. 2001-2016)
RESUMEN: EL CEMENTERIO DE LOS LIBROS OLVIDADOS.
Un amanecer de 1945, un muchacho es conducido por su padre a un misterioso lugar oculto en el corazón de la ciudad vieja: el Cementerio de los Libros Olvidados. Allí, Daniel Sempere encuentra un libro maldito que cambia el rumbo de su vida y le arrastra a un laberinto de intrigas y secretos enterrados en el alma oscura de la ciudad. La Sombra del Viento es un misterio literario ambientado en la Barcelona de la primera mitad del siglo xx, desde los últimos esplendores del Modernismo hasta las tinieblas de la posguerra.
CRÍTICA: (NOTA 8,5)
Tetralogía de amor por los libros, por sus personajes y por Barcelona, (y un poquito por Madrid. Se suceden un par de escenas de órdago, pijama, orinal y Padrenuestro). Zafón hunde su pluma en el ojo de las alcantarillas del régimen franquista, con un plantel de personajes dibujados bajo la lupa del hiperrealismo de una posguerra fratricida, llena de venganzas de pasillos enmoquetados, patios de escalera y sótanos infectos.
Las páginas empachan aceite de churrero usado en forma de gentuza malencarada, tétricos y falsos garantes de las incipientes libertades de un pueblo que se sacude las ruinas de la Guerra Civil y esquivos cuentistas lameculos de gerifaltes que se izan a los altos escalafones del Régimen, en busca del dinero de los perdedores, pero sobre todo de un lugar en la Historia, en la vanidad, y en los libros que están por escribirse.
Oscura etapa ajedrecística que imbuye a una sociedad que navega en cayuco agujereado entre las ganas de olvidar y la reconstrucción de unos lazos familiares y personales que se perdieron entre tantos bombardeos. Mientras tanto, las políticas policiales, marionetas de una nueva España, se dedican a saquear las almas de sus semejantes y subyugar estas primerizas ansias de respirar una atmósfera que parece que se va despejando de sangre, humo y cenizas.
Entre esta barbarie aparece el núcleo de la resistencia, domiciliado en una librería clásica, con el ángel de la guarda del insigne Alejandro Dumas en su frontispicio. Aquí yace el “seguro” de la casilla del parchís, donde se encuentra uno a salvo de las jugadas de los maliciosos contrabandistas de almas. Este núcleo familiar nos evoca un tiempo donde los valores tradicionales, la ética y el cariño de un hombro amigo, levantaban imperios y sorbían las lágrimas más amargas. La librería de los Sempere representa la luz blanca en un tiempo de escala de grises. Y como las guerras no se ganan solamente con buenas intenciones, el autor alista en sus filas de la rebeldía y del inconformismo callejero, a dos personajes auténticos y genuinos para acompañar a la familia Sempere en todas sus inciertas correrías, llenas de malvadas huestes acosadoras de los nuevos abanderados de la etapa preconstitucional.
Fermín, campechano juglar, hijo erudito de los soportales, amante de las carnes prietas y de las enaguas sueltas, guardián del verbo, del soneto, de la charanga, del libre albedrío, del sentido común, de la buena hostia dada a tiempo, y de la lealtad más férrea. Ateo de misa de domingo y creyente del dios Sugus. Sus armas son el conocimiento de la realidad y el escrutinio más fiero del género humano. Varado en un cruce de caminos entre el doctor Watson, Sancho Panza, Robinson Crusoe y el Guerrero del antifaz. A él debemos la sutileza y temperamento a la hora de desfacer entuertos y ser el báculo innegociable de Daniel Sempere. Unos están hechos para la guerra, otros para gestionar la paz. En tiempos revueltos, Fermín no se arruga, se bate en duelo inmisericordemente.
Y cuando creíamos que con Fermín ya teníamos saciadas nuestras ansias de izado a pedestal de mármol inmaterial. Zafón lanza sin paracaídas, en mitad de uno de los peores momentos de la Barcelona contemporánea, a la que está llamada a ser uno de los personajes femeninos más complejos y brutales de la literatura de este reciente siglo, (y casi del anterior). Si Fermín es el aparato administrativo/social y pilar de la cordura de la familia Sempere, Alicia Gris es la armada invencible, (aunque doliente, tocada y marcada) que llena cada escena con una sincera y pasmosa fuerza interior. Aunque patinando en la cuchilla de la cordura, emite una señal de fortaleza, resistencia de trinchera y poder de seducción. Alicia ve cosas que los demás no ven, (mientras nosotros la vemos a ella desfilar hacia su cadalso particular), atruena al paso con sus tacones de marca, desliza su sensualidad a golpe de copa de vino blanco y repiquetea la conciencia de sus interlocutores con maña, maestría y batiente ausencia. Cuando se hace añicos se cose de nuevo, cuando cae resopla en su levantamiento. No tiene piedad ni duda ante el opresor. Alicia es indómita por fuera, pero solitaria en sus adentros. Ha perdido tantas cosas en su largo camino hacia el presente, que intenta infructuosamente remendar su triste historia con la fuerza que la vida encallecida le ha otorgado. Vive para morir otro día. Y ese día lo hará con las botas puestas, unas medias de seda y fina lencería.
Todo esto, la lucha entre la infamia y la llaneza del pueblo trabajador, se produce en una Barcelona exquisitamente tratada y recreada en varios estratos de luces y sombras, de amaneceres en el puerto y anocheceres en Las Ramblas. La Barcelona gótica de reflejos de charcos tras la lluvia, de nieblas en la fortaleza de Montjuic y deliciosos olores de tascas y castañas asadas. Habitan personajes de otra época, funcionarios callejeros que se ganan la vida y la muerte por las calles de El Raval, mil moralidades bajo letreros de fluorescentes luces, negruras esquinas, miradas ladinas y perros desecados. Es una ciudad añeja, perdida en la memoria, que pugna y late por salir de la pesadumbre. Es una Barcelona afluente de vida, que se arropa del viento otoñal y mira hacia adelante.
Como base de todo lo anterior, y soportando los pilares de la arquitectura barcelonesa, se encuentra el cementerio de los libros olvidados. Esta constante ni opina, ni lucha por ningún bando, ni solicita, ni pide. Se deja ser encontrado, contemplando con pasión como sus huéspedes desfilan por sus pasillos con absorta devoción. Es su triunfo, vive para dar lo que cada uno va a buscar. No engaña a nadie. Se erige en mastodóntica fuente de conocimiento interior para sus exploradores. Es el conector venoso del amor por los libros y por la literatura. No juzga, pero ofrece conocimiento a quién lo traspasa, y eso a veces es aún más peligroso, ¿verdad Fray Guillermo de Baskerville?
Zafón no saca la chistera de mago, saca la paleta de colores de un retratista concienzudo que le echa horas a su oficio, con ganas y dedicación. Su retrato quedará para siempre enterrado en lo más profundo del laberinto de libros en el que todos nos hayamos.

FOROLIBRO, (M.A.P.H.), SELECCIONADO «III CONCURSO MICRORRELATOS DE TERROR»
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Muy contento de haber sido seleccionado para el recopilatorio de 1000 microrrelatos, entre los más de 2200 trabajos presentados del “III concurso de microrrelatos de terror”. Se reproduce a continuación el microrrelato. Espero que os guste.
http://www.diversidadliteraria.com/info-concursos/resultados-concursos/microterrores-3/
CUÉNTAME UN CUENTO
Como cada noche las gemelas esperaban a que su padre les leyera un cuento ya que mamá había muerto tras una enfermedad mental. El lunes era el peor día ya que cerraba el cementerio y papá no podía leerles ningún cuento. Mamá había ahogado a las gemelas en el río y ahora las tres compartían el mismo nicho. Los lunes se quedaban sin cuento, y con la única compañía de su madre que las observaba con desprecio durante toda la larga noche.
POSIBLE ERRATA EN JOYLAND – STEPHEN KING (RAMDOM HOUSE MONDADORI – 3ª EDICIÓN SEPTIEMBRE 2013)
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«Una promesa» en lugar de «un promesa» y «no la vi sonreír» en lugar de «no la vi sonreí»
FOROLIBRO, (M.A.P.H.), SELECCIONADO «II CONCURSO MICROCUENTOS SOLIDARIOS ASOCIACIÓN ISEKIN»
Muy contento de haber sido seleccionado para el recopilatorio de 150 microrrelatos, entre los más de 450 trabajos presentados del “II concurso de microrrelatos solidarios asociación isekin”. Se reproduce a continuación el microrrelato. Espero que os guste.
http://www.diversidadliteraria.com/info-concursos/resultados-concursos/isekin-ii/
SOL Y DARIDAD
Ambas criaturas del bosque eran muy viejitas. Desde hace cientos de años se ocupaban de ayudar en cada invierno a los habitantes de la comarca de Valdelón, susurrándoles en sueños dónde podrían encontrar algún tubérculo o animal bajo la nieve para poder alimentarse. Con el progreso, su labor ya no era necesaria. Emigrarían esta vez a la gran ciudad para susurrar las penurias y miserias que sufrían los más necesitados al oído taponado de los poderosos.

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