EL PRISIONERO DE ZENDA – ANTHONY HOPE, (EDICIÓN EL PAÍS 2004)

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EL PRISIONERO DE ZENDA, (Y SU MÁSCARA DE HIERRO)

 

RESUMEN:
Rudolf Rassemdyll guarda un extraordinario parecido físico con el rey de Ruritania, un reino mítico. Los conspiradores conocen esa coincidencia y le obligan a hacerse pasar por él. De la suplantación resultan dos consecuencias: se enamora perdidamente de Flavia y se ve envuelto en refriegas de capa y espada, en las que tendrá que demostrar su valor y su lealtad al verdadero monarca. Stewart Granger interpretó un magnífico doble papel en la versión que, para el cine, dirigió Richard Thorpe.

 

CRÍTICA: (NOTA: 7,0)
Hubo una gloriosa época de capa y espada. Antes de que la pólvora lo invadiese todo y se quedase para siempre, se miraba de frente a la muerte en los ojos del rival. La sangre salpicaba el rostro, y la vida se escapaba braceando delante de un enemigo inmisericorde. La guerra se hacía de cara, sin asistencia tecnológica ni lejanos disparos de francotirador. Todo se hacía a mano y en persona, los imperios nacían y caían en el entrechocar de sables. El apego a la vida, a la tradición, al respeto, a la camaradería y a las reglas de juego, se acataban entre las propias filas y normalmente entre las del enemigo. Una época al fin, de tirar la piedra y lejos de esconder la mano, sacarla para golpear de nuevo.
Mientras tanto en palacio se urdían y entretejían toda clase de conspiraciones, suspiros de conveniencia, banquetes prefabricados y bailes de máscaras con doble fondo. Las formas aparentemente expiatorias y sus personajes, se alineaban con impostada arrogancia ante la realeza y la nobleza del reino, para tratar  lo aparente, pero a escondidas pergeñar el tabú de las conjuras e intrigas más osadas.
En esta refriega de intereses encontrados, es cuando surge la figura del valeroso, (y forzado) protagonista, que asume el deber de una gran causa para timonear el destino de un pueblo que se encuentra al borde de la fractura política y social. Adalid del destino que se le presenta, tendrá que manejar la situación con inteligente estrategia junto con un pequeño reducto de fieles y leales encubridores del ardid. Durante esta descarga de testosterona surge el roce que hace el cariño, pero, ¿será un cariño simulado o real? Son estas dudas y este doble juego los que nos llevarán por los caminos de la perdición o de la gloria…veremos.
El mundo clásico es el pilar en el que aprendemos en el presente, aunque a veces olvidamos de dónde venimos y creamos que somos muy adultos para saber a dónde vamos. En Zenda se desarrolla un micromundo que luego al ampliarse da como resultado las soberbias El señor de los anillos, Juego de tronos, Dune, Los pilares de la tierra, etc, (además de alguna que otra infamia de literatura juvenil). Pero la fuente es la fuente, y aquí se plantean todas estas pasiones. La venganza, la envidia, la usurpación del poder, el desencuentro familiar, y las traiciones palaciegas. En definitiva el crisol de pecados capitales que hace que una sociedad tarde o temprano implosione por su excesos víricos y su avaricia desmedida.
El prisionero de Zelda no defrauda nunca, se auto-impone la responsabilidad de la carga que lleva a sus espaldas, para hacernos ver que en el sacrificio por los demás y por un pueblo, hay una nota de esperanza. Quizá la última.

 

EL PRISIONERO DE ZENDA.jpg

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