FELIZ VALENTÍN – 50 SOMBRAS DE GERALD

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EL JUEGO DE GERALD, (RBA 2007)

 

RESUMEN:
En una cabaña aislada, desnuda y esposada a la cabecera de la cama. Jessie asiste inerme al macabro desenlace del juego erótico de Gerald, el hombre con quien ha convivido durante veinte años y que está tendido en el suelo junto al lecho. Acuciada por el hambre y la sed, asediada por los fantasmas del pasado, adquiere conciencia de que la realidad es más pavorosa que la peor de sus pesadillas.

 

CRÍTICA: (NOTA 7,0)
Stephen King, ganador de la medalla de las artes y humanidades estadounidenses 2015, premio nacional del libro 2003, seis veces ganador del British fantasy society, diez veces ganador del Horror writers association, cinco veces vencedor del premio Locus, entre otros cientos de premios y menciones honoríficas durante sus más de 40 años de carrera como escritor, guionista, productor, director, columnista, etc, habiendo sido ya auspiciado desde varios círculos críticos para el Nobel de literatura, creó el mejor, más brutal y cruel cuento de San Valentín que se haya escrito jamás. El juego de Gerald.
No querría extenderme mucho para no desvelar nada acerca de esta obra monstruosa, que es posible que Netflix produzca para la gran pantalla en 2017, (supongo que será calificada como X). No es para menos. Me ha venido ahora a la cabeza este libro de reciente lectura por dos motivos. El primero, que hoy es 14 de febrero, momento en el que en la antigüedad romana existía una fiesta pagana dedicada a la fertilidad, llamada Lupercalia, donde las mujeres era golpeadas con látigos confeccionados con piel de cabra, mojados en la sangre de estos animales. Creían que así, la fertilidad manaría de la mujer. Hasta mucho más tarde no se asoció esta fecha al enamoramiento, a la pareja y al matrimonio. Y en segundo lugar, la tediosa novela y peor película, según toda la crítica internacional, de las famosas 50 sombras de un tal Grey. Ambos motivos, “látigos” de San Valentín y Grey, que parecen que van de la mano, son hoy motivo de mi inquina.
Pues eso, que una vez que el aparato de marketing comercial nos acondiciona para comprar tonterías varias a nuestras parejas, futuras parejas y novios imaginarios, al abrigo de instagramers y youtubers millenials plañideros alborotadores y demás realas, perdemos la cabeza en este ritual de la estupidez, la lágrima fácil, las flores, (también las de plástico), los bombones y la madre que los parió a todos. Llegados a este punto y mostrando mi absoluta y soporífera indiferencia ante el San Valentín de Grey y sus merdosas sombras de latiguillos adolescentes y estereotipos de pueril acné, vengo a defender lo que hace 25 años creó el maestro de Maine.
El Juego de Gerald, (Stephen King 1992), es la lucha por la supervivencia física y sobre todo mental más desgarradora a la que un lector pueda enfrentarse. Cuando el juego se va de las manos, toda la baraja de cartas arrolla a los protagonistas que desfilan por sus páginas, con una intensidad muy bien marcada, (a sangre, no tanto a fuego).
Llegado el momento de calma y atadura, bien impuesta o voluntaria, las personas hincamos la rodilla, tiramos del freno de mano y nos paramos a reflexionar acerca de por qué estamos dónde estamos y qué esperamos que nos suceda en el futuro. Pero como normalmente no llegamos a estos momentos de paz y calma interior al estar corriendo por la vida como pollos sin cabeza, no conseguimos casi nunca llegar a nuestro yo interior, al que nos desgarra si le miramos de frente en el espejo del baño a medianoche. Los fantasmas aprovechan y nos salen al encuentro en estos períodos de reflexión. Será nuestra labor pugnar con ellos y devolverlos a las catacumbas por donde se han escurrido para ir a nuestro encuentro.
Mientras el tal Grey tiene a una tal Anastasia que le sigue los pasos como una tronista granhermana de telecinco a la chequera del primer directivo con el que se cruza, (los tronistos hacen lo mismo, quede dicho), Gerald tiene a una fiera indómita en su lecho, quebrada por dentro, enjaulada en si misma, y con un grave problema de salud mental que resolver. Jessie es una bestia encabritada, dispuesta a todo por redimirse de la miseria con la que duerme cada noche y con unas voces que le taladran la cabeza y el inconsciente, y que no le dejan avanzar en su tragicómica vida. Pero unas esposas M-17 tendrán la llave para que se desate el mayor de los infiernos. (Juntemos el Ángel exterminador de Luis Buñuel, La Cabina de Antonio Mercero y Alien de Ridley Scott y el pepinazo que va a pegar esto será legendario).
Amigo Grey, váyase a postularse como ayudante segundo de algún “torturadorcillo” de Guantánamo y déjenos en paz con sus telenovelas de salón de té y peluquería de barrio. Se puede colgar de los mismísimos innombrables y tirarse al contenedor de reciclaje de pendejos más cercano a su flamante y caro domicilio. Torquemada tendría que afinar el medievo en sus posaderas de niño malcriado.
Jessie querida, unos cardan la lana, y otros se llevan la fama. Espero que la fama te llegue a ti en algún momento cercano con el esperado debut cinematográfico, que si es fiel al libro o al menos brillante en su planteamiento, nos regocijará con tu claustrofóbica experiencia.
Feliz San Valentín a todas las almas desperdigadas por las floristerías y El corte inglés.

 

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