Oliver Patt y Emily Clark son dos arqueólogos que entienden su profesión de formas diferentes y opuestas. Ambos buscan las tumbas de los grandes personajes que han marcado una época. Oliver encuentra la de Genghis Khan y Emily la de Alejandro Magno. Pero el verdadero hallazgo está en unas inscripciones que hallan en sus sepulturas. Juntos se verán obligados a formar equipo mientras intentan descifrar cuál es el misterio que las envuelven y que parece poner en peligro sus vidas. Por otro lado, en el resto del mundo, una gran guerra estalla. Diversos ataques terroristas se suceden por todas partes, provocando innumerables muertes. Debido a eso, se adoptan medidas de emergencia para evitar lo que llaman La Guerra Santa. Detrás del conflicto, un hombre mueve los hilos siendo el responsable del asesinato de cientos de miles de personas. El autor de Ley Natural y Ley Humana nos sumerge en un thriller; Los nombres de la muerte, donde se suceden las sorpresas en una espiral de acción sin pausa y donde se revela uno de los enigmas más ocultos de la humanidad.
– AUTOR –
Sergio Sola Ponce, nació en Junio de 1982 en Valencia. Lleva viviendo desde entonces en la capital del Turia y es donde ha comenzado su aventura de escritor. Desde pequeño, prefería los libros a los juguetes, y siempre tenía mucha imaginación creando historias. Estudió la carrera de I.T. Forestal en Gandía, donde hizo sus primeros pinitos con algunos relatos cortos. Posteriormente comenzó a trabajar en una empresa de servicios informáticos en la que se encuentra en la actualidad. Fue una vez terminada la carrera cuando se animó a desarrollar esas ideas que tenía en su mente, participando en algún concurso de relatos. Su primera novela, Ley Natural nos mete de lleno en una sucesión de acontecimientos sin aparente explicación y que con su continuación, Ley Humana, cerrará la bilogía Ley de vida, publicada con LxL editorial. Ganador a mejor microrrelato con Amor ciego en el evento Book’s Ladder.
–GUSTARÁ
A aquellos seguidores de las historias y tramas propias de héroes de la arqueología de sagas cinematográficas y de videojuegos como: Indiana Jones, Lara Croft o Uncharted y de los libros de autores como: Clive Cussler, Paul Sussman, Wilbur Smith, Steve Allen, Douglas Preston y Lincoln Child, Javier Sierra, etc. También gustará a los amantes de las ciencias ocultas y el contacto con lo desconocido.
– NO GUSTARÁ
A aquellos que aprecian en sus lecturas una construcción narrativa profunda y extensa más allá de ritmos frenéticos y cinematográficos. Tampoco encajará a aquellos que los giros de guión y las situaciones límite resueltas con pulso azaroso no son de su estilo. Si no eres de tumbas, tesoros, misterios y oscurantismos varios, este tampoco será tu libro.
– LA FRASE
«Hoy he conocido a la Muerte, pero sigo vivo. Me ha encomendado una misión, por qué a mí solo ella lo sabe. Cada día está más débil porque cada vez mueren menos personas. Y si la Muerte deja de existir, la vida desaparecerá. Para seguir existiendo, debemos morir. Debo alimentar a la Muerte, debo llevarle más vivos. Debo acabar con la vida de miles de hombres para saciar su hambre. Esa es mi misión y si fallo, será el fin de la humanidad».
– RESEÑA
«Los nombres de la Muerte» de Sergio Sola Ponce es una novela corta donde la arqueología y los poderes ocultos se dan la mano. Este tándem virtuoso lo hemos observado en multitud de ocasiones. Las películas sobre arqueología no se quedan estancadas en encontrar la ciudad perdida, el tesoro del emperador, o los manuscritos de una biblioteca perdida. Donde realmente hipnotizan y emboban al espectador es cuando el misterioso objeto o artículo encontrado encierra unas cualidades o poderes que exceden en mucho el simple cuerpo del objeto hallado, que posteriormente se expondrá en cualquier museo arqueológico del mundo. De esta manera hemos visto como arqueólogos de renombre fílmico inexcusable como Indiana Jones, Lara Croft, Dirk Pitt, Nathan Drake, Rick O´Conell o el mismísimo Tadeo Jones se han batido el cobre con todo tipo de espíritus, maldiciones y seres de otros mundos ante el aplauso y los vivas del público. Desde Fu Manchú, a La Momia clásica en la ficción, hasta la leyenda de la maldición en la apertura de la tumba de Tutankamón por el arqueólogo Howard Carter en 1922 en el plano real, la imaginería sobre un descubrimiento oculto durante siglos siempre ha atraído a lectores y espectadores de todo género y condición. La arqueología es el arte de explicar los porqués de nuestro pasado, forjando los pilares de lo que somos en la actualidad. Del pasado aprendemos de nosotros mismos: miedos, anhelos, cultos arcanos, festividades, tradiciones, creencias, folklores, etc… Pero también pueden desenterrarse las peores pesadillas que fueron confinadas a la oscuridad pero que siempre se topan con la hábil mano de un investigador que las saca a flote rompiendo sus sellos y extendiendo su contenido pandórico sin posibilidad de contención.
En la presente novela nos encontramos a una pareja protagonista donde el personaje masculino, como sus ya tradicionales compañeros de profesión modernos, es de técnicas más karatecas que de pluma y máquina de escribir. Como todos sabemos son licencias poéticas, las mismas que siempre han vestido a James Bond de un refinado espía que igual que reconoce todo tipo de explosivos, puede pilotar una nave espacial o saber qué «Burdeos» de 1967 casa mejor con un plato de foie con frutos rojos. Aquí acompañaremos a una especie de Jesús Calleja de la aventura, pero más misógino, engreído, orgulloso y fenómeno de masas. En cambio su compañera femenina entona una mayor naturalidad y, quizás, realismo, en las formas constructivas de su personaje. En cualquier caso nos encontramos con una pareja protagonista que les va más el correteo que al televisivo Raúl Gómez de Marathon Man. Disfrutaremos con descubrimientos impactantes por medio mundo, con tumbas célebres y de personajes de leyenda donde nuestros héroes sufrirán, lucharán y se sacrificarán en la búsqueda de la verdad, aunque dicha verdad sea mucho más incómoda de lo que en un primer momento les hubiera gustado. Es una carrera de fondo en el que apuestan el todo por el todo y sin saber ni siquiera si podrán llegar a la línea de meta o fenecer en el intento. La meta tampoco será una garantía de éxito… Ya lo entenderán tras leer el libro.
Sergio Sola juega también sus cartas en el apartado de la fenomenología paranormal y de las ciencias ocultas con dos temas que introduce en su novela y nos invita a reflexionar con ellos, estos son: la muerte y la religión. Cómo se entretejen, cómo asolan a todos los que se ven envueltos en sus luchas intestinas. En definitiva, nos abre un marco que corre paralelamente a la acción natural de este tipo de novelas para adentrarnos en caminos mucho más tortuosos donde el poder de la religión y de sus acólitos más fanáticos retan a la propia muerte en un juego cósmico de dimensiones bíblicas. Cada actor tendrá su componente de protagonismo donde sus acciones y juicios de valor obtendrán una respuesta, normalmente belicosa, por parte del resto de los actores del teatro socio-político mundial. La batalla por el control, la supervivencia y el bienestar de la humanidad está en juego.
Sergio Sola Ponce, autor de esta novela de aventuras con tintes paranormales, mantiene un tono sencillo, célere, directo y sin pasajes abultados, barrocos o tediosos. El material que tenemos entre manos podría dar para mucho, ya que echamos de menos mayor extensión en sus pasajes y mayor ambientación en los aspectos descriptivos de sus escenas; así como la excesiva, en ocasiones, aparición del «deus ex machina» que campa a sus anchas, sobre todo, al final de la novela. Puede que falte profundidad y más capas de texturas narrativas y expositivas. Pero lo que tenemos claro, es que para el lector poco habitual o con poco tiempo para dedicar al sosiego de la lectura, la presente obra no le pesará dado su formato y su alta velocidad de crucero.
Por cierto, el nombre de una de las protagonistas del libro es Emily Clark, muy parecido al de la actriz Emilia Clarke, famosa por, en otros papeles, encarnar a Daenerys Targaryen de la serie televisiva de HBO «Juego de Tronos«, basada en la novela homónima de George R.R. Martin.
Y ya saben, de la muerte no te puedes esconder. Ya sea en Bagdag o en Samarra, como reza el clásico cuento persa… Allí donde te escondas, la muerte siempre te encontrará. Siempre. Sin distinguir ni a reyes ni a criados.
La pálida muerte llama con el mismo pie a las chozas de los pobres que a los palacios de los reyes.
En uno de los países del mundo con menor natalidad, una voz diferente nos ofrece una nueva perspectiva sobre la familia, llena de posibilidades. Un libro sobre la mujer, la identidad femenina y, muy especialmente, la maternidad, todo ello visto desde la experiencia personal de una madre de diez hijos. Un recorrido por las distintas facetas de la feminidad: mujer, esposa y madre de una familia más que numerosa.
Un repaso valiente y ameno a la historia del feminismo, con multitud de respuestas sobre cómo la ideología de género ha logrado instalarse tan cómodamente en nuestras vidas. Todo ello mediante la descripción de claves para un matrimonio vivido plenamente y el testimonio, en primera persona, de la autora. Unas páginas repletas de optimismo y la alegría épica de sobrevivir, día a día, en una familia con diez hijos.
– AUTORA –
En uno de los países del mundo con menor natalidad, una voz diferente nos ofrece una nueva perspectiva sobre la familia, llena de posibilidades. Un libro sobre la mujer, la identidad femenina y, muy especialmente, la maternidad, todo ello visto desde la experiencia personal de una madre de diez hijos. Un recorrido por las distintas facetas de la feminidad: mujer, esposa y madre de una familia más que numerosa.
Un repaso valiente y ameno a la historia del feminismo, con multitud de respuestas sobre cómo la ideología de género ha logrado instalarse tan cómodamente en nuestras vidas. Todo ello mediante la descripción de claves para un matrimonio vivido plenamente y el testimonio, en primera persona, de la autora. Unas páginas repletas de optimismo y la alegría épica de sobrevivir, día a día, en una familia con diez hijos.
–GUSTARÁ
A aquellos lectores que les interesa indagar en otras realidades y sensibilidades. A aquellos que buscan un relato natural y real acerca de la vida y del amor hacia la familia. Para aquellos que reflexionan sobre los mecanismos que mueven el corazón de una mujer que realiza un gran sacrificio por sus seres queridos. Todo ello aderezado con notas y reflexiones desde lo más profundo del alma femenina que reivindica el lugar que le corresponde en la sociedad, alejándose de posiciones de trinchera y radicales.
– NO GUSTARÁ
A aquellos que tienen una ideología de género muy marcada y que no se abren a nuevos relatos desde otra óptica de una feminidad más clarificadora. No interesará a aquellos que abrazan los cánones de lo estadísticamente aceptado por la mayoría, siendo su mantra principal la repetición de los titulares aprendidos de los cabecillas de la policía de la doctrina imperante y, muchas veces, pasajera, que solamente beneficia a ellos mismos.
– LA FRASE
«Es gracioso ver cómo nos miran a veces por la calle, y nos van contando. A veces ha pasado que se dicen unos a otros <<¡OCHO!>>, y entonces nos paramos en seco a ver quién se ha perdido… A los niños les gusta que les pregunten y les hace gracia el silencio que a veces se hace según pasamos por la playa todos en fila buscando sitio. Ellos tampoco sienten que seamos muchos, pero se saben privilegiados aunque también muchas veces tienen que sacrificar mucho y privarse de muchas cosas por esa razón».
– RESEÑA
«Un repaso a la identidad femenina, el matrimonio y la maternidad desde la experiencia vital y el día a día de una madre de 10 hijos». Si dos palabras pueden definir este libro, son: «Honestidad» y «Naturalidad». Aquí encontraremos la visión de una mujer, esposa y madre de diez hijos que desde la sencillez y la ausencia de mascaradas, edulcorantes o filtros, nos expone su propia visión de la vida en todos sus aspectos: familiares, sociales, religiosos, políticos y laborales. La sencilla narración marcada por un texto directo, abarcable y entendible por cualquier lector nos acerca a un humanismo sentido y dichoso de una persona que ha hecho de la familia su fuente de alegría y de sentido a su vitalismo personal. Leonor Tamayo pone negro sobre blanco su día a día, sin tapujos ni autocensura alguna. En tiempos en los que la ideología de género ha anidado en algunos nichos de mercado con toda su fanfarria y fuegos artificiales, la autora nos propone otros caminos, otras vías de tránsito para entender el rol femenino. Sus justificaciones tendrán el recorrido que el lector quiera entender, reflexionar y, en libertad, tomar como alternativas perfectamente válidas al orwelliano pensamiento único que numerosos «lobbies» o «grupos de presión» tratan de imponer, no solamente en el campo de la familia y de la feminidad, sino en espacios mucho más amplios. Sus finalidades, como siempre, bajo la excusa de la libertad y la igualdad, esconden intereses mucho más mundanos, como el poder, la ideología excluyente, las subvenciones institucionales o el propio enriquecimiento de aquellos que se arrogan el poder de las decisiones éticas y morales de sus semejantes. Imposiciones valorativas que a lo único que llevan es al empobrecimiento de una sociedad, a la estigmatización de una minoría y a la creación de tribunales populares callejeros y tuiteros. El Ministerio de la Verdad de la novela 1984 tristemente está elevando sus muros alrededor de nosotros y muchos no se dan cuenta de que en breve acabarán encerrados entre ellos. Y allí, el credo que se manifiesta es unidireccional, sin fisuras ni disidencias. Pensar diferente ofende. Entre toda esta maraña estentórea Leonor Tamayo expone sus cartas sobre la mesa y enciende una vela para contarnos un cuento al abrigo de la noche, un cuento diferente, necesario y esperanzador acerca de su batalla diaria.
Valga la famosa anécdota que en mayor o menor medida todos hemos pasado por ella para explicar la valentía tranquila de la autora: La del negro en el autobús. De pequeños en algún momento, de mano de nuestros padres, hemos visto a la primera persona de una raza diferente a la nuestra, a lo que nuestra inocencia y falta aún de prudencia social nos hizo decir con la característica voz altisonante de niños ¡MAMA ESE SEÑOR ESTÁ PINTADO DE NEGRO!, consecuentemente nuestra madre se sonrojaba y nos decía que bajásemos la voz. Este ejemplo de nuestra cosecha sirve para precisar que Leonor Tamayo no baja la voz, sino que nos explica (y a sus hijos también), el porqué ese señor es negro, normalizando situaciones y creando espacios de comprensión, entendimiento y razonamiento, herramientas básicas de la autora para crear un marco educativo en el que todo tiene una explicación en una visión global, al amparo del paraguas de la familia y de sus valores. Dichos valores son los que en libertad han consensuado los padres y ahí están sus normas, su moral, sus límites y su inaplazable e indelegable amor por sus hijos.
Pero donde se encuentra el gran acierto del presente libro es en el tono cercano de la narración. Leonor Tamayo nos habla de cómo «sobrevive» una familia numerosa o «hiper numerosa». El orden casero, los desplazamientos, el colegio, las compras y su correspondiente austeridad, la adolescencia, las nuevas tecnologías, las vacaciones, los juegos, las comidas. La organización de una «pequeña tropa» tiene unas exigencias y unos protocolos de los que una familia con pocos hijos o sin ellos carecen. Surgen momentos complicados y otros de gran felicidad como relata la autora. La responsabilidad de sus miembros se consagra como parte fundamental en este articulado. Para que la maquinaria esté bien engrasada y el motor funcione, cada individuo del clan tendrá que saber cuál es el lugar que ocupa y la función que se le pide en el engranaje. Toda esta gran labor de conjunto tiene en las páginas de este libro numerosas anécdotas y, sobre todo, una manera de mirar a la organización familiar desde una óptica que la mayoría del resto de familias ni se imaginan. A lo largo de la historia en España las familias que contaban con muchos miembros eran más habituales, hoy en día, por varios motivos (que la propia autora enumera en el libro) quedan pocas, es por ello el interés que despiertan en los demás. Curiosamente somos los demás los que tendemos una cierta mirada recelosa ante aquello que no encaja con nuestra visión, pero los integrantes de esta familia, lógicamente, no se sienten ni diferentes ni enjuiciados, viven con total naturalidad su situación.
En la parte final del libro, la autora (presidenta de «Profesionales para la ética» y de la «Plataforma internacional Women of the World») recopila una serie de artículos personales escritos para las asociaciones enumeradas anteriormente y que están muy relacionados con lo narrado en la presente obra. Reflexiones, una vez más, sobre la familia, la feminidad y el papel que desarrolla la mujer en este escenario. Leonor Tamayo comparte con el lector su pensamiento y sus valores sobre una familia que la enriquece cada día y que se retroalimenta del amor que se dan entre todos ellos. Reivindica, a quien la quiera escuchar, una concepción feminista diferente a la que se ha modelado en los últimos tiempos. Pero su reivindicación es transparente, sencilla, paradigmática, en libertad y en conciencia con su personal concepción vital y religiosa. De ahí saca su fuerza y sus ganas de compartirnos su ejemplo. Luego, ya cada cual, que libremente oriente sus pasos hacia el modelo relacional que estime oportuno. Leonor tiene claro cual es el suyo.
“Jamás en la vida encontraréis ternura mejor, más profunda, más desinteresada ni verdadera que la de vuestra madre.”
Elizabeth Wilvock y Bella Smith dedican su vida a la investigación de casos paranormales desde el momento que una experiencia en común las une de manera irreversible. Juntas descubrirán que no todo es como parece ser y que muchas historias esconden oscuros secretos. Tras años y años de búsqueda de la Verdad, deciden escribir un libro contando al detalle cada suceso de sus vidas y las de diferentes personas que se cruzan en el camino pidiendo ayuda; para poder demostrarle al mundo que no todas las relaciones personales se crean en nombre del «AMOR». ¿Acaso has sentido alguna vez que estás atrapado en una relación sin poder salir, sin motivo aparente? ¿Alguna vez has visto como alguien cambia drásticamente de comportamiento, transformándose en otra persona? ¿Te has preguntado alguna vez si te han hecho brujería?
– AUTORAS –
Escritora y Licenciada en Psicología Clínica, graduada en UBA (Universidad de Buenos Aires, Argentina) título homologado en la UAB, Barcelona (España). Especializada en temas espirituales a raíz de sus experiencias paranormales. Hace más de diez años, se dedica a la investigación y al estudio de temas como Reiki, Sanación Cuántica, Animales de Poder y Canalización. Para sus consultas utiliza herramientas como el Tarot, la Numerología Cuántica y la Canalización, entre otras. Autora de los libros: La Tierra una Oportunidad, para qué, Para salir de Ella y El Oráculo de la Numerología. Creadora también de la Baraja de Numerología.
Nacida en 1995. Escritora y Maquilladora profesional. Graduada de Bachiller con orientación en Comunicación Social y estudiante de la carrera universitaria de Diseño de Indumentaria en la UBA (Buenos Aires, Argentina). Paralelamente, cursó seminarios sobre Vestuario y Caracterización Teatral, además de Maquillaje Social. Fue asistente de maquillaje y peinado en dos obras de teatro, además de trabajar de manera independiente para sesiones fotográficas, fiestas y eventos. Actualmente, con más de la mitad de la carrera hecha, decidió volcarse también al mundo espiritual, debido a sus experiencias paranormales, utiliza la escritura como medio para compartir sus conocimientos con los demás.
–GUSTARÁ
A quienes inician su periplo particular por los tortuosos y enigmáticos caminos del mundo de lo esotérico y lo paranormal, llamándoles la atención los conceptos aportados por las autoras de «amarres», «conjuros», limpiezas», etc. También gustará a los que les interesen los libros con un formato diferente a la clásica novela por capítulos.
– NO GUSTARÁ
A los escépticos de los fenómenos paranormales o a aquellos que busquen una mayor complejidad y profundización en la trama y la composición literaria. Tampoco terminará de encajar en aquellos seguidores de estas temáticas que esperen ser conducidos más allá de un pórtico expositivo genérico donde no se profundiza en métodos, procedimientos o rituales.
– LA FRASE
«Este secreto que carcome sus almas, la ataba al pasado no resuelto y la arrastraba hacia allí, todo el tiempo, sin que ella fuera consciente. Ahora que sabe la verdad, conserva con más fuerza y ahínco la esperanza que siempre brilló en el fondo de su corazón, reforzada por las palabras de las personas profesionales con las que ha tratado; el día en que podrán entenderse, el día en el cual se hará justicia. Y a partir de aquel momento, retomarán la amistad que siempre los ha caracterizado, antes de que la oscuridad se metiera en medio».
– RESEÑA
«Le dicen amor cuando realmente es brujería». Bajo este mercadotécnico nombre nos encontramos una curiosidad que siempre es bienvenida en el panorama literario español. Lo primero que hay que comentar, ya que es su punto fuerte y débil al mismo tiempo, es la inmersión del lector en los conceptos que nos presentan sus autoras. Aquellos lectores que lean la presente obra desde la barrera y no bajen a pisar el albero con la camisa remangada se cansarán a las primeras de cambio. Existen libros que más allá de su propia temática, exigen a sus lectores una credulidad plena para poder disfrutar plenamente de la experiencia que se les propone. Aquí nos encontramos ante un caso de esta naturaleza. La originalidad del presente libro radica en la fórmula empleada en su formato. (Novela, ensayo científico ¿real o ficcional?, ¿autoayuda quizás?). Todo ello podrá captar la atención y aligerar la lectura o bien creará una leve desorientación en el lector que no sabrá muy bien qué género está leyendo y cuáles son los límites de la verdad y de la imaginación de sus autoras. Aquí radica su mayor baza o su mayor defecto. Serán los ojos del lector los que juzguen. Eso sí, indiferentes no creo que queden.
En la presente obra que parte de una base aparentemente imaginaria no podemos dejar pasar la mano firme de la biografía de sus escritoras. Lía Vanesa es Licenciada en Psicología Clínica y especializada en temas espirituales. Investigadora del Reiki, la Sanación Cuántica, los Animales de Poder, la Canalización, el Tarot, la Numerología, etc. Mientras que Lucía Cruz está también volcada en el mundo espiritual debido a sus experiencias paranormales. Con estos antecedentes podemos entender que la obra que hemos leído nos plantea una serie de cuestiones muy específicas que, como mínimo, llamaran poderosamente la atención del lector, ya que las autoras, por bagaje personal y experimental, han consagrado buena parte de su tiempo a las presentes pesquisas e investigaciones de campo. En un mundo en el cada vez más los individuos nos planteamos nuevos caminos alternativos a la formalidad científica y racionalista establecida, surgen autores que indagan en materias, en ocasiones, denostadas por el gran público y, sobre todo, por el dogmatismo académico más férreo, intrincado e impermeable a nuevas corrientes de opinión o rutas por descubrir. Por otro lado el escepticismo más congruente se justifica por el aprovechamiento de estas nuevas vías de investigación como vehículos de estafas, sectarismos y resto de ilegalidades. Por ello, es de toda lógica que parte del potencial público que no se siente atraído por este tipo de obras coja tierra de por medio.
La obra que tenemos entre manos tiene un tono sencillo y apto para todos los públicos. Podrán acceder a ella personas de todas las edades que estén interesadas en la parapsicología y en las ciencias ocultas (y aquí reveladas). En concreto el ocultismo en el presente caso viene relacionado con los aspectos más desconocidos que nos plantean las autoras sobre los amarres, las energías, los conjuros y todo aquello que lastra y adormece a las personas y que les impide realmente llegar a la luz y ser plenamente conscientes de su lugar en el mundo y de sus amplias posibilidades de renovación, superación y crecimiento de la autoestima. Nos revelan una vertiente del amor que va más allá de los tópicos que inundan la sociedad contemporánea para darnos las claves de una circunstancias más complejas y etéreas que se deben conocer para llegar a la plenitud y el esclarecimiento del porqué echan raíces unas relaciones personales y otras toman una deriva claustrofóbica, agobiante, paternalista y tóxica.
Entre la realidad y la ficción juega esta obra, en la que para aquellos que se sientan plenamente identificados será todo un regalo entrar en sus páginas aunque haya conceptos que son de difícil explicación y concreción. En ese mundo que nos rodea y que no podemos ver se mueven mareas de energía que nos sobrepasan. Vanesa y Lucía intentarán domarlas para el beneficio personal de cada individuo que se siente perdido en un mar de entelequias y dispersiones malignas. Las autoras harán de guías para abrir los ojos a nuevo plano más humano, conciliador y esperanzador.
Dennis es un adolescente que lucha por recomponer su vida después de la muerte de su madre. Todo cambia cuando su hermana decide quitarse la vida. Deshecho, transido de dolor y con la tristeza a flor de piel, recibe un segundo golpe que trastocará todo su universo. A partir de ese momento, ya nada será como antes. Los años transcurren, pero en vez de calmar su dolor, profundizan en una herida abierta sobre la que decide construir su vida y en la que el diario de Martha, su hermana, juega un papel fundamental. Una novela cuyos cimientos descansan sobre la fuerza de los personajes Leissy y sus amigas de infancia reciben un día la peor noticia de sus vidas. Rebecca, una de las integrantes del grupo, ha sido asesinada a sangre fría. La policía investiga las amenazas que gravitan sobre las jóvenes hasta que una de ellas decide emprender su propia investigación. Una novela con una gran carga dramática El lector se enfrenta a una obra poblada de misterios, que una vez revelados, nos descubren las interioridades del alma humana en toda su magnitud, el amor y el odio, la vanidad y el deseo de venganza desfilan ante los ojos del lector para mostrarnos el espectáculo de la vida en toda su intensidad.
– AUTOR –
Emi Negre. Argentina, 1987. Con apenas tres años de edad su familia decide emigrar a España. Se instalan en un pequeño pueblo cerca de Gandía donde transcurre su infancia y adolescencia. De formación autodidacta, recibe numerosos premios de poesía en el ámbito local, pero es su pasión por la novela la que termina por imponerse.
–GUSTARÁ
A aquellos que aprecian las ficciones descritas desde el profundo conocimiento en primera persona del autor y los que gustan en enfrentarse a historias que se desarrollan por caminos siempre cuestionados desde el punto de vista de la ética, la justicia y las relaciones humanas. Lugares donde el bien y el mal, y la instrumentalición de los mismos, transitan en una fina línea de fácil ruptura.
– NO GUSTARÁ
A aquellos que no gustan de la conjugación entre las temáticas cargadas de dramatismo y realidad social junto con un thriller de venganza y redención. Tampoco gustará a aquellos lectores que no hagan buenas migas con narraciones en voces de adolescentes y sus consecuentes reacciones fruto de la inexperiencia y de las ganas de comerse el mundo.
– LA FRASE
«Hoy ha sido mi cumpleaños. En clase nadie lo sabía, nunca lo he dicho. Solo lo sabe Sonia, pero hace muchísimo que no nos hablamos. De todas formas, solía saludarme y felicitarme por mi cumpleaños, pero este año no lo ha hecho. Tampoco nos hemos visto. Cuando he llegado a casa, la he limpiado y arreglado. Y me he comprado una pequeña tarta en el súper con el dinero de la compra… Papá ha llegado un poco más tarde. Desprendía olor a cerveza. aunque no se le veía mal. Ha preguntado que de dónde había sacado el dinero para la tarta. Le he dicho que de la compra y me ha mirado mal. Le he recordado que era mi cumple y ha dicho que ya lo sabía, y nada más. Creo que soy un estorbo, a veces lo pienso. Si no fuera por mi culpa, quizás Dennis no tendría que trabajar por las tardes y podría irse con sus amigos. No sé, creo que lo soy».
– RESEÑA
Las personas que han llegado a la madurez de la adultez sin haber sido pisoteados en sus derechos, anhelos, ilusiones y ganas de vivir, muchas veces no son conscientes de la enorme suerte que han tenido al haber podido vadear el río de la juventud y adolescencia con paso firme y sin haber sido llevados por la procelosa corriente. Aquellos que han sufrido el puño de sus semejantes en el estómago en la etapa más desequilibrante por la que todos tenemos que pasar, son sometidos, a veces de por vida, a una sucesión de miedos, dudas, falta de autoestima y empequeñecimiento, que plomarán al individuo en sus relaciones personales de manera insondable. En ciertas ocasiones la falta de educación en valores de los niños, bien por la desatención de sus padres, bien por la propia evolución de la formación ética de los mismos, conlleva que unos riñan con otros y los otros con los unos como medio de un juego (a veces cruel) de posicionarse en la competitiva pugna por hacerse un hueco en el grupo y ser reconocidos por el mismo. El problema se agrava cuando en la guerra de vencedores y vencidos diaria, el vencido siempre es el mismo. En ocasiones toda la inquina de un grupo, en apariencia de inocentes niños, explota contra el mismo individuo, convirtiéndose éste en la diana de todas las flechas físicas y psicológicas. Esta señalización permite al maltratador deslizar la atención hacia el maltratado para que no recaiga sobre él, el foco que, en ocasiones, no entiende de compañerismo ni amistad, sino de la ley del más fuerte.
Ningún niño está libre de que caiga sobre él el mazo del acoso. Da igual si es por ser estudioso, o dejado en los estudios, gordo, flaco, alto, bajo, que tipo de ropa use, sus inclinaciones sexuales u orígenes sociales o raciales. Si bien es verdad, que aquel que se salga de la homogeneidad del grupo tiene más papeletas para ser el centro de las iras de sus compañeros. La niñez y la adolescencia son unas etapas en las que mostrar algún tipo de flaqueza, tener unos gustos peculiares o sobresalir en alguna temática, es el mejor campo de cultivo para recibir todas las críticas y vejaciones. Es curioso ver como de esta manera se han truncado carreras y se han hecho daños irreparables a muchos individuos que únicamente querían seguir bregando con su camino personal sin que les pusieran palos en las ruedas. Son estos mismos acosadores los que llegados a la fase adulta siguen con sus crueles artimañas para salirse siempre que pueden con la suya, aunque ahora han refinado sus técnicas y hacen de la manipulación y el chantaje emocional su arte macabro vital. A aquellos que no se les puso límite en su momento, ni se les corrigió su conducta de pequeños (ya que para muchos padres e instituciones «sobreproteccionistas» el mantra de «son cosas de niños» sigue persistiendo) son ahora adultos egoístas, vanidosos y egocéntricos que no dudarán es seguir manipulando a los más débiles a su antojo para conseguir siempre sus metas y fines, ya sean familiares o laborales.
En «Bullying: Secuelas del pasado» de Emi Negre nos encontramos precisamente con lo comentado anteriormente. Las secuelas del pasado vienen en un intervalo de quince años donde un hecho luctuoso marcará definitivamente a sus personajes. Nos acompañarán las páginas de un diario que cuenta en primera persona la historia de una caída en desgracia hasta sus últimas consecuencias. Contamos con el privilegio de que esta novela haya sido escrita desde la experiencia personal en las trincheras de su autor como bien podrán comprobar en su página de agradecimientos y en la página final «sobre el autor». Una vez leídos estos párrafos podrán entender mejor el realismo trágico por el que se mueve la presente novela con el tono veraz y honesto que se aplica en cada línea. Las vivencias del escritor se plasman de una manera libre y desenfrenada para componer una obra llena de matices que, si bien está más encaminada al público más adolescente, no le quita peso para que lectores más experimentados puedan comprobar qué sucede en las mentes de los adolescentes en los años en los que se forma la arquitectura moral de cada individuo.
Pero «Bullying: Secuelas del pasado» no es solo una autobiografía dramática de sucesos personales. Teniendo trazos muy personales, esta obra es sobre todo un thriller de misterios y asesinatos, rauda, envolvente y, en ocasiones, imbuida de tensión puramente cinematográfica. El autor aborda el complejo caso del acoso escolar desde la vertiente de la ficción. Esto supone que el lector objetivo no se quede únicamente en el concepto dramático que se produce hoy en día en muchos colegios y, en menor medida, en las «novatadas» de los colegios mayores universitarios, sino que abrirá su mirada con la moraleja de los sucesos e investigaciones de unos personajes que tendrán que reponerse de los varapalos de la vida para averiguar de dónde y por qué el pasado ha vuelto a buscarlos.
Desde lo más profundo de la pluma de un autor que ha tenido que apretar los dientes para forjarse un futuro esperanzador pese a los obstáculos recibidos, nos encontramos su visión personal de un problema que atañe a todos los estratos de la sociedad. De lenguaje cercano, sencillo, pegado a la calle y a sus acontecimientos, Emi Negre se amolda perfectamente a los sentimientos de unos personajes que bogan en un mar infinito no quedándoles demasiados flotadores a los que asirse.
El espíritu de superación acompaña a muchos adultos que fueron cruelmente vejados en su infancia… pero hay que recordar que otros no pudieron superarlo o, habiéndolo hecho, las secuelas todavía les acompañan.
Bienvenido al mundo de Max Betamax, un fotógrafo para adultos protestón, egoísta, gruñón, apático, cicatero, y algo machista. Max sospecha que su novia tiene un lío con su jefe, y comparte piso a la fuerza con su amigo Junior, un inadaptado social. Pero resulta que Max tiene superpoderes, así que es el único que puede salvar al mundo de una gran amenaza. Amenaza que, por cierto, él mismo ha contribuido a crear.
¿Qué ocurriría si un tipo normal y corriente adquiriera superpoderes de la noche a la mañana? J. Olloqui describe una historia en la que escasean las gestas épicas, los actos heroicos, los exóticos supervillanos, o los trajes ajustados. Por el contrario, abundan los individuos mezquinos y perezosos que buscan su propio interés o eluden sus responsabilidades, lo que convierten a Betamax, una comedia con superpoderes en algo mucho más realista, pero también infinitamente más divertido.
– AUTOR –
J. Olloqui nació en Madrid durante los años setenta, así que es hijo del baby boom y víctima de la EGB. Ama la literatura popular, el cine, los cómics y la música pop, y por eso está siempre cabreado. De vocación literaria temprana, pronto se desvió del camino de las letras al descubrir el pop durante su adolescencia. Fue entonces cuando decidió que ya no quería ser escritor, sino rockero, porque los rockeros ligan más que los escritores (lo cual es falso, porque ligan lo mismo, es decir, nada).
En su juventud formó parte de varios grupos, grabó discos, fue improvisado productor musical, y estuvo de gira más tiempo de lo que la Constitución española debería permitir. Al tiempo, colaboró en algunos fanzines de la época. También cursó la carrera de Ciencias Empresariales, lo que solo sirvió para aumentar su estupor ante el extraño funcionamiento de la realidad.
Con la llegada del nuevo siglo publicó cuentos y artículos en diversas publicaciones, tanto en papel como en la red. Co-presentó un programa en CVB Radio llamado Cultura Pop, que fue cancelado de forma abrupta cuando se descubrió que esta emisora formaba parte del entramado empresarial de Ausbank. Por fortuna su trabajo se limitaba a presentar un programa, así que las autoridades no consideraron oportuno enviarle al talego.
En el año 2013 salió al mercado su primera novela ¡Malditos terrícolas! Por el momento, nadie ha amenazado con adaptarla a la gran pantalla.
–GUSTARÁ
A aquellos lectores que se atreven con historias contadas de una manera diferente. Lo suficientemente fantásticas para gustar a unos, pero igualmente realistas, sociales y urbanamente contemporáneas para gustar a otros. Aficionados a las lecturas ágiles, directas y valientes que huyen de los formalismos que encorsetan los géneros novelescos y que no les dejan progresar. Este libro pide a gritos su adaptación cinematográfica, pero ojo, que si la productora llegara hasta las últimas consecuencias se tendría que dejar los dineros. Aquellos que viven o conocen la ciudad de Madrid, tampoco se la podrán perder.
– NO GUSTARÁ
A aquellos aficionados a los géneros literarios archivados dentro de compartimentos estancos que no se dejan seducir por argumentos que «flirtean» con varias realidades narrativas diferentes pero engarzadas en un mismo producto. Tampoco gustará a aquellos lectores refinados respecto a la corrección lingüística con situaciones irreverentes y, a veces, un tanto surrealistas.
– LA FRASE
«El aire helado me azota las mejillas. Un leve hormigueo me recuerda que mi cuerpo no tiene ninguna de sus extremidades en contacto con el suelo. No puedo reprimir un grito de alegría. Increíble. ¡Estoy volando! El sentimiento de vértigo que debería notar ha desaparecido completamente, y advierto que volar me resulta extremadamente sencillo. Tan sencillo como pensar. O como diría Junior, tan sencillo como enfocar. La sensación que experimento es difícil de describir. Difícil no, imposible. Esto es lo más increíble que me ha ocurrido nunca.»
– RESEÑA
Corría el año 1995 cuando Álex de la Iglesia estrenaba El día de la bestia (seguramente su mejor película hasta la fecha, con permiso de La Comunidad). Los que tuvimos la suerte de poder verla en el cine nos sorprendió el tratamiento que se le daba a la ciudad de Madrid dentro de una película fantástica en todos los ricos sentidos. El cine español ha explotado la capital como platea de rodaje en todos los géneros. Desde la comedia más amable de Paco Martínez Soria, pasando por su faceta histórica en ¿Dónde vas Alfonso XII?, muchas películas sobre La Guerra Civil española, hasta llegar al Almodóvar de los años ochenta y sus personajes delirantes, hiperrealistas, transgresores, urbanos, nocturnos e inclasificables. Pero nos seguíamos fijando en todo lo relacionado a persecuciones de coches, robos de bancos, naves extraterrestres y batallas medievales, al cine extranjero y, principalmente, al norteamericano. Con El día de la bestia muchos descubrimos que existía la posibilidad de ver Madrid, y el cine español, desde otra óptica. Era posible crear en nuestro país una película de acción fantástica y de humor negro (Pulp Fiction se estrenó en EE.UU en 1994) con un presupuesto contenido y unos efectos especiales notables. Se podía compaginar el humor más ácido con persecuciones a tiros en la Noche de Reyes, huidas suicidas encaramándose al edificio Capitol o contar con un desenlace y apostilla posterior propios de un blockbuster de cine americano. Poco después en 1997 se estrenaría Abre los ojos de Alejandro Amenábar por si no había quedado claro que la ficción más fantástica era posible en un Madrid que hasta recientes fechas había sido plató de géneros más tradicionales e históricamente más pegados a nuestra cultura.Y llegamos a Betamax: Una comedia con superpoderes. Obra puramente urbanita que magnifica la ciudad de Madrid en sus múltiples y jugosas andanzas quijotescas de su pareja protagonista. Desfilaremos en este viaje catártico hacia terrenos ignotos por escenarios tan reales como cotidianos, como pueden ser las torres Kio, la M-30, la estación de Príncipe Pío, la Plaza Mayor o las calles y plazas del Madrid más castizo de tascas, güiris, Cortylandia, vermú de barril, afterhours para trasnochadores y chocolate con churros de buena mañana. Todo ello aderezado con personajes imposibles de catalogar, defensores de su coto de caza particular y de sus ideales tan utópicos como, finalmente, económicos. Sin estos «descerebrados» personajes secundarios el apellido de «Una comedia con superpoderes» perdería mucha de su magia. Lo suyo sería enumerarlos a continuación para mostrar al lector el heterogéneo grupo de almas perdidas en una ciudad que devora por dentro al que pilla con el paso cambiado, pero ellos mismos se merecen que sea el propio lector el que vaya descubriendo como van asaltando a la pareja protagonista por los caminos de esta obra. (En el siglo XVII hubiera sido un claro spoiler haber descubierto las desventuras a las que se tuvieron que enfrentar Don Quijote y Sancho. Pues aquí somos de la misma opinión, callaremos pues).Suma Betamax una coletilla a su título: «Una comedia con superpoderes». Personalmente siempre nos han chirriado las aclaraciones o explicaciones en los títulos de los libros, ya que en la mayoría de ocasiones venden un producto que no se corresponde con la realidad, pero para sorpresa del lector, aquí está plenamente justificado. Aunque después viene nuestra segunda reticencia; el término «comedia», que normalmente promete lo que finalmente no cumple. No es la primera vez que se indica en la portada de un libro, de una página especializada, de la propia editorial, o de aquellos que te recomiendan: «Te vas a reír un montón con este libro, se te saltarán las lágrimas». Vade retro. No hagan caso. Verán el libro muy bien situado en el lineal de El Corte Inglés o de la Fnac y puede que el escritor sea un famosete, la portada será muy colorista y el título tendrá algún tipo de doble sentido o juego de palabras… pero es una emboscada. Estas promociones de mercadotecnia engloban libros tan variopintos como pueden ser los de los chistes de Lepe, de youtubers haciendo gala de su fagovergüenza comiendo sin límites en un Mcdonalds, diarios varios (el de Bridget Jones incluido), influencers haciendo el memo, recopilatorios de gilimemes y toda la consecuente jauría desinhibida de la tetralogía del terror del caca, pedo, culo, pis. No vamos a hacer aquí apología del humor inteligente para erigir a Les Luthiers, a Tricicle, a Quino, a Forges o a Mingote como únicos garantes de la verdad e ingenio humorístico, pero mientras que de ellos hay mucho que aprender, del género de flatulencias en lugares cerrados está casi todo dicho.
Betamax, en cambio, como comedia (o más bien tragicomedia) está perfectamente delineada y programada, ya no para hacernos llorar de la risa, sino para algo mejor, para torcer el gesto, negar con la cabeza y decir por lo bajo «la madre que lo parió» esbozando mientras una pequeña mueca de incredulidad. J. Olloqui da en el clavo. Nos ofrece unas situaciones límites pero dentro de una cotidianidad que asusta. Hay tiempo para todo. Discusiones de pareja desquiciantes, celos muy ácidos, profesiones que dan mucho juego en el relato, realidades muy españolas pero tamizadas por la hipérbole y la ironía. Hay momentos que recuerdan al gran John Kennedy Toole en La conjura de los necios y, sobre todo, a un personaje que ya descubrirán que es la viva imagen del desastroso Ignatius Really. Betamax, brillante en ocasiones, despliega la alas de su telón en entremeses muy bien acompasados y medidos. Subyace también una crítica directa (la indignación del personaje protagonista nos la revela a cada paso) a muchas facetas de la vida contemporánea que deben ser siempre enjuiciadas, en este caso desde la socarronería, ya que, efectivamente, como así atestigua el gran Max Betamax, estamos muy cerca de irnos a la mierda… Pero es precisamente ahí cuando surge un gran poder.Llegamos a la parte de los superhéroes. En consonancia con todo lo anterior podrán descubrir que aquí hay pocas capas, máscaras, grandes músculos y gadgets para vencer a los supervillanos de turno. Tampoco los poderes llegarán por un rayo cósmico, radiación o la picadura de algún pequeño arácnido. Esto es la España del Pasodoble, del gazpacho y de la siesta a la fresca. Los poderes y su utilización irán en consonancia. Eso sí, en la lucha se emplearán a partes iguales las nueva técnicas aprendidas, con un afilado verbo que intentará menoscabar las habilidades del rival. Del villano diremos poco, pero sí es verdad que cuenta con la lucidez y el ingenio de Lex Luthor y con la locura y las ganas de ver arder el mundo del Joker. Mucho se ha escrito sobre el mundo de los superhéroes desde el nuevo espejo del panteón de dioses griegos hasta la consagración de la metáfora de los «salvadores del mundo» de los fascismos y comunismos del siglo XX. Lo que aquí nos presenta J. Olloqui no llega a las altas cotas de idealización del héroe, pero no cae tan bajo del reconocido salvador del necesitado por parte de Super López o de Torrente, aunque su espíritu yace más en este segundo apartado. Nos alejamos de los ideales clásicos de El Capitán Trueno o Jabato y nos acercamos más a unos tipos tan normales que por sus venas más que la lucha por la justicia y la libertad, corren los impulsos por sentimientos más mundanos como, el egoísmo, la supervivencia, la venganza y las ansias de poder. «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad» que sentenciaba el Tío Ben, a un sobrino adolescente, enamoradizo y desnortado. Y así es, las líneas de la legalidad y la ética son muy finas cuando se nos pone en las manos la posibilidad de ostentar un poder inconmensurable que puede subyugar al resto de la humanidad. Aquí tendremos reflexión ya que el autor nos empuja al diván del psicólogo. Pero no se preocupen, mientras reflexionamos, caerán una buena ducha de mamporros y situaciones extenuantes.
Mientras, en España, tristemente estábamos dándonos de palos entre hermanos, en 1938 en EE.UU. Jerry Siegel y Joe Shuster publicaron el número 1 del que es seguramente el superhéroe más importante de la historia del cómic. Superman. (Al que en la portada del presente libro se le hace un claro homenaje). Dicho cómic salió a la venta por 10 centavos. Hoy en día se calcula que quedan menos de cien ejemplares en el mundo, habiéndose vendido el último en más de tres millones de dólares, convirtiéndose en el cómic más valorado de la Historia. Esperemos que Max Betamax se revalorice y su autor con él. Esta obra va por la decimoquinta edición, solamente por eso deben darse cuenta de la importancia que tiene y que debería tener en el panorama español de las letras. Y, por supuesto, entendemos que en breve debería adaptarse a la gran o pequeña pantalla. La producción no sería barata pero la rentabilidad, creemos, estaría asegurada. Esperemos que algún directivo de Netflix tome buena nota. Como le diría un pastillero a otro en un afterhours «Esta es mierda de la buena, colega».Resumiendo: En Betamax, tenemos lo mejor de la cuna y pilar del frikismo y de la cultura pop de los años ochenta y noventa. Leeremos comedia de calidad, con situaciones fáciles de desmigar por un lector avezado y con una mochila de sinsabores vitales que le haya dejado las marcas de las correas en la piel. Tendremos la ocasión de contemplar una nueva vuelta de tuerca al género de superhéroes como muy bien acertó M.Night Shyamalan con su película El protegido (ahora trilogía con Split y Glass). Gustará a un espectro muy amplio de lectores que quieran entrar en un mundo de barrio muy reconocible, pero con un crisol fantástico que asusta por el alto nivel desarrollado por el autor. Spiderman nos lo vendieron como el superhéroe del pueblo, accesible y que podría ser tu vecino, con problemas económicos, familiares, sentimentales, universitarios, etc. Pues bien, si eso creíamos que eran problemas de «andar por casa», verán a Max Betamax, nuestro fotógrafo indignado, nihilista y kafkiano, intentando abrirse un hueco en un Madrid hostil, asfixiante, frustrante y muy competitivo. Y llegados al final de la montaña rusa, a alguno le quedará la duda de si la conclusión del relato, como pasa muchas veces, puede llegar a defraudar. Pues no, no defrauda y deja un poso, incluso de esperanza (y de nostalgia), en un mundo carcomido por la mala leche y la mala gente.
Morfeo ofreció a Neo la opción de elegir entre dos pastillas… ¿y si hubiera una tercera?
Hugo Larra afronta una peculiar crisis de los cuarenta. Escribe este libro siguiendo la recomendación de su psiquiatra. Con un estilo directo y sencillo marcado por su acidez y frustración vital. Tras sufrir un divorcio vive una vida ordinaria de divorciado sin hijos. Con un trabajo que odia, relaciones amorosas que no le satisfacen… Las cosas comienzan a cambiar cuando muere su padre y se ve obligado a viajar a su pueblo natal y encontrarse con su familia. Hugo, inundado en alcohol y cocaína, emprende su marcha hacia el pasado, en busca de una redención que jamás llegará. Conocerá a personajes variopintos por el camino que le harán replantearse incluso su virilidad. Y se encontrará con su familia de nuevo, en un hogar que dejará de serlo para él. Su temperamento se irá desquiciando poco a poco tras una serie de acontecimientos que cambiarán su vida para siempre.
– AUTOR –
Nació en Jaén en 1993. Comenzó a escribir a una edad temprana al igual que otros muchos niños que empiezan su vida con una imaginación desbordante. No es, sin embargo, hasta los diecisiete años, cuando logar construir su primera obra, de índole poética, Loco Silvestre. Publicada en la web tres años más tarde en una colección de poesía que llamó La basura emocional del gato seco. Tras fracasar en la universidad y desempeñar diversos trabajos insatisfactorios, no encuentra su lugar en el mundo fuera del ámbito de la escritura. Así nace Todo perdió el control. También escribe teatro y guión.
–GUSTARÁ
A los lectores que disfrutan con el relato directo, sencillo y sin artificios, aquí hallarán un cuento sobre la crisis personal de un individuo que se plantea su mundo interior justo después de caerse en un abismo. Lectura ligera y sin grandes pretensiones que acompañará al lector en una primera persona rauda y eléctrica sobre un hombre común y sus desventuradas andanzas.
– NO GUSTARÁ
A aquellos que gustan de mayor profundidad en las historias que caen en sus manos. A los lectores que necesitan novelas de buen ancho para acabar bien saciados con relatos entreverados de mil ramificaciones, escenarios y árboles genealógicos. Tampoco gustará a los seguidores de la ficción más fantasiosa.
– LA FRASE
«Entonces se me vino una imagen a la cabeza, la mía con diecisiete años bebiendo litros con mis colegas en un descampado a las afueras de Los Blázquez. Y tuve que hacerlo, pasé por un 24 horas, pillé cuatro litros de cerveza bien fríos y me dirigí al descampado. Estaba tal y como yo lo recordaba, sucio, lleno de escombros, malas hierbas, colillas y vidrios rotos en lenta descomposición. Sin embargo, había un árbol, un manzano creo, aunque manzanas no echaba y yo no sé mucho de plantas. Y había un muro pequeño, ancho y alargado donde solíamos sentarnos a beber. A veces la puesta de sol se entreveía a través de las hojas de aquel árbol. Fue un recuerdo que me hizo sentir bien. La realidad era un hombre de cuarenta y cuatro años bebiendo litros de cerveza solo en un descampado putrefacto».
– RESEÑA
Parece que el ser humano no escarmienta hasta que un aldabonazo le golpea con virulencia en la base del cráneo y así es como Hugo Larra, tras ser pateado por el destino de la forma más cruel, se embarca en un viaje involuntario para encontrar, con suerte, un remedio, una explicación o una redención, que le haga abrir los ojos al mundo real (Matrix ya ha habitado en él demasiado tiempo). El protagonista del libro es el pilar fundamental de la presente novela, sobre él recae toda la responsabilidad del éxito o fracaso, a ojos del lector, de la presente obra.
Hugo Larra, hablando finamente, diríamos que lleva una vida «desordenada» y, hablando en plata, diríamos que su vida es una auténtica montaña de mierda de la mala suerte concatenada. Algunos de sus sinsabores se los ha buscado él mismo, otros son fruto de la casualidad o de alguien que «le pone la pierna encima para que no levante cabeza». Quizás esta pesarosa existencia es un camino de rosas con espinas para que finalmente pueda abrirse a un nuevo yo, bajo la guía de primeros auxilios de «El superhombre» de Nietzsche. Esta eclosión del Übermensch será dolorosa, desquiciante y, finalmente, catártica, ya que después de la tempestad, siempre viene la calma. A Hugo le ha tocado lidiar con el The Game de Michael Douglas. Algo que le haga despertar, aunque sea a golpe de bayoneta.
Asistimos en primera fila a la función teatral de la bajada a los infiernos de Dante, pero sin un Sancho o Cicerone de confianza que pueda aconsejar a nuestro héroe caído en desgracia. Los nueve círculos de este infierno se entrelazan cual espinos de La Bella Durmiente del cuento clásico para poner a prueba a Hugo Larra, que no se arrugará en su batalla personal en la búsqueda de «algo» que lo saque de su desencanto infinito. Bogará por su Jaén natal donde tendrá que escuchar (y entender) las razones de sus familiares sobre sus raíces de pertenencia a una manada, que aun dispersa, conserva un nexo inviolable de sangre. Perderá sus pasos por la Universidad Complutense, por Ciudad Real, por Málaga, por bares de carretera y polígonos industriales. Este decorado no casa con la épica de Virgilio en el infierno, pero es perfectamente reconocible para el lector español.
Hugo está a medio camino del «Falcó» de Arturo Pérez-Reverte y del «Torrente» de Santiago Segura. No llega a la elegancia insidiosa del primero, pero no es tan inmundo como el segundo. Vive su Tarde de perros particular de Al Pacino, de la que podrá salir con los pies o con la sonrisa por delante (esto lo tendrá que averiguar el lector). Cuando se vive muy rápido creyendo que en tu coche deportivo el karma no te puede alcanzar, seguramente estés equivocado. El karma te estará esperando en la gasolinera y se cobrará su merecido peaje con intereses. Durante este camino de exploración personal se encontrará con multitud de personajes secundarios que irán desmigando su alma (y su cartera) para intentar que espabile o definitivamente caiga en la tumba de los derrotados.
Iván Aranda Maqueda nos ofrece un personaje carismático que boquea en tiempos difíciles, de crisis económica, social, personal y familiar. Nos apunta notas reflexivas del porqué los individuos somos maquinas perfectamente engranadas hasta que un día nos salta un muelle o una bisagra y empezamos a convulsionar como danzantes profesionales del baile de San Vito. Un hombre llevado al límite de implosionar y que se ahoga en sus sentimientos si antes no consigue encauzarlos adecuadamente. El autor nos hace reflexionar acerca del mundo en el que vivimos, la desconexión de nuestros semejantes, el hastío infinito hacia nuestro trabajo y nuestros familiares. Todo ello ocasiona una crisis personal de valores que nos afecta irremediablemente. Algunos lectores se reconocerán en algunos momentos de la lectura. Los arranques de mala leche y bilis siempre nos acompañan muy de cerca… listos para aparecer al primer pistoletazo de salida.
Hugo tiene una largo camino por recorrer… Esperemos que el final del túnel tenga salida y no sea un lienzo pintado al final del mundo conocido como en la película El show de Truman. ¿Quieren averiguarlo?
El 22 de julio de 1942, los nazis pusieron en marcha la mayor y más sanguinaria operación de ingeniería social de la historia: el exterminio de la población judía de Polonia. Es el comienzo de la Solución Final, que encuentra a Carl Lipmann en su barbería de la varsoviana calle Gesia. Deportado a Treblinka, escapará a la muerte gracias a la profesión con la que se ha ganado la vida. Empuñando navaja y tijeras, se las apañará para sobrevivir hasta el estallido de la revuelta, con su verdugo como último cliente. Después, la fuga, el vuelo y el olvido. Y al volver en sí, la operación habrá resultado todo un éxito: un Reich victorioso y la promesa de Israel materializada. La pesadilla no ha hecho más que empezar.
– AUTOR –
Nacido en la convulsa Margen Izquierda de Bilbao en 1974, Santi Osakar es periodista de formación y vocación, aunque la vida le acabó conduciendo por otra senda. Tras algunos años trabajando como fotógrafo free-lance, cursó un Master en Cooperación al Desarrollo que le permitió conseguir un pasaje de dos años laborales en la sede de Naciones Unidas de Buenos Aires, ciudad en la que dejó un pedazo de su corazón. Tras un corto periplo barcelonés, regresó a tierra vasca, donde se desempeñó durante un tiempo en el campo del marketing y la documentación, algo que no le apartó de su verdadero anhelo, que no es otro que el de escribir. Fruto de ello fue su primera novela, La Estrella de Samarcanda, una incursión en el más clásico género aventurero. Un viaje entre París y Estambul a bordo del Orient Express durante el período de entreguerras, repleto de peripecias rocambolescas, mucho humor y mala leche. Desde hace ya unos años, Santi trabaja para El Gallo de Oro en labores de edición, traducción, maquetación y todo aquello que se tercie. Es precisamente la editorial bilbaína la que ha publicado hace apenas un par de meses El Barbero de Treblinka, su segundo trabajo en narrativa.
–GUSTARÁ
A aquellos que disfrutan con la novela histórica (esta vez con matices ucrónicos). En concreto con el período de la II Guerra Mundial y el mundo nuevo que trajo tras haber sido, principalmente Europa, arrasada previamente. También gustará a los que reflexionan sobre los hechos históricos que tristemente somos capaces de repetir y que no se conforman con una única visión de la verdad.
– NO GUSTARÁ
A los que solamente ven en los libros históricos y bélicos una excusa para armar un thriller propagandístico de parte. Tampoco gustará a los que se sitúan en bandos inamovibles y descartan el punto de vista del que se tiene enfrente. Aquellos que sean sensibles a los horrores de la guerra tampoco digerirán bien muchas de las páginas que aquí, con tono realista, se sirven en bandeja de plata, deslucida e incómoda.
– LA FRASE
«La química hace su trabajo lentamente. El gas despedido por los tragaluces se propaga de arriba a abajo como una ideología corrupta, se extiende sin oposición como el fascismo que la ideó, se cuela sin permiso en su interior, reclamando la última forma de sometimiento. Respiran con angustia las últimas bocanadas de aire limpio. De pronto, sienten un creciente sofoco. Los corazones comienzan a latir furiosamente, arrojando ríos de sangre contaminada por el monóxido de carbono hacia los pulmones. Estos se muestran incapaces de suministrar el más mínimo aliento. El hambre de oxígeno se acrecienta hasta devorarles por completo. Abren sus bocas ansiando el más básico alimento. Pero no llega. Se desgarran la garganta tratando de desbloquear la tráquea. Todo es inútil. La agonía de esta tortura se prolonga… Tosen entre convulsiones. Escupen sangre. Defecan de horror. Y pierden el conocimiento. Caen. Mueren.»
– RESEÑA
El recientemente fallecido cineasta francés de origen judío Claude Lanzmann (5-7-2018), guionista, productor y periodista, entrevistó a varios testigos directos de los hechos ocurridos en el campo de exterminio de Teblinka para su documental llamado «Shoah». Dicho documental consta de nueve horas de duración y más de once años de preparación. Vio la luz en 1985 y trata de entrevistas a supervivientes, testigos y criminales del Holocausto nazi por toda Polonia. «Shoah» tuvo varios premios de crítica y público, incluidos el Premio del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York a la Mejor Película de No Ficción y el Premio Bafta al Mejor Documental. Las 350 horas de grabación sin editar de Lanzmann, junto con sus correspondientes transcripciones, están disponibles en el sitio web del Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos. En el apartado del documental dedicado al campo de concentración de Treblinka, se suceden las entrevistas con varias personas que vivieron lo que allí ocurrió en primera persona. A continuación podemos destacar los siguientes testimonios:
Abraham Bomba: Peluquero polaco que sobrevivió como barbero en el campo de concentración de Treblinka y que, seguramente, ha sido en quien se ha inspirado el autor para crear a su personaje principal. Abraham fue asignado al cuerpo de peluqueros que se dedicaba a cortar el pelo a las mujeres y niñas en una antesala de las cámaras de gas. Relata que un compañero le narró que tuvo que cortar el pelo a su mujer y a su hija para verlas partir a continuación hacia la muerte. Dicho compañero no cruzó palabra con su mujer para no tener que contarle la dura realidad. «El barbero de Treblinka» se fugó durante la rebelión del lunes 2 de agosto de 1943, cuando después de la una de la tarde, cuatro miembros de la SS y dieciséis guardias ucranianos salieron del campo para bañarse en el cercano río Bug y los prisioneros aprovecharon para quemar varias instalaciones (aunque no pudieron acabar con las cámaras de gas y los hornos crematorios) y fugarse a la carrera hacia los bosques cercanos. La mayoría no llegó muy lejos y fueron apresados y ajusticiados inmediatamente.
«La gente atravesó la verja. Ahora sabemos lo que era esa verja, era el camino a la cámara de gas y no los volvíamos a ver. Eso fue en la primera hora después de llegar. Después de eso, nosotros, unas 16 o 18 personas teníamos orden de limpiar el lugar. Era horrible. Pero en cinco, diez minutos, el lugar tenía que quedar inmaculado. Y quedó inmaculado. Como si jamás hubiera habido nadie allí, para que cuando llegara el siguiente transporte no se dieran cuenta de lo que pasaba. Le diré lo que significaba limpiar: retirar todas las ropas. Bueno, no sólo las ropas, todos los papeles, todo el dinero, cualquier pertenencia que llevaran encima. Y llevaban muchas cosas consigo. Llevaban calderos y sartenes. Lo limpiábamos todo.»
Richard Glazar: Fue también un recluso checo-judío del campo de exterminio de Treblinka. Uno del pequeño grupo de supervivientes de la revuelta de prisioneros de agosto de 1943. Glazar describió sus experiencias en un libro autobiográfico, Trap with a Green Fence: Survival in Treblinka (1992). Se suicidó el 20 de diciembre de 1997 saltando por una ventana en Praga después de la muerte de su esposa. Estas son sus palabras en el documental «Shoah«.
«Nos llevaron a un cuartel. Todo el lugar apestaba. Con una altura de cinco pies en una masa desordenada, estaban todas las cosas que la gente había traído. Ropa, maletas, todo apilado en una masa sólida. Encima de ello, saltando como demonios, la gente hacía bultos y los sacaba afuera. Fui entregado a uno de estos hombres. Su brazalete decía «Líder de escuadrón». Gritó, y comprendí que también debía recoger la ropa, envolverla y llevarla a alguna parte. Mientras trabajaba, le pregunté: «¿Qué está pasando? ¿Dónde están los que se desnudaron?» Y él respondió: «¡Muertos! ¡Todos muertos!». Pero aún no se había derrumbado. Él usó la palabra yiddish. Era la primera vez que oía hablar en yiddish. No lo dijo muy fuerte, y vi que tenía lágrimas en los ojos. De repente, comenzó a gritar y levantó el látigo. Por el rabillo del ojo vi que venía un hombre de las SS. Y comprendí que no debía hacer más preguntas, sino simplemente salir corriendo con el paquete».
Franz Stangl: Fue comandante de los campos de concentración de Sobobór y Treblinka durante la fase de la operación Reinhard. En 1967 fue arrestado en Brasil, extraditado a Alemania y juzgado por el asesinato masivo de cerca de un millón de personas. En 1970 fue declarado culpable y sentenciado a cadena perpetua. Murió de insuficiencia cardíaca seis meses después.
«A decir verdad, uno se acostumbra… eran una carga. Creo que comenzó el día en que vi por primera vez el Totenlager [área de exterminio] en Treblinka. Recuerdo los pozos llenos de cadáveres azul oscuro. No tenía nada que ver con la humanidad. Era una masa de carne podrida. ¿Qué haremos con esta basura? Creo que inconscientemente eso me hizo pensar en ellos como una carga… Raramente los veía como individuos. Siempre fue una gran masa. A veces me paraba en la pared y los veía en el «tubo»: estaban desnudos, agrupados, corriendo, siendo conducidos con látigos…».
Franz Suchomel: Criminal de guerra nazi. Participó en el programa de eutanasia Action T4, en la Operación Reinhard. En Treblinka fue el responsable de manejar los transportes entrantes así como la confiscación y recolección de objetos de valor. Profería a las mujeres judías en su camino a las cámaras de gas disfrazadas de duchas:«Queridas señoras, rápido, rápido, rápido, el agua se está enfriando». Fue condenado en septiembre de 1965 y pasó cuatro años en prisión.
«Cuando llegué, Treblinka estaba operando a toda su capacidad. El gueto de Varsovia estaba siendo vaciado para entonces. Tres trenes llegaron en dos días, cada uno con tres, cuatro, cinco mil personas a bordo, todas de Varsovia… Así que llegaron tres trenes, y desde que la ofensiva contra Stalingrado estaba en su apogeo, los convoyes de judíos eran dejados a un lado de la estación de tren. Es más, los vagones eran franceses, hechos de acero. Así que mientras cinco mil judíos llegaban a Treblinka, tres mil morían en los vagones. Tenían las muñecas cortadas, o simplemente estaban muertos. De los que bajaban del tren, la mitad estaban muertos y la otra mitad locos. En los otros trenes que venían de Kielce y otras partes, al menos la mitad estaba muerta. Los apilábamos [en la rampa]. Miles de personas apiladas unas encima de las otras. Apiladas como madera. Además de esto, otros judíos, aún vivos, esperaban ahí durante dos días: las pequeñas cámaras de gas no podían dar abasto. Funcionaron día y noche durante aquel período».
A diferencia de otros campos de exterminio, como Auschwitz, en Treblinka no había barracones para alojar a los prisioneros, pues los judíos llegados al campo eran asesinados directamente. Debido a ello, ha sido difícil llevar el registro de las víctimas. Según fuentes no concluyentes cerca de 900.000 personas fueron asesinadas en Teblinka. Únicamente 54 prisioneros sobrevivieron a la guerra gracias a la fuga de agosto de 1943. Muchos judíos se cortaban las venas antes de llegar al campo, presintiendo su destino, había mujeres judías que les abrían las venas a sus hijos y luego se las abrían ellas, otras se envenenaban.
El ser humano es capaz de conseguir grandes retos mediante la adopción de métodos ingeniosos de investigación, análisis y trabajo duro. Pero esta maravilla evolutiva también es de aplicación a lo peor de la raza humana y durante el Holocausto también se fue perfeccionando la técnica para el exterminio de toda una población. En las fase inicial del campo de exterminio, las autoridades interrumpieron el transporte debido al ineficiente ritmo de las primeras cámaras de gas, había tantos muertos que se amontonaban alrededor de las cámaras de gas y allí quedaban durante días. Bajo esa montaña de cuerpos había una cloaca de diez centímetros con sangre, gusanos y excrementos. Nadie quería recoger esos cadáveres, los judíos preferían dejarse fusilar a enterrar a sus parientes y ver con sus ojos la carne de los cadáveres que se les quedaba entre las manos.
Santi Osakar a lo largo de casi 500 páginas (dividido en tres planteamientos narrativos y reflexivos diferentes pero completamente relacionados: Tesis, Antítesis y Síntesis) nos ofrece su particular visión del horror que subyace en la mente del ser humano que es fagocitada por teorías supremacistas, excluyentes, racistas y eugenésicas y que no entiende ni de derechas ni de izquierdas, ni de rojos ni de azules, cuando el exterminio del «diferente» es la máxima prioridad del régimen establecido. Todo cabe en un discurso político democrático: la valoración de la implantación de la pena de muerte, el sistema de atención a la inmigración, los diferentes modelos de organización territorial, la forma de estado, etc… pero la apisonadora dictatorial que surgió durante la II Guerra Mundial fue el hecho palmario de que cuando el hombre deja de ver a su coetáneo como un igual, termina despojándole de su identidad, cosificándolo y, ya en este nuevo estrato de despersonalización, lo tratará como pura mercancía. Y las mercancías atienden a intereses estratégicos, siendo la intención en el caso del Holocausto nazi, la aniquilación de todo un pueblo por razones más económicas que puramente xenófobas.
Pero el autor nos lleva más lejos. Ahonda en el problema que fue pasado, pero avisa de su posible metástasis en cualquier lugar del mundo presente, con otros actores, con otras campañas de mercadotecnia, con otras justificaciones pero, finalmente, con la misma doctrina. Han sido innumerables los intentos a lo largo de la Historia para exterminar a los pueblos desde el propio estado (no se trata de guerras convencionales, sino de actos de infinita criminalidad). Son ejemplos de estas atrocidades: el genocidio de los Tutsis en Ruanda, el genocidio camboyano por los Jemeres Rojos de Pol-Pot, el caso de los Balcanes con el asesinato en Sebrenika de más de 8000 civiles por parte de las fuerzas serbias, los episodios de infinita crueldad de Josef Stalin o Mao Tse-Tung y un largo etcétera que aparecen periódicamente para recordarnos que algo esta cortocircuitado en nuestro ADN. En El Barbero de Treblinka Santi, Osakar nos permite reflexionar acerca de todo este páramo del infierno. En una lid de vencedores y vencidos, de justicia o venganza, traspasa el papel para recordarnos que ninguno estamos exentos de convertirnos en azotes de nuestros contemporáneos.
¿Qué convierte a esta obra en singular?, Pues más allá de la fantástica descripción de la primera parte en el campo de concentración de Treblinka (seguramente la mejor parte de la obra), es la ucronía a la que se enfrenta el lector. Según fuentes históricas fueron algunas decisiones estratégicas desacertadas del alto mando alemán, unidas a la mala suerte en situaciones vitales, sumadas a un invierno durísimo en el frente ruso y al retraso en la consecución de resultados reales del Proyecto Uranio (cuyo objetivo prioritario era crear la bomba atómica, quedándose a pocos meses de su obtención), lo que conllevó a la derrota nazi en la guerra. Pero, ¿y si no hubiera sido así? Ya hemos leído la plausibilidad de este argumento en «El hombre en el castillo» de Philip K. Dick (1962), o «Patria» de Robert Harris (1992). En segundo lugar el autor también enfrenta al lector a cuestiones más profundas, ¿quiénes son los buenos y quiénes son los malos? Los malos los conocemos, pero ¿y los buenos?, ¿son tan buenos como nos los describen los libros de Historia?
Podríamos seguir indagando en la trama del libro respecto a la creación del estado de Israel en 1948 y sobre la política de geoestrategia desarrollada sobre el pueblo palestino, etc… pero dejemos al lector que siga su propio camino, no adelantemos acontecimientos. Aquí no diremos más. La novela gustará por su fina y excelsa documentación, así como por la plasmación de los sentimientos de pérdida y alienación de sus personajes principales. Cierto es, que la presente obra puede quedar algo descompensada en su último tercio ya que la narración corre por senderos más alocados y policíacos donde el Deus ex machina asoma su cuello para pintar un par de trazos briosos en esta función. La novela pudiera haber funcionado mejor con algo menos de artificio final, si bien seguramente el autor no podría haber llegado tan lejos en los planteamientos que nos plantea en Tierra Santa (quizás el tercer acto daría por sí solo para una novela independiente). En cualquier caso, es un estupendo vehículo histórico de reflexión filosófica y un incomparable viaje interior con un barbero entrañable (sufridor, doliente y encadenado a su vil destino) que lo pierde todo, una y otra vez. A él, la luz de este túnel se le antoja muy lejana, si acaso cuando llegue al Shamayim, con suerte, Yahvé, le podrá explicar la razón de tanto sufrimiento.
Santi Osakar nos despacha un aldabonazo en la línea de flotación para que espabilemos, para que no olvidemos y, sobre todo, para que reflexionemos sobre los cauces que llevan a los poderosos a auparse y a congraciarse con la excusa de la divina elección de su pueblo. Son caudillos del orden y baluartes del camino que debe llevar a sus acólitos a crear un Reich de mil años. Hay muchos opositores a dictadorzuelos psicóticos que son aupados a los hombros de la Historia por burdos y maleables palmeros que piensan que serán recompensados por ínsulas baratarias, vellocinos de oro y cornucopias engalanadas de fiesta. Con maleable destreza genuflexa y sumisa resolución al amantísimo líder le asientan con su voto, y tras él, serán desechados y despojados de más decisiones cual simples peones. Santi Osakar nos muestra de lo que todos somos capaces si nos sientan en el trono de hierro de la Fortaleza Roja en Desembarco del Rey…
…Y lo que vemos reflejado en el espejo puede que no nos guste.
La esperanza de vida en Treblinka era de, aproximadamente, una hora y media.
Javi Roto siempre recordará el verano en el que recibió su primer beso. En los verdes prados de Galicia comenzará su odisea, ese viaje interior que toda persona debe realizar hasta llegar a la tan anhelada y dolorosa madurez.
El verano de los náufragos es la primera novela publicada de Sergi Carballo Losada. En las páginas de esta Bildunsroman encontrará el lector a la muerte, al amor, al dolor y al deseo. En ella, el lector conocerá a una serie de personajes que sufren, lloran, ríen y gozan de la vida como lo que esta es, una aventura que solo puede ser experimentada. Como dijo Walt Whitman de sus «Hojas de Hierba», «quien toca este libro no toca un libro, sino que toca a una persona»
– AUTOR –
Sergi Carballo Losada nació en el barrio barcelonés de Horta el primero de julio de 1980. Desde los siete años ha dedicado parte de su tiempo libre a escribir, tocar la guitarra, cantar y componer. Durante su adolescencia obtuvo el premio Arnau de Vilanova de ensayo filosófico y algún que otro premio de poesía. Es autor de diversas novelas, de las cuales «El verano de los náufragos» es la primera que ve la luz, casi una década después de haber sido escrita. En la actualidad trabaja de profesor de ciclos formativos en una escuela de Terrasa, donde reside con su mujer Sandra y sus tres retoños. Su obra se nutre de las experiencias que ha vivido como profesor y del conocimiento que tiene del campo profesional de la atención a personas dependientes.
–GUSTARÁ
A aquellos lectores que degustan en su memoria las ricas mieles de los interminables veranos de la adolescencia, entre descubrimientos del adulto que pugna por irrumpir en su camino. Asilvestrados mozalbetes ya de pelo cano que echan la vista atrás y dibujan una pequeña sonrisa allá donde el recuerdo les taladra el pasado.
– NO GUSTARÁ
A los que buscan una velocidad de crucero más alta en la narración de un thriller absorbente y de alta tensión. En la presente obra hay tiempo para el misterio, pero sobre todo para las historias de adolescentes, a veces en la edad del pavo, a veces con una mirada más reflexiva. Si no soportas a los jóvenes alocados (aunque recuerda que alguna vez lo fuiste) este no es tu libro.
– LA FRASE
«Yo era, simplemente, el más raro y el más triste del grupo, lo cual puede resumirse diciendo que leía mucho, ciertamente demasiado, sobre temas que a la mayoría de los chicos de mi edad no interesaban lo más mínimo. Había descubierto la poesía a los trece años, un momento en el cual todo chico se enfrenta al que es su primer y estúpido amor. Algunos se entregan a él con la suerte de tener un físico más o menos atractivo o una simpatía desbordante que hace que la chica se quede prendada de él, por lo menos mientras dura el hechizo de los sentimientos adultos recién descubiertos. Yo no tenía ni físico, ni simpatía, pero me armé de poesía para intentar conquistar al que había sido mi primer amor. Recuerdo especialmente los primeros versos de Pablo Neruda que leí».
– RESEÑA
La lectura de «El verano de los náufragos» nos ha traído a la cabeza las últimas líneas de la insigne obra de Fernando Fernán Gómez «Las bicicletas son para el verano» (1978).
DON LUIS. Para ese empleo te vendría bien la bicicleta que te iba a comprar cuando pasase esto, ¿te acuerdas?
LUIS. Ya lo creo. Yo la quería para el verano, para salir con una chica.
DON LUIS. ¡Ah!, ¿era para eso?
LUIS. No te lo dije, pero sí.
DON LUIS. Sabe Dios cuándo habrá otro verano.
Don Luis reflexiona sobre algo que todos sabemos y que marcará para siempre nuestro devenir: Nuestra personal antología de rememoración nostálgica de una brisa que secaba el sudor que de chiquillos nos encontraba al borde de la alberca o del río y que se ha ido marchitando batiéndose en retirada para dejarnos las migajas de una sonata de otoño de rincones con telarañas, arrugas en la mirada y agua evaporada. Así es el caprichoso carpe diem y tempus fugit que se mueve con parsimoniosa cadencia bajo el caprichoso locus amoenus que aparece cual pícaro y bellaco diablillo Puck de Sueño de una noche de verano de William Shakespeare para enredar los corazones y las almas, que sueñan en noches tropicales de ventanas abiertas, sábanas arrebujadas a los pies del durmiente y ventiladores de techo con aspas tántricas que ronronean en el silencio de la oscuridad.
El lienzo del verano es un espacio declarado de interés cultural y artístico inmaterial de cualquier sociedad. Allí se encuentran las luchas personales que todos hemos sufrido para llegar a lo que somos ahora. Incluso algunos ahogarán en lo más hondo unos recuerdos jalonados por malas experiencias, persecuciones, insultos y pugnas por conquistar el trono de la cuadrilla o pandilla. Dicho grupo azaroso está compuesto de mozalbetes imberbes y niñas que se convierten en mujeres sin darse cuenta. Es una pequeña comunidad con sus propias normas y lógica interna (inaccesible para el adulto que ya ha perdido el recuerdo de lo que fue). Es justamente ahí cuando se forjan las fortalezas y debilidades que nos acompañarán a lo largo de toda nuestra vida. Ese pacto de silencio cuando se llegaba a casa con el pómulo enrojecido, la sudadera rota, el dinero perdido para comprar un frigopie, etc… Es parte de un aprendizaje que no se estudia en casa ni en la escuela. (En los tiempos modernos del sobreproteccionismo parental se producen en serie adultos desnortados, quejicas, exigentes, abúlicos y con falta de modestia. ¿Quién es el mundo para que yo no me pueda salir con la mía?, piensan ellos. Se nota que no han tenido que defender con su vida el bocata de salchichón de los abusones de turno).
Sergi Carballo nos trae aquí su verano, su recuerdo de lo que fue o de lo que cree que fue, todo veteado lógicamente de una ficción novelada que surte el efecto deseado para desarrollar una trama que va recorriendo años a golpe de calendario y que nos trae unos ponzoñosos lodos de unos barros que no se pudieron secar con la debida diligencia. Nos habla del encuentro y de la pérdida, del rito de paso de Arnold Van Gennep (Bildungsroman), de las diferencias entre los medios rurales y urbanos con la consecuente confrontación de costumbres y sensibilidades, de las pandillas y de sus «juegos de guerra», de idas y venidas, en definitiva, de la aventura del vivir en la etapa más trasgresora, hormonalmente psicodélica y tragicómica en la evolución de la formación de cada individuo. Viviremos aventuras y desventuras (dolorosas) que marcarán para siempre la impronta de unos personajes que pueden ser odiados y queridos a partes iguales. La óptica de su razonamiento es azorado, distante, tierno, desganado y pletórico, todo al mismo tiempo. Es época de cambios: de voz, de cuerpo, de perspectivas emocionales, de escala de valores y de amargura por saberse en un lugar al que no se pertenece y con el que se tiene que lidiar. Muere el niño, nace el adulto.
El autor nos ofrece un crisol de recuerdos y reflexiones desde la trinchera del paso del tiempo. El adulto mira hacia atrás e intenta desgranar en qué se ha convertido y cómo han influido en él los sucesos acaecidos en su niñez que no siempre son amables. Sergi Carballo juega con los tiempos, con las anécdotas, pausa el tiempo narrativo para mostrarnos la función teatral de sus personajes que interactúan en una Galicia rural, asilvestrada, llena de jolgorio y vitalidad que les recibe con los abrazos abiertos como quien se sabe que tiene una misión muy importante que desarrollar en las vidas de unos muchachos que están a medio cocer. Esta novela juega paralelismos con el Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio (1955), Stand By Me de Stephen King (1982) y, sobre todo, con El Camino de Miguel Delibes (1950) y con El bosque animado de Wesceslao Fernández Flórez (1943).Todas hablan del camino que debe superar el niño para convertirse en un adulto fortalecido que escenifica su periplo en las beligerantes luces y sombras de su adolescencia con las que le tocará batirse en duelo ante el espejo de Alicia.
Lo que ocurre en el verano, se queda en el verano. Allí sigue impertérrito un lugar para todos nosotros, guardado en una caja hermética sin mácula en su exterior, pero arrasado por dentro cual campo de Marte. Allí dormirá para siempre, es eterno, ajeno a todo lo demás. Regurgitará nuestros recuerdos sin aviso previo cuando echemos la vista atrás y nos veamos a nosotros mismos corriendo por una calle empedrada de un pueblo cualquiera gritando a pleno pulmón con el corazón desbocado de tiempo por delante que vivir, mientras el derretimiento del helado nos va endulzando las manos.
Si buscas una lectura adecuada para el verano, aquí la tienes.