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VIENTO SOBRE EL MAR – PEBELTOR – CALIGRAMA, 2017

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TÍTULO: VIENTO SOBRE EL MAR.

AUTOR: PEBELTOR – WEB – TWITTER – FACEBOOKINSTAGRAM 

EDITORIAL: CALIGRAMA – WEB

PÁGINAS: 708.

¿DÓNDE COMPRARLO?:  AQUÍ

 

 – SINOPSIS –

Es la propia naturaleza del incentivo, donde el mayor hallazgo son las fisuras del ojo público y los apuntes de las cabezas hacia el infinito. Violencia de género y enfermedades de las más atroces, como el querer curar a alguien matándolo y no poder, en definitiva, yermas comunicaciones: «que no te dé miedo luchar por lo que deseas». Ella es como una yegua joven, morena y hermosa como la que más; y él un funcionario decidiendo lo suyo. A la dama la cabeza le dice una cosa y el cuerpo otra. El dinero le encanta: fue meretriz y panadera, ya no se da a los quijotes falsos. Comparte esa sedación azul y carcelaria del otro; incluso, ese Paseo del Arte madrileño donde anidan sus paralelismos diciendo «aquí estoy yo». Entonces, surgen dos interrogantes repletos de inquina:¿qué hacemos con los ancianos? ¿Qué es imperdonable? Dos preguntas del color de las rosas negras. La muchacha compartiría ese «A mí no me ha gustado nunca Dios», y se desnuda llenando de malos suspiros las almohadas. Bodas de sangre. Pequeños gestos que cambian el mundo frente a un solo cadáver recuperado.

– AUTOR –

P1014429Soy Pedro Belmonte Tortosanacido en el año mil novecientos setenta y seis, según consta en mi partida de nacimiento, a las cinco y treinta y cinco horas del día siete de enero, en el Hospital de la Cruz Roja situado en la avenida Reina Victoria de Madrid… Poco más podría decirles de aquella intentona, salvo que supongo que estaba en otro desafío, exponiéndome y descubriéndome, como ahora, que vuelvo a inventarme sujeto a otras necesidades. En esa ciudad no estuve mucho tiempo, me he criado en lo que se denomina la España manchega. Ciudad Real capital es mi lugar de residencia, al menos por ahora, porque sigo buscando mi destino, dado que sencillamente resido y observo todo a falta de raíces… Resulta que un día creí tener un referente, ese espacio donde ser, estar y encontrarse, y de un tiempo a esta parte su significación -al menos para mí- ha cambiado mucho. Y no es por aquello de lo horrible que tiene que ser que te odien, es porque a veces a uno le cuentan cosas que no terminan de ser más que eso. 
Podría llegar a decir que sólo me siento relativamente libre escribiendo, y eso es lo que hago cuando puedo sacar un rato y darme a mis músicas. Empecé por una esquiva y pequeña decisión, venida desde mi interior, y como no acierto a combinar todas las piezas sigo en ello. Puede que haya influido el hecho de echar en falta mucha transparencia al vivir en mundos trucados, lo cual me llevó a estudiar temas relacionados con la naturaleza dentro del sector agrario, no sintiéndome pleno, a lo que no supe responder debidamente, y proseguí… tanto, como que ejerzo y me gano la vida como técnico agrario trabajando para la Administración autonómica en calidad de funcionario de carrera. Cosas que tiene la vida, pero uno aprende. Hay días que se me hace muy cuesta arriba trabajar por aquello del bien común cuando irradia la mentalidad privada, si bien, esa perspectiva no la cambiaría por nada, es necesaria, puesto que me ha forjado como mejor persona, hijo, hermano, tíoamigo y trabajador, por más que me sienta enrarecido… Lo demás, podrán leerlo.
Por todo ello, hace años empecé a crear este proceso de cambio relativo. Esperé hasta emanciparme, cosa que hice mucho más tarde de lo previsto, consecuencia de una puesta en escena forzada y demasiadas y ninguna idea propia que poder concretar; luego, justo cuando creí poder atender a todos mis intereses, erré y tuve un resbalón, otro de tantos porque soy de armas tomar a pesar de las cautelas. Y escondí casi todo en esta caja fuerte de las letras para que no fuera una merma, sino un acicate, involucrándome en las mismas hasta la saciedad… tontamente, hasta que me planteé dotarlas de otra vida, a pesar de las dudas… De alguna manera, las consecuencias al final siempre llegan, no obstante lo hago con humildad y determinación. Llegar a todos no es una propina, menos aún una medicina cualquiera; creo saber quién soy: alguien que sabe decirle “no” a muchas cosas, como a la ingratitud, o a la pereza. 
Consecuencia de ello vivo en el antes y el después, sí, el sentimiento humano puede contener conflictos ilógicos, no todo son melodías preciosas. Pero hay que vivir: cuando se acaba la partida ajedrez todas las piezas van a la misma caja. Aun así, puede que me haya precipitado al exponer toda mi vida; es otro desafío…El caso es que como siempre era demasiado pronto, y no sabía desde dónde empezar a narrar, echen ustedes cuentas conforme me lean: siempre se busca algo y se desconoce mucho más de lo que se sabe; aunque igual he perdido el juicio y ya no soy un ciudadano cualquiera.
 

– GUSTARÁarrow-145786__340

A aquellos lectores que disfrutan profundizando en el alma del autor hasta lugares en los que los tiempos modernos no llegan. Gustará a los que catan, en vez de empacharse, y a los que saborean los caldos en lugar de tragárselos de una sentada. La presente obra aborda temas complejos, aunque universales, y se jacta de diseccionarlos hasta sus últimas consecuencias a los largo de sus más de setecientas páginas, caiga quien caiga. Narrativa de realismo social contemporáneo apta para lectores experimentados.

– NO GUSTARÁ arrow-145782__340.png 

A los amantes de ritmos más frenéticos y prosa más ligera. A aquellos lectores de thriller o de composiciones más asequibles, cercanas y, en ocasiones olvidables, les costará alcanzar el final del presente volumen. El autor se desnuda en esta novela, pero no lo hace despojándose de la ropa en un momento de furia, sino que, más bien, se quita el uniforme botón a botón y pieza a pieza. Tampoco será del agrado de quienes miran hacia otro lado ante ciertos temas escabrosos, que aunque existan y nos rodeen, tratarán de alejar lo máximo posible de sus vidas.

– LA FRASE vintage-1751222__340.png

“Las lágrimas y el sudor fueron su lenguaje silencioso. No halló buenos espíritus, sintió celos y furia de esos que caminando solos o en pareja se postraban agradables, al vigésimo cerró los ojos… y menos mal que por derecho propio volvió a abrirlos. Alcanzó con ello su propósito, que no su razón de ser. Calamitosa, estiró un poco ayudándose de un banco, imitando a una perfecta fémina capaz de gozar con la vida, falsa ciencia para quienes supieron en qué pensaba. Porque era una única cosas. Y al poco, esa veleta humana no estuvo mucho más quieta, continuó oxidándose, auspiciada por el reciente descubrimiento de un cadáver descuartizado en un descampado de esa misma ciudad, dentro de unas bolsas de deporte. Todo le conducía a ello: a matar”.

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buscadores-de-señales3.jpgHoy traemos para reseñar Viento sobre el mar de Pedro Belmonte Tortosa. Una extensa obra que bebe de referencias y encuentros de los sucesos acaecidos en su anterior libro Buscadores de señales. Pero aunque contiene ciertos posos pasados de aquella, se puede leer de forma completamente independiente. El lector podrá atender a la historia de una manera completa y con una experiencia particular sin necesidad de haber leído la obra anterior. Pebeltor (acrónimo del nombre del autor) nos presenta una obra con tintes muy personales y aún no sabemos si con rasgos autobiográficos (se lo tendríamos que preguntar). Es curioso como leyendo una obra de prosa de setecientas páginas uno tiene la sensación de que el verso se cuela en muchos de sus renglones, de hecho, hay fragmentos de poesía que jalonan toda la obra, (incluso alguna nana) afianzando la sensación que nos brinda de ser una ola gigante que se acerca hacia la costa sembrando el mar de todas sus notas antes de tocar la costa. También palparemos pequeños fragmentos de grandes de la literatura, ya lo verán. De hecho, y esto está a la altura de pocos escritores, el presente libro se ejecutó entre abril y julio de 2015. Echen cuentas para imaginar cómo fluye la partitura de este ya experimentado y prolífico autor a la hora de poner negro sobre blanco. Viento sobre el mar no es una novela para lectores ocasionales o despistados del mundo del bestseller o de la cargante recomendación diaria de las cookies de Amazon. Esta obra necesita un estado emocional muy concreto para ser atacada, tanto por su extensión, como por los temas que toca y el lenguaje y gramática que emplea. Estos tres condicionantes podrían alejar al gran público de la presente obra ya que para entrar y saborear su menú largo y estrecho hay que estar bregado en mil batallas, amar la literatura más íntima y dejarse llevar por los razonamientos de un autor que no calla nada. Presuponemos la valentía y la claridad de ideas con el proyecto de este autor ya que, seguramente, a nivel editorial puede que le hayan (esto lo imaginamos nosotros) aconsejado reducir el número de paginas de la obra por temas puramente comerciales. Pero Pebeltor creemos que ha querido dejar todo por escrito antes de censurarse o recortar a su musa interior.
29573141.jpgViento sobre el mar es, ante todo, una profunda reflexión sobre las relaciones personales, de idas y venidas, desde el confinamiento sentimental y familiar de Cádiz a la cosmopolita y atropellada capital matritense. Desde la óptica de dos protagonistas aparentemente distantes e irreconciliables, el autor va haciendo que el viento del destino acompase sus pasos por los vericuetos de la causalidad. Ambos tienen un camino que cubrir con sus correspondientes obstáculos que superar. A los dos les envuelven los grises y las neblinas de su pasado y de su presente. Laberintos que la soledad personal y el escaso amparo de sus círculos más cercanos les obligan a sacarse ellos mismos las castañas del fuego, luchando con todo lo que se les pone por delante. De sus vivencias, de sus desalientos, de sus vacuidades y de sus tropiezos, será partícipe el lector. La narración va saltando de situación en situación y de personaje en personaje, dotando al conjunto de una lucha táctica de dos almas que no encuentran su lugar. Esta alternancia ocasionará que el lector vaya acompañando de la mano al protagonista en cada situación. Sin duda lo más característico de la presente novela es el arrojo del autor en diseccionar, a veces hasta el paroxismo, los pensamientos, unos mundanos y otros más trascendentales, de los personajes principales. No hay limitación en el tema, en el contexto o en las circunstancias. A cada página nos encontramos la excusa perfecta para analizar un discurso, que en el día a día, se nos escapa a muchos, pero que el autor ha encontrado un altavoz en su creación para exponer todo aquello que le preocupa y que no se analiza como se debería en una sociedad que corre como pollo sin cabeza hacia una meta esquiva que nunca consigue alcanzar. Seguidismo a falsos ídolos que engañan al espectador colmándole de promesas pero restándole paso a paso el vigor, hasta que cae desfallecido y sin resuello.   
1514672212_462260_1514672325_noticia_normal.jpgAunque el autor toca todos los palos, son dos temas en concreto los que acaricia con mayor profusión. La enfermedad y la violencia familiar. Ambas temáticas se complementan en capítulos alternos para darnos la clave del poder narrativo de la obra. La enfermedad la describe y la expone como un ente complejo y, sobre todo, multidisciplinar, del que la padece y del que la contempla. Un crisol de sentimientos difíciles de conciliar pues muchas veces no se quiere mirar de frente a las terribles circunstancias en las que gravita esta pausa vital. El autor entra de lleno en el análisis emocional y en la huella y el poso que subyace en la mente de los afectados por la falta de salud. El narrador expone la relación entre la vida, la muerte y los tiempos que son necesarios para ello. El recuerdo del adiós que se evapora en el día a día y que no se percibe con ojos claros, pero que cuando aparece paraliza todas las rotativas, descubriéndose realmente de qué pasta está hecho cada individuo. Todo ello tratado con una elegancia y una investigación social muy completa. También apunta, en este realismo social, a la lógica interna de la violencia que se ejerce, se sustenta y se esconde tras los tabiques de cualquier casa. A salvo de miradas indiscretas, se lastran y se manipulan vidas que dejan su infortunio en el hogar, para salir a la calle con una sonrisa disimulada para no alertar a ojos demasiado escrutadores. Al igual que la enfermedad, la violencia familiar, ejerce una serie de condicionantes complejos en el seno de este mal; desde quien la ejerce, a quien la sufre, a quien la observa. Todo este círculo entorno a la víctima también se verá analizado por la pluma del escritor.
Pedro Belmonte Tortosa nos propone una obra que tiene muchas formas de expresarse aprovechando sus varios formatos, donde cada capítulo tiene su razonamiento lógico interno único. Embaraza a sus protagonistas de reflexiones tan exclusivas e íntimas que en ocasiones hay que degustar el plato con lentitud para encontrar la finalidad y el motivo de su exposición. Viento sobre el mar es, sin duda, una obra diferente, compleja, analítica y reflexiva no apta para todas las sensibilidades pero que, para los más atrevidos, será un auténtico banquete.

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SOLEDAD AL ATARDECER – JAVIER NAVAS OLÓRIZ – (AUTOPUBLICACIÓN, 2018)

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TÍTULO: SOLEDAD AL ATARDECER.

AUTOR: JAVIER NAVAS OLÓRIZ –  FACEBOOK 

EDITORIAL: AUTOPUBLICACIÓN, 2018.

PÁGINAS: 309.

¿DÓNDE COMPRARLO?: navas@srmsl.eu

 

– SINOPSIS –

La novela “Soledad al atardecer” constituye un relato que se desarrolla en unos momentos transcendentales de la historia de España. Describe las sensaciones de una mujer joven y sola después de nuestra Guerra Civil. Aunque el autor define y valora los hechos históricos que forman el contorno de la historia, tanto los personajes como los sucesos que se relatan en la novela, son absolutamente imaginarios y no tienen ninguna relación con personas reales.
Es una historia que podría haber sido protagonizada por cualquiera de aquellos que vivieron esa época aunque algunas de las situaciones descritas en el libro puedan ser percibidas por los lectores como propias. Sólo el hecho de que la protagonista se encuentre atormentada por sus recuerdos y a la vez maniatada por su posición ideológica que poco a poco irá matizando, es suficiente razón para comprenderla y seguir su evolución personal con interés. Como colofón, un hecho inesperado corona la historia y aporta a la protagonista un barniz de resignación que junto a su rebeldía innata, permite cerrar el relato con una cierta ironía sobre los valores de la existencia y las luchas por el poder.

– AUTOR –

Javier Navas Olóriz nació en Segovia el 6 de septiembre de 1946. Es licenciado en Ciencias Económicas y actuario de seguros por la Universidad Complutense de Madrid. Además, posee otros títulos, como un Máster de la Escuela de Organización Industrial (EOI), es auditor de cuentas y de planes y fondos de pensiones, y corredor de seguros. Ha realizado diversos trainings en distintos países de Europa, así como en EE.UU. Ha desempeñado el puesto de subdirector general de Riesgos, Seguros y Contingencias Corporativas de Telefónica, S.A., presidente de Casiopea Re, S.A., y consejero delegado y vicepresidente de Seguros de Vida y Pensiones Antares, S.A. Javier Navas es profesor universitario, conferenciante y ponente habitual en foros profesionales de España y el extranjero y ha publicado una numerosa bibliografía de libros y artículos.

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A los que tejen e hilvanan sus vidas con el recuerdo, la nostalgia y la reflexión como claves de bóveda. Gustará a los que vivieron tiempos revueltos, o a los que han escuchado historias en la lejanía pero prefieren que un autor escantille las voces del pasado filtrándolas por su personal tamiz inhibido de cantos de sirena políticos y oficialistas. Será del interés de los que se acercan al realismo literario de pinceladas balzaquianas y dickensianas en la disección de usos, costumbres y sentimientos, de una época pasada de la que nos llegan sus lodos y ocasionales proclamas vacías de algunos vocingleros que tratan de arrimar el ascua a su codiciada sardina.

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A los lectores de thrillers de acción de raudal cinematográfico que no se dejan seducir por un tempo de adagios y esperas de reloj de arena. Tampoco será la lectura ideal de los que prefieren las letras ancladas en el presente o con tonos más prescindibles de lineal de quiosco de aeropuerto. Amantes de la gran epopeya grandilocuente y las escenas cargadas de lluvia de casquería tampoco encontrarán aquí su punto de lectura. Soledad al atardecer se mece en una época analógica en la que el tiempo aún no rendía pleitesía al imperio de la velocidad y el consumismo, y como tal, se tiene que leer y digerir.

– LA FRASE vintage-1751222__340.png

“Yo sentía Segovia como pequeña y provinciana, pero aún así, empezaba a disponer de un incipiente comercio donde acudían desde toda la provincia labradores vestidos con pantalón corto, medias azules y calzados con alpargatas. Iban acompañados algunas veces de sus mujeres, siempre vestidas con sus mantones rojos, amarillos o azules y mostrando orgullosas sus pañuelos de colores sobre el pecho y la cabeza. Paseaban y recorrían los comercios escudriñando posibles gangas. Se acercaban a la ciudad desde sus pueblos en burro o en carro y echaban el día en ella, ya que tardaban muchas horas en desplazarse desde los pueblos más lejanos de la provincia. Pero en realidad, Segovia se comportaba como una ciudad más de Castilla la Vieja pobre y poco desarrollada”.

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Las guerras (en concreto, la Civil española, 1936-1939, que es la que nos trae a estos párrafos), se dejan querer cuando el tiempo va borrando sus heridas y diseminando sus cenizas por el viento de la desmemoria de aquellos revisionistas, burócratas de postín, pluma afilada, bolsillo agradecido y censores que no han leído el prospecto de los efectos secundarios de la apertura de la caja de Pandora. Se dan cita historiadores, críticos, sociólogos y conferenciantes de carné de partido y afiliación vociferante de bar curtido en el serrín y los palillos desechados en el ajado suelo. Algunos más sabios y bienintencionados, otros más revanchistas, vengativos y especulativos de yugos, flechas, hoces, martillos y paletas de gualdas, bermellones y violáceos. Todos en poder de la verdad (su verdad), aquella que baja por mensajería urgente ungida en el óleo del Sinaí para abrir los ojos a veteranos y noveles que generación tras generación quieren ir trasquilando las entendederas y el razonamiento de aquellos que se les pongan por delante con soflamas y mítines de diverso cacareo. Pero a todo sesgo le llega su San Martín y todo sermón arrojadizo de púlpito olímpico tiene su contrapeso. Detrás de un altavoz afónico y una pancarta casera se encuentran los verdaderos protagonistas de la guerra: sus víctimas. Aquellas que no dispararon una sola bala pero que sufrieron en retaguardia la suerte de sus familiares en el lodoso y frío escenario de trincheras, aquellas que desde el exilio se agarraban a cualquier viajante para indagar por la suerte de los que se quedaron atrás, ocultos en el monte, o aquellos que encerraban sus lágrimas en la más oscura mazmorra tirando la llave al río. Río con el que tendrían que seguir fluyendo y superando los obstáculos que la carestía de la posguerra les había usurpado de su cotidianidad. En tiempos de guerra todo se paraliza, todo arde a cámara lenta y el lobo de Hobbes sale victorioso tras comerse a caperucita. Como ya nos mostró Fernando Fernán Gómez, las bicicletas son para el verano, fuera de esta estación todo se torna destrucción física y moral para sus jinetes.
A este atril subirán impertérritos a cantar la lección: Ricardo de La Cierva, Íñigo Bolinaga, Juan Eslava Galán, Pierre Villar, Enrique Moradiellos, Pío Moa, Paul Preston, Hugh Thomas o Pedro Corral entre otros muchos. Todos darán su punto de vista con mejores o peores apoyos documentales, dosieres, informes, crónicas o cuadernos de bitácora. Toda esta pléyade de estudiosos dan claves, enfoques y conclusiones que ayudan a entender el más cruel conflicto armado de la historia contemporánea española. Pero como comentábamos anteriormente es la voz de la víctima, censurada, velada y quebrada, la que suscita un mayor interés, tanto para el común de los lectores ávidos de la verdad como, principalmente, para aquellos que forman parte de su círculo más cercano y que vieron como la familia era doblegada por fuerzas que no entendían. La sensación de “fuego amigo” en tierra de nadie es la que tuvieron los supervivientes del conflicto a partir de los años cuarenta. Llegado el momento abrieron los ojos como Oscar Schindler pasando de ver listas de números a palpar el aliento necesitado de corpóreos hebreos apaleados. Finalizada la guerra, lugar en el que se representa la presente novela, y la sinrazón y la hiel dejó paso al gladiador que se lame las heridas, fueron muchos los que se dieron cuenta de que los camaradas no eran tales y de que los compañeros de partido tampoco. La propaganda, una vez terminada la guerra de eslóganes de buenos y malos, ya no contentó a aquellos que comían despojos y se calentaban con dos trozos de carbón. Llegó el orden y la gobernanza a un país que había estado convulsionado largamente por luchas intestinas, algunas larvadas y otras cruelmente explícitas, con especial virulencia a finales de la II República. Pero esto ni siquiera podía elevar la moral de aquellos que lo habían perdido todo, tenían a familiares en la cárcel o diseminados por Portugal, Francia o Sudamérica.

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Así son las guerras entre hermanos que comparten las mismas tradiciones, costumbres, historia, idioma y acervo cultural. Viven la crueldad de tener que disparar a un enemigo con el que, en otras circunstancias, podrían haberse ido a tomar unas cañas y a charlar de fútbol o de toros (La vaquilla, Luis García Berlanga, 1985). Pero en estas contiendas existen órdenes del alto mando que les obligan a matar a sus iguales. Por supuesto, si la propia guerra es devastadora, la que revienta familias como un melón que cae desde un ático al asfalto es la que tarda más en curar ya que, periódicamente, las heridas se vuelven a infectar. Cuando los enemigos que se encuentran en la planicie del campo de batalla defienden posturas culturales opuestas o la frontera de su territorio, les es menos complejo armarse de valor para evitar que su pueblo sea fagocitado. Ejemplos ya encontramos desde la antigüedad con las Guerras Médicas o las Cruzadas en Tierra Santa. Aunque incluso, en estos casos en los que los bandos difieren notablemente en casi todo, la propia condición humana se resiste a perder su esencia. Así ocurrió durante la Gran Guerra, el 24 de diciembre de 1914 cuando las tropas alemanas comenzaron a decorar sus trincheras. Luego cantaron villancicos. Las tropas británicas desde sus propias trincheras respondieron con los mismos villancicos en su propia lengua. En la tierra de nadie se intercambiaron whisky y cigarrillos. Incluso se jugaron varios partidos de fútbol. La artillería estuvo en silencio varios días. La tregua también permitió que los caídos recientes fueran recuperados y enterrados en ceremonias con soldados de ambos lados que lloraron juntos sus respectivas pérdidas, ofreciéndose mutuo respeto.
44563_10151223035873491_1426665972_nPero como todo náufrago tiene un peñón al que asirse tras la tormenta, en Soledad al atardecer de Javier Navas Olóriz nos encontramos el eje en el que orbita la expiación que con palanca y punto de apoyo arquimédico mueve el mundo: una librería. Al abrigo de sus paredes y del calor que trasmite el papel y la piel que cubren los volúmenes de sus estanterías, nos encontramos a Adela, la protagonista de esta tragicomedia. Allí se darán cita el espíritu y la reflexión más honda sobre la obra de Antonio Machado, el San Manuel Bueno, mártir de Miguel de Unamuno o la profundidad metafísica de Pío Baroja. También se encenderá una vela en el recuerdo de los exiliados Fernando de los Ríos, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Luis Cernuda o Salvador de Madariaga. Esta librería se localiza en Segovia, ciudad que quiere desperezarse y soltar amarras de su cruento pasado para abrirse a nuevos significados de normalidad y entendimiento pero que ve como aún mantiene aromas de ruralidad y maneras provincianas. Será en la trastienda de la librería donde se sucederán los coloquios más briosos y fértiles haciendo de sus participantes un grupo de iguales que en fraternidad y libertad abren una pequeña fisura en el régimen establecido para empezar a mirar hacia un horizonte de concordia mediante la confrontación de ideas literarias. Será en este recogido emplazamiento y en el salón de una pequeña pensión donde se den cita una colmena de almas que como irreductibles galos harán frente al acoso del Impero romano. Se harán fuertes en sendas plazas para dibujar un nuevo marco de convivencia. Hablar y escuchar les resultará a todos ellos una magnífica terapia autorecetada para romper las cadenas de su pasado, los traumas de culpabilidad, los amores perdidos y las lágrimas de condenación. Todos ellos ofrecerán sus respectivos hombros para que la llantina del vecino prorrumpa con fiereza y limpie los conductos que estaban oxidados y olvidados.
La presente novela no se jacta de abrazar pabellones rojos ni azules. Su entreverada reivindicación nace de la necesidad del cierre de todas las heridas y la sanación de todas las mentes de aquellos familiares que quieren terminar de reconstruir la vida y muerte de sus seres queridos exhumándolos de lugares recónditos, allá donde encontraron un vil ajusticiamiento sin garantías legales ni honras de ningún tipo. Muchos de ellos fueron represaliados por cuestiones puramente militares de (triste) lógica bélica, otros, por razones pueriles y artificiosamente egoístas. Vecinos delatando a vecinos, justicia paramilitar con nocturnidad, caudillaje y envalentonamiento de quien no tiene bozal, amo, ni código que le impida campar a sus anchas al acecho del conciudadano que, simplemente, no realiza una genuflexión respetuosa al paso del autoproclamado jerarca del pueblo. Envidias, celos, antiguos agravios y conflictos por lindes y regadíos. Todos en el mismo saco, todo vale para eliminar inicuamente a un enemigo o rival. Todo cabe en la guerra más sucia.
guadarrama_guerra_civilSoledad al atardecer de Javier Navas Olóriz atraviesa personajes y paisajes en una idas y venidas desde la capital hasta Segovia. Se sucederán paseos en un duro invierno matritense con una Gran Vía atestada de ciudadanos arrebujados en su abrigos al paso que marca el compás de Casa Ciriaco o Chicote. Somos espectadores de un Madrid de aceras repletas de ilusiones de porvenir que se atusa una sonrisa advenediza prestada por la revista La Codorniz hasta la crueldad del día a día en el penal de Carabanchel. Paisajes que van y vienen en un tren que recorre las vías de la reciente modernidad atravesando la Sierra de Guadarrama, Valsaín, La Granja y San Rafael, y que es testigo de la resistencia que allí se ofreció y de cómo el tiempo va otoñando los restos de trincheras y belicismos. Se da paso de nuevo al silencio del crujir de las ramas, a las abluciones de la fauna en pequeños riachuelos y al batir de rapaces que se elevan en los cielos ajenas a la mundanidad de aquellos que pelearon por sus divisas y distintivos militares. El aroma de la pólvora retrocede y retoma su espacio la esperanza de la germinación primaveral. La virginal naturaleza es observada con heracliteísmo análisis por el autor. Mientras los hombres juegan a ver quién tiene el Mauser más largo, el eterno ecosistema vive su propia y coherente realidad abrazando con las raíces el duro hormigón.

bf3d41d997e8d3a08c1fd4efdd775d67En la película Juegos de guerra (War games, John Badham, 1983), la computadora WOPR (War Operation Plan Response) acaba entendiendo mediante un proceso de autoaprendizaje que una guerra no es posible ganarla y que ambos bandos son los perdedores. Todo se resume en la lapidaria y ya clásica reflexión de la propia máquina “Extraño juego, el único movimiento para ganar es no jugar, ¿le gustaría una partidita de ajedrez?”. Quien no ha vivido los horrores de la guerra no es plenamente consciente de lo que conlleva un conflicto armado y de las graves consecuencias civiles y sociales que arrastran en el tiempo. Aquellas generaciones que están acomodadas en el bienestar que ahora disfrutan y por el que lucharon sus abuelos no saben lo difícil que fue alcanzarlo. Seguramente, es por lo que algunos hablan y actúan desde la osadía más irreflexiva utilizando un verbo vacuo y carente de enjundia fruto del arrojo de quien tiene la nevera llena y la televisión por cable que le acompaña en su imprudente regurgitar de tópicos y peligrosas demagogias.

Soledad al atardecer de Javier Navas Olóriz no bruñe escarapelas con su contenido sino que habla con el corazón de la pluma en la mano y a porta gayola sobre los recuerdos que, cocinados a fuego lento, asaetean a su autor en un piélago de sensaciones, nostalgias y rincones de un pasado al que ha decidido sacar brillo y actualizar para dar testimonio a su círculo más cercano, testigos del apostolado de la historia, su historia, nuestra historia. La llave de esta acuarela narrativa de claroscuros que yacía en un cajón cerrado de la memoria es ahora entregada a los nietos para que, llegado su momento, puedan interpretar y registrar la mochila del autor. Se pasa el testigo de aquellos ojos cansados que miraron a la insondable barbarie humana a unos nuevos e inocentes que deben conocer la verdad sobre los que tanto dieron por ellos.

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Año 1950-1955. Plaza del Azoguejo y Acueducto. Autor: Roberto Kallmeyer.
Filmoteca de Castilla y León.

LAS TRES CARAS DE LA MONEDA – JORDI BELDA VALLS – AUTOPUBLICACIÓN (2018)

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TÍTULO: LAS TRES CARAS DE LA MONEDA.

AUTOR: JORDI BELDA VALLS. TWITTERFACEBOOKINSTAGRAMWEB

EDITORIAL: AUTOPUBLICACIÓN, 2018.

PÁGINAS: 158.

¿DÓNDE COMPRARLO?:  AQUÍ

 

 – SINOPSIS –

Una explosión en la casa de la familia Ávid da inicio a una intrigante trama donde se aproxima la empatía a través de las historias de sus tres protagonistas. Una novela contada en varios tiempos donde las ansias de poder y de cambio se enfrentan continuamente. No hay más ciego que quién se embriaga de poder para sentenciar parcialmente la realidad.

– AUTOR –

Era una noche de agosto nublada y mi madre iba dirección al hospital. Había llegado el momento y la verdad es que al igual que ella, yo no estaba preparado. Después de varios empujones y gritos, terminé viendo la cara del médico sobre las dos de la madrugada (si salía tenía que ser de noche). Años después el no estar preparado me siguió persiguiendo. Nadie nunca está verdaderamente preparado, si lo estuviese no tendría sentido pasar por esta concatenación de retos que es la vida. Después de repetir tercero de ESO algunas personas me siguieron diciendo que no estaba preparado, otras creyeron en mí, a la mayoría les dio igual y la verdad es que a mi tampoco me importó. Trabajé en diferentes sectores, sobre todo en hostelería. Trabajar cara a la gente es algo que todas y todos deberíamos hacer alguna vez en la vida, ya que ayuda a empatizar con personas muy distintas, a tener paciencia y si estás dispuesto a escuchar, muchas personas te acaban enriqueciendo aunque sea con pocas palabras. Estudié dos ciclos formativos, un grado en Telecomunicaciones y un posgrado en Computación Paralela. Actualmente estoy realizando un Doctorado de Telecomunicaciones. Se podría decir que soy de números pero nunca me ha gustado clasificar a las personas de manera tan binaria. 
Desde hace años he escrito en las redes sociales dando la turra a mis contactos e iniciando diferentes proyectos casi siempre de manera excesivamente impulsiva. En 2018 auto publiqué mi primera novela y mi primer poemario. Las razones de hacerlo por mi cuenta y no a través de una editorial son las siguientes: La principal de ellas es porque no soy una persona conocida y por tanto la mayoría de editoriales no quieren arriesgarse a no rentabilizar la publicación, o directamente no pueden considerar la obra por la saturación de propuestas pendientes que tienen. Algunas editoriales que sí han tenido interés, piden que inviertas una parte (comprando ejemplares o pagando) para asegurarse de no perder dinero al no ser (de nuevo) una persona conocida y tampoco aseguran un trabajo de promoción. Otra opción participar en concursos, pero esta opción lleva mucho tiempo hasta que se da el veredicto y obviamente la probabilidad de ganar es extremadamente baja. Soy consciente de lo difícil que es tener la oportunidad de que la gente me lea en un mundo saturado de estímulos, pero siempre he sido de intentar todo aquello que quiero. Para algo hemos nacido. Agradeceré infinitamente todo el apoyo y esfuerzo de las personas que decidan ayudarme en esta odisea.

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A aquellos que van más allá de una trama política y bélica en sus lecturas y que valoran notablemente que el autor “se moje” y exponga sus motivos e inquietudes éticas y morales en un mundo cada vez más mediatizado y convulso. Interesará a aquellos lectores que prefieren que las historias que les narran no sean unidireccionales, sino que tengan varios puntos de vista para que puedan confrontarlos con sus propias inquietudes personales.

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La presente obra les sabrá a poco a aquellos lectores más acostumbrados al thriller con tintes cinematográficos y furioso en sus formas. También rebajará el interés de los que anteponen la complejidad narrativa y de la trama a las reflexiones y diferentes postulados aportados por los personajes como forma de asirse a una vida mediocre, esquiva y descorazonadora.

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“Iba amaneciendo despacio, tanto como la velocidad a la que avanzaban. Tal parecía como si, con toda la educación del mundo, pidiesen permiso a cada metro cuadrado de la tierra para pasar por encima y, al igual que el sol se alza cada mañana humilde, hasta convertirse en los protagonistas del escenario de las vidas de los habitantes del Desierto Naranja. Sabían perfectamente que, solo con humildad, se consigue llegar hasta el final ya que esta aporta la prevención necesaria para lograr la victoria”

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Hoy traemos para reseñar el libro Las tres caras de la moneda de Jordi Belda Valls. Profundo diagnóstico, realidad ficcional, batalla de modernidad que elucubra la sociedad que nos ha tocado vivir, de los resortes que la sustentan y de la autopsia de los cadáveres que va arrastrando por el camino. El autor nos conmina a un ejercicio de posicionamiento incómodo tras las varias ofertas que nos ofrece en sus tres menús repletos de razones, circunstancias, reflexiones y verdades. Esta novela corta, más allá de la trama expuesta y de las propias peripecias narrativas, está acompañada por un profundo poso de cronista de batallas sociológicas en las que el autor mueve las marionetas de su teatro itinerante para despegar los párpados de aquellos que, tras sus muros y rejas electrificadas, defienden sus derechos a no ser molestados por otras visiones ni realidades alternativas.
cover_issue_16811_es_ES.jpgMargarita Vázquez Campos y Antonio Manuel Liz Gutiérrez, firman el libro La noción del punto de vista, exponiendo un análisis integral de la composición del concepto. Nos indican que, aunque es crucial en muchos discursos, la noción no ha sido correctamente analizada. Afirman que los primeros filósofos griegos clásicos, Parménides y Heráclito entre otros muchos, discutieron la relación entre “apariencia” y “realidad”; cómo los diferentes puntos de vista se conectan con la realidad en la que nos movemos. El concepto de “punto de vista” es altamente complejo, irracional, multifuncional y ambiguo. Muchas cosas pueden ser juzgadas desde ciertos puntos de vista personales, tradicionales, éticos o morales. Concluyen que nuestro conocimiento sobre la realidad fijada en nuestro cerebro es, a menudo, inestable y relativo a un punto de vista fijo y concreto.
Las dos caras de los personajes del cine y la TV.jpgLas dos caras de la moneda, es el dicho popular que nos indica que una misma persona, hecho o circunstancia puede tener dos efectos contrarios, confrontados y, aparentemente, irreconciliables; son los dos polos de un imán que se repelen hasta el infinito, o el cara y cruz de dos realidades que estando pegadas nunca logran mirarse directamente a los ojos para entablar un punto de conexión y acuerdo. La tesis y la antítesis se intentan dar la mano por debajo de la mesa para que nadie se dé cuenta de que se buscan, pero no se encuentran sin la ayuda de la síntesis (la tercera cara de la discordia). Recuerden a Dos caras de los cómics de Batman que lucha por llegar a un punto de unión entre sus dos personalidades para poder conciliar un único parecer en la realidad. Este personaje padece una personalidad disociativa fruto de las malas experiencias y de los palos que le ha dado la vida. Héroe y villano que intenta alcanzar la tercera vía, aquella que le permita reconciliarse consigo mismo y con su entorno. Jordi Belda Valls introduce en su novela esta tercera vía. La que utilizará para explicarnos sus razones sociopolíticas de un tiempo convulso de corrientes de pensamiento, populismos de masas, noticias falsas (las mediáticas fake news), adoctrinamientos tecnológicos y explotaciones humanas desde el primer al tercer mundo.
DIOS-JANO.jpgLa presente obra juega con tres momentos temporales y geográficos que son narrados de manera muy eficaz para la trama de la narración. Al ser una novela relativamente breve no queda un espacio significativo para seguir la progresión de los personajes, sino, más bien, para los devenires de sus caminos. Aquí es donde el autor hace más hincapié. Estas tres caras observan realidades diferentes en su cotidianidad, ya sea en lo más alto del escalafón del poder político, en la lucha de guerrillas de un país inestable o en los gajes del oficio del periodismo. Todos tienen sus ópticas bien afinadas pero se reflejan en espejos que únicamente les devuelven sus propias miradas y no las del contrario. Jordi Belda Valls se rebela (y se revela) contra un sistema injusto que bebe los aromas de su triunfalismo económico desgastando a todos los maltratados por el mismo. Un organigrama político henchido de desigualdad y de afrentas burocráticas laberínticas que dirige las voluntades del vulgo, afanándose por esquilmar los bolsillos y las ilusiones de los ciudadanos encasillados según su agenda de contactos. Tendremos la ocasión de asistir a un complejo entramado político, comercial y bélico que confluye en las distintas realidades en las que se pliegan los protagonistas para sobrevivir en un contexto que no permite llegar el segundo a la línea de meta.
La presente novela es un ejercicio reivindicativo y explicativo de la legítima lucha del individuo por seguir adelante, procurándose un estado del bienestar personal donde consagrar sus sueños e ilusiones. Lucha que tiene muchos frentes y donde el sistema democrático tiene mucho que avanzar en sociedades que aún se hayan asentadas en la Edad Media en legislación, confesionalidad y falta de protección a los más desfavorecidos (menores y mujeres principalmente). La empatía como forma de entendimiento, concordia y avance humano. Una novela dividida en tres ángulos que de manera tangencial buscan tocarse pero que en la mayoría de ocasiones chocan en un delirio universal de falta de comunidad. Jordi Belda Valls piensa que aún no está todo perdido y que la esperanza de la conciliación de intereses todavía es posible.

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FOROLIBRO.COM GANADOR CONCURSO DE RESEÑAS

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Forolibro.com ganador del concurso de reseñas del libro #MichaelDeberíaMorir de Jackson Bellami, organizado por Editorial Labnar.
RESEÑA: forolibro.com/2019/01/27/michael-merecia-morir-jackson-bellami-ediciones-labnar-2018/

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MICHAEL MERECÍA MORIR – JACKSON BELLAMI – EDICIONES LABNAR, (2018)

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TÍTULO: MICHAEL MERECÍA MORIR.

AUTOR: JACKSON BELLAMI. 

EDITORIAL: EDICIONES LABNAR – WEB

PÁGINAS: 375.

¿DÓNDE COMPRARLO?:  AQUÍ

 

 – SINOPSIS –

En la ciudad de Greenwood, los jóvenes más distinguidos del instituto Old Abbey se reúnen en un lugar del bosque al que todos llaman la Corte. En las viejas ruinas de River House, sus miembros juegan a ser dioses cuando no son más que estrellas fugaces en su descenso hacia el mundo real. Desde la Corte imponen sus reglas a todos. Es el lugar en el que nacen las tendencias de obligado cumplimiento para el entorno juvenil. Donde deciden quién es quién y cuál es su sitio durante el horario de clase. La sede de su indiscutible alteza, Michael Foley. El sitio más exclusivo. Y allí pierde la vida el rey. Michael muere a los pies del trono y todos sus fieles amigos tienen motivos para haberle matado. Aunque aún no lo saben.

– AUTOR –

Nacido en alguna parte del mundo, en una época gloriosa de historias y buena música. Tiene los pies muy lejos del suelo, aunque su cabeza no está en las nubes. Ama la vida; odia lo establecido. Detesta la simpleza de las personas, sobre todo el método que algunos tienen para elegir lectura. Por ese motivo ha convertido su identidad en uno de los misterios que tanto le gusta escribir. Para él, un nombre solo es un sustantivo, el sujeto de una oración en el mejor de los casos. Un nombre no es nada si no se tiene algo digno de contar. Querido Asesino (Ediciones Labnar, 2017) es su primera novela, con la que entra en un género que podría describirse como novela negra juvenil, dramática, contemporánea y, por supuesto, única. Si has elegido este libro por un nombre, te condenará. Si lo has elegido por su historia, te felicitará. Así es Jackson Bellami. Tan inédito y singular como sus libros.

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A aquellos lectores que disfrutaron con la anterior obra de Jackson Bellami, Querido asesino, ya que el tono, su universo y el contexto de la trama son bastante parecidos. Gustará a aquellos que capean bien el temporal en lecturas intergéneros donde los recursos de varios tonos narrativos se juntan en una misma obra, saltos temporales y videoblogs incluidos. Será también del gusto de aquellos lectores rebeldes que defienden su derecho a ser felices y a mantener sus ilusiones por encima de acosadores y verdugos. Seguidores de misterios, sospechas, cluedos e investigaciones policiales también gozarán con este volumen.

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A aquellos que se les pasó el arroz de los años juveniles, de sus miedos, sus retos, sus enfados y sus descubrimientos personales y sociales. La presente novela es netamente juvenil en su planteamiento y problemática moralista. Los que ya no recuerden cómo transitaron por la edad del pavo y piensan que la etapa adulta es un automatismo y no una consecuencia lógica de una transición que lleva su tiempo y su sangre, sudor y lágrimas anejas, no encontrarán aquí su lectura. Tampoco gustará a los que busquen únicamente un thriller o una novela policíaca al uso de caza al asesino.

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“Me gusta disfrutar de las ruinas a solas. Me pierdo imaginando las historias que han presenciado estos árboles, las conversaciones que han oído estas paredes o las reuniones llevadas a cabo en este lugar. Fue un refugio para soldados heridos durante la guerra de Secesión y se convirtió poco después en la mansión de un hombre atormentado. River House debió de ser un lugar increíble en su momento, y me gusta cerrar los ojos para poder verlo así, con sus altos techos y sus ventanales cubiertos por las cortinas. Ese es el motivo por el que siempre vengo antes que los demás. Me gusta soñar que una vez alguien vivió aquí, ajeno al mundo, bajo sus propias normas”.

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raiders-49ers-football-54954db896cc7147.jpgPodía haber sido en cualquier otro lugar, pero tanto en Querido asesino (primera novela de Jackson Bellami) como en la presente, Michael merecía morir, nos vamos a Misuri, EEUU. ¿Y qué pasa en Misuri?, pues para este autor muchas cosas. Es en este estado del medio oeste americano con una densidad de población de tan solo treinta y tres habitantes por kilómetro cuadrado, de boscosas mesetas y verdes praderas con el río Misuri y el Misisipi como baluartes de su geografía y confidentes de sus historias más ocultas y donde tras la fachada de idílicas familias de césped recién cortado y tartas de zanahoria enfriándose en el alfeizar de la ventana, subyacen terribles secretos. Recuerden que en el mismo Misuri se encuentran los Ozark, lugar que da nombre a la divertidísima homóloga serie de Netflix. Allí también hay un instituto en el que, aunque no tiene una Corte reconocida, sí pululan con descontrol, las drogas, el alcohol, el sexo, la mafia local y foránea. Hay un patrón común en la América menos cosmopolita. Las grandes distancias y el poco contacto personal y vecinal origina grupos endogámicos que se perpetúan en unas conductas definidas en barrios e instituciones siempre recelosas de las figuras externas, y es por ello que siempre intentan mantener sus privilegios en su cortijo personal. El incansable periodista y director Michael Moore nos ha contado en infinidad de ocasiones que la sociedad estadounidense desde siempre ha sido sometida al yugo de la farsa de la amenaza exterior, ya sea con el imperio inglés, con los indios nativos o con los sátrapas petrolíferos del lejano oriente como excusas. El pueblo norteamericano lleva los términos de la autoprotección al paroxismo. Siempre temen al vecino diferente, al que no se pliega a compartir con ellos la barbacoa de los domingos o a beberse unas cervezas en el porche de casa al atardecer. Una sociedad tan cohesionada en las formas, en los ritos y en las costumbres que va a ofrecerte una cesta de bienvenida cuando llegas a tu nueva residencia, no como muestra de cortesía y bienvenida, sino para intentar ver qué escondes en tu sótano (Lo que la verdad esconde, Robert Zemeckis, 2000). Este miedo se combate con el derecho constitucional a la tenencia de armas de fuego en el hogar, con el apoyo de la todopoderosa NRA y, sobre todo, con la pertenencia a un grupo de poder, lobby, asociación o congregación religiosa. Pero si eres adolescente y tus hormonas juegan al Hula Hoop en un looping infinito, no te queda más remedio que llevar la autoprotección al mundo de la pandilla juvenil, que será la que preserve la pureza de sus miembros (recordamos el concepto de los sangre sucia en Harry Potter) y de su forma de vida. Estas pandillas no se dedicarán únicamente a ir a pescar al río y a fumar a escondidas. Detrás de sus caballos bordados de Ralph Laurent, sus blanqueamientos dentales y las cabelleras recién peinadas de las cheerleaders, se halla una terrible crueldad racista, homofóbica, supremacista, excluyente y elitista con un único objetivo; hacerse respetar para auparse a las mejores esferas de poder en la futura universidad y posterior puesto laboral de influencia. Desde pequeños es la impronta del “sueño americano” tenebroso de muchos. Esta no es la imagen de esfuerzo, dedicación y disciplina de los eslóganes, sino que es una lucha intestina para auparse al escalón más alto (La fuga de Alcatraz, Don Siegel, 1979) defenestrando a todo el que sea necesario para alcanzar el trono. Pero para llegar a lo más alto se requieren unos escuderos que te cubran las espaldas y que, al tiempo, se aprovechen de su también cuota de poder. Se exige una organización bien planificada para alcanzar los objetivos marcados. Se necesita una Corte para encauzar las ansias de unos pocos que pisan los sueños de otros muchos.
lost.jpgJackson Bellami ocultó al malo de su novela Querido asesino (AQUI RESEÑA) con una maestría, elegancia poética y tensión narrativa al nivel de (permítannos la licencia) la trilogía del asesino imposible de Agatha Christie (Telón, Diez negritos y Asesinato en el Orient Express). En Michael merecía morir también hay un asesino, despiadado, justiciero y moralizante. Quizás este sea más fácil de descubrir, ¿o no?, eso ya lo tendrá que experimentar el lector. Lo que sí queda claro desde el principio es que al autor le gusta el doble salto mortal en un circo de tres pistas. Utiliza para ello el recurso narrativo flashback/presente/flashforward en vídeo, de una manera tan equilibrada que no permite al lector decantarse por una de las tres líneas de la trama. Ya pasó con la utilización de este recurso en la serie Lost, que fue la primera que lo utilizó con toda su potencia guionizada. Y así sucede, que la riqueza narrativa crece al llegarnos informaciones cruzadas y tangenciales por varios frentes. Todos recordamos los mejores momentos de Lost en el pasado o en el futuro. Estos momentos liberan por un tiempo al lector o espectador de la tensión incierta de los acontecimientos para imbuirles en un terreno que, aunque es desconocido, al menos es más previsible a raíz de la constante de la narración presente. Y esto Jackson Bellami lo hace con notable destreza jugando con el plano temporal en la creación de un universo adolescente mucho más nutrido y completo. Al igual que los pasajeros del 815 de Oceanic Airlines, los miembros de La Corte y los compañeros del instituto de Greenwood son arrastrados por los caprichos “reales”. Son almas perdidas que deben encontrar el camino hacia la luz o hacia la oscuridad. Pecadores que deben ser castigados por sus pecados.
mesa-rendonda-arturo_62_733x491.jpegPero, ¿qué es La Corte y por qué tanta repercusión? No tendría demasiado valor si solo fuera por el tirón narrativo que siempre origina un asesinato. Miles de víctimas han desfilado en las primeras páginas de los libros y en los primeros minutos de infinidad de películas (revisen La soga, Alfred Hitchcock, 1948. A los 30 segundos tras los créditos ya teníamos un fiambre en un arcón). Lo que interesa realmente al lector no es el muerto en sí, sino el merecimiento del asesinato y el discurso de sus verdugos. Nos interesa el contexto, no el muerto anónimo. Michael merecía morir y murió. Pero murió seguramente salvando a una institución educativa y siendo el mártir, el bofetón en la cara y el jarro de agua fría tras una fuerte resaca. Su muerte tiene una larga explicación que el autor nos relata con la voz en primera persona del finado y mediante la tercera persona para el resto de sus acólitos escuderos. La Corte es el paradigma adolescente y rompiente de la minoría de edad que genera el germen ético de los que luego formarán parte de los consejos de administración y las juntas directivas de empresas multinacionales despóticas en sus formas y eficientes en sus resultados, de organismos públicos que esquilman los bolsillos del ciudadano para derrocharlo impunemente y sin auditoría mediante, en burdeles, cocaína y lencería de lujo para sus mujeres. Este “experimento” de crueldad juvenil es alentadO por unas familias que no solo no desautorizan sus prácticas, sino que incluso las jalean para que sus pequeños retoños tomen las riendas para alcanzar su puesto de preboste de la sociedad del futuro. Inseminada la semilla de la superioridad en el subconsciente de estos adolescentes se originan lo que luego serán los abusones de las cúpulas de dirección del futuro. Y aunque las mesas se quieran hacer redondas, los círculos nunca son perfectos, y el rey surge de entre los elegidos para dominar las voluntades de sus súbditos. Pero los reyes también caen y normalmente a manos de sus más cercanos admiradores y vasallos (“tu quoque fili mi“, que diría Julio César). ¿Y qué ocurre con los daños colaterales? Aquí recae lo que es, seguramente, el ancla temática y la paradoja de esta novela. ¿Qué pasa con aquellos chavales corrientes de colegios e institutos que no se meten con nadie, que empiezan a despuntar en habilidades varias y que únicamente desean pasar lo más desapercibidamente posible en una etapa de gruesa marejada hormonal? Pues que por medio del acoso, la burla, la intimidación, el menosprecio y el ostracismo se rompen prometedoras carreras, se truncan ideales, se ocultan sentimientos, se lastran ilusiones, se cercenan sonrisas y se generan individuos inestables; sí, de esos que entran en un instituto con un fusil de asalto y acaban con la vida de sus compañeros y profesores. No en todos los casos, pero la causa/efecto de las actitudes de ciertos abusones profesionales tiene un coste muy alto para la sociedad. Y más, como es en el presente cuento de Jackson Bellami, cuando los garantes del orden y la disciplina; los profesores, están del todo superados por este fenómeno y, más aún, con el beneplácito de unos padres que defienden a sus hijos por encima de instituciones y reglamentos. “Son solo juegos de niños”, dice el dicho popular, pero que no nos engañen sus tempranas edades, dentro de cada niño se esconde un tirano en potencia (El señor de las moscas, William Golding, 1954; Battle Royal, Koushun Takami, 1999; Rabia, Stephen King, 1977; Los chicos del maíz, Stephen King, 1978 o ¿Quién puede matar a un niño?, Narciso Ibáñez Serrador, 1976).
1101978068_univ_lsr_xl.jpgMichael merecía morir (#MMM) transita por la senda de la novela juvenil por su mensaje, su tono, su sencillez gramatical y su cercanía con la problemática que expone y ataca. La voz en las conversaciones de los jóvenes protagonistas, las referencias musicales, cinematográficas, de moda, de gustos, de aficiones, etc casan mejor con un sector de lectores más afines a estos postulados que, por edad, a los más lejanos a las circunstancias personales y sentimentales que asaetean a los protagonistas. Jackson Bellami, tiene varias virtudes, una de ellas es la composición poética y la funcionalidad y brío en las conversaciones de sus personajes. En una obra coral como la presente, todos ellos, equilibran su peso, su carácter, su espacio y su razonamiento interno. Pero por encima de todos ellos y, fagocitando incluso al propio protagonista, descubrimos el gran hallazgo y la piedra angular del libro. Un personaje que tardaremos en olvidar por ser el alma de la obra (de teatro también). Para ello recordamos la historia de Lot y su familia. En Sodoma y Gomorra, (Greenwood) cuando el Señor, no pudiendo ya soportar las peores acciones de los hombres, les dijo a Lot y a su familia que huyeran, porque esas ciudades estaban a punto de ser destruidas. “Escapa por tu vida”, dijo el Señor, “no mires tras de ti… escapa al monte, no sea que perezcas” (Génesis 19:17). La familia huyó, pero la mujer de Lot miró hacia atrás y Dios la convirtió en una estatua de sal. Para ella no era suficiente con salvarse, en el fondo sentía lástima por unos compañeros que no pudo salvar. Nuestro personaje preferido, pudo marcharse con su felicidad, su buenismo y su dulzura, pero decidió quedarse y mirar hacia atrás, pero La Corte no perdona y lo convirtió en sal. 
El autor también deja un mensaje claro de superación de los problemas, de comunión de las personas y de su entorno, de lucha por los ideales, por los deseos más íntimos erradicando los males que intentan derribarlos. Deja espacio también para la expiación y la redención de los pecados, para las segundas oportunidades, para la entrega desinteresada y para el perdón. Si nos fijamos, al igual que en su anterior obra donde las tornas cambiaban a mitad de lectura, en la presente ocurre algo parecido. Lo que empieza con un thriller policíaco (recordemos a Hamlet y su final. No spoilers) de averiguar quién es el asesino, se va transformando en algo distinto (que dividirá a los lectores, los riesgos se pagan). La novela va recogiendo tintes más reivindicativos y justicieros. La espada de Damocles pende de un hilo de crin de caballo como cuenta la leyenda griega y puede caer sobre el que se crea con más derecho a disfrutar de un trono que nunca le ha pertenecido. Las autoridades policiales, su peso en la trama y las líneas de investigación de los primeros capítulos van dejando paso a un universo mucho más complejo, moralista y personal. Jackson Bellami juega sus cartas en varios planos. ¿Merecía Michael Foley morir como necesidad para la salvación de una causa más grande? El Cluedo ha empezado señora Fletcher.
Joffrey Baratheon fue envenenado y despojado del Trono de hierro. Michael Foley correrá idéntico destino. Sus vasallos ocultan terribles secretos que si salen a la luz acabarían con sus prebendas sociales. Todos son sospechosos en La Corte. Mientras tanto, un bufón bondadoso y entrañable, cautivará al lector con su música de laúd. Querido asesino Bellami, Mamma mía!, here we go again. El rey ha muerto. ¡Viva el rey!

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SALIENDO DEL CAOS – MARÍA ELENA MARÍN VÉLEZ – PUNTO ROJO LIBROS, 2018

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TÍTULO: SALIENDO DEL CAOS.

AUTORA: MARÍA ELENA MARÍN VÉLEZ – FACEBOOKTWITTER

EDITORIAL: PUNTO ROJO LIBROS – WEB

PÁGINAS: 111.

¿DÓNDE COMPRARLO?:  AQUÍ

 

 – SINOPSIS –

Salir de la tradición es un lujo que algunos no se permiten. Su miedo de perder su personalidad, y el qué dirán, son sus mayores impedimentos. En, SALIR DEL CAOS, les permitirá por unas horas que puedan disfrutar de esa libertad, donde no existe una necesidad de tener que llevar un orden para poder entender el libro. Aquí no existe un índice él que seguir. Se puede leer o no leer cualquier capítulo. No se desea llegar a ninguna conclusión; serán capítulos de temas diferentes y encontraran ejercicios para ir avanzando en ese empezar a salir del orden. Espero con este libro les pueda aportar horas de relajación y no se haga una pesada obligación. ¡Manos a la obra!

– AUTORA –

Nació en Colombia. Su mayor tiempo lo vivió en El Puerto de Buenaventura. Sus suegros eran españoles; se fueron a vivir a Colombia por la violencia en que estaba España en los años 1950 más o menos. Y ahora su familia y ella están viviendo en España por la violencia que se vive en Colombia.

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A todos aquellos lectores que son receptivos a miradas diferentes, muy particulares, descabaladas en sus formas y contenidos, pero con muchas ganas de gritar al mundo sus convicciones más personales, agitadoras y, en ocasiones, transgresoras.

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A los lectores más exigentes y acostumbrados, en este tipo de lecturas, a un respaldo científico y empírico más acentuado en las aseveraciones y discursos de los temas tratados. Tampoco llamará la atención a todos aquellos que no están interesados en las reflexiones vitales que a todos nos asaltan periódicamente.

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¿Por qué somos tan cabeza dura? Somos cabezas duras, porque nos gusta tener la razón en todo, ya que esto se supone que nos hace inteligentes. Y eso es lo que creemos, hemos venido a buscar aquí en la tierra, pues los que “no son inteligentes” según nosotros sufren, no pueden entender el conocimiento del vivir.

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María Elena Marín Vélez nos trae un pequeño volumen personal e intransferible. Reflexiones de orden caótico que tratan de establecer una comunicación entre lo que acostumbramos a ver y a sentir y lo que la autora realmente piensa: el más allá de la careta que todos nos ponemos para ocultar nuestro verdadero ser en el día a día de carreras, prisas y falta de autoconocimiento. La autora hace gala de un estilo directo, sencillo e intencionadamente desordenado. Ella misma nos invita a realizar la lectura desde cualquier página o capítulo, como forma de desanclarse de la rigidez de las formas, reglamentos y protocolos. Su lenguaje y formato es desconcertante, raudo, furioso en ocasiones. Su objetivo es soltar amarras de concepciones políticamente correctas y aceptadas por la mayoría, para observar un punto de vista distinto a lo cordialmente establecido en una sociedad acomodada, conformista, hastiada y narcotizada.
coaching-y-la-oratoria.pngDentro de los pensamientos de la autora, aunque se presenten muchos de ellos en un revuelto multidisciplinar, existen unos ejes temáticos que quiere remarcar para hacer extensible sus inquietudes cacofónicas al resto de los lectores. Uno de estos espacios es el consabido y clásico en este tipo de lecturas: el “carpe diem, tempus fugit”. Evadir de nuestra mente las cicatrices del pasado y los augurios de un futuro esquivo para centrarse en la realidad que nos rodea. Una realidad que fluye en ondas heterodoxas, tangenciales, fugitivas, inabarcables y desmedidas. La autora se consagra al sentido del momento, del sentimiento presente que escapa de nuestro control y que, para unos, deriva en el desconcierto de su existencia, mientras que otros lo aceptan con estoico entendimiento. El control maniático de nuestras vidas es un espejismo que falsea nuestra realidad, donde nos creemos que podemos organizar el cosmos a nuestro antojo, pero olvidamos que las leyes de la casuística y la sincronía fluyen por otros derroteros.
María Elena Marín Vélez nos habla del cambio, del propio y del ajeno. De la importancia del mismo para ir de lo concreto a lo abstracto. De cambiar en lo personal, en lo casero, en la experiencia diaria para, una vez asentado ese recorrido interior, podamos ser dueños de nuestras propias decisiones personales, en un mundo cada vez más globalizado e interconectado. Nos introduce en la responsabilidad, en el miedo, en la naturaleza personal y en la consciencia de uno mismo. El sentido último, el fin escatológico de nuestra existencia, reverenciado en un cosmos complejo e inabarcable. La autora nos habla de aquello que nos limita, que nos da miedo, que nos arrastra hacia el fondo de nuestros malos sentimientos y nos ahoga en un pasado tenebroso y asfixiante. Nos expone su sincera reflexión acerca del perdón y de su ancla, de la capacidad del ser humano de martirizarse y de dejarse llevar por el peso de sus pecados y del gran coste que conlleva el perdón y la expiación para lograr la redención del espíritu. La relación con nuestro yo interior y la necesidad del silencio como herramienta de descubrimiento, de escucha, de abrirse a una nueva canalización sensorial para aprender qué queremos realmente y cuál es el papel que queremos representar en nuestra vida para que no sea representado por otros.
En resumen, la autora nos abre su caja pandórica de herramientas y reflexiones personales para aquellos que surfean el caos de cada día. Nos invita a entrar en su desordenado torrente de ideas y cosmología personal donde desarrolla un núcleo de sentimientos compartidos. Particularidades que le llevan a adentrarse en una temática diversa y fragmentada para bosquejar asuntos en los que todos, en algún momento de nuestra existencia, les hemos hecho hueco en nuestras almas incompletas. Llama al caos por el caos, al desorden por el desorden, a las ráfagas de sinsabores vitales como parte de la partitura que todos tocamos con mayor o menor afinación. María Elena Marín Vélez abre sus páginas hacia lugares donde cada uno será dueño de darles forma, romper estereotipos, claudicar o sanar ante la devastadora batalla que tiene por delante.

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