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MICHAEL MERECÍA MORIR – JACKSON BELLAMI – EDICIONES LABNAR, (2018)

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TÍTULO: MICHAEL MERECÍA MORIR.

AUTOR: JACKSON BELLAMI. 

EDITORIAL: EDICIONES LABNAR – WEB

PÁGINAS: 375.

¿DÓNDE COMPRARLO?:  AQUÍ

 

 – SINOPSIS –

En la ciudad de Greenwood, los jóvenes más distinguidos del instituto Old Abbey se reúnen en un lugar del bosque al que todos llaman la Corte. En las viejas ruinas de River House, sus miembros juegan a ser dioses cuando no son más que estrellas fugaces en su descenso hacia el mundo real. Desde la Corte imponen sus reglas a todos. Es el lugar en el que nacen las tendencias de obligado cumplimiento para el entorno juvenil. Donde deciden quién es quién y cuál es su sitio durante el horario de clase. La sede de su indiscutible alteza, Michael Foley. El sitio más exclusivo. Y allí pierde la vida el rey. Michael muere a los pies del trono y todos sus fieles amigos tienen motivos para haberle matado. Aunque aún no lo saben.

– AUTOR –

Nacido en alguna parte del mundo, en una época gloriosa de historias y buena música. Tiene los pies muy lejos del suelo, aunque su cabeza no está en las nubes. Ama la vida; odia lo establecido. Detesta la simpleza de las personas, sobre todo el método que algunos tienen para elegir lectura. Por ese motivo ha convertido su identidad en uno de los misterios que tanto le gusta escribir. Para él, un nombre solo es un sustantivo, el sujeto de una oración en el mejor de los casos. Un nombre no es nada si no se tiene algo digno de contar. Querido Asesino (Ediciones Labnar, 2017) es su primera novela, con la que entra en un género que podría describirse como novela negra juvenil, dramática, contemporánea y, por supuesto, única. Si has elegido este libro por un nombre, te condenará. Si lo has elegido por su historia, te felicitará. Así es Jackson Bellami. Tan inédito y singular como sus libros.

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– GUSTARÁarrow-145786__340

A aquellos lectores que disfrutaron con la anterior obra de Jackson Bellami, Querido asesino, ya que el tono, su universo y el contexto de la trama son bastante parecidos. Gustará a aquellos que capean bien el temporal en lecturas intergéneros donde los recursos de varios tonos narrativos se juntan en una misma obra, saltos temporales y videoblogs incluidos. Será también del gusto de aquellos lectores rebeldes que defienden su derecho a ser felices y a mantener sus ilusiones por encima de acosadores y verdugos. Seguidores de misterios, sospechas, cluedos e investigaciones policiales también gozarán con este volumen.

– NO GUSTARÁ arrow-145782__340.png 

A aquellos que se les pasó el arroz de los años juveniles, de sus miedos, sus retos, sus enfados y sus descubrimientos personales y sociales. La presente novela es netamente juvenil en su planteamiento y problemática moralista. Los que ya no recuerden cómo transitaron por la edad del pavo y piensan que la etapa adulta es un automatismo y no una consecuencia lógica de una transición que lleva su tiempo y su sangre, sudor y lágrimas anejas, no encontrarán aquí su lectura. Tampoco gustará a los que busquen únicamente un thriller o una novela policíaca al uso de caza al asesino.

– LA FRASE vintage-1751222__340.png

“Me gusta disfrutar de las ruinas a solas. Me pierdo imaginando las historias que han presenciado estos árboles, las conversaciones que han oído estas paredes o las reuniones llevadas a cabo en este lugar. Fue un refugio para soldados heridos durante la guerra de Secesión y se convirtió poco después en la mansión de un hombre atormentado. River House debió de ser un lugar increíble en su momento, y me gusta cerrar los ojos para poder verlo así, con sus altos techos y sus ventanales cubiertos por las cortinas. Ese es el motivo por el que siempre vengo antes que los demás. Me gusta soñar que una vez alguien vivió aquí, ajeno al mundo, bajo sus propias normas”.

– RESEÑAletter-576242__340.png

raiders-49ers-football-54954db896cc7147.jpgPodía haber sido en cualquier otro lugar, pero tanto en Querido asesino (primera novela de Jackson Bellami) como en la presente, Michael merecía morir, nos vamos a Misuri, EEUU. ¿Y qué pasa en Misuri?, pues para este autor muchas cosas. Es en este estado del medio oeste americano con una densidad de población de tan solo treinta y tres habitantes por kilómetro cuadrado, de boscosas mesetas y verdes praderas con el río Misuri y el Misisipi como baluartes de su geografía y confidentes de sus historias más ocultas y donde tras la fachada de idílicas familias de césped recién cortado y tartas de zanahoria enfriándose en el alfeizar de la ventana, subyacen terribles secretos. Recuerden que en el mismo Misuri se encuentran los Ozark, lugar que da nombre a la divertidísima homóloga serie de Netflix. Allí también hay un instituto en el que, aunque no tiene una Corte reconocida, sí pululan con descontrol, las drogas, el alcohol, el sexo, la mafia local y foránea. Hay un patrón común en la América menos cosmopolita. Las grandes distancias y el poco contacto personal y vecinal origina grupos endogámicos que se perpetúan en unas conductas definidas en barrios e instituciones siempre recelosas de las figuras externas, y es por ello que siempre intentan mantener sus privilegios en su cortijo personal. El incansable periodista y director Michael Moore nos ha contado en infinidad de ocasiones que la sociedad estadounidense desde siempre ha sido sometida al yugo de la farsa de la amenaza exterior, ya sea con el imperio inglés, con los indios nativos o con los sátrapas petrolíferos del lejano oriente como excusas. El pueblo norteamericano lleva los términos de la autoprotección al paroxismo. Siempre temen al vecino diferente, al que no se pliega a compartir con ellos la barbacoa de los domingos o a beberse unas cervezas en el porche de casa al atardecer. Una sociedad tan cohesionada en las formas, en los ritos y en las costumbres que va a ofrecerte una cesta de bienvenida cuando llegas a tu nueva residencia, no como muestra de cortesía y bienvenida, sino para intentar ver qué escondes en tu sótano (Lo que la verdad esconde, Robert Zemeckis, 2000). Este miedo se combate con el derecho constitucional a la tenencia de armas de fuego en el hogar, con el apoyo de la todopoderosa NRA y, sobre todo, con la pertenencia a un grupo de poder, lobby, asociación o congregación religiosa. Pero si eres adolescente y tus hormonas juegan al Hula Hoop en un looping infinito, no te queda más remedio que llevar la autoprotección al mundo de la pandilla juvenil, que será la que preserve la pureza de sus miembros (recordamos el concepto de los sangre sucia en Harry Potter) y de su forma de vida. Estas pandillas no se dedicarán únicamente a ir a pescar al río y a fumar a escondidas. Detrás de sus caballos bordados de Ralph Laurent, sus blanqueamientos dentales y las cabelleras recién peinadas de las cheerleaders, se halla una terrible crueldad racista, homofóbica, supremacista, excluyente y elitista con un único objetivo; hacerse respetar para auparse a las mejores esferas de poder en la futura universidad y posterior puesto laboral de influencia. Desde pequeños es la impronta del “sueño americano” tenebroso de muchos. Esta no es la imagen de esfuerzo, dedicación y disciplina de los eslóganes, sino que es una lucha intestina para auparse al escalón más alto (La fuga de Alcatraz, Don Siegel, 1979) defenestrando a todo el que sea necesario para alcanzar el trono. Pero para llegar a lo más alto se requieren unos escuderos que te cubran las espaldas y que, al tiempo, se aprovechen de su también cuota de poder. Se exige una organización bien planificada para alcanzar los objetivos marcados. Se necesita una Corte para encauzar las ansias de unos pocos que pisan los sueños de otros muchos.
lost.jpgJackson Bellami ocultó al malo de su novela Querido asesino (AQUI RESEÑA) con una maestría, elegancia poética y tensión narrativa al nivel de (permítannos la licencia) la trilogía del asesino imposible de Agatha Christie (Telón, Diez negritos y Asesinato en el Orient Express). En Michael merecía morir también hay un asesino, despiadado, justiciero y moralizante. Quizás este sea más fácil de descubrir, ¿o no?, eso ya lo tendrá que experimentar el lector. Lo que sí queda claro desde el principio es que al autor le gusta el doble salto mortal en un circo de tres pistas. Utiliza para ello el recurso narrativo flashback/presente/flashforward en vídeo, de una manera tan equilibrada que no permite al lector decantarse por una de las tres líneas de la trama. Ya pasó con la utilización de este recurso en la serie Lost, que fue la primera que lo utilizó con toda su potencia guionizada. Y así sucede, que la riqueza narrativa crece al llegarnos informaciones cruzadas y tangenciales por varios frentes. Todos recordamos los mejores momentos de Lost en el pasado o en el futuro. Estos momentos liberan por un tiempo al lector o espectador de la tensión incierta de los acontecimientos para imbuirles en un terreno que, aunque es desconocido, al menos es más previsible a raíz de la constante de la narración presente. Y esto Jackson Bellami lo hace con notable destreza jugando con el plano temporal en la creación de un universo adolescente mucho más nutrido y completo. Al igual que los pasajeros del 815 de Oceanic Airlines, los miembros de La Corte y los compañeros del instituto de Greenwood son arrastrados por los caprichos “reales”. Son almas perdidas que deben encontrar el camino hacia la luz o hacia la oscuridad. Pecadores que deben ser castigados por sus pecados.
mesa-rendonda-arturo_62_733x491.jpegPero, ¿qué es La Corte y por qué tanta repercusión? No tendría demasiado valor si solo fuera por el tirón narrativo que siempre origina un asesinato. Miles de víctimas han desfilado en las primeras páginas de los libros y en los primeros minutos de infinidad de películas (revisen La soga, Alfred Hitchcock, 1948. A los 30 segundos tras los créditos ya teníamos un fiambre en un arcón). Lo que interesa realmente al lector no es el muerto en sí, sino el merecimiento del asesinato y el discurso de sus verdugos. Nos interesa el contexto, no el muerto anónimo. Michael merecía morir y murió. Pero murió seguramente salvando a una institución educativa y siendo el mártir, el bofetón en la cara y el jarro de agua fría tras una fuerte resaca. Su muerte tiene una larga explicación que el autor nos relata con la voz en primera persona del finado y mediante la tercera persona para el resto de sus acólitos escuderos. La Corte es el paradigma adolescente y rompiente de la minoría de edad que genera el germen ético de los que luego formarán parte de los consejos de administración y las juntas directivas de empresas multinacionales despóticas en sus formas y eficientes en sus resultados, de organismos públicos que esquilman los bolsillos del ciudadano para derrocharlo impunemente y sin auditoría mediante, en burdeles, cocaína y lencería de lujo para sus mujeres. Este “experimento” de crueldad juvenil es alentadO por unas familias que no solo no desautorizan sus prácticas, sino que incluso las jalean para que sus pequeños retoños tomen las riendas para alcanzar su puesto de preboste de la sociedad del futuro. Inseminada la semilla de la superioridad en el subconsciente de estos adolescentes se originan lo que luego serán los abusones de las cúpulas de dirección del futuro. Y aunque las mesas se quieran hacer redondas, los círculos nunca son perfectos, y el rey surge de entre los elegidos para dominar las voluntades de sus súbditos. Pero los reyes también caen y normalmente a manos de sus más cercanos admiradores y vasallos (“tu quoque fili mi“, que diría Julio César). ¿Y qué ocurre con los daños colaterales? Aquí recae lo que es, seguramente, el ancla temática y la paradoja de esta novela. ¿Qué pasa con aquellos chavales corrientes de colegios e institutos que no se meten con nadie, que empiezan a despuntar en habilidades varias y que únicamente desean pasar lo más desapercibidamente posible en una etapa de gruesa marejada hormonal? Pues que por medio del acoso, la burla, la intimidación, el menosprecio y el ostracismo se rompen prometedoras carreras, se truncan ideales, se ocultan sentimientos, se lastran ilusiones, se cercenan sonrisas y se generan individuos inestables; sí, de esos que entran en un instituto con un fusil de asalto y acaban con la vida de sus compañeros y profesores. No en todos los casos, pero la causa/efecto de las actitudes de ciertos abusones profesionales tiene un coste muy alto para la sociedad. Y más, como es en el presente cuento de Jackson Bellami, cuando los garantes del orden y la disciplina; los profesores, están del todo superados por este fenómeno y, más aún, con el beneplácito de unos padres que defienden a sus hijos por encima de instituciones y reglamentos. “Son solo juegos de niños”, dice el dicho popular, pero que no nos engañen sus tempranas edades, dentro de cada niño se esconde un tirano en potencia (El señor de las moscas, William Golding, 1954; Battle Royal, Koushun Takami, 1999; Rabia, Stephen King, 1977; Los chicos del maíz, Stephen King, 1978 o ¿Quién puede matar a un niño?, Narciso Ibáñez Serrador, 1976).
1101978068_univ_lsr_xl.jpgMichael merecía morir (#MMM) transita por la senda de la novela juvenil por su mensaje, su tono, su sencillez gramatical y su cercanía con la problemática que expone y ataca. La voz en las conversaciones de los jóvenes protagonistas, las referencias musicales, cinematográficas, de moda, de gustos, de aficiones, etc casan mejor con un sector de lectores más afines a estos postulados que, por edad, a los más lejanos a las circunstancias personales y sentimentales que asaetean a los protagonistas. Jackson Bellami, tiene varias virtudes, una de ellas es la composición poética y la funcionalidad y brío en las conversaciones de sus personajes. En una obra coral como la presente, todos ellos, equilibran su peso, su carácter, su espacio y su razonamiento interno. Pero por encima de todos ellos y, fagocitando incluso al propio protagonista, descubrimos el gran hallazgo y la piedra angular del libro. Un personaje que tardaremos en olvidar por ser el alma de la obra (de teatro también). Para ello recordamos la historia de Lot y su familia. En Sodoma y Gomorra, (Greenwood) cuando el Señor, no pudiendo ya soportar las peores acciones de los hombres, les dijo a Lot y a su familia que huyeran, porque esas ciudades estaban a punto de ser destruidas. “Escapa por tu vida”, dijo el Señor, “no mires tras de ti… escapa al monte, no sea que perezcas” (Génesis 19:17). La familia huyó, pero la mujer de Lot miró hacia atrás y Dios la convirtió en una estatua de sal. Para ella no era suficiente con salvarse, en el fondo sentía lástima por unos compañeros que no pudo salvar. Nuestro personaje preferido, pudo marcharse con su felicidad, su buenismo y su dulzura, pero decidió quedarse y mirar hacia atrás, pero La Corte no perdona y lo convirtió en sal. 
El autor también deja un mensaje claro de superación de los problemas, de comunión de las personas y de su entorno, de lucha por los ideales, por los deseos más íntimos erradicando los males que intentan derribarlos. Deja espacio también para la expiación y la redención de los pecados, para las segundas oportunidades, para la entrega desinteresada y para el perdón. Si nos fijamos, al igual que en su anterior obra donde las tornas cambiaban a mitad de lectura, en la presente ocurre algo parecido. Lo que empieza con un thriller policíaco (recordemos a Hamlet y su final. No spoilers) de averiguar quién es el asesino, se va transformando en algo distinto (que dividirá a los lectores, los riesgos se pagan). La novela va recogiendo tintes más reivindicativos y justicieros. La espada de Damocles pende de un hilo de crin de caballo como cuenta la leyenda griega y puede caer sobre el que se crea con más derecho a disfrutar de un trono que nunca le ha pertenecido. Las autoridades policiales, su peso en la trama y las líneas de investigación de los primeros capítulos van dejando paso a un universo mucho más complejo, moralista y personal. Jackson Bellami juega sus cartas en varios planos. ¿Merecía Michael Foley morir como necesidad para la salvación de una causa más grande? El Cluedo ha empezado señora Fletcher.
Joffrey Baratheon fue envenenado y despojado del Trono de hierro. Michael Foley correrá idéntico destino. Sus vasallos ocultan terribles secretos que si salen a la luz acabarían con sus prebendas sociales. Todos son sospechosos en La Corte. Mientras tanto, un bufón bondadoso y entrañable, cautivará al lector con su música de laúd. Querido asesino Bellami, Mamma mía!, here we go again. El rey ha muerto. ¡Viva el rey!

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SALIENDO DEL CAOS – MARÍA ELENA MARÍN VÉLEZ – PUNTO ROJO LIBROS, 2018

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TÍTULO: SALIENDO DEL CAOS.

AUTORA: MARÍA ELENA MARÍN VÉLEZ – FACEBOOKTWITTER

EDITORIAL: PUNTO ROJO LIBROS – WEB

PÁGINAS: 111.

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 – SINOPSIS –

Salir de la tradición es un lujo que algunos no se permiten. Su miedo de perder su personalidad, y el qué dirán, son sus mayores impedimentos. En, SALIR DEL CAOS, les permitirá por unas horas que puedan disfrutar de esa libertad, donde no existe una necesidad de tener que llevar un orden para poder entender el libro. Aquí no existe un índice él que seguir. Se puede leer o no leer cualquier capítulo. No se desea llegar a ninguna conclusión; serán capítulos de temas diferentes y encontraran ejercicios para ir avanzando en ese empezar a salir del orden. Espero con este libro les pueda aportar horas de relajación y no se haga una pesada obligación. ¡Manos a la obra!

– AUTORA –

Nació en Colombia. Su mayor tiempo lo vivió en El Puerto de Buenaventura. Sus suegros eran españoles; se fueron a vivir a Colombia por la violencia en que estaba España en los años 1950 más o menos. Y ahora su familia y ella están viviendo en España por la violencia que se vive en Colombia.

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A todos aquellos lectores que son receptivos a miradas diferentes, muy particulares, descabaladas en sus formas y contenidos, pero con muchas ganas de gritar al mundo sus convicciones más personales, agitadoras y, en ocasiones, transgresoras.

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A los lectores más exigentes y acostumbrados, en este tipo de lecturas, a un respaldo científico y empírico más acentuado en las aseveraciones y discursos de los temas tratados. Tampoco llamará la atención a todos aquellos que no están interesados en las reflexiones vitales que a todos nos asaltan periódicamente.

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¿Por qué somos tan cabeza dura? Somos cabezas duras, porque nos gusta tener la razón en todo, ya que esto se supone que nos hace inteligentes. Y eso es lo que creemos, hemos venido a buscar aquí en la tierra, pues los que “no son inteligentes” según nosotros sufren, no pueden entender el conocimiento del vivir.

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María Elena Marín Vélez nos trae un pequeño volumen personal e intransferible. Reflexiones de orden caótico que tratan de establecer una comunicación entre lo que acostumbramos a ver y a sentir y lo que la autora realmente piensa: el más allá de la careta que todos nos ponemos para ocultar nuestro verdadero ser en el día a día de carreras, prisas y falta de autoconocimiento. La autora hace gala de un estilo directo, sencillo e intencionadamente desordenado. Ella misma nos invita a realizar la lectura desde cualquier página o capítulo, como forma de desanclarse de la rigidez de las formas, reglamentos y protocolos. Su lenguaje y formato es desconcertante, raudo, furioso en ocasiones. Su objetivo es soltar amarras de concepciones políticamente correctas y aceptadas por la mayoría, para observar un punto de vista distinto a lo cordialmente establecido en una sociedad acomodada, conformista, hastiada y narcotizada.
coaching-y-la-oratoria.pngDentro de los pensamientos de la autora, aunque se presenten muchos de ellos en un revuelto multidisciplinar, existen unos ejes temáticos que quiere remarcar para hacer extensible sus inquietudes cacofónicas al resto de los lectores. Uno de estos espacios es el consabido y clásico en este tipo de lecturas: el “carpe diem, tempus fugit”. Evadir de nuestra mente las cicatrices del pasado y los augurios de un futuro esquivo para centrarse en la realidad que nos rodea. Una realidad que fluye en ondas heterodoxas, tangenciales, fugitivas, inabarcables y desmedidas. La autora se consagra al sentido del momento, del sentimiento presente que escapa de nuestro control y que, para unos, deriva en el desconcierto de su existencia, mientras que otros lo aceptan con estoico entendimiento. El control maniático de nuestras vidas es un espejismo que falsea nuestra realidad, donde nos creemos que podemos organizar el cosmos a nuestro antojo, pero olvidamos que las leyes de la casuística y la sincronía fluyen por otros derroteros.
María Elena Marín Vélez nos habla del cambio, del propio y del ajeno. De la importancia del mismo para ir de lo concreto a lo abstracto. De cambiar en lo personal, en lo casero, en la experiencia diaria para, una vez asentado ese recorrido interior, podamos ser dueños de nuestras propias decisiones personales, en un mundo cada vez más globalizado e interconectado. Nos introduce en la responsabilidad, en el miedo, en la naturaleza personal y en la consciencia de uno mismo. El sentido último, el fin escatológico de nuestra existencia, reverenciado en un cosmos complejo e inabarcable. La autora nos habla de aquello que nos limita, que nos da miedo, que nos arrastra hacia el fondo de nuestros malos sentimientos y nos ahoga en un pasado tenebroso y asfixiante. Nos expone su sincera reflexión acerca del perdón y de su ancla, de la capacidad del ser humano de martirizarse y de dejarse llevar por el peso de sus pecados y del gran coste que conlleva el perdón y la expiación para lograr la redención del espíritu. La relación con nuestro yo interior y la necesidad del silencio como herramienta de descubrimiento, de escucha, de abrirse a una nueva canalización sensorial para aprender qué queremos realmente y cuál es el papel que queremos representar en nuestra vida para que no sea representado por otros.
En resumen, la autora nos abre su caja pandórica de herramientas y reflexiones personales para aquellos que surfean el caos de cada día. Nos invita a entrar en su desordenado torrente de ideas y cosmología personal donde desarrolla un núcleo de sentimientos compartidos. Particularidades que le llevan a adentrarse en una temática diversa y fragmentada para bosquejar asuntos en los que todos, en algún momento de nuestra existencia, les hemos hecho hueco en nuestras almas incompletas. Llama al caos por el caos, al desorden por el desorden, a las ráfagas de sinsabores vitales como parte de la partitura que todos tocamos con mayor o menor afinación. María Elena Marín Vélez abre sus páginas hacia lugares donde cada uno será dueño de darles forma, romper estereotipos, claudicar o sanar ante la devastadora batalla que tiene por delante.

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CAMINOS DE GUERRA Y PAZ – JOSÉ A. FERNÁNDEZ ASENJO – EDITORIAL MALUMA, 2017.

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TÍTULO: CAMINOS DE GUERRA Y PAZ.

AUTOR: JOSÉ A. FERNÁNDEZ ASENJO – FACEBOOK 

EDITORIAL: EDITORIAL MALUMA – WEB

PÁGINAS: 209.

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 – SINOPSIS –

Ahmed y Hashîm son «hermanos», dos guerreros del Estado Islámico que juntos han combatido durante años a los infieles, al capitalismo y al cristianismo de Occidente. Pero el Estado Islámico agoniza acosado por las potencias occidentales que no cesan en su empeño de destruirle. Ante su inminente fin, los «hermanos» urden, en el más absoluto secreto y junto a relevantes personalidades políticas, la denominada misión, que pretende provocar una guerra a nivel mundial donde Occidente será derrotado. Pero en esa guerra fruto de la misión también morirán millones de personas. Ahmed se arrepiente y traiciona a su amigo. Antes de morir, Ahmed entrega un pequeño objeto a una joven libanesa, Zaira, iniciándose así un tortuoso camino de guerra y paz.

– AUTOR –

José Antonio Fernández nace en Madrid. Durante su infancia y su adolescencia se convertirá en un ávido lector, pero no será hasta convertirse en adulto cuando comience a escribir, principalmente relatos, que se plasmarán en dos libros de recopilación publicados en diferentes plataformas de internet, después llegarán las novelas Una chica rubia y una historia de perros y Los Gegos, para culminar con su reciente novela publicada por Maluma, Caminos de guerra y paz.

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A los amantes de las altas dosis de atropina pinchada directamente en el corazón. A aquellos que disfrutan cuando los libros se tornan en películas y pueden visualizar con agilidad cada escena. Gustará a aquellos que se mueven como pez en el agua entre espías, conspiraciones en la sombra y mucho correteo para evitar grandes catástrofes. Los reclutas ya no parten a luchar en frentes lejanos, si no que ahora les toca defender sus propios barrios.

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A los que prefieren vivir en el espíritu de Woodstock del 69 y permanecer ajenos a todo lo que les ocurre a su alrededor. A aquellos que piensan que el hombre es bueno y le quitan la razón al lobo de Hobbes. A los amantes de ritmos más pausados y menos truculentos o, en cambio, a aquellos que prefieren entrar hasta el fondo del asunto como en las narraciones de Frederick Forsyth, en las que si no vas con cuidado te pierdes entre sus mil vericuetos.

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“Los murmullos fueron en aumento como si se fuesen acercando mil colmenas de abejas que no paraban de zumbar. La cabecera de la manifestación apareció por la calle y los gritos comenzaron a ahogar los ruidos de la dinámica tarde parisina. Eran cientos de personas, jóvenes, viejos y algunas mujeres, y aunque no paraban de lanzar consignas a favor de Alá y del islam, guardaban cierto orden. Al menos de momento, pensó el agente israelí”.

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maxresdefault.jpgHoy traemos para reseñar, Caminos de guerra y paz de José A. Fernández Asenjo. Un thriller contemporáneo de geoestrategia política, terrorismo, espías y planes de dominación mundial. El autor nos embarca en un raudo y frenético espectáculo de buenos, malos y regulares. En multitud de ocasiones, tanto en el plano literario como en el cinematográfico, nos han presentado héroes sin mácula en un lado y terribles villanos en el otro, enfrentados en una vorágine infinita de clichés y espacios comunes. Los “regulares” son, en la realidad, los que más abundan. Buenos los hay, malos también, pero la mayoría, aunque nos pese, transitamos por aguas procelosas y, dependiendo de la hostilidad del medio, arrimamos más o menos el ascua a nuestra sardina. Unos llamados por la codicia, otros por abrazar falsos ideales, otros por pura supervivencia, y otros por ser engañados o manipulados, se irán trastabillando por el camino hasta encontrar su sitio en consonancia con su fin ético experimentado. Las incoherencias e incongruencias del ser humano son consustanciales al aprendizaje y a la madurez. En la presente obra el autor juega con este recurso y con esta tipología de personajes que son los que, finalmente, más enriquecen un texto. Sergio Leone nos presentó al “Feo“, George Lucas a “Luke Skywalker”, Tolkien, a Grima “Lengua se serpiente”, Orson Scott Card a “Ender“. Todos ellos pugnan entre la luz y la oscuridad, entre la guerra y la paz. Son muchos condicionantes los que harán que la balanza caiga de un lado o del otro.
image_content_10097071_20180911094837.jpgCaminos de guerra y paz, nos actualiza los cánones en los que hasta ahora nadábamos los lectores con soltura, ya que el agua solamente nos cubría por la cintura. A partir de ahora toca aprender a nadar sin tocar fondo. No nos damos cuenta pero el tiempo pasa y los conflictos bélicos y diplomáticos se actualizan. En el imaginario colectivo tenemos un abanico temporal aproximado que abarca desde la Primera Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín y el final de la Guerra Fría. Autores, ya clásicos, como Frederick Forsyth, Ken Follett, Graham Greene, Robert Ludlum, Tom Clancy, Robert Harris o Morris West entre otros muchos, nos han desglosado pormenorizadamente todos los resortes de los conflictos armados y políticos de las recientes épocas pasadas. Pero corren nuevos tiempos y se van integrando nuevos conflictos, circunstancias y formas de ver y hacer la guerra. Desde la Primera Guerra del Golfo Pérsico con el punto de inflexión de los atentados contra Las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001 hasta nuestros días, mucho ha cambiado. Las injerencias de terceros países en los conflictos armados ya no obedecen a sentimientos puramente políticos o a ideales morales. La Guerra Santa ya finalizó hace siglos. Hoy se persigue el control del comercio, de los bienes y recursos naturales, de la influencia política en organismos internacionales, de los flujos migratorios, etc. Además, en las modernas guerras ya no se excavan trincheras, si no que se posicionan satélites, se hackean servidores informáticos o se bloquea la financiación económica o el poder inversor. En Caminos de guerra y paz, José A. Fernández Asenjo nos enfrenta a un nuevo escenario y terminología. El Daesh, el Estado Islámico, el Isis, los Hermanos Musulmanes, la Primavera Árabe, los campos de refugiados, el eterno conflicto entre judíos y palestinos, la inmigración descontrolada. Todo ello desembocará en un nuevo tipo de conflicto armado en el que los países ya no se declaran la guerra; son los lobos solitarios y las células durmientes las que se mueven impunemente en el terreno del adversario, mientras que los estados occidentales no acaban de saber cómo afrontar esta nueva tipología de asedio organizado desde miles de kilómetros de distancia.
3573851_n_vir3.jpgEl autor nos hace recorrer desde los áridos desiertos de Asía hasta las bulliciosas calles de las capitales europeas. Nos muestra el contraste de ambos mundos; de la miseria a la opulencia, de la semiesclavitud a la libertad del individuo, de la teocracia a la democracia. De estas diferencias entre el mundo rico y el mundo pobre, del fundamentalismo de los que tienen poco que perder, de los regímenes autoritarios que subyugan derechos, y, en especial, el de las mujeres, del acoso y esquilme de las grandes corporaciones en países pobres y de la interpretación radical del Corán, se cocina el caldo de cultivo perfecto para que resuenen los tambores de las inmolaciones y de los más cruentos actos de terrorismo de fundamentalistas que han sido, desde imberbes, acondicionados y educados para ello. Aquí el autor nos da las razones de todos ellos para entender (que no justificar) los tiempos convulsos en los que nos movemos y el porqué de tanta sinrazón. Caminos de guerra y paz es pólvora inflamable, todo en esta obra recuerda a la acción más desenfrenada de un film de espías, ya sea desde el más circense Ethan Hunt,  al más glamuroso James Bond o al más fiel en el terreno, Jack Ryan. El autor recorre medio mundo a golpe de silbos de proyectiles, persecuciones quemando goma y carreras que fundirían el más complejo pulsómetro. Novela ágil, reflexiva, punzante y cruel en ocasiones. Nos alegramos de que poco a poco haya autores que nos vayan introduciendo en la ficción contemporánea actualizando la novela bélica y de espías a unos tiempos complejos, que son muy reales y que conviene comprender, pues nos afectan a todos en un mundo cada vez más global.
En la película Enemigo a las puertas (Jean-Jacques Annaud, 2001), el ejército alemán sitió Stalingrado, y con ello, pusieron en jaque al ejército ruso. Entonces los nazis llegaron a la puerta de la victoria, tocaron con fuerza su aldaba y estuvieron a punto de derribarla yendo de frente y a cara descubierta. Ahora tenemos un enemigo que se nos cuela en casa por la ventana, es casi invisible y ataca donde más duele. Si los malos se actualizan, los buenos deberán hacer lo mismo. “Los regulares”, pase el tiempo que pase, siempre jugarán al juego que más beneficios les ofrezca. Y, a veces, como comprobarán en la presente novela, son precisamente estos personajes los que pueden ganar la batalla.

 

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EL TIEMPO ESTÁ PRÓXIMO – NOEL PÉREZ BREY – EDITORIAL TANDAIA, 2018.

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TÍTULO: EL TIEMPO ESTÁ PRÓXIMO

AUTOR: NOEL PÉREZ BREY – TWITTER – FACEBOOK – WEB

EDITORIAL: EDITORIAL TANDAIA – WEB

PÁGINAS: 146

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 – SINOPSIS –

Los personajes de estos relatos no solo afrontan la completa ruptura de su realidad cotidiana, sino también la soledad y la incertidumbre que esa nueva existencia conlleva. Ante esta fractura, trazada desde las diferentes edades de los protagonistas, los personajes encaran su inevitable situación a través del enfrentamiento, la inseguridad, la renuncia, la resignación de la derrota aceptada. Sin embargo, aunque cada uno de ellos resurja culpable o redimido de su apocalipsis personal, la estructura circular de estos cuentos sugiere un daño tan ineludible para los protagonistas como próximo para el resto de personajes, e incluso para el lector mismo a su vez, arrastrado a formar parte de las diferentes historias que la obra le presenta.

– AUTOR –

Nacido en Toledo, el 17 de marzo de 1979. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas y Graduado Superior en Gestión Internacional, comienza a trabajar como administrativo-contable en una sociedad promotora de su región. Apenas un año más tarde, y mientras permanece en dicho puesto, se matricula en Filología Hispánica. Poco tiempo después se desplaza a Vigo. Allí continúa sus estudios en Filología y, tras un breve período como vendedor de libros a domicilio, empieza a trabajar como operador de telemarketing. Siquiera se había establecido en la ciudad cuando resulta finalista en el I Certamen Literario Apoloybaco (Sevilla, 2006).
Pasados unos meses, entra a trabajar como administrativo-contable en una empresa distribuidora de hielo cercana a Vigo. Compagina el empleo con sus estudios de Filología Hispánica y, ese mismo año, es incluido en la selección de relatos El cuento, por favor (Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, Madrid, 2007). A comienzos del año siguiente, recibe el primer premio de narrativa en el Iparraguirre Saria de 2008, y el relato ganador es posteriormente publicado por la editorial Bermingham en su colección Noray (Donostia-San Sebastian, 2009). A partir de entonces, sus cuentos aparecen en distintas revistas literarias y, más adelante, obtiene un accésit en el VII Concurso de Relatos “Cuentos junto a la laguna” (Zaragoza, 2011). Una vez conseguida su licenciatura en Filología Hispánica, se traslada a Delft (Países Bajos), donde reside hasta el momento.
En 2013 es seleccionado en la “I Convocatoria a Colaboradores” de la revista Literatosis, editada en Montevideo,  como uno de los textos destacados en su calidad por la comisión organizadora. Ese mismo año, resulta elegido como uno de los Talentos 2013 por el periódico El País. Ha sido también galardonado con el tercer premio en el XI Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba (Córdoba, 2014) y, recientemente, ha resultado finalista en el I Concurso de relatos breves Enrique Gallud Jardiel (Alicante, 2016). En la actualidad, además de realizar traducciones y artículos sobre las cuestiones más diversas para diferentes portales de internet,  dirige la Revista Literaria Visor, publicación en castellano especializada en los distintos aspectos de la narración corta y prepara su primera novela.

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A aquellos lectores amantes del riesgo narrativo, de la originalidad de planteamientos, de la valentía de los autores, de los discursos en caminos no trillados y de los personajes expuestos al límite de la cordura, que arrastran con ellos al lector en una vía de sentido único. Esta obra es para los amantes de las cápsulas concentradas de mensajes potentes que originan caldos sabrosos de ingredientes de lo más variopinto. Una cayena mezclada en su justa medida hace apretar los dientes durante la lectura y entender la medida de la negrura que habita en ciertas almas perdidas.

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A los lectores más clásicos, ortodoxos y menos versátiles. A los que las aventuras las prefieren realizar sobre las rodadas de otros caminantes y no se quieren aventurar en la frondosidad de lo desconocido. Noel Pérez Brey ejerce de maestro de ceremonias de un “desconcierto” hecho a su medida del que no todos tendrán el oído aguzado para bajar al barro y enfrentarse a sus propios fantasmas.

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“Pronto anochecería. Ernest apuró la cerveza y, sin apenas moverse del asiento, cogió otra lata del frigorífico. Bebió, con los ojos atentos a la calle. No sabía cuanto tiempo llevaba esperando. Se restregó los ojos con la manga del pijama, bostezando, estirándose de la silla, y después se levantó y enderezó la espalda. Sujetó la escopeta sobre los hombros con ambos brazos, y giró el tronco a un lado y a otro, luego, murmurando entre dientes, se volvió a sentar. Entonces, al fondo de la calle, apreció un chico que caminaba en dirección a su casa. Y de inmediato, Ernest reconoció a aquel malnacido”.

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Hoy traemos a reseñar lo que es, seguramente, una de las mejores rarezas que ha caído en nuestras manos en lo últimos tiempos. Noel Pérez Brey, con apellido de expresidente y de aspecto facial muy parecido al también escritor de lo oscuro Joe Hill, nos trae un trampantojo narrativo, una furia apocalíptica interior, un rugir de tripas en ayunas que tratan de morder cual Carpanta famélico a todos los que se acercan a sus páginas. Sin pudor, sin medida y sin pedir perdón el autor nos bosqueja una cegadora posmodernidad que asusta no por lo escabroso o escatológico de sus escenas, si no por lo que se desprende de las mismas. La misma locura hace cola en el supermercado de la esquina para, en un sorteo azaroso, darle un empellón al que menos se lo espera.
El libro comienza con una portada que el lector en general, sin entrar en el contenido de la obra, calificará de anodina. Entrando en su posible significado, aunque será el autor el más indicado para darnos una respuesta a sus intenciones de puesta en escena, observamos a nueve individuos que coinciden en cantidad con el número de relatos de la presente obra. Vemos un lugar atemporal, gris, urbano y aséptico, donde los mencionados nueve personajes se mueven en una única dirección, embebidos en su cotidianidad, carente de lógica, orden y concierto. Estas nueve almas se dirigen, seguramente, hacia un lugar agreste, indefinido, hostil, impúdico, quizás apocalíptico. Hablamos de nueve, pero podrían ser diez; un carrito de bebé es empujado por un padre. En esta platea ni los más libres de pecado estarán fuera del alcance de ser devorados por una sociedad que exige cada vez más sacrificios para sobrevivir, enfrentando a los individuos desnortados, acomplejados y manipulados a una suerte de piélago bullente de entelequias, disquisiciones vagas y discursos caducos.
1_lofAYgwySfrynQb_yE3Eqg.jpegNoel Pérez Brey aterriza sin escalas en un terreno casi desconocido a bordo de su Apolo 11 particular. Es el relato o el cuento el que, en muchas ocasiones, no ha sabido reivindicarse. Vilipendiado por pensarse que se circunscribe, únicamente, a aquellos autores que no han sabido o no han podido llegar al sagrado mundo de la novela, pero que por el camino han querido dejar su impronta y su pensamiento en unas cuantas páginas, no muchas. En cambio, los hercúleos y pantagruélicos volúmenes de cientos de páginas han sido adorados como si el peso afectase al contenido. Es precisamente en la magia de la idea, de la concreción narrativa, de la apuesta por lo directo y vertebrador, lo que hace del cuento o relato su acierto. En el imaginario colectivo siempre se encuentran en lo más alto los cuentos de Andersen, Perrault o los hermanos Grimm, entre otros; y es justamente allí, en ese espacio maleable de apariencia inocente e infantil pero con un esqueleto de moraleja cruel, visceral, grotesca y fuertemente didáctica donde se encuentra el lugar en el que varias generaciones han forjado sus sueños, han despejado sus miedos y han sido avisados del carroñero mundo de la edad adulta. Pero no solamente ahí quedaría el encanto, el interés y el renombre de esta modalidad narrativa; ¿Qué sería del atento del lector si le privásemos de La caída de casa Usher de Edgar Allan Poe, de La metamorfosis de Franz Kafka, de La llamada de Cthulhu de H.P. Lovecraft, de La tristeza de Anton Chejov, de El capote de Nikolai Gogol, de A la deriva de Horacio Quiroga, de La lotería de Shirley Jackson, de Los muertos de James Joyce, de La balsa de Stephen King o de No hay camino al paraíso de Charles Bukowski? La medida, la dificultad y la trascendencia del relato es única y personal y no debe entrar en colisión con otras obras de mayor extensión. Al igual que un enfermero ama su profesión y no quiere ser médico. Cada mochuelo a su olivo y Dios en la de todos.
Olvido-voluntario-¿se-puede-olvidar-queriendo-680x377.pngDesde Forolibro siempre hemos reflexionado sobre la gran dificultad de las obras publicadas en forma de relatos o cuentos. Mientras la lectura de una novela será olvidada por el lector, casi siempre dejará un poso de al menos un par de líneas de la trama, aunque pasen muchos años o sea soterrada en la memoria por lecturas más afines. La dificultad de la colección de relatos radica en que la propia estructura narrativa hace que el lector se introduzca por un espacio tan breve de tiempo en él, que cuando va entrando en calor finaliza la lectura para volver a realizar el mismo proceso de nuevo. Esto ocasiona que la atención de deslavace y se disuelva; pasa también con una batería de chistes, con los capítulos de series de final cerrado, etc. La lectura deja un sabor tan múltiple, una orgía de ideas tan nebulosa que, en ocasiones, como hemos hecho algunos, subrayamos a lápiz en algunas colecciones de relatos clásicos de varios autores, cuáles nos han gustado más. Pero Noel guarda un pequeño as en la manga. Pequeño según se mire. Aquí no se trata se individualizar por escrito fogonazos que le dan a un escritor en puntos y apartes. Aquí tenemos un hilo, que no se deja ver claramente, pero que acompaña todos los relatos de principio a final de la lectura. Una conducción que permite el nexo de unión entre realidades aparentemente diferentes pero como ya verán, o mejor dicho, leerán, dota a toda la obra de una cabalgadura con un fin y un destino medido, tasado y organizado. Descubran de lo que hablamos, ahí, repetimos, está la clave de esta obra.
2b7a4b491a173d4e1a7ba3624b9a6dfeRespecto a la temática de los relatos y al propio estilo del autor, y relacionado con lo mencionado anteriormente, es mejor no adentrarnos en profundidad, será mejor que el lector sea el que lo descubra. El tiempo está próximo no busca tematizar y uniformar sus relatos de un mismo discurso. No son de terror, pero lo hay, no son de ciencia-ficción, pero la encuentra, no son negros, pero hay negrura. En este compendio imaginativo de almas perdidas, sueños frustrados, maquinaria mental que no funciona correctamente, individuos alienados, perdidos, sometidos, displicentes y agónicos, se mueve el autor desde su atalaya contemporánea para ofrecernos un menú largo y estrecho, metafórico, luctuoso de llanto espiritual y encharcado de las huellas que deja la confrontación entre las rarezas, la heterodoxia y las escenas que, siendo corrientes, se tratan con realismo y dureza a partes iguales. La mortalidad que hace humanos a los personajes, también les hace responsables de sus destinos.
Marcel Proust nos habló de su magdalena personal para adentrarnos en su memoria olfativa de la niñez, a la que todos volvemos periódicamente para sentirnos seguros dándole sentido a esta vida de sinsabores. Noel Pérez Brey nos esconde la magdalena y no nos la devolverá hasta que transitemos por sus nueve círculos del infierno de Dante. A las puertas del paraíso, puede, con suerte, que nos deje marchar en paz. Mientras tanto, seremos esclavos de sus designios.

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RED DE SOMBRAS – ÁUREA L. LAMELA (ESSTUDIO EDICIONES, 2018).

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TÍTULO: RED DE SOMBRAS

AUTORA: ÁUREA L. LAMELA – FACEBOOK 

EDITORIAL: ESSTUDIO EDICIONES – WEB

PÁGINAS: 567

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 – SINOPSIS –

El psicólogo Rafael Parga, imputado en la Operación Oliver por una supuesta retirada irregular de niños a sus padres biológicos, aparece muerto en su consulta con una nota de suicidio. Seis meses después, el juez que le imputó ingresa en la UCI y muere tras una complicación médica. Nada más tienen en común estas dos muertes; pero la forense Archer, a cargo de las autopsias, comienza a dudar de las causas atribuidas en un principio, dando pie a que se inicie una investigación policial del inspector Zalo Alonso. Su mujer, aficionada a la novela policíaca, tendrá mucho que opinar; pero la ciudad oculta una maraña de vínculos y relaciones que tanto aclaran como confunden la verdad. De fondo, una pregunta: ¿Justicia o venganza?

– AUTORA –

Áurea L. Lamela (Lugo, 1959) es psiquiatra y escribe novelas policíacas. Es autora de tres novelas: Nadie Sabía (2012), Buena gente (2014) y Sin criterio (2016). Se desarrollan en una ciudad de provincias tan apacible desde fuera como convulsa por dentro. En una ciudad como esta, la autora ejerce su profesión y colabora ocasionalmente en diferentes medios con ensayos y relatos. Red de sombras es la cuarta novela que publica.

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A los amantes de la novela negra clásica pero adaptada a los nuevos tiempos. El arquetipo del detective privado de Chicago parado en una esquina bajo el foco de una mortecina farola, con el sombrero de ala tapándole la mitad de la cara y el cuello de la gabardina subido mientras fuma un extinto pitillo aquí no juega en esta liga. Aquí estamos en Lugo y, al igual que Pablo Escobar no es Sito Miñanco, en esta obra el juego policíaco patrio se mueve con otro reglamento, pero con una fuerza interior muy poderosa. Gustará también a aquellos que disfrutan siendo absorbidos por tramas basadas en hechos cotidianos de una realidad que asusta asaltándonos en cada telediario.

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A los amantes de la novela de narrativa contemporánea más “blandita” y poco juguetona. A los que les ganan la hipertrofia de las redundancias y circunloquios barrocos de extensas reflexiones y descripciones. Tampoco es recomendable para aquellos que prefieren no saber que en casa del vecino se pueden estar produciendo los más sórdidos actos de inmundicia y se ponen tapones para dormir mejor. Cuando la realidad te golpea en cada esquina algunos prefieren mirar en otra dirección. Aunque las direcciones se empiezan a terminar y el cielo no ofrece las respuestas que queremos.

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“Deva se preguntaba cuando acabaría de pagar la deuda. Mientras tanto, en ese club, como en muchos otros, un sinfín de hombres acudían todas las noches a comprar sexo. Ella, como muchas otras en toda esa red de locales, los recibía. Muchos estaban casados o tenían pareja formal, e iban a comprar lo que a su pareja no le podían pedir. También comprobó enseguida que los de más edad solían ir solo a tomar una copa y después daban rienda suelta a la consumación de sus fantasías. Los jóvenes iban casi siempre en grupo o a celebrar cumpleaños, despedidas de soltero o a hacer un brindis de complicidad masculina en esa forma indolente de entender el sexo con las mujeres. Sus juguetes por unas horas hechos carne, sin otra voluntad que la de obedecer o satisfacer cualquier capricho”.

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Hoy traemos a la primera línea de trincheras de las reseñas literarias a Áurea L. Lamela y su último éxito, Red de Sombras. La nueva investigación del inspector Zalo Alonso y la forense Carmela Archer. Un compendio muy medido entre agilidad y profundidad narrativa, con notas muy pegadas a la realidad que nos toca vivir sin necesidad de recursos y escenarios anglosajones en la creación de una novela personal, valiente, veraz e identificable. Ya lo dijo la autora más grande en estas lides. “La mejor receta para la novela policíaca: el detective no debe saber nunca más que el lector”. Agatha Christie reina indiscutible de la materia conocía perfectamente los resortes de un género que, siendo masculino en sus inicios, como las mayor parte de la literatura mundial, se fue abriendo al mundo femenino a partir del siglo XIX. En la década de los cincuenta del siglo XX fue la recién acuñada Novela Negra, definida así por Raymond Chandler, la que copaba las plumas masculinas,  aunque se abría un universo paralelo que es ahora, en pleno siglo XXI, donde ha estallado definitivamente. Desde la propia Agatha Christie, Philip Dorothy James, Susan Hill, Anne Perry, Donna Leon, Patricia Highsmith, Mary Higgins Clark hasta las actuales escritoras suecas Assa Larsson o Camilla Lackbert. En nuestro país contamos con la pluma de, entre otras muchas, María Oruña, Alicia Gimenez Barlett, Eva García Sáenz de Urturi o Reyes Calderón. Y, ya en la cumbre, Dolores Redondo, premio Planeta 2016 y autora de la celebradísima trilogía de El Baztán. Esperemos que esta larga lista sea engrosada en breve por Áurea L. Lamela, méritos no le faltan.
9789504916116.jpgEn líneas generales, la mirada femenina aporta, a un género tradicionalmente masculino, una sagacidad gatuna, un gusto por el detalle, una composición de personajes complejos, equilibrados, funcionales y texturizados. Podemos volver a la composición literaria de Agatha Christie para observar que el juego de personajes es fundamental. Si cogemos al azar una de sus obras como puede ser Asesinato en el Orient Express, vemos que el funcionamiento narrativo no se queda únicamente en la caza del gato y el ratón si no que es precisamente la metodología de la mente independiente y particular de cada personaje lo que crea la atmósfera que, con precisión quirúrgica, va desgranando sus motivaciones hasta que, en un gran zafarrancho final, llega la tan ansiada explicación. Dicha explicación vale lo que valen sus antecedentes. Sin una excelente puesta en escena narrativa el desenlace de cualquier misterio no tendrá interés. Al lector no le basta saber quién es el “malo” o el “asesino” de turno, si no que va más allá. Quiere conocer los entresijos de sus historias personales, sus motivaciones más íntimas y sus deseos más inconfesables; sin esto, la vacuidad de la novela queda al descubierto, siendo una de las causas por las que muchas de ellas se quedan por el camino en los borradores de las editoriales. Un lector hábil reconoce cuando se la intentan colar con rocambolescas situaciones de personajes planos para alcanzar conclusiones pueriles y desconcertantes. Aquí, al contrario, Áurea L. Lamela, saca artesanía de gremio medieval, oficio, entrega, gusto, refinamiento, denuncia, crueldad y mala leche. Del cóctel, que como la venganza ha de servirse frío, nace la presente obra. Por si se nos olvida al final, ya lo decimos aquí, léanla, como entretenimiento unos, como algo más otros, pero léanla.
AEX1902P20F3.JPGLugo, ciudad amurallada, cruce de caminos xacobeos, tierra de viajeros, ruta primitiva de gentes, historias, ritos, folclores y leyendas. Ya en un presente cosmopolita y extra muros, la autora derrocha conocimiento, cariño y reivindicaciones varias en una ciudad de gente acogedora y tradiciones ancestrales, pero también de silencios rotos en el tiempo. Demudan colores acrisolados que en la calma nocturna se tornan rencillas, venganzas, inquinas y soberbias ansias de personajes sin alma ni piedad. En este juego se tendrán que mover los ya conocidos investigadores de la autora para desentrañar una trama enmarañada de llantos, sacrificios y hogueras inquisitoriales de los que hacen daño y no miran a quien.
142271-600-338.jpgRed de sombras cabalga turbulentamente en la actualidad como platea narrativa, pero contiene también un entreacto pasado (2003) que es puramente desasosegante, implacable y crudo. Ya lo verán, no anticipemos nada, pero ya comprobarán cómo en apenas un par de hojas perfiladas en varios momentos del libro, el aliento se les congelará al contemplar el plano gráfico más cruel de la esclavitud del siglo XXI. La presente novela nos recuerda a golpe de titular trazas de Falso culpable (Alfred Hitchcock, 1956), e irrumpe en la desmemoria cotidiana de la burocracia y de los infinitos procedimientos judiciales con su correspondiente reguero de damnificados que deja por el camino. Es fácil encontrar en el debate nacional actual voces que abogan por acortar la prisión provisional a espera de juicio, ya que en vez que cumplir con su razonamiento jurídico, para lo que realmente sirve es para cumplir parte de la pena futura. Incluso ya está tomando un calado formalista con noticias como la siguiente: AQUÍ (El Tribunal Constitucional se inclina por indemnizar a todos los presos preventivos absueltos). En un sistema jurídico tan garantista como el español que no va acompañado de medidas presupuestarias ni recursos humanos suficientes para agilizar y poner al día tan ingente “monstruo” jurídico, son muchos los investigados (antes, imputados) que ven dilatados sus procedimientos llegando, en ocasiones, a no poder soportar la presión, tomando la vía rápida de quitarse de en medio, haciendo así desaparecer el problema para siempre. También y parcialmente relacionado con lo anterior tenemos asuntos turbios relacionados con el ya acuñado término de Los bebés robados. Procedimiento inmoral ejecutado principalmente en la etapa franquista (aunque viniendo de mucho más atrás) de como la esferas de poder entretejieron, una vez más, sus porfiadoras garras para hacerse con lo que por naturaleza no estaba al alcance de su bruñido bolsillo. Madres solteras o parejas con escasos recursos económicos eran engañadas (incluso falseando certificados de parto con resultado de muerte) para entregar a sus pequeños retoños a acaudaladas parejas del Régimen a las que Dios no les había sonreído con la gracia del don de la fertilidad. Las lágrimas de una madre eran las sonrisas de otra. Y, de por medio, un niño apartado para siempre de su familia y de sus raíces.
Teseo-y-el-Minotauro.jpgAriadna, hija del rey Minos, es quien ayuda al héroe Teseo a salir de un laberinto donde habitaba el Minotauro. A través de este hilo, Teseo pudo regresar victorioso y vencer al Minotauro, símbolo de sus debilidades y de su propia ignorancia, conquistando así la luz de la sabiduría. El hilo de Ariadna es símbolo del lazo que une las cosas, aquello que vincula nuestro pasado con el presente, lo eterno con lo pasajero. Es la riqueza de la experiencia de quien transita por muchos caminos hasta que encuentra el verdadero que le hace ver la luz. Valga la presente metáfora para contextualizar esta obra de Áurea L. Lamela. La autora nos aventura su libre albedrío por callejas que desembocan en otras más pequeñas plagadas de misterios insondables que prefieren vivir en su propia endogamia antes que dejar pasar algún taquígrafo a través de ellas. Los ya conocidos protagonistas y “héroes” de esta dramática fábula contemporánea intentarán esclarecer la materia para derribar el endeble castillo de naipes de intereses ponzoñosos en los que está cimentada (con principios de aluminosis) toda la caterva de malnacidos que pueblan los más oscuros antros y las más altas moquetas recién aspiradas. Red de sombras pega duro y no espera a ganar a los puntos, busca el KO en tres asaltos, ni uno más.
Áurea L. Lamela despliega un ejercicio estilístico de medalla olímpica ante sus jueces/lectores. Nada sobra en su escenografía. Es ágil cuando se le pide y reflexiva cuando toca. No hace prisioneros, ejecutando sin compasión los temores más incorregibles en sus páginas. Al pan, pan y al vino, vino, que diría aquel. De prosa cercana, callejera, certera, bregada en el fragor del aroma del caldo gallego que emana los misterios más íntimos e inconfesables de cada casa. Tiene coletazos del noir estadounidensedestrezas de irreverencia de Pérez Reverte o de Vázquez Montalbán, realismo dickesiano en su lienzo, ambientación coral de Matilde Asensi… y mucho oficio tras las casi 600 páginas de esta obra.
Hágannos caso, si los Reyes Magos les han traído el enésimo bestseller anglosajón con una faja que lo iza al mismísimo trono de hierro, lo pueden desechar temporalmente (o definitivamente vía wallapop, si les diera el venazo) para entrar en esta red de sombras que les tragará vivos. Avisados están.

 

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PREMIOS FOROLIBRO 2018 – “GANADORES LIBRO DEL AÑO 2018”.

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43 libros reseñados y miles de páginas leídas en 2018…  

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15 libros marcados con el sello “Forolibro recomienda”…

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10 libros en nuestro “Top 2018″…

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Y los 4 libros ganadores del

“FOROLIBRO – LIBRO DEL AÑO 2018”

(Sí, 4. No hemos sido capaces de premiar solo a 3) son…

 

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– “Bajo nuestros pies“ – Francisco Javier Olmedo Vázquez (Editorial ExLibric).
– “Betamax: Una comedia con superpoderes“ – J. Olloqui (Editorial Drakul).
 – “Perro ladrando a su amo” – Javier Sachez (Eolas Ediciones).
– “Remordimiento – Almas perdidas“ – F.J. Beristain (Autopublicación).
 

DEL COLOR DEL OCÉANO – VIRGINIA D. KHER (EDITORIAL MUNDOPALABRAS, 2017).

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TÍTULO: DEL COLOR DEL OCÉANO.

AUTORA: VIRGINIA D. KHER – TWITTER  INSTAGRAM  FACEBOOK  WEB

EDITORIAL: MUNDOPALABRAS – WEB

PÁGINAS: 385.

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 – SINOPSIS –

Natalie vive inmersa en su trabajo, trata de expandir su negocio por los diferentes estados de USA. Una vida llena de ausencias, sacrificios y responsabilidades que no ha dejado mucho espacio para el amor. Sin embargo, en un momento nuestra protagonista se verá desbordada por una apasionante historia que la conducirá a un trayecto sin retorno.
El poder, la libertad, la traición y el glamour conforman un exquisito cóctel donde se ponen en juego los valores de la amistad, la pareja y la familia en mitad de un camino que no será siempre de rosas.
Una historia cargada de intensidad, que nos permitirá viajar a los años ochenta y el boom de la música heavy, a la vez que nos regala una mixtura de sensaciones y vivencias con unos personajes colmados de sentimientos, envueltos por los más salvajes y bellos acordes. Un mundo para ellos sumergido en un océano arriesgado e incierto.

 

– AUTORA–

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Virginia D. Kher nace a finales de los setenta en el barrio de Salamanca de Madrid; aunque se cría en el de Chamartín, donde vive gran parte de su adolescencia y juventud. Su pasión por la lectura comienza a los 13 años cuando su abuelo le presta un libro de su biblioteca. Todavía recuerda sus palabras: “Una casa sin libros es una casa sin alma, sin ventanas y con barrotes”. Él y más tarde su hermano le abrirían también las puertas al hermoso mundo de la música.
Gana su primer concurso de narración a los 13 años, y escribe a partir de entonces en prosa y verso durante otros cuantos, en secreto y como un hobby. Combina los estudios, el trabajo y la danza durante otro largo periodo de su vida. Más tarde sustituye las novelas policíacas, de misterio y amor por los libros de Macroeconomía, Estrategia y Sociología. Se especializa en Finanzas y trabaja durante 15 años para grandes multinacionales. Concluye sus estudios en el 2008 con un Máster MBA que cursa en la Universidad Europea de Madrid.
Sus pilares: la familia y la amistad. Sus pasiones: viajar, leer, escribir y la música. Se retira del mundo para crear uno nuevo, cuando en un rincón de su casa, sobre un escritorio viejo (que adora), desliza los dedos sobre el teclado sin ver pasar las horas, y nacen maravillosas historias donde sus personajes cobran vida.

 

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A los lectores de novela romántica (rosa), pero también a aquellos que poseen un alma ochentera y quieren revivir todo lo que en aquella década de cambio e irreverencia se fraguó, principalmente, en el apartado artístico/musical. Esta novela será del agrado de quienes entienden la novela de amoríos como contexto de otras aventuras y desventuras paralelas a la trama troncal y no solamente como excusa de besos dados o “robados” el postales otoñales.

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A los detractores de la novela rosa. Si lo tuyo no son los encuentros y desencuentros de personajes que buscando su camino se desdibujan en los ojos de otros individuos, este no es tu libro. Por supuesto, si tus gustos musicales están atrapados en operación triunfo, en el reguetón, en el trap o en los cuarenta principales, puede que no saborees todas las notas de estas páginas con el deleite y la admiración por una década que dejó en muchos unos posos muy profundos.

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“Si me hubieran preguntado hace unos meses cuáles serían mis planes para un viernes como el de hoy, jamás, ni en el mejor de mis más creativos sueños, hubiera podido imaginar que me vería en una situación como esta. Esperando, en el hotel donde pasé gran parte de mi infancia, a un hombre que consigue desmoronarme en mil pedacitos cada vez que me mira con esos ojos tan abisales. Del color del océano, mirada confinada de una belleza que me embruja y me atrapa hasta sus lejanas profundidades. Un hombre que es capaz de traducir mis pensamientos sin que abra la boca y que transmite una paz envolvente con su sonrisa y su voz”.

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Del color del océano de Virginia D. Kher es una novela romántica pero con algo más. En toda novela romántica normalmente existen cuatro fases. La primera es la previa al encuentro de los protagonistas y al romance propiamente dicho, donde se exponen los perfiles de cada uno, su vida personal, laboral, familiar, sus miedos, anhelos, etc. La segunda es el propio encuentro, que tendrá varios grados de casualidad, de profundidad y de temporalidad. El tercer momento es en el que surgen los problemas de pareja de distinta índole: terceras personas en la relación, aventuras cinematográficas, enfermedades, etc. Y, por último, la tan deseada conclusión donde todos los caminos confluirán en la supervivencia de la pareja o en su disolución. Una singladura al estilo de la canción La fuerza del destino, Mecano, 1988.
La gran proliferación que está teniendo en los últimos tiempos la novela romántica (aunque mejor llamarla rosa o erótica por no confundirla con el auténtico romanticismo literario de finales del XVIII y principios del XIX) ha pegado aún más fuerte con la gran explosión literaria y cinematográfica de las 50 sombras de Grey. Fenómeno igualable al que tuvo Instinto básico en los noventa, Nueve semana y media en los ochenta o El último tango en París en los setenta. En la cúspide del origen del género podemos incluir, muy resumidamente, a Orgullo y prejuicio (1813), escrito por Jane Austen, Cumbres Borrascosas (1847), de Emily Brontë o Jane Eyre (1847), de Charlotte Brontë, que son consideradas como las primeras novelas románticas, aunque por su complejidad de pasajes, emociones y trazos históricos se alejan notablemente de las, en ocasiones, simplistas y monotemáticas novelas rosas actuales.
652316_640px.jpgLo que hace curiosamente original a la presente novela son los roles y perfiles de los protagonistas. Tradicionalmente el hombre ha representado en este tipo de obras los puestos de dirección empresarial, de altos cargos políticos, de acaudalados nobles de buena familia, etc. Mientras tanto, la mujer ha ocupado el puesto de la inocencia, la debilidad o la mojigatería, aunque no en todos los casos, por supuesto. Siempre hay ejemplos de romances entre un mozo de caballerizas y una potentada y ricachona divorciada o de mujeres que han dado el combate por respuesta a sus supuestos protectores varones. Aquí tenemos los ejemplos de la Lolita de Nabokov, de Jodie Foster en Taxi Driver, de Natalie Portman en Léon (El profesional), de Anne Bancroft en El graduado o de Meryl Streep doblegando al indómito Clint Eastwood en Los puentos de Madison. En Del color del océano el cliché leva anclas y se dirige a un continente aún por explorar. El chico encuentra a chica o viceversa tiene una vertiente original en esta novela. El chico es un heavy ochentero que ejerce su vocación como el mercado y su público le van permitiendo, pero que al revés de lo esperado, la personalidad del protagonista masculino no es la del consabido “sexo, drogas y rock & roll” y esto le dará un curioso perfil narrativo a la formación de la pareja. En contraste, tenemos al personaje femenino que, ungido en la lógica aplastante del mundo empresarial, capea el temporal como puede en un mundo del que en ocasiones reniega, ya que en su interior se halla un alma libertina, hippie y exploradora. Bajo la piel del escudo que muestran ambos al exterior se encuentran las antípodas de sus personalidades. De este laberíntico Tangram con infinitas soluciones, tendrán que optar por la suya propia, la que más les haga sintonizar con sus caminos.
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Todo esto en un contexto muy interesante; la música rock y heavy de los años ochenta con Los Ángeles como contexto geográfico. Qué mejor que una de las ciudades más revolucionadas, transgresoras y peligrosas de la década de los ochenta para ser el marco que imante las andanzas de dos personajes en vías de desencadenarse. Aunque esta ciudad albergó en 1984 los Juegos Olímpicos, no obtuvo el impulso económico y social que se le presuponen a estos eventos internacionales, ya que los índices de criminalidad no dejaron de incrementarse: pugnas entre las pandillas y bandas por el  territorio, la permeabilidad de la juventud con las drogas (y en concreto al crack), la desoladora crisis económica y los disturbios sociales que tuvieron su momento más álgido con el apeamiento del taxista Rodney King en 1991. Del 29 de abril al 4 de mayo Los Ángeles fue casi un territorio de guerra. 
Pero Del color del océano no es solo novela romántica al cien por cien, ya que sus protagonistas no se dedican a dar únicamente largos paseos a la luz de la luna, a cenar con velas o a retozar en la alcoba a cámara lenta y con música de saxofón de fondo. La trama nos llevará más lejos, seremos testigos de muertes aún no resueltas, de líos y corrupciones financieras que se entretejerán con varias ramificaciones poniendo a prueba la reciente relación iniciada entre la nueva pareja. Es precisamente esta aventura dramática la que le da un brío de suspense bien integrado a la narración, no quedándose así en una simple pieza que se hubiera apagado antes de tiempo. 
El nuevo libro que hoy traemos de Virginia D. Kher es un trabajo muy bien referenciado, de prosa sencilla, vivaracha, con escenas que buscan el realismo y la acción cotidiana sin caer en circunloquios vacuos ni densidades expositivas irrelevantes. Esta obra nos trae una época de la que tanto se ha escrito y hablado. Su influencia ha sido muy notable y todavía sigue muy viva treinta años después. Allí se fijaron unas composiciones originales en mucho campos, desde la música, al cine, la moda, la iconografía contemporánea en anuncios, logos y objetos de culto. El vinilo y el colorete vuelven. Mientras el progreso simplifica los procesos creativos y el desmelene, siempre hay un grupo de irreductibles nostálgicos que no se olvidan de todo lo que allí se creó. Y esta autora, nos tememos, que aún no se ha quitado las hombreras ni piensa apagar su cardado walkman.
P.D. La ilustración de la portada del libro es un original de Dori Agudo. Si os gusta su obra podéis visitarla en su web personal.
P.D.2 Los melómanos tienen un gran banquete en las páginas 383-385.

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