EL EXPERIMENTO DORMIDO – GUSTAVO MARTÍNEZ FERNÁNDEZ – AUTOPUBLICACIÓN, 2020.

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TÍTULO: EL EXPERIMENTO DORMIDO.
AUTOR: GUSTAVO MARTÍNEZ FERNÁNDEZ.
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EDITORIAL: AUTOPUBLICADO, 2020.
PÁGINAS: 418.
¿DÓNDE COMPRARLO?:  AQUÍ
 
 – SINOPSIS –
Una novela fascinante que permanecerá en tu memoria para siempre. Una narración de misterio flotando en una nube de realismo mágico. Un hombre adicto a sí mismo y con una extraña habilidad, un universitario con un antepasado enigmático y una periodista vocacional convergen en un paraíso tropical y descubren que su presencia allí no es casual. Juntos, asistirán y participarán de un misterio desvelado a ellos y de un final extraordinario que retará a su capacidad de asombro.
“Sin apenas percibirlo, su conversación secreta ganaba espacios al contacto familiar y al círculo de amigos. No estaba loco; se hablaba a sí mismo, simplemente”. “Si le hubieran pedido que resumiera las palabras que escuchaba, no le hubiera resultado posible hacerlo, pero sabía que estas germinaban en su memoria y que tal vez también lo hacían en los extremos sensibles de los árboles”. “Entonces, volvió a obrarse el fenómeno, o así creyó verlo él al detectar una especie de sincronía en el movimiento de sus cuerpos. Lo que fuera que estuvieran escuchando ejercía un efecto relajante y armónico sobre el colectivo. Y supo que era él quien había producido el resultado con su voz y su monólogo». “Se le cerraban los ojos y su cuerpo le pedía extenderse sobre la arena. Desde esa posición, creyó que su vista contemplaba las estrellas del universo entero”. «Se dijo que había mil maneras diferentes de vivir y que los humanos apenas si exploran en profundidad la mitad de una de ellas”. «Protegido por la clandestinidad del momento, memorizó fotográficamente cada tramo de la piel de su compañera de alcoba. Bajo su rostro alargado y de tez y cabello moreno, se iniciaba un torso atlético tal vez moldeado por baños frecuentes en el mar. La ropa que vestía la noche anterior ocultaba las formas voluptuosas de su pecho y la cadera que se estrechaba en el lugar preciso”.
“Sin embargo y por primera vez desde el inicio de todos los extraños acontecimientos, intuyó que el secreto se encontraba allí, oculto sobre el manto de nubes, pero tangible entre la brisa que mecía suavemente los árboles de tronco y ramas negras y de frutos rojos, pequeñas bayas esféricas que brillaban como diamantes expuestos a la fuente de luz intensa con la que el orfebre examina su pureza”. “Miró en todas las direcciones y comprobó que nadie permanecía indiferente al estímulo. Apenas un minuto había bastado para que las respiraciones se acompasaran”. “Dejó que las palabras manaran de su boca. Casi podía percibir cada una de las vibraciones de sus cuerdas vocales, los movimientos de su lengua en el paladar, los labios humedecidos que se movían arriba y abajo, presionándose para pronunciar los fonemas oclusivos, y los dientes tocados por la lengua para pronunciar los dentales. Se sintió embriagado por la química que se desencadenaba con cada construcción sintáctica, por cada argumentación que elaboraba su cerebro. Y todo comenzó a fluir.”
“Que personas rodeadas de miles, decenas de miles o centenares de miles de humanos tuvieran que viajar a lejanos países para acabar encontrando allí el complemento idóneo de su vida podía parecer anecdótico o incluso paradójico, y, sin embargo, ocurría con más frecuencia de lo que la gente común pudiera suponer. Individuos que no lograban adaptarse a la convivencia con otros semejantes a ellos por cultura o carácter lo hacían, sin embargo, en el punto opuesto del mundo aunque ni siquiera compartieran la lengua de comunicación. O, tal vez, esa fuera, precisamente, la causa del éxito.”

– AUTOR –

Gustavo-Martínez-Fernández

El escritor español Gustavo Martínez Fernández nació en 1966, en Valdeviejas (León), razón por la que mantiene un estrecho vínculo con la Maragatería.  Sus primeros años de infancia transcurrieron entre diversas localidades de esa histórica comarca y la entonces pequeña población de Ratingen, muy cerca de Düsseldorf (Alemania). Desde 1974, reside en Barberà del Vallès, en la provincia de Barcelona. Plenamente integrado en la sociedad de la comunidad autónoma catalana, lugar en el que ha transcurrido la mayor parte de su adolescencia y vida adulta, ha desarrollado su vida profesional allí, en el ámbito de una multinacional española de telecomunicaciones. El escritor ha viajado, aprovechando todos sus períodos vacacionales, a lo largo y ancho del mundo y, con alguna rara excepción por razones de seguridad, siempre de manera independiente para disfrutar y aprender de la experiencia más real y próxima a cada entorno geográfico y humano. En enero de 2020, inició un período sabático que representó la oportunidad de retomar la creación literaria, una actividad practicada de manera intermitente a lo largo de los años, que, ahora, la disponibilidad de tiempo libre le permite ejercer con disciplina y constancia. Gustavo Martínez Fernández ha publicado Europa, A Strange Affair, Y despertamos en China y El experimento dormido.  Su próximo proyecto se perfilará en torno a un viaje a través de la Ruta 66, el histórico trayecto que une las ciudades de Chicago y Los Ángeles -separadas por una distancia de 3.900 kilómetros-, que el escritor planea acometer en otoño de este año.
 

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A los amantes de la novela pausada, descriptiva, reiterativa en ocasiones y orientada a sensaciones, aromas e inquietudes. Con fondo de thriller, raudo y sin concesiones sobre todo en su último tercio, se abre una novela que insinúa más que muestra y que presta más atención a los detalles y a la ambientación de lo extraño de una forma mucho más velada, que las líneas editoriales habituales. El experimento dormido sabe a mar, a libertad, a huida, a la búsqueda de la pausa vital en tierra extraña junto con unos personajes, que tienen en común, las ganas de vivir la gran aventura que les saque de la rutina.

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A los lectores amantes de la fórmula bestseller o thriller tradicional, junto con todos los elementos estructurales del mismo. Tampoco será del gusto de aquellos lectores que no quieren recorrer la senda de los elementos extraños en la narración, aquellos que, aparentemente, no casan en la linealidad ni la previsibilidad de los acontecimientos. Las trazas de realismo mágico desorientarán a algunos lectores que prefieran ceñirse a acontecimientos más certeros en sus lecturas. Los lectores poco pacientes tampoco hallarán aquí su relato predilecto.

– LA FRASE vintage-1751222__340.png

«El ancho callejón no daba para el tránsito de carros, así que pensó que debió tratarse de pequeños vehículos movidos por tracción humana. La pulcritud del entorno se sumaba a la antigüedad de las puertas, de las campanillas de llamadas y de los picaportes creando un poderoso efecto artístico. Las puertas habían sido pintadas y repintadas hasta la extenuación, pero conservaban el aspecto propio de los elementos sometidos a procesos de rehabilitación. La tenacidad de estas acciones le hizo pensar que quienes las llevaban a cabo disponían de mucho tiempo libre, tal vez el de quienes cultivan allí donde la fertilidad de la tierra y el clima de bonanza facilitan el ocio durante una buena parte del año».

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j09l9014Hoy traemos para reseñar: El experimento dormido, de Gustavo Martínez Fernández. Novela de difícil catalogación. Ella misma huye del propio encasillamiento que los tiempos modernos proclaman con los departamentos estancos, para casi todos los órdenes de la vida. Que nadie se salga de las formas de su propio tiesto es más cómodo para los medios, los publicistas, los ordenamientos sociales, la creación artística, etc. Así, El experimento dormido es una rara avis dentro del panorama literario actual. Una novela vestida con un marco de misterioso acontecimiento con el que se inicia el resorte de la narración y que se irá desgranando a lo largo de toda la novela, pero sin seguir los cánones de la intriga al uso. La presente tiene un trazo bastante ancho de realismo mágico sudamericano (de hecho, la ubicación en la que se desarrolla la práctica totalidad de la trama nos recuerda bastante a aromas de: García Márquez, Rulfo, Carpentier o de La Cuadra), sobre todo con la aparición de un personaje que «persigue» a uno de sus protagonistas y que se mueve en ese limbo entre «lo de aquí» y «lo de más allá». Pero el realismo mágico no se queda en una simple exposición fantasmal del relato, no es el trato dispensado de Bécquer o Wilde al más allá, sino la intrínseca relación entre ambos planos. Estos se solapan, se mezclan, interactúan, guían en mitad de la tormenta al alma atormentada de uno de los protagonistas, le dan cobijo, consejo y fuerzas para acometer su misión en el mundo. La línea entre lo vivo y lo muerto se desdibuja y origina en el lector una sensación de inestabilidad que dota a la obra de una libertad creativa que redunda en la calidad de la misma. Como apuntamos, la presente obra, aunque envuelve sus acontecimientos en un aura de intriga, no cuadra con el formato habitual del género de capítulos cortos, escenas suicidas, conversaciones de vértigo y aceleración geométrica (de hecho, uno de los capítulos tiene más de 100 páginas). En cambio, hasta que aflora todo lo que el lector estaba esperando, la narración transita por un aura poética, reflexiva, humanista y filosófica (de aquí nace el punto fuerte de la novela y, al tiempo, el mayor lastre respecto a la agilidad de la lectura).
600x400_770x420-islas-cook-panoramica-las-mas-bonitas-del-oceano-atlanticoEn tiempos de ruido, despersonalización de redes «asociales» y desapego de uno mismo, en aras del provecho de la colectividad, la productividad y el rebaño especulativo, Gustavo Martínez Fernández sube a la palestra a su «Jesucristo influencer» particular, que hace de su introversión, el discurso más compartido y extendido de la historia. El protagonista de la presente novela huye de los focos, pero su introspección interior alentará e imantará el ánimo de las masas. En una sociedad que ni siente ni padece «El monologuista» conectará con su yo interior y de ahí «viralizará» su mensaje a todos los que le rodean, sin distinción. Todos se quedarán prendados de su letanía. Si JeanBaptiste Grenouille magnetizó a la sociedad francesa del siglo XVIII mediante el arte del perfume, nuestro protagonista lo hace mediante un involuntario acto personalísimo de oratoria. La falta de explicación de este innato poder atraerá a un adolescente con ganas de descubrir mundo y a una periodista, que indaga el secreto de este suceso extraordinario. Todos ellos, por diferentes caminos y, tras difíciles decisiones personales, se reúnen, cada uno por su lado y con intereses, a priori, encontrados, en un paraíso tropical. Allí las reglas cambian. Alejados del cosmopolitismo: el tiempo se detiene, los sentidos se disparan, el erotismo de ébano guiña el ojo, el trasiego de los nativos dicta el paso del calendario y la vida se abre camino sobre horizontes dorados y noches interminables. Y más allá, en lontananza, la isla del día de antes de Umberto Eco que, pone sobre la piel de Roberto de la Grive, la responsabilidad de entablar una conversación filosófica con el lector acerca de las propiedades de dicha ínsula. Al igual que el insigne milanés, Aldous Huxley nos presentó en su obra La isla, una sociedad que echa el frenazo a la industrialización para poder brindar mayor espacio al ocio y la contemplación y, menos, al arduo trabajo.
lostUna isla como metáfora de la propia vida, que podría ser contada por un Terrence Malick al estilo de El árbol de la vida, que entierra sus raíces en lo más profundo del alma de sus protagonistas. Una isla que alberga un misterio desde el pasado, hasta más allá del presente. Cual isla Calavera de King Kong, que vive con discreto anonimato su devenir entre brumas que la ocultan de la civilización, el presente escenario de Gustavo Martínez Fernández también tiene su intríngulis.
Si todos sufrimos un considerable impacto con el primer capítulo de la segunda temporada de Lost, ante el descubrimiento de uno de los grandes secretos de la isla; en El experimento dormido (y latente) también seremos testigos de una revelación de consideración. Es, precisamente, al llegar al último tercio de la lectura, cuando el ritmo y el tono de la novela cambian por completo. Pasa de una narrativa más poética, sensorial, reflexiva, incluso reivindicativa, a la narración de una historia que pondrá de manifiesto y enfrentará a la naturaleza humana: entre la maldad cuasi absoluta y la esperanza basada en el amor y la empatía con el semejante necesitado de salvación. Por muy lejos que corras y muy bien que te escondas siempre habrá un doctor Mengele con los bisturís bien afilados bajo el paraguas, financiación y amparo de la sociedad Thule de turno.
Gustavo Martínez Fernández hunde y entremezcla las semillas de su narración con la esperanza de que, algún día, crezca un árbol esplendoroso, nutrido de los huesos y las cenizas del pasado de todos los que sufrieron los embates de sus carceleros (aquellos que intentan jugar a ser dioses, subyugando a los más débiles). Por ello, en un esperanzador canto de esperanza a la superación del holocausto personal de cada uno, el autor arrolla con esta novela, que con poso de thriller, se cuela, con profundidad, en la sensibilidad de cada personaje protagonista. Al final de la misma, reivindicando la justicia poética, veremos quién prevalece en el camino (infinito) de la vida.

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