PENNYWISE, JUEZ DEL RITO DE PASO EN EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS.

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     Valga como anticipo que el que suscribe no puede ser del todo crítico con Stephen King. Me parece que es de los diez escritores estadounidenses más influyentes del siglo XX, y en su género, junto con Lovecraft, se encuentra empatado en el primer puesto. ¿Qué es lo que hace a Stephen King especial?, preguntarán aquellos que aún no se hayan internado en su obra, o hayan empezado por sus novelas menos afortunadas. En primer lugar ha ganado el Premio Nacional del Libro, Medal for Distinguished Contribution to American Literature. Ha sido nominado cincuenta veces para el Premio Locus, ganándolo en cinco ocasiones. Es seis veces ganador del British Fantasy Award. Ha sido diez veces ganador en distintas categorías del premio anual de la Horror Writters Association, entre muchos cientos de galardones más. Además del éxito de público y crítica especializada, (no de académicos ni personajes de sillones tapizados de rojo carmesí y copas de brandy, que esconden sus botellas con recelo cuando acuden a la llamada de sus camaradas de aquelarre). Hay escritores que inventan cosas o que lo intentan. King decanta la realidad al papel. King es un constructor de personajes, que utiliza para ello un soporte de monstruos y artificios, pero realmente lo que nos muestra, es el costumbrismo rural de las pequeñas sociedades estadounidenses y de cómo sus habitantes juegan en su tablero.

     “La torre oscura”, (el libro, no la fallida y alocada película de Nicolas Arjel), es el principio y el final de todas las cosas, alfa y omega, incesante factor determinista de la vida y la muerte, la luz y la oscuridad…el caldo primigenio. Ahí se encuentra, alta, sombría, rodeada de un campo de rosas cantarinas y con un secreto tan grande como la obra misma. Tras un periplo de casi 4.807 páginas y 34 años de trabajo de su constante Pigmalión, el ka-tet del 19, (y del 99) llega a término de su “magnum opus“, la singladura de la “Space Opera” o mejor dicho “Cowboymedieval Opera”, que cabalga entre “El bueno, el feo y el malo”, “J.R.R Tolkien”, y el mejor “Akira Kurosawa”. Es una obsesión que jalona casi toda su bibliografía. Muchas de sus obras son como los peces en el río, que beben y beben y vuelven a beber de La torre oscura, siendo recomendable antes de comenzar este camino del Haz, leer otras obras fundamentales del autor, ya que todo está interconectado. Pisamos polvo del camino, y como en todos los caminos hacia el “sancta sanctorum”, se desarrollan todas y cada una de las verdades del carácter humano, en las preguntas de la filosofía tradicional y que metafóricamente no entienden los defensores más academistas. La vida, la muerte, el destino, la ética, la moral, la justicia, y en definitiva la búsqueda del lugar que tiene el ser humano en el mundo e “IT es el guardián de la Torre y de su mundo prodigioso. Si superas tus miedos podrás acceder al universo del Stephen King, del que no podrás volver, y con suerte cuando llegues a su cúspide flotarás, (todos lo hacemos).

     Desde que el primer ser humano vio su reflejo en el río, el miedo habitó para siempre en nuestra especie. Un miedo insondable a lo que nos rodea, a la hostilidad del medio en el que nos desenvolvemos, pero sobre todo, al espejo de lo que representamos. Somos “William Wilson” de Edgar Allan Poe, somos las malvada madrastra de “Blancanieves” de los Hermanos Grimm, somos “Jekyll y Hyde” de Robert Louis Stevenson, somos “Dorian Gray” de Oscar Wilde. Todos nos miramos en el espejo, y no nos gusta lo que vemos. Todos ellos son nosotros, y nosotros es Eso. Reflejamos nuestros miedos en la mirada de los ojos que nos devuelve nuestro retrato, y nuestro semblante fulgurante vive con nosotros hasta la muerte.

     El fenómeno de la “Coulrofobia o miedo a los payasos”, viene de lejos, y supongo que existirá una legión de psicólogos y psiquiatras prestos a enarbolar un fajo de gruesos manuales para explicarnos sus causas, fundamentos, y terapias de contención. Yo tengo mi propia teoría por si la quieren conocer. Parto de la sabiduría del niño pre-adolescente. En esta fase de la que muchos no se acordarán, teníamos un conocimiento ajeno al filtro de la razón formalista en que nos apasionábamos por ciertas actividades y denostábamos muchas otras. El niño es exigente y se emociona irracionalmente con lo que le rodea. El adulto está condicionado, el niño no. Y es entonces cuando aparece el payaso. Un personaje que fuerza la sonrisa del niño pero no se lo gana, le obliga. En este juego de máscaras tan forzado, dudamos de los verdaderos sentimientos del hombre maquillado. Mientras a Batman, a Spiderman, incluso a Superman, (con su sorprendente poder de la agnosia visual que hace que no le reconozcan con unos simples anteojos), les vemos como cambian su traje, se quitan sus máscaras y descansan de la dura jornada ajusticiando maleantes en su fortaleza de la soledad particular, ¿qué vemos del payaso? Siempre está aparentemente contento, vestido y maquillado. ¿Acaso no sufre, no descansa? Esto es sospechoso, y eso al niño no le gusta. No es capaz de distinguir si detrás de esa pintura facial se esconde algo verdaderamente peligroso, algo que lo quiere solo para él. Es el miedo a algo que aparenta perfección. Fíjense en el público cuando hay un payaso cerca, cuando muchos ríen, otros pocos, saben la verdad y lloran, (- Hijo, ¿no te gusta el payaso? – No papa, me da miedo, vámonos de aquí). Estos últimos son los más avispados y precavidos.

         En Derry se aparece “el que no debe ser nombrado”, aunque en este caso sí tiene nariz y no un tajo en la cara por donde respirar. Una nariz roja como la sangre que busca. Ya averiguarán qué es “IT”, espero, en el capítulo dos. Cuando lo averigüen sabrán que la mejor arma para destrozar a las personas es el miedo. Lo vemos en los regímenes dictatoriales, en los abusones de instituto, en los sibilinos, pacientes y vigilantes pederastas y hasta en las clínicas de cirugía estética. “IT” tiene muchas formas, que tomará sin dudarlo hasta acorralar a sus presas, que individualmente serán tiernos bocados en una noche de tormenta. El depredador siempre ataca a la gacela coja, nunca a la manada entera. Aquí contamos con un magnífico grupo de gacelas. Los actores elegidos son soberbios y la dirección de los mismos exquisita. Andrés Muschietti, tras Mamá de 2013, ha hecho un trabajo redondo.

         La adaptación de la magnífica novela del maestro de Maine está horneada de talento, paciencia y oficio tradicional, exceptuando los escasos momentos en que “lo digital” y el “truco sonoro del susto fácil” aparecen, aunque no distorsionan, en esta cruenta sesión de diapositivas en el garaje. Para adaptar una novela de casi mil páginas en dos películas, hay que ser un virtuoso de la narrativa, del tratamiento de los personajes, y del “fuera de cámara”. “IT” une a los impúberes, dándoles fuerzas para seguir adelante en el oscuro y futuro mundo de los adultos, donde no se intuye una meta satisfactoria. (-Hola pequeño, ¿qué quieres ser de mayor?, – Nada, no quiero ser nada, déjeme jugar en paz viejo carroza). Es la pulsión del adulto que urge acelerar el crecimiento de los niños. Estos no quieren abandonar la fase más maravillosa, aparentemente eterna y productiva de la vida. Hasta los 15 años te ocurre sin duda lo mejor que vas a vivir nunca, ¿o es qué ya lo has olvidado?, debe ser eso, (¡viejo carroza!).

     “IT” es la vigesimoséptima esencia del miedo ancestral que nos acompaña hasta la pubertad, donde el “ritual sangriento de Carrie”, iniciará a nuestros héroes, (que somos nosotros mismos, allí estamos, lejos en el tiempo, pero somos nosotros), en la fase adolescente. Aunque en este caso no sangra solamente “Carrie”. Sangra todo el grupo, es el pacto de la sangría, la búsqueda y secreto del “sangrial”. La sangre debe manar, no debe taponarse ni evitarse. Conjurados y hermanados de sangre para siempre los perdedores, sellarán su fuerza contra la bestia que los acosa, que si bien toma forma de payaso, podría tomar cualquier otra. (“Ella, la araña” de Tolkien es claramente una variante de Pennywise. Reflexionen si quieren sobre sus paralelismos). “IT” es la cara de la tentación del adulto, el cancerbero del rito de paso, (recomiendo el genial libro de Arnold Van Gennep, publicado en 1909. Claro ejemplo es la celebración del Bar Mitzva de uno de los protagonistas). Nos muestra de lo que está formado el mundo de los adultos, un horizonte de sinsabores, frustraciones, y obligaciones, miradas lascivas, impotencias y sueños lastrados. A esta edad no existen chicos ni chicas, sino solamente amigos. Con la edad, la sociedad nos distanciará en encasillados roles sexuales. Con este panorama Pennywise “el bailarín”, nos invita a su lado, en su carrusel de luces y música, para quedar preservados eternamente en “El país de nunca jamás de James Barry”. “IT” es una variable de un terrible Peter Pan que te secuestra con su canto de sirenas para mantenerte en un formol perenne, alejando por siempre la posibilidad de hacerte mayor. A cambio de ofrecerte este don, te pedirá tu sangre, (de la que literalmente se alimentará) y tu sumisión a su reglamento de miedo en los desagües más profundos de los Barrens y de tu mente. Para salir a la luz de la adolescencia, antes tendrás que pagar el precio, que con el tiempo verás que es una luz de gas que agoniza, que se apaga en ocasiones, y que no brilla tanto como creías. Por cierto, curioso que el bautismo de este grupo de chavales sea literalmente en aguas marrones y no en aguas cristalinas de la pila bautismal. También para nota el concepto de que Pennywise, cual niño, juegue con la comida antes de ingerirla.

     El enfrentamiento individual pero con el apoyo férreo del grupo, lo podemos observar en la magnifica escena de la cantera. Aquí vemos como cada personaje tiene que superar un gran obstáculo. La desnudez del cuerpo y del alma no da apuro, ni vergüenza, ni reparo, pues es la normalidad. Los cuerpos no son examinados ni criticados por la voracidad del mundo adulto, (bueno un poco sí, pero sin lascivia ni sonrojo). Los ojos de los niños miran aún con limpieza a un mundo que les devuelve una mirada hostil.

     “IT” es una película narrada siempre desde el punto de vista de los niños, por debajo del metro y medio de altura. Los adultos son en el mejor de los casos, extraños, distantes, o están atenazados por la desidia. Y en el peor de los casos, son proyectos de pederastas, falsos protectores de sus hijos, bibliotecarias subyugantes, fanfarrones prepotentes o bravucones abusones. Los niños crecen en un páramo de desafecto (En “Cuenta conmigo”, “E.T”, o en “Los Goonies”, también existe la distancia entre estos dos mundos, pero en el caso que nos ocupa ahora, esta es abismal). Para el espectador, las visiones de “los perdedores” son eso, únicamente visiones, pero hay que recordar que cuando uno es niño no es fácil diferenciar entre la fantasía y la realidad pues ambas caminan de la mano. (Podríamos comentar aquí una locura de paralelismo entre ET e IT, pero no acabaríamos. Para otro día. Pero cosas en común tienen unas cuantas).

     Al término de la película, pude escuchar como unos veinteañeros, pese a una mediana crítica positiva, comentaban entre ellos que lo que no se puede hacer en una película de terror es introducir momentos de comedia, (¡rompe el hilo, te saca de contexto!, decían contrariados). Claramente no habían entendido nada. El mundo infantil no discierne entre terror y comedia. Cuando tenemos 12 años ambas cosas son lo mismo. De adultos apostamos por un mundo de falsa comedia para guarecernos del ataque de nuestros miedos más profundos. De niños estos mundos conviven en armonía, no es comedia, es realidad. Jovenes “youtubers millenials”, si leéis estas líneas, soy ese señor mayor de la fila de delante que escuchaba discretamente vuestras desacertadas opiniones. (¡Ah!, y recordad que algunos somos de una generación que vimos el estreno de “El imperio contraataca” en una sala enorme de cine de la Gran Vía madrileña. ¡Chúpate esa!). Nos encanta que la adaptación cinematográfica haya corrido desde los años 50 hasta los últimos años 80. Hemos visto lo que esto significa. El paisaje, la ropa, la cartelería, los coches, todo magnífico. Es un momento nostálgico del todo imperdible. La película pone las cartas encima de la mesa desde el inicio, cuando vemos un cuarto lleno de juguetes de la época y los posters de los “Gremlins”, de “BettleJuice” o de “Encuentros en la tercera fase”. Por cierto en el cine de Derry proyectan “Batman”, “Arma Letal II” y “Pesadilla en Elm Street 5”.

     Debemos elegir entre flotar para siempre en el país de Nunca Jamás o encaminarnos a un mundo adulto donde la fantasía quedará cercenada para siempre. Yo ya he elegido. Llevo muchos años flotando y Pennywise será siempre mi amigo, al menos hasta dentro de 27 años.

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Un comentario sobre “PENNYWISE, JUEZ DEL RITO DE PASO EN EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS.

    David Sánchez Alonso escribió:
    11 septiembre, 2017 en 9:57 am

    Coincido completamente en la crítica de la película y también en la valoración que le has dado. Quizás te ha faltado mencionar un poco el tufillo (en este caso positivo) al estilo Stranger Things… Aunque claro, esa magnífica serie bebe directamente de lo mejor del cine de los 80 y primeros 90…. Así que es una retroalimentación mutua e infinita.

    Por cierto…. A la critica como tal también le doy un 9 sobre 10… Grandísimo artículo te has marcado.

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