Manuel Hidalgo es un antiguo soldado español que vive en Nuevo México. Estamos en 1847 y el país azteca hace años que es un territorio independiente. Allí trata de llevar una vida tranquila pese a la guerra que están librando yanquis y mexicanos. Pero los estadounidenses avanzan hacia el oeste y reclaman la propiedad de su granja. Manuel, que tiene a su mujer enterrada allí, no piensa entregar sus tierras. Y menos a los gringos.
Para defender la granja, sus animales y la memoria de su difunta esposa, se enfrentará a desertores mexicanos, apaches, prestamistas, estadounidenses y cazadores de cabelleras.
Ambientada en los años finales de la guerra entre México y Estados Unidos, en Del cielo azul Noel Pérez reflexiona sobre el robo yanqui de las tierras al norte del río Bravo y el asesinato de aquellos mexicanos que lucharon por defender su territorio.
– AUTOR –
Noel Pérez Brey (Toledo, 1979) es licenciado en ADE y en Filología Hispánica. Elegido como uno de los Talentos 2013 por el diario El País, en la actualidad compagina la escritura con Type Literaria, revista digital especializada en relato corto.
Entre otros galardones, en 2008 obtuvo el Premio de Narrativa Iparragirre. También ha conseguido el tercer premio en el XI Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba (2014) y ha sido finalista en el I Concurso de Relatos Breves Enrique Gallud Jardiel (2016). En 2022 le fue concedido un accésit en el VIII Certamen Sierra de Francia de Relato.
– GUSTARÁ
Por supuesto, a los seguidores y lectores habituales de este autor. Todo lo que encontrarán aquí no baja ni un ápice el nivel e interés de sus anteriores obras. Del cielo azul será del interés de aquellos que encuentran la epicidad en las historias mínimas que puede que pasen desapercibidas al público en general, pero que al lector atento le cautivan. Esta obra es para todos aquellos lectores que en algún momento se han planteado hacer frente al opresor sin temor a las consecuencias. También casará con aquellos que agradecen la certeza narrativa, la frase bien construida, la pasión por el detalle y la generación de atmósferas y sensaciones palpables.
– NO GUSTARÁ
A quienes prefieren obras más anchas, con más diálogos, más cinematográficas o más anfetamínicas. Aquí no estamos ante un thriller que necesite de giros de guion o efectos de CGI, ni de aparataje ampuloso. Tampoco es para un público juvenil que se deja llevar por modas o por lo políticamente correcto. La presente obra está más indicada para lectores de largo recorrido que para aquellos de libro anual de hamaca playera. A pesar de sus menos de cien páginas, su contenido es más disfrutable si se paladea en lugar de leer en diagonal con ansias de saber si el mayordomo es o no finalmente el asesino, o si los amantes terminan por casarse.
– LA FRASE
«Manuel entornó los ojos al sol. Aunque en Guanajuato pelearon hasta que corrieron litros de sangre por las zanjas y los canalones de las azoteas, sentados de noche alrededor del fuego, fueron los gemidos de los moribundos en las calles lo que le arrugó el alma. Se rascó la cicatriz del muslo. Y, llenándose los pulmones, apuró el cigarrillo. Más allá del humo gris, las mujeres trajinaban con la carne y las pieles, los niños azuzaban a los alacranes con una ramita, el hombre medicina murmuraba sin quitarle ojo y Delgadito quizás olvidaba su cojera amodorrado a la botella de sotol. Manuel rezongó. Le crujieron los riñones. Esperaba que José y Chaco no tuvieran mayores problemas en la granja hasta que él regresara».
– RESEÑA
Toda tipología o género de novelas tiene su propia dificultad intrínseca y particular. Puede ser uno; aunque normalmente son varios los factores que hacen más compleja su elaboración. En un poemario, por ejemplo, la dificultad viene dada por la capacidad del autor para evocar y mostrar sin ser exhaustivo. En una novela de terror, la atmósfera y la sensación de mal cuerpo en el lector son prioritarias. En la fantasía es primordial que la estructura y las reglas del juego estén perfectamente perfiladas y no sean engañosas (ya saben aquello de: si algo no encaja, es que lo hizo un mago). Si consideramos la presente obra como de frontera (que, sacando el encasillamiento de géneros, se podría tratar como un subgénero de novela histórica), ¿dónde reside, a nuestro juicio, la dificultad para que su resultado sea notable? Pues en la descripción de un mundo cambiante, tanto en lo geográfico como en lo íntimo. Las reglas varían, los personajes son susceptibles de transitar por terrenos cenagosos en el plano ético y personal, y su habitual uso del inmedia res hace que generar un todo cohesionado y resultón sea solo apto para manos avezadas en la tarea narrativa… Y Noel cumple, cumple con creces.
El estado habitual del ser humano es la supervivencia a toda costa. Esto, en el mundo moderno, suele ser sinónimo de agachar el corvejón, procurarse cobijo, agradecer las migajas y seguir caminando. Humillarse para poder vivir otro día. Lo que ocurre es que, en ocasiones, aparece algún verso libre, que bien por inconciencia, bien por haberlo perdido todo, o bien por puro hastío vital, aprieta los dientes y saca los caninos al sol. Para ello no hace falta defender causas enrevesadas ni gozar de la pátina de la noble épica. Simplemente con resistir al opresor o al enemigo, como los valientes galos ante el avance romano o como un manifestante en la plaza de Tiananmen, es suficiente. En la presente novela corta nos encontramos a Manuel, un antiguo soldado retirado, que solo quiere que le dejen vivir tranquilo en su granja, lugar donde está enterrada su mujer. Pero claro, los intereses de unos y de otros le harán apretar los dientes y emplearse a fondo con el hostil invasor. Y es que no tienen que ser grandes epopeyas las que metan en un fregado de aúpa a un individuo. A veces, son las pequeñas cosas las que hacen disparar la confrontación. A John Rambo no le dejaron entrar en un pueblo; a Michael Douglas le denegaron el desayuno que quería y, en Relatos salvajes, el ingeniero bombita desató su ira por un simple asunto burocrático. Cuando la paciencia se acaba o los cables se cruzan, hay individuos que van hasta las últimas consecuencias.
Para algunos, la dignidad está por encima de todas las demás consideraciones. Las convicciones personales, en ocasiones, son más cabezotas que la fuerza bruta. Manuel elige morir con las botas puestas en vez de con el rabo entre las piernas. Poder elegir tus batallas, aunque sea erróneamente, siempre es mejor opción que te las elijan por ti. Cuando tu Colt se convierte en tu mejor amigo y tu perro en tu hermano, el asunto se pone interesante. Y así, con la presión en el cogote, Manuel tirará por la calle de en medio, cerrará acuerdos con extraños compañeros de cama, pondrá todos los huevos en la misma cesta e irá hasta el final, sea este el que sea. Las consecuencias no son importantes cuando la resolución es inquebrantable.
Del cielo azul huele en ocasiones al aura crepuscular de Gran Torino o Sin Perdón de Clint Eastwood. Es una historia mínima que podría llevársela el viento del desierto, si no fuera por su magnetismo, sensibilidad y humanismo. Podría ser realismo mágico, pero es realismo sucio, polvoriento… De costillas vapuleadas, corazones quebrados y esperanzas cercenadas. Un hombre contra el mundo, solo ante el peligro, dueño de su alma pero despojado de su pasado y de su futuro. Un instante fotografiado en una polvareda que se lo llevará todo y que solo dejará ecos de añoranza y nostalgia que el lector deberá digerir como pueda. Esta novela cabalga sola al galope con el horizonte y la mirada siempre puesta en el fatalismo de Thelma & Louis.
Apuntar que, como nota curiosa para seguidores de los movimientos sincrónicos y numerólogos, cabe decir que la presente novela cuenta con 88 páginas. Cifra que significa integridad de un propósito, ética, orden y recogida de lo que se ha sembrado. Al tiempo que el 088 es el teléfono de atención ciudadana en México. También es, en un ámbito más siniestro de anexión por la fuerza y espacio vital, un símbolo que nos retrotrae a la época más oscura de la Europa de los años 30/40. Sea la casualidad o el estoque discreto del autor, la verdad es que nada se le puede criticar a la duración de la presente obra (ya conocen la máxima de Baltasar Gracián). Novela corta, relato largo o flechazo rebelde para aquellos que todavía piensan que existen valores que la fuerza no es capaz de doblegar. Todo en Del cielo azul es notable. En un panorama actual dominado por las trilogías, las enésimas continuaciones y los tochos sobreexplicativos, nos encontramos con una obra que economiza y centra el tiro. Tiene alma de verso y se emplea a fondo con las escenas, las relaciones, la tensión y el dramatismo de lo cotidiano, de lo pequeño, de aquello que no sale en los titulares, pero que encoge el corazón de los afectados.
Con un estilo directo e implacable, va ganando enteros en cada página. Su puesta en escena, la elección del lenguaje empleado, su composición tendente a la descripción y menos al diálogo o la búsqueda de una narrativa eminentemente solitaria, dotan a esta pieza de una lectura imprescindible con más silencios que largas explicaciones. Queda lejos de otras obras de efectos aturdidores y demás propuestas de aquí te pillo, aquí te leo y, si te he leído, no me acuerdo.
A veces, la vida solo te deja ir a la confrontación. Unos se esconden, otros huyen; los menos prefieren caer en el campo de batalla mientras se baten con los leones ante un carroñero coliseo enfervorecido por el aroma a sangre. Hay fronteras que se delinearon con escuadra y cartabón; otras se marcaron a fuego y destrucción.