RESEÑA: PINK CADILLAC MAN – DOMINGO ALBERTO MARTÍNEZ – 2024

Posted on

TÍTULO: PINK CADILLAC MAN.

AUTOR: DOMINGO ALBERTO MARTÍNEZ

WEBFACEBOOKINSTAGRAMLINKEDINYOUTUBEX

EDITORIAL: WEST INDIES PUBLISHING COMPANY – WEB

PÁGINAS: 406.

¿DÓNDE COMPRARLO?: AQUÍ


 – SINOPSIS –

Perder la libertad es como perder el aire; la vida continúa, pero en las horas lentas y pesadas que transcurren en prisión, uno puede verse atrapado en una espiral cada vez más perturbadora. El protagonista de Pink Cadillac Man es Róbinson Sánchez, un cubano condenado por homicidio en una prisión del suroeste de Estados Unidos. Él se declara inocente, aunque, ¿quién no lo haría en su situación?
A partir de este punto de partida, la novela trasciende el género del drama carcelario, volando más alto y más lejos, impulsada tanto por la realidad, como por el deseo, como por las pesadillas. Los recuerdos de Sonny son tan vívidos como la presencia de los otros presos, criminales de la peor calaña, charlatanes y asesinos, drogadictos sin nobleza ni heroísmo lastrados por las circunstancias. Es el caso de Wilbur, el bueno del viejo Wilbur, a quien se le agrieta el alma en esquirlas de blues; de Franks, el indio; o de los chicanos, don Rafael y el Tino Seisdedos, que planean fugarse. Junto a ellos, los guardias: aburridos y violentos como domadores en la jaula de las fieras.
El día a día en la Penitenciaría Federal de Alta Seguridad de El Secadero está retratado con la crudeza de un Edward Bunker; otras veces, la narración se remansa, se vuelve reflexiva y sobria como los cuadernos entre rejas de Antonio Gramsci. Una alternancia entre brutalidad e introspección que permite al lector adentrarse tanto en la realidad física de la cárcel como en la profundidad psicológica de sus personajes.

– AUTOR –

Domingo Alberto Martínez (Zaragoza, 1977) es autor de dos novelas: Las ruinas blancas (premio Santa Isabel de Aragón, reina de Portugal, convocado por la Diputación de Zaragoza) y la presente Pink Cadillac Man (premio Alfonso Sancho Sáez del Ayuntamiento de Jaén). Colaborador habitual de revistas digitales y páginas web de literatura (Mercurio, Zenda, Plaza Nueva, Wall Street International o The Barcelona Review, entre otras), sus obras han sido premiadas en más de setenta certámenes de cuento, microrrelato y novela. Sus textos breves están recogidos en las antologías Un ciervo en la carretera (finalista del premio Setenil a mejor libro de relatos publicado en España) y Esto no es una novela, editado también por West Indies.

– GUSTARÁarrow-145786__340

A los buscones de librería. Para aquellos que se interesan por formas distintas de narrar y de abordar las categorías de las novelas de ficción. Pink Cadillac Man se acoplará a los gustos de aquellos a los que les atrae que les abofeteen con propuestas tangenciales al escaparatismo imperante. A los amantes de posos, trazas y capas de contenido diverso, erudito, evocador, introspectivo y macerado con una buena coctelera. A los que no casan con las modas de leer en diagonal en una carrera frenética para averiguar quién es el malo y si el bueno sobrevive. A los que aprecian a los novelistas que despliegan su bagaje cultural para devolver con creces el PVP de su adquisición.

– NO GUSTARÁ arrow-145782__340.png 

A los del aquí te pillo, aquí te mato. A todos aquellos lectores que priman la acción frenética y cinematográfica por encima de la narración coral que engrandece a los personajes, los dota de vida y de personalidad. No será la lectura ideal de los que esperan un túnel escondido tras el póster de Rita Hayworth. A los amantes de los lineales de superventas. A todos aquellos que el nudo de toda narración se les atraganta. A los que prefieren no entretenerse en personajes secundarios y sus razonamientos reflexivos. A los lectores ocasionales que prefieren géneros cerrados y obras prefabricadas tocadas con la varita mágica del editor comercial de turno.

– LA FRASE vintage-1751222__340.png

«El miedo no está en el Reglamento y aun así se siente a diario. Le tienes miedo a tu compañero de jaula, un panchito de Los Aztecas que te dijo ponte linda, bonita, que esta noche vas a ser mi putita. Le tienes miedo a los bolígrafos con hojas de afeitar y a los peines afilados, a que alguien de repente te hinque uno en las costillas, y al indio pendejo que te colgó la X cuando le cagaste la madre. Le tienes miedo a que tu chico te descarríe por los malos influjos y no quiera seguir el estudio, y llamas cada día tu suegra, que es la que se encarga de él, para ver cómo le fue, y al chico le escribes carta tras carta explicándole la cosa y rogándole, por favor, que no siga tus pasos».

– RESEÑAletter-576242__340.png

Hoy traemos para reseñar, Pink Cadillac Man, de Domingo Alberto Martínez. En la cabeza nos pasan varias formas de acometer el principio de esta reseña, y puede que ninguna consiga reflejar lo que aquí tenemos sobre el escritorio. Escribir es difícil y complejo, pero también lo es, en ocasiones, realizar una mirada crítica a lo que pasa día a día por nuestras manos en distintos formatos culturales. El sesgo de conocimiento, los gustos personales, los distintos momentos vitales, todo se junta para hacernos dudar hasta de nosotros mismos. Los hay, algunos, como Carlos Boyero, que tienen las ideas muy claras en la crítica. Los demás, vadeamos los ríos caudalosos de la cultura entre obras de arte y diseños marketinianos de influencers motivados. Triste es creer haberlo visto todo, pero más triste es ser testigo del tiempo que se escapa entre eslóganes, anuncios y contenido falto de algún tipo de rigor o enjundia… Y, de repente, ¡Chas! y aparece a tu lado, alejado del escaparatismo deslumbrante de La casa del libro, una novela de cielo aguamarina y pavimento rosa chicle que ¡hay que joderse!, está muy bien escrita y narrada (además de editada y maquetada). Conceptos que no siempre son coincidentes. ¿Y esto qué significa?, pues que Domingo Alberto Martínez ha ejecutado una obra que cumple la formalidad literaria que se le exige a toda novela que a la postre acaba siendo interesante, al tiempo que forja una narración coral de compleja maestría. Hay que tener una base de datos muy bien amueblada para parir este cruce de caminos en donde un puñado de almas castigadas están condenadas a compartir sus efluvios.
Esta novela tiene muchos hallazgos. Nosotros nos centraremos en algunos y dejaremos que el respetable disfrute de otros tantos. A veces se utiliza el término valentía de manera impropia, en lo que nos ocupa cuando se indica que tal o cual autor es valiente por escribir tal o cual contenido, pero hoy en día, donde se puede decir de todo por cualquier canal, la valentía ha caído en desgracia. Lo que sí se podría etiquetar como «valiente» es cuando un autor se deja el pellejo en el sillón de escribir conociendo lo que por moda o coyuntura temporal gusta en el mercado, pero prefiere tirar por unos senderos secundarios que probablemente le alejen del bestsellerismo de hacer caja. Todo autor conoce, en mayor o menor medida, por dónde andan los tiros de la narrativa contemporánea y solo la minoría prefiere bogar por senderos menos pisados en los que puede que no le acompañen las masas, pero donde sí haga buenas migas con los que se le unan.
Ya desde la aparición del protagonista bautizado como Robinson, parece que el autor deja claras sus intenciones de aislar a dicho personaje en una ínsula Barataria, entre la realidad y la ficción. Un lugar perdido del mundo, aunque compartido por un buen puñado de Viernes y caníbales de tiempo, patio de los pasos perdidos, espíritus reformatorios, ansiosos de rehabilitación redentora y almas pérdidas. Domingo Alberto Martínez no solo muestra lo que es habitual en toda novela/película de tono carcelario, que es el tópico de la condena injusta y una huida plagada de suspense. Sí es cierto que en algunas obras se incide en el nudo de la acción, donde aparecen una serie de personajes secundarios que, a la postre, empujan o participan en la escapada final y en la ansiada libertad. Aquí el autor, más allá de la épica de Ulises en Troya y del ajuste de cuentas de su llegada a Ítaca, nos ofrece pormenorizadamente todos los capítulos intermedios, aquellos en los que los personajes secundarios se alzan en protagonistas. En el caso que nos ocupa, la Penitenciaria Federal de Alta Seguridad de El Secadero está llena de Polifemos, Lestrigones y Sirenos. Y es que, como bien saben los productores de los programas de telerrealidad (o telebasura) tipo Gran Hermano, Supervivientes, etc, solo tienen que colocar en una situación de encierro a una serie de personas, cada una de su padre y de su madre, para que empiecen las tiranteces al principio, las cuchilladas al final. 
Pink Cadillac Man está más cerca de En el nombre del padre (Jim Sheridan, 1993) que de Cadena perpetua (Frank Darabont, 1994). Más cerca de El Marginal (Sebastián Ortega, 2016) que de Prison Break (Paul Scheuring, 2005). El Edmond Dantes de esta aventura no cuenta con el Abate Faria para llorar en su hombro. En Pink Cadillac Man se viene llorado de casa. El tiempo se detiene en un día infinito en el que la esperanza es lo primero que se pierde y los sinsabores se agolpan en un lugar dejado de la mano de todos los dioses. En esta prisión no se salva nadie. Los presos hacen lo que pueden para pasar los días interminables y es, precisamente, en esos momentos, cuando el humor negro, la desidia ácida de la vida, el recuerdo de los tiempos pasados y el repaso de los estados mentales de cada elemento enclaustrado nos llevan a ser testigos de una analítica pormenorizada del hombre. Cuando se tienen todos los sentidos en pausa y un tiempo infinito para mirarse el ombligo, surgen momentos y acontecimientos que en libertad serían imposibles. Las confidencias y la desnudez del alma se muestran ante desconocidos que con el tiempo te conocen más que una madre. No hay nada que ocultar cuando se convive estrechamente con la desesperanza, las malas decisiones y el sentido trágico de la vida. Por todo esto, el lector podrá comprobar la fuerza de los personajes secundarios. Todos ellos tiran los dados del juego circular de la rata. Todos ellos están institucionalizados: los presos y los cuidadores tienen que acabar llegando a un pacto de no agresión, ya que todos son parte de la misma tragicomedia implantada por los poderes que duermen en camas con edredones de plumas y pasean sus decisiones por nobles despachos enmoquetados. Todo un Crimen y castigo de aquel que sabe que quien la hace la paga y que el perdón no es suficiente para liberarse de las cadenas del sistema. ¿El criminal nace o se hace?, ¿es suficiente con estar en el momento y lugar poco indicado?, ¿tener un buen abogado te salva el culo?, ¿los hijos de los ricos pasan las mismas penurias que los de los pobres?
Y con todo, dentro de este barrizal hediondo y purulento, se abre la ironía, el humor, el «total: de algo nos tenemos que morir». La alternancia de momentos depresivos con otros de celebración vital se conjuga en una suerte de gran teatro del mundo donde hay algo de La Colmena de Cela y de Luces de Bohemia de Valle-Inclán. También hay picaresca, aquella que sirve para poner el culo a salvo, aunque sea para ver amanecer un día más. En Pink Cadillac Man prima la introspección sobre la acción narrativa. Unas veces con briosos diálogos, otras con largas descripciones del statu quo del penal, la construcción de la presente novela refleja una mirada tressesenta a todo lo que acontece detrás de los muros, mientras, por supuesto, el mundo sigue girando fuera. La vida monacal saca sentimientos y acciones que nunca serían posibles en libertad. Domingo Alberto Martínez refleja un submundo donde las reglas del continuo espacio-tiempo se paralizan para que sus personajes blandan sus armas romas en forma de miradas anhelantes que buscan el sentido de la muerte en vida.
Las historias intercaladas dentro de este drama con aire quijotesco airean a personajes que deberían permanecer en la ficción, pero que, para suerte de unos y desgracia de otros, seguramente se estén pudriendo detrás de los muros de innumerables instituciones penitenciarias en estos momentos. Nunca nadie está a salvo de acabar un día con las alas cortadas para tener que reinventarse como personaje de un mundo de bolsillo abandonado a su suerte. Aquí es donde el autor indaga con su pluma de manera notable. Cuando te parten el alma, ¿qué brota de la herida?

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.