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ME ENAMORÉ DE LA LUNA

ME ENAMORÉ DE LA LUNA

– GUSTARÁ:
A todos aquellos lectores que tienen la mente anclada en la infancia y que por lo tanto no entienden de barreras ni de límites en la búsqueda de sus sueños. También es recomendable para todos aquellos que quieran, aunque sea solo por un momento, recordar que en un día lejano todos quisimos volar a otros planetas.

– NO GUSTARÁ:
No será de interés de aquellos que prefieren que el mensaje del cuento o relato infantil quede perfectamente delimitado para que el niño aprenda que el mundo es un lugar hostil y lleno de peligros y que es mejor no ser demasiado ambicioso con su incipiente imaginación.

– LA FRASE:
“- ¡Mamá! ¡Me voy a buscar a la luna! Me he enamorado de ella y quiero encontrarla. -dijo la niña muy convencida. -¡Qué tontería! No puedes llegar a la Luna -dijo su mamá convencida. -¿Y por qué no? Tengo la seguridad de que ¡LO CONSEGUIRÉ! -dijo Lucero del Alba.”

– RESEÑA:
Hoy traemos para reseñar, Me enamoré de la luna de Delia Lahuerta Sánchez. Un cuento infantil con el aprendizaje y la moraleja siempre presentes, como en toda la obra de esta autora. El tema fundamental que acompaña las narraciones de Delia es la persecución de los sueños y los anhelos de cada individuo frente a aquellos (a veces uno mismo) que les reiteran que no son capaces de conseguirlo. Son, normalmente, esas mismas voces las que no se han atrevido o han fracasado en sus proyectos las que desincentivan a los nuevos postulantes. Nos es casi imposible no traer a colación este vídeo de la serie televisiva Lost o de la película En busca de la felicidad (que aunque. lógicamente, puede tener un punto de ficción tramposa, esgrime muy bien los postulados que aquí ha traído la autora). Los que nos rodean y, la sociedad en general, van empequeñeciendo nuestro aura tirando por tierra nuestros sueños para institucionalizarnos en una sociedad que premia el consumo y el pensamiento único en lugar de la libertad de formas y la creatividad. Es más fácil que el redil no tenga que ser custodiado por ningún guardián, ya que las ovejas no tendrán ni ganas ni fuerzas para escaparse. Esta coercitividad que empieza por uno mismo es el mejor ejemplo de una sociedad sedada que únicamente aspira a ponerse en la fila que le corresponda según los parámetros que indiquen las necesidades coyunturales del momento de las élites económicas.

Si algo caracteriza los libros de Delia Lahuerta es el mensaje de superación personal, de búsqueda y de esfuerzo para lograrlo o, al menos, para acercarse lo más posible a él. Siempre es mejor quedarse en el camino de la consecución de los sueños que no iniciarlo. Solamente dando un primer paso se puede llegar a la meta añorada. Únicamente intentándolo se puede conseguir el premio. Unos llegarán, otros no, pero al menos, todos lo habrán intentado y se habrán puesto a prueba con ellos mismos y con el propio entorno. La autora, más allá del relato de ficción que presenta en sus tramas, siempre trata de dotar de protagonismo a la infancia lectora para que pueda forjarse su futuro, con tesón, esfuerzo y lucha en lo que verdaderamente crea. Luego, cuando se llegue a la fase adulta, se podrá comprobar en primera persona, las dificultades que conlleva perseguir un sueño y toda la problemática que le acompaña, pero los sueños nunca deben ser cercenados desde la infancia. De ser así, el adoctrinamiento y las cadenas de producción del pensamiento único, habrán ganado la lucha. La autora comparte un mensaje positivo, en el que involucra a los padres, para que acompañen a sus hijos en el aprovechamiento de sus destrezas, ilusiones y competencias.

Delia LaHuerta ha compuesto un bello lienzo de sentimientos, ganas de superación y sueños que pueden lograrse con trabajo y perseverancia. La autora, fiel a su línea de derribar barreras sociales y personales, nos regala una fábula didáctica y clásica para que los más pequeños cobren conciencia de su verdadero ser. De esta manera podrán forjar su destino en libertad y sin condicionantes internos que los frenen. Porque, para eso, están los cuentos, para que lo imposible a veces se pueda alcanzar o, al menos, perseguir. La sensibilidad de la autora y su ojo analítico para el mundo infantil engrandece la narración y la dota de herramientas muy necesarias para lidiar con un mundo cada vez más alienante, borreguil, irreflexivo y asfixiante. La esperanza de las palabras de la autora hacen de dique de contención ante tanta miseria moral que nos rodea.


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