MR. MERCEDES – STEPHEN KING – EDITORIAL PLAZA Y JANÉS 2014

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Trailer en versión original de la reciente adaptación en televisión de Mr. Mercedes.

 

TÍTULO: Mr. Mercedes.

AUTOR: Stephen King (1947 – ).

EDITORIAL:  Plaza y Janés (2014).

PÁGINAS: 493.

SINOPSIS: Justo antes del amanecer, en una decadente ciudad americana, cientos de parados esperan la apertura de la oficina de empleo para reclamar uno de los mil puestos de trabajo que se han anunciado. Han hecho cola durante toda la noche. Invisible hasta que lo ven encima de ellos, un Mercedes surge de la fría niebla de la madrugada. Su conductor atropella y aplasta a los que encuentra a su alcance. Después da marcha atrás y vuelve a arremeter contra ellos. El asesino huye dejando atrás ocho muertos y quince heridos. Meses después, un policía jubilado, Bill Hodges, sigue obsesionado con este caso sin resolver cuando recibe la carta de un anónimo que se declara culpable de la masacre. Brady Hartfield vive con su madre alcohólica en la casa donde nació. Disfrutó tanto de aquella sensación de muerte debajo de los neumáticos del Mercedes que quiere recuperarla.

GUSTARÁ: A los seguidores del Maestro de Maine, que siempre aporta situaciones de luz y maldad. Esta vez con un trío secundario antológico, que suman al brillante protagonista y a su correspondiente cruel antagonista.

NO GUSTARÁ: A los seguidores del King más oscuro y terrorífico. O a aquellos que después de leer mucha novela negra detectivesca clásica, vean aquí como se actualizan demasiado los cánones del género.

RESEÑA: Primera incursión en el género detectivesco de Stephen King tras 40 años de prolífica carrera como escritor de éxito. No es la primera vez que Stephen King se aleja del mundo de la fantasía o del terror. Hay claros ejemplos en: Rabia, (1977), El cuerpo, (1982), Cadena perpetua, (1982), Colorado Kid, (2005), etc, aunque no son abundantes en su bibliografía, siempre plagada de elementos fantásticos.

Mr. Mercedes nos presenta al más clásico de los clásicos detectives posibles. Un policía recién retirado que vive su jubilación entre vapores etílicos y juegos malabares con su pistola reglamentaria. De este círculo de perdición solamente podrá salir con la inestimable “ayuda” del psicópata de turno que le atrapará desde un primer momento en una espiral de violencia, mentiras y autodestrucción. Este juego solamente podrá acabar con la salida de la partida de uno de los dos, (o de ambos).

Será fruto de la casualidad pero mientras el autor nos ha mostrado en varias novelas a un plantel de chiquillería en sus obras más corales, en la fase adulta normalmente nos hemos encontrado con un protagonista individual, normalmente masculino, que hace frente a todo lo que se le venga encima. Pero en esta ocasión es diferente, contamos con un “Ka-Tet” perfectamente delineado, que acompañará al protagonista en un camino de espinos. Será la edad del escritor y que sus hijos están  empezando a cosechar éxitos de ventas, el caso es que Stephen King como alterego de sus personajes protagonistas, se siente en este caso más cómodo con la ayuda de varios secundarios, (exquisitos eso sí).

En Mr. Mercedes, no encontraremos sucesos extraordinarios, pero si ordinarios. Ordinarios de personas que enferman en el yugo de su hogar. Diezmadas por sus propios familiares que les llevan al límite, empapelan su cerebro de cartería de saldo y abrasan sus oídos con histerias, dogmatismos de galleta china de la suerte e intimidades de salones de té herrumbrosos. Esas personas se ciñen fuertemente el cinturón junto con su autocontrol, hasta que les estalla en el momento más inoportuno, y ni medicación ni terapia alguna pueden remediar el mal que llevan dentro, que pagarán con el más inocente que se le cruce en su camino de enfermedad de diagnóstico rabioso.

Si en Carrie, (1974), el detonante de la furia fue una madre de creencias fervorosas, defensora a ultranza de la rigidez formativa y religiosa, en el caso que nos ocupa el personaje desestabilizador comparte parentesco, pero solo eso, pues es una paria de la sociedad que literalmente no tiene donde caerse muerta. De aquellos polvos, estos lodos, la causa-efecto está servida para que el mal se abra camino.

A mi juicio donde peca Stephen King, es simplemente con el devenir de los tiempos modernos. Esto es, con la utilización de los nuevos equipamientos tecnológicos que nos rodean continuamente. En Cell, (2006), ya nos avisó de las terroríficas consecuencias del teléfono móvil, que nos dejaba medio agilipollados a casi todos y los que resistían a este primer embate, se llegaban a plantear incluso sino sería mejor quedarse en el durmiente bando de los aletargados babeantes. Ahora nos plantea la cuestión del uso de las redes sociales y de la intimidad de los depredadores que navegan a sus anchas por las autopistas de la información, haciendo todo el daño que pueden desde sus atalayas bien defendidas. Entendida la crítica subyacente a la intercomunicación global hay una pequeña fisura, y es que el autor es plenamente analógico, por edad y por costumbres. Disfrutamos mucho más, cuando sus personajes en apuros se encuentran en mitad de la noche en el bosque careciendo de un teléfono móvil. En cualquier caso es un King ágil y directo, alejado de sus obras más hercúleas, y que más que por el argumento, gana por la composición de los personajes.

Hay que recordar también que se trata de una trilogía: La segunda parte es (Quién pierde paga – Plaza y Janés 2016), y la todavía no publicada en España (End of Watch – 2017). La reciente serie televisiva pretende abarcar las tres novelas.

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