Es Navidad en Vigo y, sin embargo, los millones de leds que iluminan sus calles no arrojan luz alguna sobre el paradero de las doce jóvenes que han desaparecido a lo largo del último año. Roi Belvís, escritor y amigo íntimo de una de las desafortunadas chicas, recurre a sus contactos en el Faro de Vigo y la Policía para tratar de esclarecer su paradero, al tiempo que recibe un enigmático tratado mágico. Con la ayuda de su amiga periodista, Lúa Roibás, tratará de averiguar el origen del misterioso libro. Pero no son los únicos interesados en él. Pronto descubrirán un mundo donde el delirio y la locura se funden con la realidad.
– AUTOR –
Nací en Sevilla (1969), aunque mi infancia es coruñesa; cambié rápidamente la Torre del Oro por la de Hércules. Desde hace cuarenta años resido en Madrid, aunque me considero vigués por vocación, ciudad de la que es oriunda toda mi familia y que, desde siempre, ha sido mi segunda casa, a la que vuelvo asiduamente. Compagino mi trabajo habitual como colaborador en varias editoriales con el de narrador. La clave Blake, Cíclopes y lestrigones, Penitentia y Encrucijada de gigantes son algunas de mis novelas. El pórtico celeste es mi última novela publicada.
– GUSTARÁ
A los incondicionales de la ciencia ficción, en cualquier dimensión, formato y tratamiento. A los que la terminación “nomikón” eriza los vellos y predispone a electrizantes y arcanas aventuras desde el sillón. A todos los amantes del género fantástico y policíaco de amplio espectro. El pórtico celeste será una lectura apreciada por aquellos lectores a quienes gusta descubrir narrativas sorprendentes que aglutinan elementos variopintos y recursos de fuentes a su alcance que se conducen de una manera fluida e interesante. Inquietará placenteramente a los suspicaces que atisban el futuro con recelos probablemente fundados.
– NO GUSTARÁ
A quienes molesta el uso de los clásicos como muleta o referencia para soporte de narrativas más livianas. A los que gustan de búsquedas e investigaciones con desarrollos minuciosos y progresivos, con altas dosis de verosimilitud, en los márgenes que el género de la ciencia ficción permite. A aquellos lectores, puristas, decantados por los cánones de los distintos géneros que se mantienen inamovibles o, al menos, contenidos en los márgenes de lo que es, o pudiera ser, sin sobrepasar la cuarta dimensión. A quienes no llevan con placer fantasear e indagar por nuevos caminos del género, siempre que no se les ofrezca una muy sólida construcción previa y amplios asideros de fondo de biblioteca.
– LA FRASE
“—¡Trabajo en equipo! Y eso lo dices tú, que eres un solitario empedernido.
Me encojo de hombros.
—En fin, no soy tan perezoso de adherirme a una creencia por condicionamiento social ni tan arrogante como para afirmar que tal o cual fe explica el sentido de la existencia. Mi única certeza es la duda.”
– RESEÑA
Por alguna razón, que muchos atribuyen a intereses estrictamente comerciales, las festividades navideñas se anticipan y estiran cada año más en la órbita cristiana y hacen que la fecha central, el 25 de diciembre y la noche de víspera previa, se incardinen en un horizonte temporal más bien dilatado. La preciosa ciudad gallega de Vigo, lejos de ser una excepción, aprovecha esta circunstancia para lanzar al mundo su reclamo de atención en forma de excepcional y desmedida iluminación festiva. Así que la acción de El pórtico celeste, que Gonzalo Vázquez Cagiao sitúa en la actualidad entre los días uno y veinticuatro de diciembre, recibe permanentes reflejos de miríadas de leds y cristales Swarovski y también, lo que es más inquietante, de anaranjadas luminarias estelares de incierto brillo y ominosa procedencia. Pareciera que lo que sobra es luz, pero la realidad es mucho más opaca y tenebrosa. Para abrir boca, el autor nos obsequia con un secuestro, que forma parte de una serie de doce para desgracia de un grupo de muchachas elegidas por el infortunio. Y esto es solo el principio. Luego vendrán los asesinatos.
La tarea profesional de Roi Belvís propicia que caiga en sus manos el manuscrito de “El saber de las profundidades”, que se convertirá en el hilo conductor de la novela donde Roi se verá subyugado por este palimpsesto, de anómalo comportamiento, que superpone sus secretos a los signos o caracteres visibles, en contacto con el líquido más abundante del planeta azul. Superpone sus secretos, pero no los revela. A lo largo de trescientas cincuenta y ocho páginas, el lector verá desfilar ante sus ojos un carrusel insólito de acontecimientos cuyo denominador común es el mal. No el mal que nos describirá cualquier diccionario: mal corporal o físico, mal mental o psíquico, moral, metafísico, religioso o cualquiera otro que alcance la comprensión humana. Ni aquel que reflejará la filosofía clásica como oposición al bien (asumible intelectualmente por la mente de un desarrollado Homo sapiens). El mal que se desprende de los hechos narrados en El pórtico celeste probablemente tiene mayor imbricación y paralelismo con aquellas Flores del mal de Charles Baudelaire o con aquellas otras, cantoras, que describen Jacques Bergier y Louis Pauwels en El retorno de los Brujos. Nada hay más terrible que aquello que ataca desde la oscuridad, envuelto en formas inverosímiles, precedido de señales y ruidos desconcertantes.
Gonzalo Vázquez Cagiao utiliza, con grandes pinceladas, retazos del terror cósmico-filosófico del gran Howard Phillips Lovecraft, con especial atención a su Necronomicón, condensando y fundiendo con él los inteligibles caracteres que, junto con las florales ilustraciones, conforman la adquisición cumbre del librero Wilfrid M. Voynich en 1912, un manuscrito del siglo XV cuyas reproducciones facsímiles son fáciles de adquirir hoy en día por cuantos tengan interés en ello. Cuando el Sr. Voynich hizo su célebre adquisición, no podría imaginar la trascendencia de la misma.
Con esta fórmula el autor crea y articula la base de su relato al que añade unas gotas detectivescas, al estilo de Paul Newman en su papel cinematográfico de Harper o tintes de Alfredo Landa y Miguel Rellán, en su especial relación con las fuerzas policiales, en el Crack, aunque mucho más cordiales y benéficas. También, en tono más naif, aparecen en esta novela notas dignas de la serie de libros juveniles Los tres investigadores, creada por el escritor estadounidense, nacido en Filipinas, Robert Arthur. Los incondicionales de la ciencia ficción buscarán, inevitablemente, múltiples concomitancias en filmes como Stargate, El quinto elemento o Contact, entre un amplio catálogo.
Gonzalo Vázquez Cagiao concede gran importancia a los fluidos diálogos entre personajes, lo que dota a su novela de agilidad y contribuye notablemente a hacerla más polifacética y amena. Incluso en un ambiente de tensión y crudo dramatismo los apetecibles menús gastronómicos del bar favorito de Roi Belbís y sus acompañantes, o los cuidados prodigados al pequeño y peludo Aldo, conforman un entorno cotidiano, afectivo y familiar que contrasta en paralelo con los terribles acontecimientos a los que hay que plantar cara. En todo caso, en El pórtico celeste, el lector presenciará los intentos esforzados de los protagonistas, encabezados por Roi Belvís, para escudriñar intrincados arcanos y acudir en ayuda de quienes la precisan desesperadamente. Algunas vidas están en juego, mientras que otras, lamentablemente, se habrán perdido. En estos casos es bueno contar con colaboradores que estén en posesión de un pequeño arsenal de armas de procedencia supuestamente legal y, aún mejor, de los que poseen una embarcación.
Gonzalo Vázquez Cagiao muestra en esta novela su profundo conocimiento de la ciudad de Vigo y su privilegiado entorno, asomada a la Bahía de Rande. A menos de una milla terrestre del árbol de Navidad, corazón alegre y bullicioso en esas fiestas, está la playa de San Martiño en una bella isla durante el día dónde se desarrollará un drama truculento en la oscuridad de la noche. Parece una distancia insignificante en condiciones náuticas favorables y casi irrisoria, la mitad, si hablamos de la franja de agua salada que la separa en línea recta el Club Náutico de Canido, aunque a veces puede resultar una fatal travesía. Pero los protagonistas, héroes involuntarios, coquetean de manera ingenua, casi alocadamente, con el peligro y con fenómenos que pondrían los pelos de punta al más pintado experto en lo paranormal. El lector juzgará su dedicación y el nivel de éxito obtenido en su cruzada.
Mientras tanto, de la mano de Gonzalo Vázquez Cagiao, se apresta a su debut literario un nuevo nombre sonoro para un grimorio ficticio: el Talasonomicón, un grimorio cósmico que puede quedar reducido, encorsetado, a las páginas de esta novela o revelársenos en el futuro como una auténtica fuente de conocimiento arcano cuya vida e influencia en el mundillo de lo oculto podría trascender de El pórtico celeste y ser duradera siempre que se construya y consolide su estructura, su historia, su tradición y su leyenda.