RESEÑA: ESTO NO ES UNA NOVELA – DOMINGO ALBERTO MARTÍNEZ – EDITORIAL WEST INDIES PUBLISHING COMPANY, 2023.

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TÍTULO: ESTO NO ES UNA NOVELA.

AUTOR: DOMINGO ALBERTO MARTÍNEZ.

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EDITORIAL: WEST INDIES PUBLISHING COMPANY, 2023 – WEB

PÁGINAS: 206.

¿DÓNDE COMPRARLO?: AQUÍ

 – SINOPSIS –

Esto no es una novela, ¿o era una pipa, señor Magritte? Es Caperucita Roja en el Kia Picanto del lobo. Barbie y Ken de Mattel® nos cuentan en rigurosa exclusiva su «cese temporal de la convivencia». El chamán africano Sólomon d’Ongo entrando en el Registro Civil de Vallecas con una recortada. Almodóvar y McNamara se retocan el cardado en los baños de señora. Dolly Parton montada en una vaca. Ojo, cuidado con la cincuentona del pelo morado y la blusa estampada con floripondios que se te echa encima con el carro de la compra a cuestas. El arzobispo primado del Santo Prepucio y los Caballeros del Orto Arrugado. Es José Luis Perales del Campo, árbitro asistente. Santa Claus en Benidorm con los siete enanitos. Y el señor lehendakari también. Puede que hasta sea un billete de veinte, pero lo que está claro es que no era una pipa.

– AUTOR –

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Domingo Alberto Martínez (Zaragoza, 1977) es autor de dos novelas: Las ruinas blancas (premio Santa Isabel de Aragón, reina de Portugal, convocado por la Diputación Provincial de Zaragoza) y Hojas de hierro (premio Alfonso Sancho Sáez del Ayuntamiento de Jaén). Colaborador habitual de revistas digitales y páginas web de literatura, sus cuentos han sido premiados en más de setenta certámenes literarios. Están recogidos en las antologías Un ciervo en la carretera (finalista del premio Setenil a mejor libro de relatos publicado en España) y El pan nuestro de cada día, de próxima aparición. Actualmente, trabaja en una nueva novela, Pink Cadillac man.

– GUSTARÁarrow-145786__340

A los lectores exploradores de nuevas experiencias. A aquellos que tienen un bagaje de lecturas suficientemente amplio como para reconocer que el juego, el trampantojo y el riesgo son grandes aliados. Será del interés de quienes se dejan asaltar por narrativas libertinas que forman borrascas de furia y pasión. Interesará a los que aplauden las trazas del monologuista y sus caprichosas anécdotas que surgen de lo más cotidiano y aparentemente sin importancia.

– NO GUSTARÁ arrow-145782__340.png 

A los corredores de rebajas, caminos trillados y compras compulsivas. A los seducidos por la mercadotecnia del premio Planeta. No será del interés de los que no se quieren apartar de la confortabilidad de los más vendidos y no usan la gaseosa ni para los experimentos. A los que no dan oportunidades a nada que no esté fijado en un escaparate de una gran superficie. Amantes de misceláneas y jugueteos literarios, abstenerse.

– LA FRASE vintage-1751222__340.png

«Como era la última función de la temporada, las fieras se comieron al domador».

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Hoy traemos para reseñar la obra Esto no es una novela, de Domingo Alberto Martínez. En tiempos de medias verdades, discursos ambiguos, retractaciones y letra pequeña que esconde grandes puñaladas, nos encontramos ante una obra transparente, que no oculta sus intenciones desde el mismo título. ¿Aroma a Nivola?, puede ser… Y es que no es nuevo el asunto de que los parámetros artísticos y creativos no sirvan para aquellos libertinos que necesitan salir a respirar fuera de la colmena. Fue Unamuno el que inventó el neologismo Nivola cuando advirtió que su ficción narrativa no encajaba en lo que se suponía que era su tiempo. Entonces decidió quitarse el corsé y dar rienda suelta a su pluma. La novela realista del siglo XIX no casaba con sus inquietudes, así que a otra cosa mariposa. Los expertos marcan una serie de rasgos en esta salida de los márgenes imperantes: dar prioridad al fondo frente a la forma, recortar complejidad y profundidad psicológica a los personajes para exponer puntos concretos en lugar de articular universos grandilocuentes e inabarcables, improvisar venazos intelectuales en lugar de largas preparaciones y documentaciones para que los escenarios y las tramas luzcan ajustadas a la realidad del momento y recortar de lo imposible y fantasioso a fin de ofrecer la verdad dickensiana de la calle. Y es que a lo largo de la historia de la literatura siempre ha sobrevolado el eterno debate de la responsabilidad del autor con su obra y su entorno social. Es la eterna lucha entre los diferentes grados de la ficción literaria y el ensayo pedagógico y académico. La mala y la buena literatura, la que nace para divertir y la que luce el estatus de la seriedad, la denuncia y la responsabilidad… y así seguiremos (seguirán quienes tengan ganas y tiempo para ello) hasta que los bomberos de Fahrenheit 451 nos lo permitan.
Esta no novela de Domingo Alberto Martínez es una colección que recopila todo aquello que un sastre de postín acaba abandonando en su cajón hasta que le encuentre un vehículo de lucimiento adecuado para vaciarlo, hilvanarlo y sacarlo a la luz. De unas pocas líneas a poco más de cinco páginas, esta es la extensión del presente libertinaje narrativo. La botica está llena de toda temática. Los golpes de efecto se suceden página a página en un maremágnum que el lector no verá venir. El abofeteamiento es encarnizado y cada píldora tiene diversos efectos. No hay un hilo conductor para que el lector habituado a tramas y folletines pueda seguir cual migas de pan. En cambio, el autor ofrece muchas batallas dentro de una gran guerra sin cuartel a lo largo de doscientas páginas (si hasta los encabezamientos de cada narración van en cursiva o en negrita con diferentes tamaños de letra…).
El material inflamable que tenemos entre manos podría catalogarse como un sindiós de maqueta que sirve para reafirmar que aquí nada debe darse por supuesto y que el asaltante de caminos tiene un rostro diferente en cada entrada que empieza de cero. Autor y lector se limpiarán la sangre de las heridas de guerra, situarán las piezas blancas y negras sobre el cuadrilátero de juego y comenzarán de nuevo una nueva afrenta. Esto no es una novela vive en un presente perpetuo. Cada narración es única e intransferible. Sí, es verdad que por el camino se pueden arrastrar ciertas trazas del estilo del autor, pero, en líneas generales, a cada nuevo capítulo el marcador se resetea. Solo tienen que leer la contracubierta de la obra para hacerse una idea de las curvas que vienen.
Respecto al contenido… Es tan difícil de explicar como un síndrome de Stendhal que te golpea en el pecho al ver la aurora boreal mientras una pareja de osos polares hacen el pino puente. Por no haber no hay ni índice, aunque realmente este no es necesario, ya que el título de cada entrada no siempre coincide con el interior de la misma. Hay momentos estelares de la humanidad, mitología e historia, pero también un McDonald’s y un Super Mario, retazos de nostalgia, inocencia y mirada infantil, enemigos de Batman, farmacología, actualizaciones de Perrault, interludio de Moby Dick, aroma de La Cantaora, Ibáñez Serrador atrapado en una relación convulsa, kafquianadas de cuarentón, repaso a los bajos fondos del alma, Guerra y Paz, matrimoniadas en Neverland, acidez de Disney, la armónica de Johnny Cash, divorcios de cloruro de polivinilo…  Y hasta andanzas por el SEPU en busca del castillo de Grayskull.
Domingo Alberto Martínez se deja llevar por la mezcla y la remezcla sin importar la temática, el tono o el fondo del asunto. En ocasiones es un giro final, ingenioso y cáustico, en otros momentos se decanta por lo atmosférico e, incluso, a veces, tira por la calle de en medio del surrealismo. Hay queja, divertimento, trazas de monologuista, justicia poética, viajes por dimensiones desconocidas, interrogatorios al lector, pensamientos a vuelapluma, sentencias firmes y apelaciones a los cuatro vientos.
Vivimos en un mercado saturado de los designios que marcan las grandes editoriales para establecer la normativa oficial del bestseller sobre lo que hay que leer y lo que no. Las pautas las ponen ellos y luego se retroalimentan con aquellos lectores que no salen del top 10. Y entre unos y otros se van acotando temas, tramas, tratamientos y géneros. De esta manera es más fácil y específico parir las obras (Netflix hace lo mismo, mientras HBO intenta desmarcarse). Salirse del camino es tan osado como temerario. Fuera del canon hace mucho frío, pero parece que hay autores que no temen resfriarse ni pasar la noche al raso. Esta obra es un claro ejemplo. Hay muchos hallazgos, pero alejados de las masificaciones que marca el mercado editorial.

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