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CAMINO REAL

CAMINO REAL

– GUSTARÁ:
A aquellos lectores que se sienten cómodos transitando entre diferentes géneros literarios (de donde suelen salir las mejores obras gracias a la fusión narrativa). Será del agrado de los lectores que no han perdido el toque fantasioso y que siempre están al acecho de las nuevas aventuras que se producen cuando se juntan ambos mundos. Camino real es una fábula que une el suspense policíaco con la mitología más recóndita de nuestro país que debe ser conocida y difundida.

– NO GUSTARÁ:
A los lectores que no casan con la conexión o fusión de géneros. A algunos la parte de la fantasía se les quedará corta y, a otros, será la parte policíaca la que no profundice suficientemente en todos los aspectos de la práctica forense. Al tratarse de una novela corta, poco más de doscientas páginas, el autor no tiene espacio suficiente para desarrollar ambas mitades, así como sus respectivos personajes. Alguno de ellos, por cierto muy interesante, le vendría bien unas cuantas páginas más para ahondar en su absorbente personalidad.

– LA FRASE:
“El Camino Real es un trazado rural con una longitud aproximada de doce kilómetros. Recorre de un extremo a otro todo el Valle de San Jorge, atravesando varias aldeas y finalizando en Ereba, donde me encontraba. Pero la zona caliente, el bosque que unía el camino con la finca de los marqueses, solo ocupaba el tramo que iba desde la aldea de Cardoso hasta Ereba, los últimos tres kilómetros del trazado. Lo que más me preocupaba era que ese bosque se extendía, alejándose del camino, varios kilómetros más, llegando a salirse del mapa, y que la cantera también se alejaba del camino”.

– RESEÑA:
Hoy traemos para reseñar: Camino Real de Pepo Sánchez. Una policíaca, detectivesca y fantasiosa novela ambientada en una recóndita aldea asturiana. De la España rural más folclórica y legendaria toma el autor el hilo narrativo de esta fábula que reúne el tono clásico de la búsqueda del asesino/secuestrador con las trazas de un mundo inhóspito a los ojos del bullicio de una sociedad que corre como pollo sin cabeza imbuido en autopistas de la información y tecnología digital. Pero aún quedan lugares analógicos, donde los visillos ocultan ojos vigilantes, sus ciudadanos arrastran pretéritas pugnas de toda índole y se ocultan secretos en un acuerdo tácito para no derruir los desvalidos cimientos de la comunidad. Se difunden historias que corren de generación en generación de manera velada y al abrigo de la estufa. Mientras, en las grandes ciudades, el anonimato queda a la salvaguarda del ruido, del hacinamiento, de los atascos y de las masificaciones, en las pequeñas aldeas que, todavía sobreviven con sus costumbres casi intactas, cada individuo está marcado con el sello de su historia pasada. Aquí, el autor, Pepo Sánchez evoca ese “Bosque animado” de Wesceslao Fernández Florez. En esta particular “Fraga de Cecebre” el personaje principal es el entorno donde se suceden los acontecimientos (nos hubiera gustado que el autor hubiera entrado en él hasta las últimas consecuencias a nivel descriptivo, a riesgo de que algunos lectores se pudieran aburrir con una detallada exposición). Es precisamente, en la delgada línea entre la realidad y la ficción, donde la presente novela adquiere su mayor interés.

Nos recuerda a ese extraño encuentro con lo fantástico unido a la, aparente, investigación más rutinaria de las novelas de Douglas Preston y Lincoln Child que se encuentran con el elemento distorsionador sorpresivamente en cualquier momento. Aquí, el exagente del FBI Aloisius Pendergast de los autores estadounidenses se pone la piel de un detective en horas bajas, descreído y hastiado de una profesión que ejecuta con el único deber que le llena la faltriquera y le permite conservar la dignidad de la utilidad profesional. Vamos de lo urbano a lo rural, de las autopistas impersonales de la información a las sendas secretas de lo intangible que se pierden en la memoria de sus habitantes. De la fantasía más juvenil a las trazas del realismo sudamericano. El detective Diego Domínguez se verá envuelto en un misterio que se abre en abanico y que culebrea, a partes iguales, entre la frondosidad de bosque y los secretos de sus habitantes. Ambas vertientes confluirán en un final vertiginoso en el que la fantasía y la verdad oculta saldrán a la luz. Con las cartas en la mesa se reflexionará sobre la memoria, el recuerdo y sus consecuencias en el atlas del bestiario que atesora la comarca. ¿Se acuerdan de Peter Pan?, pues algo hay en esta fábula. Y esto nos lleva a reivindicar el folclore de la mitología española que ha sido eclipsado tanto por volumen, como por “marketing“, por la romana, egipcia, griega, nórdica, irlandesa, japonesa, etc. Pepo Sánchez nos recuerda que en España, tierra de meigas, de Los ojos verdes y El monte de las ánimas de Becquer, de xanas, trasgos, cuélebres, nuberus, lavandeiras o del hombre pez de Liérganes, hay un nutrido grupo de mitos y leyendas que hay que cuidar y atesorar para no perder las raíces de lo que somos y el origen de nuestros miedos más enraizados y de las fantasías mas increíbles.

Un elemento a destacar, en un momento en el que la producción literaria no deja de intentar reinventarse con originales maquetaciones y herramientas, que buscan destacar sobre las clásicas propuestas es el aspecto formal de la obra. Camino real cuida mucho sus elementos estéticos, atención al interior de las solapas (la portada eso sí, a nuestro juicio es mejorable, valga solo como opinión). Pero lo que queremos destacar es el interior: los interludios. El autor orquesta su obra en dos momentos temporales que tendrá que descubrir el lector y los diferencia mediante el color de las páginas que los identifican. Son estos pequeños detalles los que un lector atento agradece. Siempre aportan. En este cambio de colores podemos observar la diferencia del espectador y testigo en primera persona de los acontecimientos y de aquellos incrédulos que escuchan sus andanzas.

Camino real de Pepo Sánchez es, por encima de todo, un cuento moderno que reivindica el valor de las formas tradicionales y de las leyendas rurales. Con un lenguaje y un contenido perfectamente asimilable y asequible por todo tipo de lectores esta novela une la leyenda con la realidad de unos personajes que van de lo extravagante, con pinceladas humorísticas, a los malvados irredentos pasando por los que siempre defienden los valores de la amistad y el hermanamiento. En el filo entre la realidad policíaca y la fantasía mitológica transita esta narración que nos descubre un mundo oculto.


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