RESEÑA: SUPERPODER. UNA COMEDIA PARA-NORMAL – MARC EGEA – AUTOPUBLICACIÓN, 2021.

Posted on Actualizado enn

libro-recomendado-fondo-blanco

1652093450

TÍTULO: SUPERPODER, UNA COMEDIA PARA-NORMAL.

AUTOR: MARC EGEA WEB FACEBOOK INSTAGRAM

EDITORIAL: AUTOPUBLICACIÓN, 2021.

PÁGINAS: 256.

¿DÓNDE COMPRARLO?: AQUÍ


– SINOPSIS –

La pequeña editorial de Jake y Candy Wallace recibe un ultimátum del Banco: o pagan lo que deben o les cierran el negocio. Para poder pagar, Jake emprende la heroica tarea de escribir él mismo un best seller. El problema es que Jake jamás ha escrito nada. Esto hará que afloren tensiones matrimoniales que sacarán a relucir los más íntimos y paranormales secretos de la pareja. SUPERPODER es un libro difícilmente clasificable. Tiene portada de comic, pero no es un comic, es teatro. Pero se lee como una novela, aunque más ágilmente, porque va directo al grano –porque carece de descripciones, de digresiones, de párrafos–. SUPERPODER es una lectura canalla. Hilarante. Transgresora. Inquietante. Queriendo gustar. Romper. Una locura. Un soplo de aire fresco. Una deliciosa sorpresa.

– AUTOR –

Marc-Egea-Trato-de-centrarme

GUSTARÁarrow-145786__340

A los amantes de las piezas de caza mayor. Superpoder destaca por ser concisa, sencilla y quirúrgica. Cumple la premisa de:»un enemigo, una bala». Va a lo que va, pero va muy bien, con el motor ronroneando y sin tirones innecesarios (en un Buick o en un Plymouth Fury del año 1958, por supuesto). Una obra para amantes de Stephen King, pero no necesariamente del terror. Aquí el terror llega por la pérdida, los retos y la ruina personal, más que por las entidades que regresan cada 27 años. Superpoder aúna un formato original, una matroska con capas de diversión y un pulsante ritmo. Marc Egea ha creado una auténtica danza Macabra.

NO GUSTARÁ arrow-145782__340.png

A los fieles lectores que quieren llamarle a cada cosa por su nombre: teatro al teatro, novela a la novela, guion al guion (y solo en formato audiovisual). Tampoco será del interés de aquellos a los que les ha llegado el nombre de un tal Stephen King de oídas en un formato de hombres lobo, vampiros, payasos y demás cuentos de hadas (no se preocupen, a la crítica especializada también les ha llegado lo mismo y así es denostado siempre en ciertos círculos académicos… Del Nobel ya ni hablamos. Ni Shawshank lo redimiría). No será del interés de los lectores de obras ampliamente descriptivas y barrocas.

LA FRASE vintage-1751222__340.png

«Sí, bloqueado. ¿Sabes el clásico bloqueo del novelista? Pues ahora lo tengo yo. J. D. Salinger se lo pasó a Ernest Hemingway, Ernest Heminngway se lo pasó a Truman Capote y Truman Capote parece que me lo ha pasado a mí -no me preguntes cómo-. El hecho es que ahora lo tengo yo y no puedo seguir adelante. Me siento paralizado, como si estuviera en una cárcel».

RESEÑAletter-576242__340.png

Hoy traemos para reseñar: Superpoder (una comedia para-normal). Una desvergonzada mescolanza formal que funciona desde muchas capas y estratos. La lectura fácil es que la presente obra les dará varias horas de placer literario a los seguidores del Maestro de Maine (ahora afincado prácticamente durante todo el año en Florida. Ya saben la relación entre la edad y el frío. La casa, cercana al aeropuerto internacional de Bangor acabará siendo un museo. Al tiempo. De hecho, ya aparece como sede de The Stephen & Tabitha King Foundation). Algunos fans se sienten defraudados al no ver salir de su casa a Stephen King paseando al corgi Molly, aka The thing of evil. Puede que King haya preferido tener algo de privacidad adicional antes de que las invasiones de algunos pirados le pillen desayunando con la familia en la cocina (no sería la primera vez). Un chalado seguidor de Stephen King y en Estados Unidos además parece un peligro a evitar… Y luego están los que tienen suerte… Excesiva suerte. Vean.

cabecera-superpoderY ya sabemos qué ocurre con los mitos, que una gran cantidad de personas por los intereses más diversos se acercan a ellos. Desde el aficionado inofensivo hasta las grandes productoras cinematográficas hay un sinfín de motivaciones para introducirse en el universo King (un universo inagotable, ¿verdad, amigo Randall Flagg?). Y ahora es el momento de Marc Egea (dramaturgo y guionista) el que hace una aproximación al mito con un formato poco habitual tanto al género en particular como a la narración en general. ¿Qué se encontrará el lector en Superpoder? Pues nada más ni menos que una versión narrativa de los tiempos que corren de la omnímoda implantación del multicanal. No hace tanto, incluso parece que fue ayer mismo, el lector/espectador/visitante que disfrutaba de una obra artística lo hacía analógicamente y por un mismo canal. El cine, el alquiler de videos caseros, la radio, la lectura, los museos… a todos ellos se enfrentaba el consumidor de una manera diferente a la actual. Hoy puedes empezar a leer un libro en papel y continuarlo o finalizarlo en ebook o audiolibro. Una película puedes verla en el cine, volverla a ver en su versión extendida en una tablet y las tomas falsas repasarlas al día siguiente en el móvil camino del trabajo en autobús. Los museos son interactivos, los youtubers radian en directo partidos de fútbol, las editoriales corren a reeditar un libro porque se anuncia su estreno en Netflix… Todo ha cambiado y la presente obra de Marc Egea da buena cuenta de ello: desde el ejercicio de metaliteratura que tendrá más cerca a los incondicionales del jugueteo narrativo, pasando por el formato expositivo de la obra, hasta el interesantísimo raudal cinematográfico que consigue la unión del teatro, el cine, las técnicas del monólogo y las conversaciones con mala leche de Les Luthiers o de Faemino y Cansado. El autor consigue situar al lector en una posición de máximo vértigo, le ata el cinturón y le lanza un conjuro maquiavélico en el que la historia bulle. Esta no retrocede ni para coger impulso y no se dice una palabra de más. Todo encaja en la propuesta de Marc Egea. Y es que hablar de Stephen King es hablar de muchas cosas (aunque algunos lo intenten encorsetar y encasillar).
cover+-+RageEn 1985 falleció por culpa del cáncer el escritor Richard Bachman, autor de siete novelas y, seguramente, de alguna más que se haya quedado perdida en algún cajón y que algún día puede que alegre a sus incondicionales fans. Y falleció de cáncer prematuramente porque el pastel fue descubierto. El autor de Rabia, La larga marcha, Carretera maldita, El fugitivo, Maleficio, Posesión o Blaze no era otro que el mismísimo Stephen King. Aprovechamos para avisar a quienes no estén al tanto del asunto: lean Rabia (si es que la consiguen a buen precio de segunda mano) y, tras ello, exploren las consecuencias presentes que ha tenido dicha publicación y por qué es de los pocos libros autocensurados del mundo literario actual. Pues bien, en la presente obra de Marc Egea, el autor se vale de este recurso o juego literario para armar el reto al que se tiene que enfrentar la pareja protagonista de Superpoder (ya lo dijo el tío Ben: «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad»). Un juego que sucede en una editorial que se va a pique y que para reflotarla no queda más remedio que morir matando para intentar crear la gran novela contemporánea americana. Superpoder nos habla y mucho de las artes literarias (desde el fondo hasta la forma) sin olvidar la obsesión del autor en la consecución de sus objetivos y, en ocasiones, de la delgada línea entre autor y personaje (ver la sorpresiva aparición del propio Stephen King en los Lobos del Calla -La torre oscura V-, momento en el que estalla la cuarta pared y se abre un universo de metaficción exquisito). Pero el abanico se extenderá también a Salinger, Capote, Hemingway, Poe, Scott, Austen… Se tocan muchos palos en Superpoder, tantos que un buen amante de la literatura, aunque desconocedor del Maestro de Maine, sabrá degustar. Para los grandes aficionados suponemos que será una obra de alto interés. Ahí van unos cuantos acreditados: Tony Jiménez, Juan Luis Sánchez, Juan Gómez-Jurado, Juan de Dios Garduño, Javier Pérez Campos o Ariel Bosi (este último ya se ha pasado el videojuego).
063075.jpg-r_654_368-f_jpg-q_x-xxyxxJake (Jack Torrance) y Candy Wallace (Wendy Torrance / Tabitha King) son los protas. Los secundarios y demás cameos los podríamos enunciar aquí, pero preferimos que sea el lector el que encuentre esas pequeñas sorpresas o easter eggs a lo largo de la narración… Venga va, no nos tiréis de la lengua: (pequeñas perlas que pueden tocar a Richard Laymon, 22/11/63, On writting, sangre en las duchas que bien podría ser de una tal Carrieta, al inmortal Church, y quién no tiene en casa alguna de las celebradísimas compilaciones de relatos del insigne Forrest Ackerman). Todo sucede, desde la locura del escritor a la cordura del segundo oficio más antiguo del mundo, el de contador de historias. El panteón de dioses modernos a lo American Gods de Neil Gaiman se abre aquí de una manera desvergonzada, libérrima, con su punto de astracanada y fantasía social moderna. El autor experimenta, pero no defrauda. Arriesga, pero no cae en la irrelevancia de los espacios comunes y faltos de vigor narrativo. Coge prestado, pero sumando al imaginario colectivo, sin caer en el ridículo de un slasher ochentero repetido hasta la extenuación. Y es que lo que le da el toque (el resplandor) a la presente obra es la compleja (créannos que así es) eliminación de las extensas descripciones a las que los lectores/autores nos aferramos para tranquilizar nuestras almas y asegurarnos de que está todo bien explicado (excesivamente en la mayoría de las ocasiones). La mano quirúrgica del autor ha eliminado paja y, mediante incisos muy concretos de gestos, poses y punteados del escenario, logra la magia. Una magia de conversaciones con pulso, ágiles, pugilísticas y plausibles (sobre todo plausibles). Lo ampuloso queda fuera de estos márgenes.
Así como se indicaba en Los Simpson en la parodia del capítulo de El resplandor (Treehouse of Horror V):» Sin tele ni cerveza, Homer pierde la cabeza» del original: «All work and no play makes Jack a dull boy«, Marc Egea ha conseguido ornamentar un vehículo de ficción muy referencial, al mismo tiempo que independiente. Divertido al igual que introspectivo en ciertos aspectos. Jugón al tiempo que formal. ¿Y de la trama?, ¿no hablan aquí de la trama?… No, no hace falta, limítense a gozarlo. Y, si finalmente no les gusta, pueden echarle las culpas al que aquí escribe o al propio autor, de manera solidaria o subsidiaria… Sabremos encajar el golpe.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.